¡No!

10 julio 2012

¿Cuantos “no’s” te impones a ti mismo?

Recuerda cuando eras muy pequeño y tus padres eran los encargados de imponerte los “no’s” que ellos creían más convenientes para procurar tu buena formación.

Ahora que has crecido y seguramente tus padres ya no tienen más esa tarea sobre tu persona, estos “no’s” ahora dependen de ti.

No es que porque hayas crecido los “no’s” dejen de existir. Lo único que cambió es que ahora eres tú el responsable de gestionarlos, de regularlos e, incluso, de aumentarlos cuando esto sea necesario.

La habilidad para decir “no” es, probablemente, el mayor signo de madurez, pues requiere que todo el ser humano por completo se comprometa con las implicaciones que esto conlleva.

En Jesús vemos que la tentación es inevitable en la naturaleza humana. Él mismo fue tentado en el desierto y seguramente estos coqueteos del mal hubieron de ser muy potentes y apremiantes para un hombre que llevaba 40 días de ayuno en medio de la nada.

Más la grandeza de Jesús se demuestra justo en decir “¡no!” a dicha tentación. Un “no” que jamás constriñe, que no impide ni tampoco reprime. Todo lo contrario, Jesús nos enseña que un “no” fuertemente asumido es, de hecho, la piedra sobre la que se construye el templo de la voluntad.

Como guerrero que defiende a muerte su palacio de la embestida del enemigo, el “no” de Cristo a la tentación fue la piedra angular que concluyó su preparación hacia su nueva vida… (recordemos que una vez que Jesús terminó su estancia en el desierto, comenzó su actividad pública).

Por eso hoy les invito a reflexionar en los “no’s” que te estás imponiendo a tí mismo. Esos que si se convirtieran en “si’s” seguramente traerían placer, alivio y satisfacción inmediata, pero solo eso… ¡Inmediata y no permanente!

El “no” que le sirve al alma es aquel que te será canjeado por un “si” mejor y más digno después, un “si” bueno y eternamente perdurable.

Anuncios

Pequeña oración

7 febrero 2012

Aquí estoy Señor.

Visitándote en tu casa y tratando de resolver mi corazón.

Ansiosa está mi alma por recibir tu encomienda.

Permíteme decirte si aún a pesar de mi.


Las respuestas de Dios…

15 noviembre 2011

Si tu le pides en oración algo a Dios, su respuesta puede ser una de las siguientes tres:

1.- Si…. (en cuyo caso agradece)

2.- Todavía no… (en cuyo caso persevera)

3.- Tengo otras planes para ti… (en cuyo caso acepta y escucha)

Dios es el gran estratega. Él sabe por que responder de una u otra manera ante lo que el hombre solicita.

La voluntad de Dios es perfecta y llena de sabiduría, pero la capacidad del hombre para adaptar su propia voluntad a la del Creador es bastante imperfecta.

Mi consejo es que tengas paciencia, ores mucho y nunca pienses que dependes de que suceda algo extraordinario en tu vida para que esta tenga sentido.

Como ya lo he dicho en anteriores ocasiones…

Ante la voluntad de Dios… ¡tiempo y paciencia!


Dios prospera lo que hacemos

16 febrero 2011

Una estimada lectora de este blog me comentó en una entrada que en un curso le habían enseñado que “Dios prospera lo que hacemos“, así que si no hacemos nada para resolver nuestros problemas… Dios no podrá prosperar nada!

Es una excelente reflexión de como actúa el Creador.

Quedarse sentado esperando un milagro es la peor forma de obtenerlo. Dios necesita de nuestras manos para actuar, de nuestros pies para caminar, de nuestra boca para hablar… Si ponemos manos a la obra, entonces nosotros mismos provocaremos ese milagro.

Hacer la voluntad de Dios no se refiere a tratar de adivinar que es lo que Él quiere de nosotros para entonces hacerlo… es más bien,  tomar una decisión razonable y dejar que a través de ella Dios actúe. Es como si Dios nos dijera en cada momento: “Actúa tú primero y luego yo de secundo en tu decisión”

Dios es el gran arquitecto en la construcción de su Reino, pero sin los obreros que ponemos cada ladrillo… nada podría ser levantado.


Deja para mañana lo que puedes hacer hoy…

30 septiembre 2010

(Esta es la tercera vez que escribo este post. La primera y la segunda versión desaparecieron misteriosamente de la memoria del publicador del blog… ¡Que miedo!)

Cuenta un relato bíblico que una vez regresaba el batallón de un ejército al campamento base tras haber librado una batalla bastante agotadora.

Los hombres que conformaban este batallón venían bastantes mermados por el calor y la sed.

El rey, que esperaba el regreso de su ejército en el campamento, salió para recibirles.

Al encontrarse con ellos, el rey observó que todos los hombres corrían desesperados hacia el río que cruzaba el campamento en busca del anhelada agua fresca. Uno a uno,  los soldados se zambullían frenéticamente en el agua bebiéndola a borbotones al mismo tiempo que se bañaban a placer en ella.

Así, el rey observó con asombro como todos los integrantes de su ejercito se abalanzaban sobre el agua, todos los hombres menos uno.

El rey miró fijamente a aquel hombre que no se abalanzó con desesperación al río, y con gran sorpresa vio que este simplemente se puso de rodillas a la orilla del mismo, hizo una cavidad con su mano y llevó con esta apenas un par de sorbos a su boca del vital líquido.

Traedme a ese hombre de inmediato” Exclamó el emperador “Lo haré el general máximo de mis ejércitos”.

“¿Por qué él?” Preguntaron sus asesores que le acompañaban.

A lo que el monarca respondió:

“Ese hombre, al igual que todos los demás integrantes de este batallón, viene atormentado por la sed más atroz. Pero a diferencia de los demás, no es esclavo de su necesidad, sino dueño de ella”

¿Qué es exactamente lo que vio el rey en aquel hombre?

La respuesta es contundente: CARÁCTER.

El carácter es esa fuerza desarrollada interiormente que nos lleva a saber posponer un bien inmediato por otro posterior. Es la capacidad de no dejarnos llevar por nuestros sentimientos y tendencias más primitivas (sed, agua, cansancio, ira,etc…)

Quien se deja llevar por la tentación de querer saciar todos los placeres y necesidades de hoy, se estará perdiendo de las delicias y beneficios de los bienes mayores del mañana.

Dicho lo anterior, podemos deducir que es el Carácter un pilar fundamental de la construcción de una vida de santidad, que nos invita a actuar en consecuencia de los bienes eternos prometidos por Dios, en lugar de los placeres arrebatadores de este mundo.


Una cosa lleva a la otra…

24 septiembre 2010

El pecado “per se” es algo digno de estudiarse.

Si los hombres comprendiéramos más a consciencia por qué y cómo caemos en el pecado, seguramente estaríamos mejor preparados para evitarlo más seguido.

Podríamos profundizar “teológicamente” o muy “filosóficamente” sobre el mal y su implicación en el actuar humano pero prefiero, para efectos de lo que pretendo en este blog, hacer simplemente una breve reflexión que nos de un poco de luz de cómo es que el ser humano llega a pecar de manera grave.

Ningún ser humano nace pecando, esto lo podemos afirmar y demostrar todos sin lugar a dudas. Pero, por otro lado, resulta imposible llevar esta misma afirmación hacia el extremo opuesto del ciclo de vida del mismo ser humano, “la muerte”, ya que, lamentablemente, no podemos asegurar que “ningún hombre muere pecando”.

Así pues me pregunto: ¿qué lleva a un ser humano, que nace naturalmente bueno, a llenar su vida de lo evidentemente malo? El secuestrador, el asesino, el ladrón… ¡No nace así! entonces… ¿Qué pasa en su vida que le hace perder esa vocación universal hacia el bien?

La respuesta más sencilla que puedo encontrar (repito, sin tratar de acudir demasiado a temas de axiología, ética, filosofía o teología) es esta:

“El ser humano, quien nace con una natural vocación (llamado de Dios) hacia el bien, también nace dotado con una poderosa herramienta llamada libertad, que le hace poder deambular, si así se le permite, en los terrenos del mal y aunque al inicio esto lo hace de manera muy residual (poco a poquito), si no se le orienta y se le detiene de esta posibilidad negativa a tiempo, acaba perdiendo la perspectiva objetiva del propio mal con respecto al bien…”

Me explico.

Cuando dejamos que nuestros hijos, sobre todo a una edad muy temprana, decidan por sí mismos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal (falta de límites claros por parte de los padres), entonces estamos dejando a la suerte del destino la formación moral de dicho ser.

Si desde muy temprana edad nosotros, sus formadores, no le enseñamos a nuestros niños (hijos, nietos, ahijados,  alumnos, miembros de un equipo de fútbol infantil, integrantes de una muestra teatral, exploradores, etc…)   que existen cosas buenas y cosas malas  y dejamos que ellos puedan ir experimentando el mal sin ninguna orientación, entonces ellos irán asumiendo que moverse en terrenos peligrosos y poco bondadosos es algo posible. Si además esta práctica se permite de manera indefinida a lo largo de la infancia y la juventud, las consecuencias de formación humana del adulto serán desastrosas.

Como ejemplo, pongamos al secuestrador que ha matado a una víctima. Esto es claramente un pecado de gravedad mortal. Pues bien, estos personajes con una evidente deformación moral, no empezaron secuestrando desde sus primeros años de vida. Algo tuvo que pasar en una muy temprana edad de este ser humano, que le hizo creer que el mal que se le presentaba objetivamente “no era tan malo” después de todo y así se le permitió vivir.

Así, uno puede encontrar que detrás de todo criminal, hubo primero un narcotraficante. Detrás de este narcotraficante hubo primero un ladrón. Detrás de este ladrón, hubo primero un golpeador. Detrás de este golpeador, hubo primero un infiel. Detrás de este infiel , nos encontraremos primero a un traidor. Detrás de este traidor, seguramente hubo primero un mentiroso. Detrás de este mentiroso hubo una caricatura o película no adecuada que se le permitió ver sin límite. Y así… podemos seguir hasta encontrar que en el fondo, a este ser humano nunca se le enseñó que hay cosas que nos son correctas, y que hacerlas trae consecuencias negativas.

De esto deriva la importancia de no dejar que nuestros hijos se eduquen solos.  No dejar que ellos aprendan de ética, moral y valores por ellos mismos. Los padres deben ser las figuras que tengan como modelos y como mentores de dichas asignaturas.

Concluyendo…

Digamos que detrás de un gran pecado seguramente existen una gran cantidad de pequeños pecados no corregidos a tiempo.

Aunque entendemos que el ser humano nace débil (también por naturaleza), también debemos de entender por igual que es su obligación buscar fortalecer su inteligencia, su voluntad y por sobre todo, su carácter para poder afrontar a las tentaciones que siempre irá encontrando a lo largo de todo su camino.

Y ahí, justo en ese punto clave, es donde los padres tienen toda la responsabilidad del mundo.


¿No me nace?

3 junio 2010

Uno de los argumentos más comunes que escucho de muchas personas que no asisten a Misa es el siguiente:

No voy a misa por que no me nace”.

Ok, desmenucemos un poco más el mensaje implícito que hay detrás de esta aseveración…

Cuando alguien dice que no quiere hacer algo porque no le nace” hacerlo, lo que en realidad está queriendo decir es:  “no tengo la motivación suficiente para hacerlo”. Esto quiere decir que el asistir o no a Misa, para muchas personas pasa más bien por un tema motivacional.

Si estoy motivado para ir a Misa, voy, si no estoy motivado para ir, no voy. Parecería algo bastante obvio ¿no?

Recuerdo que alguna  vez, cuando estaba estudiando la preparatoria, uno de mis compañeros de clase le hizo este mismo comentario a un sacerdote: “Padre, yo no voy a misa por que como que no me nace”.

El sacerdote, quien evidentemente no era la primera vez que se encontraba con una afirmación de este estilo, le respondió inmediatamente: “Entiendo tu postura pero te quiero hacer una pregunta… ¿Acaso tu papá se levanta todas las mañanas lleno de entusiasmo y saltando jubiloso de alegría por todos los rincones de tu casa pues le encanta la idea de tener que ir a trabajar una vez más?”

“Pues no… no lo creo” dijo mi amigo.

El sacerdote prosiguió “Estoy seguro que si le preguntáramos a tu papá qué preferiría estar haciendo en lugar de ir a trabajar nos daría una lista de muchas actividades que, por ser más emocionantes, desearía estar haciendo cada mañana en vez de ir a trabajar. Despertarse más tarde, salir a jugar fútbol, desayunar con sus amigos, salir a pasear con su esposa… esas seguramente son actividades que si le nacen. Sin embargo, a pesar de esto, tu papá cada mañana… sale a trabajar”

¿Entienden el punto?

La construcción de una vida de bien no tiene que ver con la mera acumulación de experiencias que, por placenteras, preferimos realizar antes que otras. Lo bueno y lo correcto no siempre se nos presenta con cara de diversión y facilidad. Es más, la gran mayoría de las cosas buenas de la vida, lo son precisamente por el esfuerzo que implica el obtenerlas.

Yo no voy a Misa porque me nazca ir, voy a misa por que es bueno para mi. Punto. Es más, debo reconocer que en la mayoría de las veces cada domingo se me presentan un montón de actividades que suenan mil veces más apetecibles que asistir a misa. Sin embargo no dejo de ir.

¿No sucede así en el matrimonio? ¿Acaso todo el tiempo tenemos ese sentimiento de mariposas en el estomago que nos lleva a realizarle detalles especiales al ser amado una y otra vez? Por lo menos no es mi caso. Lo que mas valora mi esposa de mi y yo de ella es que siempre hemos sido capaces de entender que el amor no depende de un sentimiento, sino de la voluntad de hacer lo que se debe de hacer, aunque no nos nazca.

¿Qué sería de mis hijos si yo decidiera que solo voy a atenderles en las noches de enfermedad en que me “nazca” hacerlo? “Lo siento hijo, pero la fiebre hoy te la tendrás que cuidar tú solo pues hoy… como que no me nace hacerlo”

¿Acaso creen que a mi me nace escribir todos los días en este blog? Desde luego que no… llega a ser cansado e incluso tedioso. Pero el resultado que he logrado al sobreponerme a este sentimiento que me invita a la inmovilidad, es lo que aprecio al final. Saber que el resultado final es bueno, me permite sobreponerme a cualquier sentimiento hedonista pasajero.

Y ya para concluir una reflexión final…

¿Qué sería de la humanidad si nuestra salvación hubiera dependido de que a Jesús “le naciera” morir clavado en una cruz por nosotros?

No pues no quiero no pensarlo.


A %d blogueros les gusta esto: