La tarjetita blanca

30 marzo 2015

Acabo de dictar una conferencia en una escuela de nivel preparatoria. Esta charla llevó como título “Mi proyecto de vida”.

Mientras preparaba la conferencia meditaba sobre todas los elementos que podría yo transmitir a estos jóvenes sobre lo que he aprendido en relación al desarrollo de proyectos de vida y orientación vocacional

Sin embargo dado que nada más contaba con 45 minutos para impartir esta conferencia decidí que me concentraría en hablar sobre mi experiencia con un simple y sencillo objeto, pero que es al mismo tiempo el artículo más importante que yo poseo en relación a este tema y que, de hecho, significó para mi un cambio radical en mi vida: una tarjetita de papel blanca.

Me explico.

Resulta que en mi juventud, cuando me encontraba inmerso en una profunda crisis vocacional (no tenía ni idea que carrera tenía que elegir ni a que profesión me tenía que dedicar en mi vida), un profesor al que me acerqué para consultar sobre mi situación me comentó lo siguiente:

“José Luis, no puedes pensar en términos de profesiones ni carrera si antes no decides primero un destino de vida”

Acto seguido, me invitó a su oficina y sacó de un cajón una tarjetita blanca de 10×15 cm y me le entregó diciéndome:

“Escribe en este papel qué eliges ser”

Sorprendido, recibí la tarjeta en mis manos y le pedí que fuera un poco más explícito en la tarea que me estaba asignando.

“Escribe en esta tarjetita blanca la meta que deseas lograr en tu vida, la misión que crees estás llamado a conseguir. Tu vocación”

Me pidió que me tomara algunos minutos para escribirlo.

El asunto es que no pude escribir nada. No tenía ni idea de que poner en ella.

Al ver que dicha tarea implicaba para mi un trabuco, me dijo nuevamente:

“Ese es el problema José Luis. Mientras no puedas poner en esa tarjeta cual es tu misión de vida, no pueden pensar en resolver nada más relacionado con tu profesión ni tu trabajo”

Ahí fue donde descubrí por primera vez el término vocación y la importancia que tiene el descubrirla para poder dar luz al camino de la propia vida.

Por momentos creía que debía de poner ciertas metas y objetivos en ella, pero estas luego me parecían poco atractivas e inmediatamente después las borraba y me veía obligado a volver a empezar.

No miento cuando digo que tardé más de 5 años en poder decidir que habría de poner en la tarjetita.

Más cuando encontré la frase definitiva, todo cambió. Mi vida tuvo sentido, los caminos se me iluminaron y mi crisis vocacional se disolvió.

¿Que puse en la tarjeta?

Aquí una foto de la misma

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¿Maestro? ¿El mejor del planeta? Pues si, muchas cosas tuvieron que suceder para que yo me percatara que mi vocación de vida era la de ser formador.

Más cuando puse esa frase en el esa tarjeta verdaderamente sabía que era mi vocación y debía de destinar mi futuro a tratar que esa misión se lograra.

Hoy en día, si bien no puedo decir que soy el mejor maestro del planeta, me gusta creer que estoy trabajando para llegar algún día a serlo. Doy clases, he trabajado como directivo universitario, soy mentor de jóvenes, imparto conferencias, actividades que cada día confirman que yo nací para formar (Y si, resulta que lo hago bastante bien).

Ese es el poder que tiene una visión y una meta en la vida de una persona. Una vez que descubres el destino, el camino se ilumina por sí solo.

Así que en la conferencia que acabo de dictar a estos jóvenes de último año de preparatoria, no hice otra cosa que narrarles mi propia historia de la trajetita y al final concluí entregándoles a cada uno una tarjeta blanca exactamente igual que algún día cambió mi vida.

Lo que más me impresiona de esta anécdota, es que me resulta impresionante como un simple pedazo de papel que económicamente no lave ni un centavo, puede convertirse en el objeto más valioso en la vida de una ser humano.

¿Su tarjeta que diría?


Los jóvenes

25 marzo 2015

Puedo decir con toda certeza que los jóvenes son mi vocación.

Cuando hace ya tiempo Dios despertó en mi la pasión por la enseñanza, lo hizo en parte por el llamado que me encomendó hacia el trabajo con los jóvenes del mundo, y desde el día en que entendí esto en mi vida, no he dejado de trabajar para esta causa.

Desde luego que reconozco que fui influido por muchos personajes que despertaron esta vocación en mi. Pero de entre todos ellos, destaco la figura de San Juan Pablo II, un papa que en muchísimas ocasiones declaró abiertamente que los jóvenes eran el foco esencial de su labor pastoral.

Es más, se dice que en su lecho de muerte, mientras escuchaba dentro de su cuarto las voces de miles de jóvenes que se encontraban reunidos en la plaza de san Pedro para rezar por su salud así como también para lanzarle ánimos y porras hacia su ventana, una de las última frases que el santo papa dijo fue: “Jóvenes, siempre me acompañaron y se que no podían faltar tampoco en estos momentos”.

Por eso reitero que los jóvenes son mi vocación.

A raíz de esto, he trabajo en universidades, escuelas y distintas organizaciones que tienen como elemento de misión la juventud del mundo.

Actualmente gran parte de mi labor profesional la dedico a asesor y coachear  jóvenes, pues al igual que Juan Pablo II yo también creo que cualquier esfuerzo y apostolado que se haga con ellos y por ellos será altamente redituable en el mundo.

A la fecha que escribo esto puedo decir con orgullo que he trabajado en la formación directa de cerca de 1,000 jóvenes en mi país (México). Ya sea ayudándolos a decidir una carrera universitaria, reclutándolos para proyectos de apostolado, impartiéndoles clases, dictando conferencias, así como también fungiendo como mentor, muchas veces a petición de sus propios padres, en temas de desarrollo espiritual y humano.

Los jóvenes son mi vocación y dedicar mi vida a su formación y crecimiento es lo que deseo hacer por el resto de mi vida.


Vocación

16 diciembre 2014

De la encuesta que recién les he pedido que me ayudaran a contestar detecto una clara preferencia por el tema del discernimiento vocacional.

Para aquellos lectores que me han bendecido con su preferencia desde los inicios de este blog, habrán notado cuan importante es también para mi este tópico.

En varias publicaciones anteriores he hablado sobre vocación pues lo considero algo por demás trascendental.

El fenómeno vocacional me ha cautivado tanto que incluso es lo que le da sentido a mi actual labor como asesor profesional.

Desde hace más de 10 años trabajo asesorando jóvenes ayudándoles a discernir su vocación particular de cara a que esto les sirva como guía para poder, posteriormente, tomar decisiones profesionales y personales de gran relevancia (elegir una carrera por ejemplo)

Yo mismo sufrí durante varios años de mi vida las consecuencias de no haberme dado la oportunidad de discernir mi verdadera vocación cuando era adolescente. Divagué por mucho tiempo tratando de encontrar distintas actividades profesionales que le dieran sentido a mi vida más ninguna me ofrecía lo que yo necesitaba.

Fue hasta que, haciendo una pausa en el camino, me di a la tarea de tratar de encontrar primero mi vocación antes de seguir intentando buscar posibles respuestas. Y fue así que di con mi vocación personal de formador.

Yo soy formador por naturaleza. Mi vocación es transmitir y enseñar lo que sea.

¿Cual es la voluntad de Dios en mi vida? La formación de personas claramente está en uno de los primeros lugares.

Este descubrimiento vocacional es lo que le ha dado sentido a toda mi vida a partir de entonces. Fue gracias al resultado de este ejercicio de discernimiento que decidí abrir este blog para enseñar sobre mi fe. También fue mi descubrimiento vocacional lo que me ha llevado a dedicarme a temas de docencia en distintas instituciones educativas. De igual forma, fue el seguimiento de mi vocación la que me llevó a ocupar puestos directivos en una universidad de prestigio en mi país. En fin, todo un mundo de posibilidades gracias a que me permití escuchar el llamado de Dios en mi vida.

Y es que así es. Hoy estoy convencido que la voz de Dios en cada uno de nosotros se puede escuchar a través de la vocación y ayudar a las personas a escuchar dicha voz es, sin lugar a dudas, una de las más altas y nobles labores educativas.

Ya a la fecha he acumulado cerca de 500 horas de asesorías de jóvenes en esta materia y sigo sintiéndome fascinado de cada uno de los resultados que se logran cuando un adolescente se permite escuchar la voz del Creador a través de su vocación.

Vocación es una palabra que me encanta y me da un enorme gusto que también les fascine a ustedes.

Así que prometo escribir más al respecto en posteriores publicaciones.


Vocación y profesión… algo de mi experiencia.

19 julio 2013

Uno de los temas más recurrentes de este blog es el que trata sobre aspectos de vocación.

Este tema es particularmente sensible en mi persona pues durante varios años de mi vida me sumergí en una profunda crisis vocacional, que me llevó a darme cuenta lo mal que hice mi elección de carrera profesional en la universidad.

Para quien aún no lo sepa, yo soy arquitecto de profesión, al menos eso es lo que testifica el título universitario que tengo colgado en la pared de mi casa. Más jamás en mi vida he construido obra o edificio alguno, pues ya entrado en mis estudios de licenciatura me desencanté de esta disciplina, no por ser desagradable sino más bien por no estar en coherencia con mi verdadera vocación, misma que descubrí años después de haber egresado de la universidad.

Mi crisis profesional post universitaria, me llevó a cuestionarme lo que debí de haber elegido como una carrera universitaria una vez que supe que arquitectura no era la opción. El asunto es que no me fue fácil dilucidarlo.

Si bien me quedaba bastante claro que Arquitectura no había sido una buena elección de carrera… ¿cual entonces si hubiera sido? No lo sabía. De hecho, esa es la razón por la que me decidí perseverar en dicha licenciatura, aunque supiera que de cualquier forma no encontraría respuestas claras ahí.

Hoy, que dedico gran parte de mi tiempo a asesorar a jóvenes en materia de orientación vocacional y que ya cuento con una trayectoria profesional mucho más rica en experiencia que hace 15 años cuando  tuve que elegir una carrera, me vuelve a surgir la misma pregunta… ¿que debí de haber estudiado?

Tomándolo como un ejercicio que me ayuda a clarificar lo que debió ser en su momento (ahora que he descubierto mi verdadera vocación) y sin querer asumir que me arrepiento de mi pasado, sino más bien entendiendo que este me ha ayudado a crecer a cada instante, hoy tengo la siguiente lista de posibles carreras que hubiera elegido en vez de Arquitectura (no necesariamente en orden de preferencia):

1.- Psicología

2.- Filosofía

3.- Ciencias religiosas

4.- Antropología

5.- Sociología

6.- Psiquiatría

7.- Desarrollo humano (no se si exista una licenciatura con este nombre, más yo la elegiría)

Lo que se puede observar de esta lista es que tengo una clara tendencia hacia las ciencias humanas más que a las artísticas, tecnológicas o económicas. Siempre lo supe, esa es mi vocación, la de humanista.

Habiendo descubierto eso tampoco estoy tan descontento de haber estudiado la carrera que elegí ya que la Arquitectura es una disciplina con una gran carga humana y social. Sin embargo hoy estoy consciente que no era necesario haber tenido que pasar por el estudio de la edificación de casas, si más bien me pude haber ido directamente a estudiar a profundidad  todo lo referente a la edificación de hombres.

Igualmente soy consciente que a la edad que un joven tiene que elegir carrera, no suele contar en su interior con los recursos suficientes para defender su llamado vocacional, y se deja influir por demasiado ruido externo que en muchas ocasiones solo crea frustraciones y desánimos futuros. Eso fue lo que ocurrió en mi caso. Yo me creí que en verdad era más importante optar por una carrera de las típicas, que ofreciera cierta seguridad económica, más que por hacer caso de lo que en verdad me dictaba mi corazón.

Sin embargo, el haber sido partícipes de una decisión apresurada o incompleta en el ámbito profesional, no significa en lo absoluto que todo se haya perdido. En mi caso, el haberme dado cuenta de esta cuestión es lo que me llevó a dejar mis dudas de lado, y junto con ellas una posible carrera como arquitecto, y optar años más tarde por mejor seguir mi vocación.

Al día de hoy, mi biblioteca y mi escritorio, se encuentran repletos por obras, trabajos y textos en cada una de las disciplinas que anteriormente enlisté como posibles opciones profesionales. Si, es verdad que no tengo un título académico que me avale como psicólogo, como filósofo o como humanista, pero eso no significa que no pueda valerme por mi propia cuenta de dichas disciplinas, estudiarlas y usarlas para crear valor en el mundo.

Hoy, vivo de ellas, mi profesión es la de coach y formador. Mis trabajos, todos, han estado siempre relacionados con la industria educativa y el desarrollo de talento. No tengo un título académico que lo avale, pero si cientos de resultados en clientes que me han buscado para ayudarlos a crecer como personas y a desarrollar recursos internos para conseguir resultados.

Con esta publicación, lo único que pretendo tratar de decir es que la vocación siempre se puede vivir, sin importar si se tiene credenciales formales provenientes de una una escuela o universidad. Si se trabaja en discernir la propia vocación previo a ingresar a la universidad, mucho mejor, pero si este ejercicio se tiene que realizar después de haber concluido la etapa escolar, no importa, siempre ofrece luces importantes de lo que se ha de hacer.

Como suelo exponerles a los jóvenes que participan de mis asesorías vocacionales…

“La vocación es aquello que ha de suceder en tu vida, con universidad, sin universidad o a pesar de la universidad…”

La vocación, una vez descubierta, no te dejará en paz, hasta que le hagas caso, hasta que seas sincero con ella y, por ende, contigo mismo.


Vocación sacerdotal

18 abril 2013

Nuevamente les comparto un video recién publicado por el portal whynotpriest.org que tiene como misión promover las vocaciones sacerdotales en el mundo.

Sin duda alguna debemos de levantar nuestras plegarias  a Dios todos los días para que mande más trabajadores de tiempo completo a su viña.

 


Convocatoria para colaborar…

12 abril 2013

Amigos lectores de “Diario de un católico” necesito de su colaboración.

Como ya muchos de ustedes saben, uno de los temas que más pasión me causan es el que tiene que ver con vocación.

He dedicado gran parte de mi vida a estudiar y profundizar en el verdadero significado de este término tan fascinante y, gracias a Dios, son muchos los beneficios que he descubierto y recibido de este estudio.

Mi conferencia testimonial “La Clase” y el programa de orientación vocacional “El primer paso” que he desarrollado a partir de esta aventura, han sido recibidos con bastante éxito por el público que participa en los mismos.

Constantemente se me pide que pueda verter dichas ideas e investigaciones vocacionales en una publicación, misma que ya he empezado a elaborar.

Por lo mismo, les cuento que he empezado a escribir un libro en materia de orientación vocacional y profesional para lo cual estoy necesitando encontrar testimonios que me puedan servir para investigar más a profundidad en la materia y además servirme como ejemplo de lo que aportaré en el libro.

Por eso me acerco a ustedes, queridos lectores, y solicitar sus testimonio vocacionales y profesionales, no solo en el aspecto espiritual, si no también en el ámbito laboral, familia y cualquier ámbito relacionado con un acertado plan de vida.

Parto de la idea de que todo ser humano tiene una vocación particular que está llamado a descubrir y que es a partir de dicho ejercicio de discernimiento que se puede entonces construir un proyecto profesional y laboral que brinde sentido y significado.

Por eso les pregunto:

¿Tienen claramente definida su vocación? ¿Cómo supieron que así era?

¿Trabajan en lo que les satisface? ¿Han vivido una crisis vocacional? 

¿Su actividad profesional tiene relación con su llamado vocacional?

¿Conocen a alguien que sea plenamente feliz con su proyecto de vida?

¿Conoces el testimonio de alguien que valga la pena ser estudiado en materia de discernimiento vocacional y profesional?

 

Desde luego que los testimonios que pueda ir recaudando me encantaría complementarlos con una entrevista personal para conocerlos más a fondo. Así que una vez que los analice consideraré entrar en contacto directo con ellos si el autor del mismo así me lo permite.

La idea sería que me puedan enviar una breve reseña de su caso o el de su conocido a contacto@joseluisdamian.com para que lo pueda considerar y una vez hecho esto, buscar la manera de profundizarlo.

¡Gracias de antemano por su colaboración y ya les estaré informando de los primeros avances en la materia!

¡Dios los bendiga!

 


Una asignatura apasionante

11 abril 2013

Este video que ha continuación les comparto me toca profundamente el alma.

Pareciera que fue hecho con dedicatoria especial a mi persona.

Si yo me pudiera describir personalmente, utilizaría en muchos sentidos al personaje principal de este video como referencia casi idéntica.

Es fascinante cuando menciona:

“Un compañero me ha preguntado extrañado si de verdad me sigo dedicando a esto, y yo le he dicho que no lo cambiaría por nada…”

Enseñar religión debería ser la asignatura relevante de todo plan de estudios. Nótese que estoy diciendo “religión” y no necesariamente “religión católica”. Y es que desde luego que la historia de la humanidad abarca muchas perspectivas religiosas mismas que, a mi parecer, deberían de ser analizadas y enseñadas todas.

La clase que con más cariño recuerdo en mi paso por la universidad llevaba por nombre “Teoría de las religiones” y en ella estudiamos la evolución histórica y la situación actual de las cuatro religiones más importantes del mundo: budismo, judaísmo, cristianismo e islam. Fue un curso maravilloso, lleno de discusiones constructivas y aprendizajes altamente enriquecedores.

Recuerdo que la clase fue dictada por cuatro profesores distintos, cada uno especialista en una religión en particular. Aprendí mucho.

Al final para poder acreditar la materia, los alumnos tuvimos que elaborar un ensayo sobre alguna de las cuatro religiones que ahí se habían estudiado. Yo elegí el  cristianismo por ser la más cercana a mi fe, pero lo que pude aprender de las otras tres religiones judaísmo, budismo e islam fue muy valioso para mi personal perspectiva de vida.

Entendí sobretodo que acercarte a entender la visión espiritual de quienes profesan religiones distintas a las tuya, si se hace con ánimo de cordialidad y respeto, termina fortaleciendo tu propia posición religiosa.

Adicional a esto, el personaje del video se hace llamar Lucas, lo cual me trae a la mente el nombre de uno de los autores que más ha influido en mi formación como católico: el sacerdote Ramón Lucas Lucas. Su libro “El hombre, espíritu encarnado” es de una joya espiritual invaluable.

Por todo lo publicado anteriormente, declaro que he visto este video una y otra vez sin dejar de emocionarme en cada intento.

Eso no puede significar otra cosa que la confirmación del fuego de mi vocación particular. Si, soy maestro y formador católico de vocación.


Gracias Benedicto XVI (2a parte)

13 febrero 2013

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Continuando con la reflexión que nos dio pie el día de ayer el sorpresivo anuncio del Papa Benedicto XVI acerca de su dimisión, me quiero permitir profundizar en la siguiente estrofa contenida en su mencionado discurso.

El Papa mencionó lo siguiente:

“Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria…”

¿Que quiere decir esto?

¡Que Dios le ha concedido al mundo la enorme bendición de tener a un ex Papa vivo orando de tiempo completo por él!

Esto será un lujo invaluable.

¿Quien mejor puede conocer la iglesia y sus necesidades que quien ya ocupó el puesto más alto de dirección en la misma? ¿Quien sabe mejor que un Papa cuales son las prioridades por las que hay que elevar oraciones a Dios para velar por la santidad de los católicos?

Que una cosa quede clara…

El Papá Benedicto XVI no está claudicando de su vocación.

Lo que sucede es que él ha tomado la decisión de ayudar desde otra perspectiva: la oración. Él cree que en este momento de su vida, puede aportar más valor a la historia de la salvación orando que dirigiendo. Y esta decisión, la de reconocer la propia capacidad según las propias fortalezas, es un acto tremendo de humildad (entendiendo humildad como la virtud poder de ver el mundo tal y como es y no como quisiéramos que sea)

Quienes nos tomamos en serio el poder de la oración, sabemos que esta actividad a la que se dedicará ahora Benedicto XVI de tiempo completo tiene igual o mayor relevancia para el futuro de la Iglesia que el estar dirigiendo los esfuerzos episcopales desde Roma.

Es muy importante que esto quede claro entre los católicos: no perdimos un Papa, sino más bien ganamos un hombre intelectualmente excepcional dedicado profundamente a la oración plena.

Cuentan que Santo Tomás de Aquino, una vez que terminó de escribir lo que es  considerado uno de los tratados teológicos más importantes de la historia (La Suma Teológica) tuvo una revelación mística al celebrar una misa, tras la que mencionó no querer volver a escribir nunca más pues lo que Dios le había permitido conocer en dicha experiencia hacía que sus escritos fueran paja. Santo Tomás a partir de ese momento se dedicó a orar a plenitud por el resto de su vida y no volvió a escribir más.

Así que cada vez que elevemos nuestras plegarias al cielo, tendremos acompañándonos la oración de un hombre cuya voz valió la pene leer, escuchar y por siempre estudiar.


Ser más descaradamente… ¡Católico!

31 diciembre 2012

Se acerca el cambio de un nuevo año y como es costumbre ya empezamos sentirnos nostálgicos por lo que sucedió en el tiempo pasado y esperanzados de lo que sucederá en el tiempo futuro.

En lo personal hay una reflexión que me ha estado dando muchas vueltas en la cabeza de manera insistente. Tiene que ver con un análisis que he realizado sobre mis resultados pasados de cara a poder enfocarme mejor en lo que quisiera lograr en mi porvenir.

Haciendo el ejercicio de repasar diversos proyectos en los que he sido invitado a participar y otros que de manera individual he emprendido me he encontrado con cosas interesantes. Dichos proyectos han tenido que ver con distintos ámbitos como son la docencia, la dirección de equipos de trabajo, la academia y el estudio, la creación de  nuevos productos, las finanzas, en fin… me parece que Dios me ha dado la oportunidad de colaborar con Él desde distintas perspectivas profesionales.

Los resultados que he obtenido en estas actividades han sido igualmente variados.

Por ejemplo, me siento muy contento de haber recibido un premio a la excelencia en docencia  cuando tuve la oportunidad de impartir clases en la universidad. También me siento feliz de haberme iniciado como conferencista (actividad que me apasiona a más no poder) en distintos foros. Y que decir de mi vida matrimonial, en donde no puedo más que sentirme bendecido por Dios quien me ha dado las herramientas para perseverar y crear amor constantemente. Cuando evoco esas situaciones me alegro de sobremanera.

Pero también recuerdo fracasos importantes como podrían ser la gran cantidad de ideas y proyectos que inicié y jamás terminé, o la vez en que trabajando para cierta institución me asignaron una meta importante y no pude conseguirla, lo que derivó en mi remoción del puesto. Si, recuerdo que fue muy duro. Tras dicha crisis, recuerdo que caí en cierta depresión y me vi obligado a replantear muchas ideas sobre mi futuro profesional.

Pero haciendo justo este recuento de éxitos y fracasos es que se me presenta una cuestión que he tratado de resolver con terquedad desde hace mucho tiempo en mi vida: ¿Para que soy bueno? ¿Cual es ese tema en el que me debería de enfocar para dar los mejores resultados posibles en el mundo? ¿Cual debería ser el estandarte que englobará mi causa profesional? ¿A que debo de dedicarme esmeradamente?

Después de muchos años de darle vueltas y vueltas a estas preguntas, llega a mi mente una respuesta que, sin bien podría sonar simple, para mi lo resuelve todo.

Sin excepción, después de todos mis éxitos y fracasos profesionales, siempre termino haciendo lo mismo en el mismo lugar: sentado en una capilla dialogando con Dios. Esa es la actividad que me ayuda a cerrar y replantear todo lo que me sucede en la vida. Es como si después de cada intento, con independencia del resultado que obtenga, Dios me llamara a estar con Él para recordarme que solo una cosa tiene sentido: Él.

Así, hoy me queda mucho más claro que mi gran fortaleza profesional es mi fe y a lo que debo de enfocar todos mis esfuerzos es a fortalecer la fe de los demás.

Pareciera que el ser católico es lo que más disfruto de mi vida y lo que más resultados me ha dado desde siempre. Para muestra bastará ver los resultados que este blog han generado desde que lo inicié. Más de 600 publicaciones y cerca de 30,000 visitas mensuales tienen que significar algo importante para Dios.

Así que mi gran reflexión de año nuevo tiene que ver con lo que quiero hacer en mi futuro.

Ya Dios me dio el talento para enseñar, para hablar en público, para escribir y sobre todo para motivar. Pues bien, ahora emplearé todos estos recursos para hacerlo todavía más a favor de la Iglesia Católica.

Si, eso es, mi propósito es lograr ser, en lo profesional,… ¡mucho más descaradamente católico!

Hola, soy José Luis Damián y son Católico de Profesión.


Te quiero ahí… justo ahí.

18 agosto 2012

Dando una charla a jóvenes que están por iniciar su servicio social universitario se me vino decirles el siguiente pensamiento…

“Tú crees, mi querido joven que tú has elegido estar aquí el día de hoy. Tú crees que eres tú quien optó por estar haciendo su servicio social en este lugar. Pero…¿Te has puesto a pensar si resulta que esto no fue así? ¿Qué te parecería si yo te dijera que no fuiste tú el que pensó en estar aquí, sino más bien fue Dios el que te “llamó” para hacerlo?

Si resulta que así fue, más vale que demos todo cuanto esté de nuestra parte para responder a dicho llamado.”

Recordemos que nuestro llamado vocacional es el regalo que Dios nos hace al nacer, más la manera en cómo respondamos a ese llamado, es el regalo que nosotros le hacemos a Dios al vivir.


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