El mejor trabajo del mundo…

23 abril 2012

Lo reconozco… ¡Las lágrimas se me brotaron cual niño chiquito!

Apenas corría la mitad de este video y mis ojos ya estaban bañados de agua salina y mi respirar asimilaba al de mi hija más pequeña cundo suspira angustiosamente por algo.

Ojalá y las mujeres del mundo en verdad entiendan que son el pilar de nuestra sociedad y como tal la vocación maternal a la que están llamadas es la más importante de todas.

Ningúna meta, ningún logro, ni nada de nada será más importante que esta labor.

Muchos podrán jactarse de construir grandes emporios económicos, otros podrán presumir de haber gobernado excelsamente una nación, habrá quienes presuman su capacidad de liderazgo en distintos equipos de trabajo, pero nadie, jamás, podrá superar el logro de una madre que construye a un gran ser humano.

¿También lloraron como yo?


Trabajo y espiritualidad

5 mayo 2010

Algunas personas se pueden preguntar…

¿Cómo se puede compaginar una vida profesional con una vida espiritual?

¿Existe el suficiente tiempo suficiente para hacerlo?

La clave está en entender el siguiente punto: tanto una como la otra no son excluyentes, de hecho… ¡son lo mismo!

Verán. La idea de vivir una vida espiritual activa no radica en dejar de llevar una vida profesional igualmente activa. De hecho, lo que un católico está llamado a hacer es “vivir su fe en la vivencia de su propia profesión”.

Esta idea, muy promulgada en especial por San Josemaria Escribá de Balaguer, fundador del Opus Dei, es una invitación a hacer de cada actividad, de cada tarea, por muy pequeña que esta sea una oportunidad de encontrar a Dios.

Por eso podemos perfectamente hablar de empresarios católicos, abogados católicos, arquitectos católicos, médicos católicos, etc… Definirte como católico implica un compromiso a que hagas lo que hagas, estés donde estés, labores en donde labores, vas a actuar siempre orientado por el amor a Dios y al prójimo.

Y como fiel ejemplo de que si se puede hacer esto tomemos al mejor testimonio de todos: Jesús.

¿Te toca elaborar un reporte? Hazlo como Jesús lo haría.

¿Quieres contratar a un candidato nuevo para tu empresa? Hazlo como Jesús lo haría.

¿Estás pensando en emprender tu propia empresa? Hazlo como Jesús lo haría.

¿Vas a realizar un viaje de vacaciones con tu familia? Hazlo como Jesús lo haría.

¿Te toca llamarle la atención a alguien que te está faltando a la confianza? Hazlo como Jesús lo haría.

A veces pasamos de largo que la figura de Jesús no solo se centra en la de aquel hombre que predicó durante tres años de su vida el amor y la verdad. ¿Qué fue de los otros años de vida del Maestro?

No olvidemos lo siguiente: Durante 30 años de su vida Jesús se dedicó a la carpintería. Aprendió de su padre José el oficio, lo practicó y le tocó inmiscuirse en todos los pormenores de esta actividad (comprar materiales, organizar sus proyectos, visitar a clientes, presentar cotizaciones, fabricar de propia mano mesas, sillas, platos, etc…) ¿Cómo creen que debió de haber hecho Jesús todo esto?

Yo me imagino a un Jesús plenamente orientado en el prójimo: tratando con total respeto y amistad a quienes le proveían la madera, pidiendo el precio justo por su trabajo, haciendo descuentos a quienes no pudieran pagar, platicando muy de cerca con sus clientes sobre los intereses personales y profesionales de estos  para de esta manera poderles servir mejor por medio de su talento, intentando fabricar cada producto como si fuera el más especial de todos y pensando en cada detalle de valor para su cliente, conviviendo con María su madre y ayudándole con el sustento del hogar, etc.

Si, me imagino a un Jesús muy concentrado en su trabajo  y poniendo todos su talentos al servicio de los demás. No podría esperar menos del Maestro.

La vida pública de Jesús, no duró más que los últimos tres años de su vida, lo que equivaldría a sólo el 9% del total de su vida. Es decir, que el 90% de su existencia, Jesús se dedicó a “ser” carpintero y a “hacer” carpintería. Pero haciendo esto sabemos que seguramente practicaba a dirario lo que posteriormente iba a predicar al mundo. Nadie puede enseñar mejor que quien practica por si mismo el objeto de su enseñanza.

Así, por ejemplo, un excelente profesor será quien antes que profesor se preocupe primer por “ser” una excelente persona. Un gran abogado es el resultado del esfuerzo de intentar ser primero “una gran persona” que, luego, trabaja como bogado. Un buen periodista primero debe de ser “buena persona” y por consecuencia será “buen periodista”.

El “ser bien” preceder al “hacer bien”.

Como un sacerdota alguna vez me dijo en una confesión: “Si te preocupas por dormir bien, comer bien, estudiar bien, rezar bien, hablar bien, pensar bien, escribir bien, etc… verás que el resultado final de tu vida será SER alguien de bien”.

Así que volviendo al tema del trabajo y la espiritualidad, el ser un profesionista católico no se trata de darse tiempo para una cosa o para otra. Más bien significa ser un buen ser humano, por ende ser un buen católico y ya por consecuencia serás un buen profesional católico.

Recuerda que la pergunta clave para todo lo que hagas en tu día es: ¿Cómo lo haría Jesús?


Nuestros sacerdotes

23 febrero 2010

Aprovechando la celebración del año sacerdotal, hoy  pido que nuestras oraciones sean por ellos, esos magníficos seres que en su imperfección humana (como la de todos) logran demostrarnos que aún en esa misma fragilidad de hombres sí se puede seguir a Cristo.

Humanos, como tú y como yo. Débiles y fuertes, con sus dudas y sus certezas. Solemos pensar que siempre están ahí, en la Iglesia a la que acudimos cada domingo y se nos olvida que tienen necesidades al igual que todos. Viven y trabajan en el mismo mundo en el que estamos tú y yo. Ven lo que tú ves, escuchan lo que tú escuchas, sienten lo que tú sientes y aún así les exigimos que sean mejores que nosotros. Les pedimos perfección y ejemplo. Y lo aceptan.

Trabajan para el jefe más exigente, aquel que quiere cosechar donde no sembró, pero también el más amoroso, el que da la vida por sus amigos.

El día de hoy mis oraciones van por nuestros amigos sacerdotes, aliados y guías en el camino de nuestra salvación. Pido disculpa si no he orado lo suficiente para contribuir más a la fortaleza de la fe de aquellos que  no han perseverado y han fallado. Yo no tengo piedras que aventar pues no estoy libre de pecado.

Este domingo, después de ir a misa, busca acercarte al sacerdote como buscarías acercarte a tu mejor amigo, estrecha su mano y dile: Gracias por su entrega y su fe. Rezaré por su perseverancia.

Eso haré yo, lo prometo.

A nuestros sacerdotes: ¡Jesús está con ustedes siempre!


Una oración peculiarmente hermosa

9 julio 2009

Les comparto esta hermosa oración para quienes deseen poner a disposición de Jesús su labor diaria.

Sugiero rezarla en las mañanas antes de iniciar las actividades.

En especial es una de las oraciones que más me gusta pues expresa claramente lo que considero debería de ser la disposición de todo creyente para con su Creador.

Yo aprendí a rezarla acompañada del rezo del Ángelus a las 12:00 pm todos los días, y aunque está conformada de distintas oraciones unidas en una sola, a mi me parece que como conjunto es preciosa… La suelo llamar “la oración de la humildad”

“Toma mi Señor, y recibe mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi 
voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Tí, Señor, lo torno; todo 
es tuyo; dispón de ello conforme a tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que 
esto me basta.

Espíritu Santo
inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir,lo que debo hacer. 
Cómo debo obrar para procurar el bien de los hombres, el cumplimiento de mi misión y el triunfo del Reino de Cristo.

Señor Jesús…
Te entrego mis manos para hacer tu trabajo.
Te entrego mis pies para seguir tu camino.
Te entrego mis ojos para ver como tú ves.
Te entrego mi lengua para hablar tus palabras.
Te entrego mi mente para que tú pienses en mí.
Te entrego mi espíritu para que tú ores en mí.

Sobre todo te entrego mi corazón para que en mí ames a tu Padre y a todos los hombres.
Te entrego todo mi ser para que crezcas tú en mí, para que seas tú, Cristo, quien viva, trabaje y ore en mí”


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