Comunidad

20 junio 2012

En el catolicismo  ha estado muy arraigado desde sus orígenes el concepto de “comunidad”, entendiéndola como una agrupación de personas que siguen un mismo fin.

Así, por ejemplo, en las sagradas escrituras se escucha constantemente que los primeros cristianos se reunían para conformar la primer comunidad de seguidores de Cristo.  Haciéndolo, los apóstoles se aseguraban de velar y cuidar para que las enseñanzas del Maestro se vivieran de acuerdo a su voluntad y ejemplo.

Hoy en día, es común encontrar que nuestros sacerdotes, miembros de algúna congregación o no, suelen vivir en comunidades ya que, al igual que en la idea original de los primeros cristianos, los pastores de nuestra iglesia procuran por medio de esta apoyarse mutuamente en el camino de su santidad. Vivir en comunidad les permite acompañarse.

Y es que no existe una mejor manera de poder vivir el catolicismo que perteneciendo a alguna de las cientos de miles de agrupaciones que alrededor del mundo se conforman de distintas maneras para vivir en grupo la fe.

Yo personalmente lo he experimentado. Siempre he pertenecido a grupos laicos que se reúnen para meditar, rezar y estudiar sobre la fe. En grupos juveniles me formé y en otros similares (ya no tan jóvenes) me he mantenido perseverante.

Sin embargo, cuando por alguna razón (laboral o profesional), me he tenido que desvincular o separar de estos grupos… ¡Me ha costado enormidades mantener el ritmo!

¡No me dejaran mentir! Vivir la fe católica de manera individual y solitaria es una labor complicada y compleja, pues los seres humanos solemos ser bastante malos a la hora de auto imponernos disciplina y altas exigencias. Por cuando formamos parte de un grupo, solemos comprometernos más fácilmente con las reglas implícitas o explícitas que en este se construyen, pues el compromiso que se adquiere con los integrantes del mismo te “obliga” a ser coherente en tu actuar.

Además, lo más hermoso de vivir la fe dentro de una comunidad es percatarse de que el camino que se recorre no se hace solo, sino que muchas otras personas también lo viven contigo (Se caen y se levantan al igual que tú).

Es por eso que recomiendo ampliamente que busquen incorporarse a alguna comunidad católica para fortalecer su vivencia espiritual. Existen cientos de ellas, dentro de las misma parroquias o fuera de ellas, en escuelas, instituciones o incluso en cientos de empresas que les permiten a sus colaboradores reunirse para crecer espiritualmente.

Encontrar y ser parte de un grupo que piensa, habla y vive los mismos valores que tú es fundamental para ser perseverante en la búsqueda de la santidad.

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