Miedo

31 mayo 2013

Si algo he aprendido de mi reciente trabajo emocional es una gran lección sobre el miedo.

Solemos creer que “miedo” es sinónimo de “¡Alerta, no avanzar!”, pero en realidad si tuviéramos que ponerle un slogan a esta emoción más bien debería ser “¡Alerta, oportunidad de crecimiento aproximándose!”.

Paralizarnos ante el miedo no es del todo aconsejable, avanzar con precaución pero con firmeza, si.

Prácticamente todos los psicólogos del mundo coinciden que el enfrentamiento y vencimiento del miedo es una de las experiencias más formativas y edificantes de la persona.

Quien vence un miedo, se vence a sí mismo y, por ende, abre nuevos y más amplios horizontes en su futuro. Por eso, sería normal entender que Dios se valga de esta emoción para ponernos pruebas que nos hagan evolucionar y madurar.

El miedo no debe de ser entendido como una emoción mala de la cual haya que huir, no. Más bien recomiendo dejarla fluir con toda su intensidad y poner mucha atención en el objeto fuente que lo provoca. Así, permitiéndonos sentir este miedo y no evadiéndolo, es que podemos tener información valiosa acerca de la barrera que debe ser enfrentada.

Luego, si derribamos este objeto de desconfianza, indudablemente siempre acabaremos ganándole la batalla al miedo.

No existe duda o temor que no se resuelva con el tiempo, la paciencia y  la confianza en que Dios nunca nos dejará.

Y lo mejor de todo…

Una vez que hayamos vencido la fuente de nuestro miedo, este se transformará inmediatamente en fortaleza interior. Virtud que nos permitirá ser mejores y hacer más en le mundo.

Así actúa Dios, extrayendo mucho bien de lo que originalmente se percibía como mal.

¡Que maravillosos son sus caminos!


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