Vocación

16 diciembre 2014

De la encuesta que recién les he pedido que me ayudaran a contestar detecto una clara preferencia por el tema del discernimiento vocacional.

Para aquellos lectores que me han bendecido con su preferencia desde los inicios de este blog, habrán notado cuan importante es también para mi este tópico.

En varias publicaciones anteriores he hablado sobre vocación pues lo considero algo por demás trascendental.

El fenómeno vocacional me ha cautivado tanto que incluso es lo que le da sentido a mi actual labor como asesor profesional.

Desde hace más de 10 años trabajo asesorando jóvenes ayudándoles a discernir su vocación particular de cara a que esto les sirva como guía para poder, posteriormente, tomar decisiones profesionales y personales de gran relevancia (elegir una carrera por ejemplo)

Yo mismo sufrí durante varios años de mi vida las consecuencias de no haberme dado la oportunidad de discernir mi verdadera vocación cuando era adolescente. Divagué por mucho tiempo tratando de encontrar distintas actividades profesionales que le dieran sentido a mi vida más ninguna me ofrecía lo que yo necesitaba.

Fue hasta que, haciendo una pausa en el camino, me di a la tarea de tratar de encontrar primero mi vocación antes de seguir intentando buscar posibles respuestas. Y fue así que di con mi vocación personal de formador.

Yo soy formador por naturaleza. Mi vocación es transmitir y enseñar lo que sea.

¿Cual es la voluntad de Dios en mi vida? La formación de personas claramente está en uno de los primeros lugares.

Este descubrimiento vocacional es lo que le ha dado sentido a toda mi vida a partir de entonces. Fue gracias al resultado de este ejercicio de discernimiento que decidí abrir este blog para enseñar sobre mi fe. También fue mi descubrimiento vocacional lo que me ha llevado a dedicarme a temas de docencia en distintas instituciones educativas. De igual forma, fue el seguimiento de mi vocación la que me llevó a ocupar puestos directivos en una universidad de prestigio en mi país. En fin, todo un mundo de posibilidades gracias a que me permití escuchar el llamado de Dios en mi vida.

Y es que así es. Hoy estoy convencido que la voz de Dios en cada uno de nosotros se puede escuchar a través de la vocación y ayudar a las personas a escuchar dicha voz es, sin lugar a dudas, una de las más altas y nobles labores educativas.

Ya a la fecha he acumulado cerca de 500 horas de asesorías de jóvenes en esta materia y sigo sintiéndome fascinado de cada uno de los resultados que se logran cuando un adolescente se permite escuchar la voz del Creador a través de su vocación.

Vocación es una palabra que me encanta y me da un enorme gusto que también les fascine a ustedes.

Así que prometo escribir más al respecto en posteriores publicaciones.

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Las crisis personales

7 noviembre 2014

Charlando con un grupo de jóvenes al que estoy asesorando en materia humana me atreví a hacerles la siguiente afirmación:

“Jóvenes, si algo les puedo prometer que sucederá en sus vidas es que, de manera inevitable, tendrán una o varias crisis personales”

Con el rostro lleno de duda por la dureza de  mi afirmación, uno de ellos me contestó:

“José Luis ¿pero que no se supone que tú nos ayudarás a evitar esas crisis con tu asesoría?”

– Desde luego que no – le contesté de regreso – Cuando mucho lo que yo puedo por ustedes es fortalecerlos humana y espiritualmente para que puedan sobreponerse a ellas cuando estas sucedan-

Todos, absolutamente todos, estamos destinados a enfrentar crisis personales. Es naturaleza humana que esto así suceda. Quien diga que jamás le ha acontecido en su vida alguna situación adversa deberá de revisar bien su pasado o, estar sumamente atento a su futuro.

De la misma manera como se lo expuse a aquellos jóvenes, el objetivo de las crisis no es evitarlas (no siempre tenemos el control para hacerlo) sino más bien saberlas enfrentar.

En lo personal he tenido muchas de ellas (incluso las he compartido en este mismo blog).

Problemas laborales, personales, familiares y hasta espirituales, todas me han sucedido. Sin embargo, aún así aquí estoy, escribiendo y dialogando con ustedes. Las crisis pasaron y yo seguí adelante. Otras nuevas vendrán y seguro pasará lo mismo.

Pero existe un punto que quiero resaltar en particular sobre las crisis personales y tiene que ver con cuatro riquezas espirituales que surgen en nuestro interior si somos capaces de aprovechar las eventualidades.

Cuando una crisis se nos viene a nuestras vidas, lo primero que hacemos es dejar a un lado las trivialidades y nos comenzamos a enfocar en los elementos más importantes que nos pueden ayudar a resolver dicha situación (primer riqueza: se desarrolla nuestra capacidad de discernir).

Segundo, las crisis provocan que nos acerquemos a la gente a pedir ayuda (segunda riqueza: se nos reduce la soberbia)

Tercero, cuando tenemos un problema que nos hace caer, necesitamos encontrar fuerzas especiales para levantarnos. Dichas fortalezas no surgirían bajo otras circunstancias menos caóticas (tercer riqueza: nos volvemos más fuertes).

Por último, a pesar de que en las crisis solemos renegar y enojarnos con Dios, cuando estas pasan (y siempre pasan) terminamos regresando a Dios con nuevos ojos, con mucha mayor gratitud. (cuarta riqueza: crece nuestro entendimiento del actuar de Dios).

Por eso decimos que las crisis son bendiciones de Dios, pues aunque representan momentos de mucha dificultad, también implican grandes oportunidades para crecer y hacernos de riquezas espirituales muy importantes.

Si, lo se, vivir momentos de dificultad es algo que no se desea en sí mismo, pero como ya mencioné al principio, es irracional pretender que nuestra vida esté exenta de toda dificultad.

Es más, me atrevo a decir que los padres de familia que educan a sus hijos evitándoles a toda costa el sufrimiento y las pequeñas debacles personales, en realidad les están dañando profundamente. Como ya se puede ver ahora, con esta actitud sobreprotectora se les está evitando a los niños acceder a las riquezas espirituales que solo acontecen en los momentos de dificultad.

 

Así, lo único que si podemos hacer es adquirir fortalezas para estar preparados cuando Dios permita que las crisis nos encuentren como parte de su plan perfecto.


La voluntad de Dios

15 agosto 2013

Ayer me di a la tarea de retomar mi faceta de filósofo callejero y, tras un largo periodo de reflexión, esta meditación fue la que me vino a la mente:

(Espero no confundirlos con mis viajes y desvaríos mentales)

Rezar para seguir la voluntad de Dios es, en un sentido estricto, pedir fuerzas para aceptar pacientemente lo que ya es.

Así, la voluntad de Dios es sinónimo de realidad y por lo tanto, de verdad.

Seguir la voluntad del Creador implica apegarnos a la realidad que se nos presenta día a día. Luchar contra ella, contra lo que ya es, tratando de que esta sea remplazada por lo que quisiéramos que fuera, es ir en contra de lo que Dios quiere.

La realidad es justo la verdad que Dios nos propone. Como son las cosas, es como Dios desea que sean.

Pero aquí vale la pena establecer una diferenciación de términos importante.

Aceptación no es lo mismo que resignación.

Aceptar algo implica conceder, por vía de nuestra inteligencia, que las cosas son como son, y no como quisiéramos que fueran, mientras que resignación significaría que ante la verdad descubierta, desechemos la esperanza de que esta pueda mejorar. Aceptar es  ganar entendiendo la realidad, resignar es perder sufriendo la misma.

Así, es aceptando primeramente la realidad que vivimos, que damos el primer paso para llegar a transformarnos. Somos nosotros los que debemos de transformarnos primero antes de intentar pedir a Dios que nos cambie la realidad.

Una vez más, esta reflexión no quiere en lo absoluto decir que no podemos cambiar nada y que el movimiento y el trabajo creador en aras de construir un mundo mejor es inservible. No, eso no es aceptar la voluntad de Dios.

Pero si intento decir que, según mi experiencia, la esencia del éxito y la excelencia radica justamente en comenzar diagnosticando lo que si tenemos, lo que si podemos y, sobre todo, lo que si somos.

Comenzar cualquier aventura ocupando nuestra energía en lo que no tenemos, lo que no podemos y lo que no somos, es improductivo y desgastante.

Por lo mismo, ante la voluntad de Dios lo que resta por hacer únicamente es aceptarla, no lamentarse y mucho menos encapricharse.

Dios nos dice invariablemente… “Mi voluntad es lo que ya es. Acéptala primero, y de ahí empezamos a movernos hacia nuevos rumbos…”

La realidad es la voluntad de Dios. Realidad, verdad y voluntad de Dios son sinónimo.

 

(Si algún filósofo o teólogo profesional, o cualquiera que, como un servidor, tenga anhelos frustrados de serlo, está leyendo esto, me gustaría escuchar su retroalimentación al respecto)


La lotería celestial (II)

8 diciembre 2012

Resulta que has sido elegido para pedirle cualquier cosa a Dios. Ha enviado un ángel a indicarte que tan solo debes solicitar algo y lo que pidas se te concederá al instante…

¿Qué pedirías?

Desde luego que esta situación puede sonar muy fantasiosa y llena de ingenuidad, sabemos que Dios no suele actuar así, de forma tan directa. Más bien para concedernos cosas Dios suele ser bastante más oculto y muy difícilmente se puede interpretar al instante ¿no es as?

Pues resulta que hace aproximadamente unos 3,000 años vivía un Rey llamado Salomón al que Dios le quiso conferir la suerte de sacarse dicha lotería celestial de poder solicitar cualquier cosa que deseara.

Cuanta la Biblia que cuando fue hecho rey, Dios le ofreció concederle cualquier cosa que pidiera:

” El Señor se le apareció entre sueños y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te lo daré…” (Reyes 3:6)

¡Wow, qué momento! Dios en su máxima expresión de generosidad directa y explícita.

Si, ya se que esto es muy difícil que se vuelva a presentar en alguno de nosotros (aunque uno nunca sabe), más me gustaría que reflexionen por un momento lo siguiente:

Ante dicha situación… ¿Qué pedirían?

Aquí algunas cosas que nos podrían venir bien…

– Un súper coche último modelo que jamás se descomponga y que sea la envidia de todos mis amigos…

– No, mejor concédeme riqueza, mucha riqueza, y ya decidiré yo que hacer con ella… (Si,si… desde luego que destinaré algo a la caridad)

– ¡Ya se! Mejor dinero no. Lo que quisiera Dios es fama y poder. Es decir, concédeme que la gente me siga y me obedezca. Estoy seguro que con esto podré lograr grandes cosas…

– Aunque pensándolo bien,tampoco estaría nada mal pedirte que me quites de en medio a ciertas personitas sin las que mi éxito profesional sería mucho más fácil…

– Pero bueno Dios, no vayas a pensar que soy un egoísta y malvado, así que para que también veas que pienso en el prójimo, mejor concédeme… ¡La paz mundial! Si eso, pero que la gente sepa que yo la provoqué  ¿sale?

Pero, y a todo esto…

¿Que fue lo que pidió el rey Salomon hace 3,000 años?

“Señor, tu favoreciste mucho a mi padre David, tu siervo, por que caminó en tu presencia con fidelidad, justicia y rectitud de corazón, y le has conservado tu favor dándole  un hijo que se siente en su trono, como hoy sucede. Y ahora Señor, tu me has hecho rey a mi, tu siervo como sucesor de mi padre David; pero yo soy muy joven y no se como gobernar. Tu siervo está en medio del pueblo que te has elegido, un pueblo numeroso que no se puede contar, y cuya multitud es incalculable. Da pues a tu siervo un corazón sabio para gobernar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo. Porque ¿quien, si no, podrá gobernar a un pueblo tan grande?” (Reyes 3: 6-9)

La Biblia continúa el relato  con el siguiente texto…

“Agradó mucho al Señor esta petición de Salomón y le dijo: Ya que me has pedido esto, y no una larga vida, ni riqueza, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar con justicia te concederé lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente como no ha habido antes de ti ni lo habrá después. Pero además te añado lo que no has pedido: riquezas y gloria en tal grado, que no habrá en tus días rey alguno como tú. Si caminas por mis sendas y guardas mis preceptos y mandamientos como lo hizo tu padre David, te daré una larga vida.” (Reyes3: 10-14)

Por mucho, para mi este es uno de los pasajes Bíblicos más impactantes y conmovedores. Pedir sabiduría para liderar es el acto de humildad más grande que un gobernante puede demostrarle a Dios, y al mismo tiempo es la petición más efectiva que jamás alguien podría realizar al Creador.

La sabiduría es la virtud que nos permite clarificar (quitar la venda) nuestra visión ante la verdad, ante lo que es importante y ante lo que vale la pena. El sabio lo es, no por la información que posee, sino por que entiende y sabe qué hacer con ella. El sabio no es el que más habla ni el que más predica, sino el que, incluso en el silencio, enseña mejor.

Durante el transcurso del gobierno del rey Salomón se sabe que el pueblo judío experimentó uno de los momentos de mayor prosperidad y majestuosidad de su historia. Se sabe que durante su reinado fue un gran constructor (edificó muchos templos de gran importancia, incluyendo el Templo de Jerusalén), pero también se le atribuye una gran capacidad de decidir con justicia.

Fue así, hasta que en algún momento de su vida, Salomón se olvidó de los preceptos que había prometido jurar ante Dios (apegarse a los mandamientos como lo había hecho su padre) y las riquezas y la lujuria nublaron su corazón. Al dejar Salomón el trono en manos de su hijo Roboam, el pueblo de Israel se dividió en dos a causa de conjuras económicas y Salomón, tardíamente arrepentido, se lamentó de no haber perseverado en la virtud que Dios le había concedido, lo que demuestra que no solo con pedir a Dios basta, sino que hemos de poner de nuestra parte para mantener la bendición concedida.

Desde que descubrí este pasaje histórico, mis oraciones siempre he procurado llenarlas de dos virtudes en particular: Sabiduría y perseverancia.

Por eso, hoy suelo rezar más o menos así:

“Dios, no me resuelvas mis problemas, más bien dame la sabiduría para ser yo quien sepa discernir lo que debo hacer ante cada circunstancia. Haciéndolo me darás herramientas para poder gobernarme a mí mismo, así como a las personas que me encomiendes guiar hacia ti.

Gracias Señor por no quitar mágicamente los obstáculos en mi andar, pues si lo haces jamás aprenderé a hacerlo por mi mismo y, por lo tanto, no lograré ser quien estoy llamado a ser.

Por el contrario Dios, te agradezco las resistencias que permites que me vengan en cada momento durante el cumplimiento de mi misión, pues sé que afrontándolas (a veces ganando y a veces perdiendo) me vuelvo cada día más fuerte y sabio, y eso Señor, justo eso, es lo que deseo más que nada en el mundo.

Ahora bien, si resulta que me bendices concediéndome esta virtud creadora de bien, te pido que también me concedas perseverancia para mantenerme en el bien y evitar el mal al pasar los años.

Se que soy humanamente imperfecto y  que el éxito me abruma y la derrota me tumba,  más contigo en mi interior, lo importante y no lo conveniente siempre guiará mis pasos, evitando que sea yo mismo quien interfiera con tu gran proyecto de salvación.”


La voluntad de Dios…

12 abril 2011

Estos dos amigos, han encontrado que la comedia puede ser una buena herramienta para evangelizar.

Aquí un video que versa sobre cómo debemos entender la voluntad de Dios.


Testimonio de grandeza espiritual

13 julio 2009

Hoy quiero transmitirles un testimonio que conozco de primera mano y que considero una de las experiencias más conmovedoras y vivificantes que me ha tocado presenciar. De igual manera busco ofrecerlo como una muestra de que somos nosotros los encargados de demostrar que Dios existe y no viceversa…  

Luis y Adriana son esposos y padres de unos hijo maravillosos. Como pareja son ejemplares y desde hace ya casi 10 años he tenido la oportunidad de estar ligado a ellos vía una amistad de principio profesional (Luis fue uno de mis mentores en la Universidad) y posteriormente espiritual.

Lo que caracteriza a la familia Alverde, a mi parecer, es su disponibilidad por dejarse llevar por lo que Dios les va presentando como pruebas en la vida. Y esto no lo digo por que sí, ya que basta entablar un dialogo con cualquiera de los dos para darse cuenta de que Dios los eligió bien para ponerlos en el camino de la fe.

Sin embargo lo inspirador de su testimonio es lo  que a continuación narro:

En septiembre del 2004, a la edad de 3 años, Alejandro, el segundo de tres hijos del matrimonio Alverde Castro fue ingresado al hospital para una operación programada de anginas y adenoides, misma que el doctor había recomendado realizarse en orden de ayudarle al pequeño a oxigenarse bien.  Tras esta intervención quirúrgica en la que todo parecía haber salido normal, Ale fue dado de alta para proseguir a sus respectivos cuidados y curaciones en casa.

Unos días más tarde, Luis y Adriana tienen que regresar de urgencias al hospital tras encontrar que Ale estaba teniendo una hemorragia bastante severa. Aunque en el hospital lograron estabilizarlo por unas horas, Ale no aguantó por mucho tiempo y unas horas después, producto de varios paros cardiacos, fue declarado con muerte cerebral. Aquel pequeñito que días antes había ingresado al hospital para una operación de rutina, como muchas que se practican en infantes de su edad, había regresado al mismo lugar para entregar su vida a Dios de manera definitiva.

Inmediatamente después de que Ale fue declarado con muerte cerebral, y con el dolor en el alma a todo lo que da, sus padres optaron por tomar la decisión que cambiaría el sentido de toda su vida a partir de ese momento. Un sacerdote, consejero espiritual de la familia, les acercó información sobre la donación de órganos y de cómo Alejandro, en su estado, era candidato ideal para ser donante.

Luis y Adriana, pidiendo a Dios toda la resignación que humanamente es posible,  aceptaron donar los órganos de su hijo despidiéndose de él  pues ya no volverían e ver nunca más, al menos físicamente.

En palabras de Adriana: “Realmente no se cuando dije va, por Dios que no sé, pero bendito Dios que lo dije, ahora lo reflexiono y estoy segura que Dios estaba ahí con nosotros y el me dijo que lo hiciera, era lo que él quería de mí”

Ya estando en la funeraria, en medio del máximo dolor que solo la pérdida de un hijo ocasiona, recibieron una llamada telefónica que les confirmó el plan magistral de Dios al respecto: “Felicidades Adriana, ya tienes seis hijos más”, y es que la donación de órganos de Ale trajo como consecuencia el que se pudiera salvar la vida de seis pequeños más. 

“Fue una vida por seis vidas, así de sencillo, y si hubiera sido mi hijo quien necesitaba ese órgano, yo lo hubiera agradecido siempre. La verdad, duele y duele mucho, la muerte de mi chaparro no se me va a quitar jamás porque lo extraño, pero le dio sentido a mi vida y ese dolor está haciendo que trate de ser una mejor madre, una mejor esposa y un mejor ser humano” declara Adriana.

Dice un conocido dicho: “Cuando pierdes a una madre o a un padre, te llaman huérfano, cuando pierdes a un esposo o esposa, te vuelves viudo, pero cuando pierdes a un hijo, eso…. eso no tiene nombre”. Lo que Adriana y Luis sintieron al entregar a su hijo a Dios, solo ellos y el mismo Dios lo conocen, sin embargo  la respuesta de vida que le ofrecieron al mundo tras esta experiencia es de muchos admirada y reconocida.

A raíz de la muerte del pequeño Ale, Adriana pudo darse cuenta de lo carente y mal organizado que es el sistema de donación de órganos en nuestro país. Las personas necesitadas de un transplante en México alcanzan la cifra de  9,500  contrastando con el ínfimo número de donante que igualmente existen: 317. Es decir que una persona que en México es diagnosticada con una enfermedad que se cura únicamente con la asistencia de un transplante de órgano, está siendo, prácticamente, condenada a perder toda esperanza.

Es justo aquí, en donde Adriana y Luis encontraron el llamado de Dios y entendieron el por qué de lo sucedido con su hijo Ale. En Octubre de 2004, un mes después del fallecimiento de su pequeño, constituyen la Fundación Ale institución que se encargaría de promover la cultura de la donación de órganos en nuestro país así como de buscar apoyar al sistema médico nacional en la adquisición de herramientas y capacitación especializada necesaria en la materia.

Así, Fundación Ale en 2007 logró apoyar de manera satisfactoria 445 casos de pacientes que requerían de donación de órganos. Para lograr lo anterior, la fundación ha recaudado  7 millones de pesos de empresas patrocinadoras, organizaciones civiles y gobierno, mismo que ha destinado a su misión institucional de salvar vidas.

Mucho podría seguir escribiendo sobre los logros de la fundación, así como de los reconocimientos que Adriana ha recibido por su loable labor, pero yo quiero centrarme en el testimonio epsiritual de Luis y Adriana ya que, para que una gran obra suceda es indispensable que un emprendedor acepte llevarla a cabo. 

Dios actúa de maneras muy misteriosas, lo que para Él puede ser un paso más en su implantación de su reino en la tierra para nosotros puede ser un evento confuso e incomprensible. Así es y así será. No está en nosotros tratarlo de entender a cabalidad, ni mucho menos cambiarlo. Ante las aparentes desventuras de la vida sólo nos queda una posibilidad: aceptación y escucha. Aceptación pues es de Dios dejar que las cosas sucedan y escucha por que en cada evento Él nos quiere pedir algo. No podemos evitar el mal o la tragedia, pero si podemos decidir cómo reaccionamos ante estas y me queda claro que los espíritus fuertes y bien formados son los más capaces de salir adelante. 

San Pablo, en una de sus cartas a los romanos nos incita a vencer al mal con el bien. La respuesta del hombre ante el mal sólo puede ser el bien, ese mismo bien que Cristo nos enseñó a practicar hasta el extremo de la muerte. 

Hoy Luis y Adriana, ya no tienen a su hermoso Alejandro físicamente, sin embargo, saben que está presente con ellos en una manera mucho más trascendental y reveladora: Ale, al entregar su vida por ellas, está en cada una de las personas que, recibiendo un transplante de órganos, tendrán una segunda oportunidad de seguir amando en la tierra a Dios y al prójimo como a ella mismas.

(El siguiente video es el cortometraje “Por siempre” que narra la historia de lo que aquí les conté. Aunque el papel de Adriana es interpretado por Bárbara Mori, quien sale al final del filme es la verdadera Adriana Castro de Alverde, fundadora y directora de la fundación Ale)




Nueva ciudad, nueva oportunidad…

3 julio 2009

Creo que si parezco estar loco. Muchos de mis amigos y conocidos no dejan de decirme “¿José Luis cómo es que decidiste cambiar a Cancún por la ciudad de México?” o también me dicen “Haz de estar loco para cambiar el clima cálido y turístico por el smog y el tráfico diario”.

Créanme, dejar Cancún por el Distrito Federal definitivamente fue una decisión difícil pero necesaria. Aunque mi razón principal para venir a vivir a la ciudad de México obedece a una oportunidad laboral y formativa, no dejo de pensar que la ciudad de México, siendo el centro urbano más importante del país, también representa la mejor plataforma para emprender nuevos proyectos.

Cancún es una ciudad que siempre tendré presente. Contrario a lo que muchos podrían pensar, en ninguna otra ciudad había yo tenido la oportunidad de apreciar a una comunidad parroquial tan bien organizada y con tantos proyectos como  la que existe en la prelatura Cancún – Chetumal encabezada por su obispo Monseñor Pedro Pablo Elizondo. Cancún, con todo y su turismo y su fama de fiesta (alcohol y drogas), me enseñó que es justo ahí en donde Cristo más énfasis pone a la hora de buscar vocaciones.

Cancún está lleno de gente que, si bien vive de la industria del turísmo, también vive de la palabra de Dios. Y para muestra bastará con decirles que las misas en todas las iglesias siempre están llenas y los apostolados tan bien organizados y dirigidos. (En la Semana Santa de este año, la prelatura aportó cerca de 5,000 misioneros a la Misión Continental)

En fin… dejo esa ciudad para incorporarme a mi ciudad natal, México DF, decisión que por cierto, traté de cimentar fuertemente en oración. Así que a todos mis amigos que no acaban de entender por qué me salí del paraíso caribeño para meterme en la urbe de asfalto, les digo que no se preocupen ya que… “Es lo que Dios me está pidiendo en estos momentos”.


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