Una experiencia muy peculiar…

26 diciembre 2012

Esta publicación será un poco extensa, pero me veo en la necesidad de compartir detalladamente una experiencia personal de gran relevancia.

Hace una semana fui invitado a impartir una conferencia ante un público muy especial. Se trataba de un grupo de reos que están reclusos en un centro de readaptación regional a las afueras de la ciudad.

La verdad es que en cuanto recibí la invitación de parte de una misionera que lleva varios años dedicada a evangelizar a ese sector de la sociedad, no me pude negar a tratar de vivir esa experiencia.

Debo reconocer que desde que se ingresa al penal, aun en calidad de visita, la sensación que se presenta en el corazón es bastante estrujante. Por un lado se respira la dureza en el corazón y cuerpos de quienes ahí viven, pero al mismo tiempo se puede percibir la debilidad en las almas de quienes se saben caídos y señalados por el mundo (justa o injustamente).

El motivo de la invitación que me hizo la Cofraternidad Carcelaria de México (movimiento de la Iglesia Católica para evangelizar en las cárceles) para charlar con ellos, tuvo como objetivo llevarles un mensaje de esperanza y transformación a estos duros pero angustiados seres que en tales circunstancias suelen ser relegados y olvidados.

Para ingresar, los que asistimos tuvimos que acatar ciertas normas de vestimenta como no llevar prendas blancas, azules ni negras, no usar zapatos con plataformas elevadas, ni llevar absolutamente ningún accesorio como teléfono celular, cartera, monedas ni otros objeto que no hubieran sido previamente avisados por los organizadores de la visita.

Para poder llegar hasta el lugar en donde se llevaría a cabo el encuentro con los reos, tuvimos que pasar por tres revisiones en distintos puntos de control.

Una vez dentro del reclusorio, la conferencia tuvo lugar en el interior de la capilla del centro, misma que estaba siendo rehabilitada y reparada por los mismos presos durante esos días. Un olor a pintura fresca se respiraba por todos lados. Era una capilla sencilla y muy bien cuidada.

Ahora bien… ¿Qué le puedes decir a un público tan peculiar?  ¿Qué mensaje les podría llegar verdaderamente al corazón a estos hombres que son más bien juzgados por no tenerlo?

Juro que no pude preparar mi conferencia previo a la visita por no tener ninguna pizca de inspiración al respecto. Las frases y mensajes que suelo exponer en otros foros parecían  no tener cabida ahí, en ese ambiente de prisión y poca esperanza (hay presos que tienen sentencias de hasta 200 años).

Llegué al reclusorio con apenas unas cuantas ideas de lo que podría decir, más bastante desorientado en cómo hacerlo por espacio de una hora y media que se me había asignado.

Como siempre lo hago antes de comenzar cualquier conferencia, busqué un pequeño espacio previo a la charla para encomendarme al Espíritu Santo y pedirle a Dios que me diera la sabiduría para hablar en su nombre.

“Señor, utilízame para decir lo que tu quieras que les sea dicho”

Y así fue que empecé…

Inicié mi conferencia ante los casi 6o reos que me escucharon esa tarde, agradeciéndoles y felicitándoles por  tener el entusiasmo  de tener la capilla, la casa de nuestro Señor, tan bien cuidada. Ante lo cual respondieron bastante entusiastas y orgullosos, pues se notaba de inmediato que dicho recinto les significaba respeto.

Pero después de dicha introducción, no recuerdo del todo bien exactamente qué palabras usé ni de que frases me valí para dialogar con ellos. Creo que les hablé un poco sobre  talento, vocación o algún tema similar. En serio, no recuerdo bien que palabras usé.

Más si tengo muy presente que las miradas de estos hombres jamás dejaron de dirigirse atentamente hacia mi muy ansiosos de recibir algo que nadie las había dado hace mucho tiempo: atención especial.

De hecho, lo que más recuerdo de mi charla es que, para concluirla, tomé la decisión de subirme al altar que se situaba a mis espaldas, me tomé unos cuantos segundos de silencio para mirar directamente a los ojos al mayor número de asistentes en el foro  y posteriormente les dije con voz fuerte y directa:

“¡¡Los quiero, los quiero mucho!!”

Y esto se los dije muy en serio, no como una frase más dentro de una charla de motivación, sino como una necesidad interior por expresárselos de manera especial a ellos, los rechazados del mundo. Mientras se los decía, el corazón se me exprimía de angustia por tratar de sentir lo que esos hombres llevaban en cada una de sus historias personales de vida.

Ese “los quiero” estaba cargado de todas las muestras de cariño que nadie les ofreció en su pasado  y que pudieron haber evitado que sus vidas llegaran al punto en donde creyeron que no había otra opción que el rencor y el odio para salir adelante.

Tras decirles estas últimas palabras, inmediatamente pude notar en la mirada de muchos de ellos lágrimas y conmoción. Era notorio que les había tocado muchas fibras sensibles. Algunos de ellos, con los ojos un poco humedecidos por las lágrimas, bajaron la mirada para no permitir que se notara su humana debilidad.

Es un hecho, pude haberles hablado de cualquier cosa o no haberles tocado ningún tema en particular, con esas cinco sencillas palabras hubieran bastado para que mi visita les valiera para algo.

Sin tener el ánimo de presumir nada en lo absoluto, puedo decir que esa ha sido una de las mejores conferencias que he dado en toda mi vida. Al terminar me sentí desbordado de energía y muy satisfecho por los resultados obtenidos.

Al concluir la  conferencia tuve la oportunidad de dialogar personalmente con varios de estos reos y conocer de primera mano sus historias. Pude ofrecerles algunos consejos y animarlos para que aprovecharan el tiempo que les correspondiera estar ahí para fortalecer su espíritu principalmente ayudando al prójimo.

Al salir del reclusorio muchas reflexiones me vinieron de inmediato a la mente. Sin duda aprecié el sencillo detalle de atravesar una puerta que me diera acceso a la libertad de poder dirigirme a donde yo quisiera, aprecié la posibilidad de tener acceso a una comida bien servida en casa, también valoré como nunca el baño con agua caliente que cómodamente me pude dar esa noche, pero sobre todo, valoré la posibilidad de tener el abrazo permanente de mi familia a quien llegué a disfrutar como hace mucho tiempo no lo hacía.

Le he contado esta experiencia a varias personas y las reacciones han sido muy variadas. Desde quienes se muestran interesados por conocer los detalles de esta experiencia hasta quienes me cuestionan el que le haya puesto atención a un sector de la sociedad que no tendría por que merecer aprecio alguno.

En fin, el tema es que yo tuve la oportunidad de vivir por una tarde lo que miles de personas vivirá por muchos años de su vida. No soy absolutamente nadie para juzgar el merecimiento que alguien pueda tener para perder su libertad por haber cometido un crimen. Se que la ley humana es imperfecta más necesaria. Más también sé que si Dios decidiera regresar nuevamente al mundo encarnado en Jesucristo, pasaría gran parte de su tiempo predicando en lugares como esos y a personas como dichos reos, pues quienes necesitan al doctor son los enfermos no los sanos.

Para conocer más sobre la labor evangelizadora que nuestra Iglesia Católica lleva a cabo en las cárceles en el mundo y en México pueden visitar el sitio de la Cofraternidad Carcelaria de México.

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Desde el mejor lugar del mundo…

19 abril 2012

Esta publicación la hago desde el mejor lugar del mundo.

Estoy sentado de frente al sagrario, en una capilla.

¿Cual? No importa. Todas, sin dudarlo, son hermosas ya que la simple presencia de Dios lo convierte todo en bello, lúcido y radiante.

Me encanta tomarme tiempo para estar aquí, con Él.

Aunque bien sabemos que Dios es omnipresente, contar con un lugar físico en donde Él además de estar en espíritu también está en forma física (convertido en hostia) es fenomenal.

Esta relexión me recuerda lo que alguna vez dijo alguien no católico sobre nosotros, los católicos:

“Si en verdad yo creyera que Dios está presente en la hostia….¡Jamás saldría de las capillas!”

Y que ganas de que así sea…

Que ganas de vivir aquí, por siempre, junto a Él día y noche. Que increíble sería que nuestra vida se mantuviera tan solo de su presencia… Pero no, Jesús, nos envía a conquistar el mundo y eso debemos hacer.

Hoy desearía quedarme aquí, sentado y trabajando en su presencia, pero mi vocación católica me incita a salir afuera de este precioso recinto para lograr que, al final de mi vida, millones de personas hayan pasado también por este lugar diciendo “Te amo Dios por sobre todas las cosas”


Reflexiones sobre la visita de Benedicto XVI a México

3 abril 2012

Quiero aprovechar que ya han pasado algunos días desde que concluyó la visita de nuestro Papa a tierras mexicanas para compartirles por este medio algunas de las reflexiones que, a mi parecer, resultaron más interesantes de los varios discursos que  Benedicto XVI nos entregó en México.

Son extractos tomados de sus propias palabras mismos que acompaño con algunas breves reflexiones personales…

 

“El discípulo de Jesús no responde al mal con el mal, sino que es siempre instrumento del bien, heraldo del perdón, portador de la alegría, servidor de la unidad.”  (Plaza de la Paz en Guanajuato)

Escuchar estas palabras de boca de nuestro líder, me remontó a la frase de San Pablo en su carta a los Romanos (21-21) “no te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien“. Simplemente me fascina. En un país en donde existe una maldad agresiva e imperante, no debemos olvidar que dicho mal no se combate con odio ni con rencor… Pensar en el bien y usarlo es la mejor arma.

” Ustedes, mis pequeños amigos, no están solos. Cuentan con la ayuda de Cristo y de su Iglesia para llevar un estilo de vida cristiano. Participen en la Misa del domingo, en la catequesis, en algún grupo de apostolado, buscando lugares de oración, fraternidad y caridad. Eso mismo vivieron los beatos Cristóbal, Antonio y Juan, los niños mártires de Tlaxcala, que conociendo a Jesús, en tiempos de la primera evangelización de México, descubrieron que no había tesoro más grande que él. Eran niños como ustedes, y de ellos podemos aprender que no hay edad para amar y servir…” (Plaza de la Paz, Guanajuato)

El Papa le habló a los niños, esa parte de la población que siempre resulta la más afectada por la falta de Dios en los adultos. Además hace referencia a los primeros protomártires de la evangelización de nuestro continente. Tres niños que habiendo sido reclutados por los primeros evangelizadores franciscanos y dominicos, fueron brutalmente asesinados por los indígenas quienes abusaron de su fuerza al verse imposibilitados de usar la razón. Es igualmente valioso la reflexión de Benedicto XVI cuando dice que  quien descubre a Jesús, llega a concluir que no hay mayor tesoro que Él.
Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos de Dios para seguir esperando en sus promesas…” (Parque Expo Bicentenario, León Guanajuato. Durante su homilía litúrgica) 
En su homilía del domingo 25 de marzo, Benedicto XVI nos invitó a provocar el cambio en el mundo buscando primordialmente cambiar el propio corazón. Además nos habló de la pureza de corazón entendiéndola como un acto de humildad en que reconocemos que sin Dios nada podemos. Los Santos no fueron a favor de la corriente del mundo… ¡lucharon en contra de ella!
Pues bien, en este monumento [el de Cristo Rey en el cerro del cubilete] se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden.  Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio…” (Parque Expo Bicentenario, León Guanajuato. Durante su homilía litúrgica) 
En estos tiempos de violencia en nuestro país, los mexicanos nos hemos acostumbrado a ver deambular por las calles y carreteras de nuestra nación a las fuerzas armadas del ejército, en quienes el gobierno a puesto la confianza para detener al crimen organizado. En sus palabras, el Papa nos invita a confiar que existe un reino más poderoso que cualquier ejército en el mundo. El reino del amor, cuyo Rey y representante supremo es Jesucristo, Dios hecho hombre. Dirigiéndonos a Él y solo por Él… el mal sucumbirá.
Mis Predecesores en la Cátedra de san Pedro la honraron [A la Virgen María de Guadalupe] con títulos tan entrañables como Señora de México, celestial Patrona de Latinoamérica, Madre y Emperatriz de este Continente. Sus fieles hijos, a su vez, que experimentan sus auxilios, la invocan llenos de confianza con nombres tan afectuosos y familiares como Rosa de México, Señora del Cielo, Virgen Morena, Madre del Tepeyac, Noble Indita…” 
“…amarla  es comprometerse a escuchar a su Hijo, venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre”
(Parque Expo Bicentenario, León Guanajuato. Durante el rezo del Ángelus) 
El Papa sabe perfectamente que estaba en tierras Guadalupanas y con estas palabras quiso enaltecer de una forma bellísima a la patrona de nuestra nación. Si bien, a todos nos hubiera encantado haberle tenido físicamente en la Basílica de Guadalupe, el sumo pontífice con estas palabras se hizo presente de forma amorosa con la dueña de nuestros corazones.
Sí, la maldad y la ignorancia de los hombres no es capaz de frenar el plan divino de salvación, la redención. El mal no puede tanto…”
“…sabiendo que el Señor ha resucitado, podemos proseguir confiados, con la convicción de que el mal no tiene la última palabra de la historia, y que Dios es capaz de abrir nuevos espacios a una esperanza que no defrauda”
“…ser hombre es ser hermano y guardián del prójimo.”
(Basílica-Catedral de Nuestra Señora de la Luz, León, Guanajuato. Homilía dirigida a  Obispos de America Latina)
En lo personal, la frase “el mal no tiene la última palabra“, me retumbó interiormente en cuanto la escuché. Me conmovió profundamente. No puedo estar más de acuerdo en que el mal no es, ni será, el ganador. Y esto no solo aplica al tema de la violencia social que a todos nos preocupa, sino que también se refiere a la vivencia personal de la fe, que a todos no ocupa. Si bien el mal en cientos de ocasiones toca a nuestra puerta (y le abrimos), esto no significa que esta sea el final de la historia. Siempre, siempre… Dios nos ofrece el bien por la vía del perdón y la misericordia.
Además…. ¿Puede existir una definición más resonante que la que nos ofreció el Papa explicando al hombre como hermano y guardián del prójimo?
 “Queridos amigos, muchísimas gracias por este entusiasmo. Estoy muy feliz de estar con vosotros. He hecho muchos viajes, pero nunca he sido recibido con tanto entusiasmo. Llevaré conmigo, en mi corazón, la impresión de estos días. México estará siempre en mi corazón. Puedo decir que desde hace años rezo cada día por México, pero en el futuro rezaré todavía mucho más. Ahora entiendo por qué el Papa Juan Pablo II dijo: «Yo me siento un Papa mexicano…” (Palabras improvisadas afuera del colegio Miraflores, la noche anterior a su despedida)
Reconozco que estas últimas palabras, así tal cual fueron, improvisadas y llenas de rica informalidad, me sacaron las lágrimas cuando las presencié por Televisión. Aún a la distancia llegaron a mi corazón.
Desde que se anunció que Benedicto XVI vendría a nuestro país, siempre tuve la conciencia de que la figura de Juan Pablo II iba a estar de manera indirecta presente en cada momento de este suceso. México amó a Carol Wojtyla y ahora ama a Joseph Ratzinguer. Cuando el Papa, tras largas horas de espera, salió a despedirse de la multitud que por tres días le acompañó acampando a las afueras de su casa de hospedaje (El Colegio Miraflores), y mencionó que pudo entender por qué su antecesor se consideraba un Papa mexicano, en ese preciso momento se ganó, también él, la nacionalidad mexicana.
“Queridos amigos mexicanos, les digo ¡adiós!, en el sentido de la bella expresión tradicional hispánica: ¡Queden con Dios! Sí, adiós; hasta siempre en el amor de Cristo, en el que todos nos encontramos y nos encontraremos. Que el Señor les bendiga y María Santísima les proteja. Muchas gracias.” (Aeropuerto Internacional de Guanajuato, discurso de despedida)
Adios Benedicto XVI. Adios querido Papa y líder de mi amada Iglesia.
¡México siempre fiel!

Pequeña oración

7 febrero 2012

Aquí estoy Señor.

Visitándote en tu casa y tratando de resolver mi corazón.

Ansiosa está mi alma por recibir tu encomienda.

Permíteme decirte si aún a pesar de mi.


Pedir consejo al gran consejero…

14 junio 2011

Hace un par de días caminaba por la calle y decidí pasar a una Iglesia que está cerca de mi oficina para realizar una visita a Jesús.

En esta ocasión quise entrar para poner a su disposición ciertos problemas y dudas que me vienen a la cabeza. Son ese tipo de problemas que uno empieza a sentir que le es prácticamente imposible resolver solo. Cuestiones que durante mucho tiempo se empiezan a clavar en el alma y pareciera que no te dejan en paz.

Pues bien, ingresé a esta Iglesia y me dispuse a “entregarle” por completo estos problemas a Dios. No es actitud de rechazo y olvido de los mismos, pero si en el de pedir ayuda a quien todo lo puede. “Yo no estoy pudiendo solo Señor… acudo a ti para que me aconsejes cómo actuar”

Hoy, un para de días después de dicha visita, mis problemas y cuestiones siguen presentes, pero ahora sé que tengo una mente muy superior trabajando en ellos. Y por lo pronto, me siento acompañado en mi andar en busca de la mejor solución.

Teniendo a Dios de mi lado como consejero, y contando con mi firme disposición por trabajar en el camino de mi santidad…. no me queda duda que ningún problema me detendrá.


Visita rápida

2 junio 2011

Hoy, camino rumbo a mi oficina, paré a hacer una visita de 10 minutos a Dios en una Iglesia.

No fue nada especial, no reparé en grandes oraciones ni en tratar de aprovechar alguna liturgia. Simplemente paré un momento a decir “Aquí estoy presente señor, por un momento”.

Después de decir esto guardé silencio, cerré los ojos por un rato y salí nuevamente rumbo a mi destino laboral.

Este tipo de acciones inesperadas estoy seguro que le han de agradar a Dios… Por lo menos a mi me encantan.


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