Asesoría humana

6 noviembre 2014

Uno de los fenómenos más bonitos que me han sucedido al fundar este blog es el acercamiento que me ha provocado con gente de  muchos países que comparten los mimos ideales que un servidor.

A mi correo llegan muchos mensajes de personas de todos lao países (España, Venezuela, Ecuador, Colombia, Estado Unidos, México) que me animan a seguir escribiendo, lo cual agradezco de manera infinita.  Pero al mismo tiempo también recibo muchos mensajes de lectores que me solicitan consejos sobre ciertos aspectos de su vida personal, profesional y, desde luego, su situación espiritual.

Son personas como estos últimos, quienes buscan asesoría, los que me han motivado desde hace tiempo a dedicarme profesionalmente a esta labor.

Déjenme ponerles un ejemplo.

Como ya he mencionado anteriormente,  mi vocación es la enseñanza y por lo tanto una de mis actividades profesionales es la de ser maestro universitario, más no puedo entender esta labor sin tampoco acompañarla con actividades de acompañamiento humano individual.

Siempre que doy clases busco por lo menos tratar de tener un encuentro de acompañamiento individual con cada uno de mis alumnos por separado para dialogar con ellos, desde luego, sobre su desempeño en el aula, más también para charlar sobre sus vidas, sus familias o sus proyectos de futuro. Por mucho, dicha actividad es la que parecen valorar más mis alumnos a la hora de evaluarme al concluir el semestre.

El tiempo mismo me ha llevado a expandir esta actividad de acompañamiento humano fuera de las aulas y resulta que también me he vuelto consejero y asesor de colaboradores en empresas, fundaciones y hasta familias que creen en el valor de la persona y su dignidad como el elemento más relevante de su misión.

Así, parece que la actividad de  asesorar personas en temas de desarrollo humano y espiritual se ha convertido cada vez más en mi destino profesional.

No lo he provocado, pero parece que el mismo Dios desea que le ayude por ese camino. Y a decir verdad… ¡Me encanta!


Las humanidades

5 noviembre 2014

¿Recuerdan cuando estábamos en la escuela que se nos insistía de sobre manera en que nos abocáramos al estudio de las humanidades?

Nuestras clases en dichas materias seguro estaban llenas de datos históricos, casos de ética, lenguas antiguas y un montón de pinturas y textos clásicos.

Hoy, varios años después de que egresamos de la escuela, volteamos a recordar dichas asignaturas y parece estas tuvieron un papel simplemente anecdótico en nuestro haber académico. Si, seguro ya no recordamos las fechas del examen de historia, ni las definición del término axiología de la clase de valores (Si a mi me aplicaran un examen en estas fechas seguro no podría recordar ni tres datos seguidos).

Sin embargo, no podemos pensar que eso fue todo con las humanidades ¿Que acaso el haber estudiado ciencias humanas no tuvo una aplicación práctica en nuestras vidas? ¿Todo fueron bonitas teorías?

Y aquí es donde entro yo…

Llevo años dedicado al estudio de las ciencias humanas y su aplicación a la vida profesional.

Como consultor de personas y directores de empresas, puedo asegurar que, de entre todas las disciplinas que pude haber estudiado en mi vida (un MBA incluido) las artes humanísticas son las que más relación tienen con los resultados buenos o malos que sucede en toda organización (comercial o no).

Sabemos que…

Las metas son logradas por personasLos planes son ejecutados por personas

Se diseñan productos y servicios por y para personas

Los directores son personas

En una oficina se trabaja con personas

La habilidad directiva por excelencia es el gobierno de personas

En una empresa… ¡todo es personas!

 Así, cuando en la escuela nos hicieron hincapié en que estudiáramos y nos formáramos en humanidades, no se trataba de hacernos saber más de historia, arte o filosofía, sino de aprender a leer y entender a quien nos habría de acompañar en nuestro trabajo y hogar por el resto de nuestras vidas: otros seres humanos.

Nada puede ser más práctico y aplicativo que el estudio del hombre y su hacer en el mundo.

Les invito a que desempolven sus cuadernos de secundaria y preparatoria y les vuelvan a echar un ojo a la luz de lo que les acabo de decir. Se darán cuenta que son un compendio rico en contenido para ser usado en favor de quien quiere saber más sobre el elemento más relevante de cualquier ámbito: el factor humano.


Travesuras espirituales…

16 enero 2013

Acabo de caer en cuenta que soy un travieso espiritual.

Con esto quiero decir que soy alguien que suele pasarse por encima de las normas para poder ejercer muchas de mis acciones espirituales.

Por ejemplo, hoy me tomé la libertad de llegar 30 minutos tarde a mi oficina pues opté por acudir a misa antes de venir a laborar. También acepto que en ocasiones me escapo de la misma para visitar a Jesús en alguna Iglesia cercana para luego regresar y continuar con mis actividades.

Reconozco que en múltiples ocasiones he dejado de revisar correos o preparar algún informe por leer la Biblia o algún pasaje del evangelio. Es más, también acepto que muchas de las publicaciones de Diario de un Católico han sido escritas en horarios en los que supuestamente me había propuesto trabajar en algún asunto más “profesionalmente correcto”.

Si bien estoy consciente que jamás debo de renunciar a la productividad laboral, me paree que esas pequeñas travesuras espirituales le dan mucho sentido a mis días y a lo que hago.

Se que estas travesuras podrán hacerme ver como disperso y poco profesional, pero estoy seguro que cuando llegue el día del juicio final lo que hoy parecen “travesuras espirituales” en ese momento serán vistos como momentos relevantes y tendrán más peso para mi alma que cualquier otra actividad.

Si, soy un incorregible, lo se, más lejos de tratar de cambiar esta actitud lo que pasa por mi mente en estos momentos es… ¡planear la siguiente travesura!


Mujeres… ¿desarrollo profesional o familiar?

10 septiembre 2012

El mundo cambia. Esa es la única constante.

Y con los cambios nos vienen nuevas costumbres y perspectivas. Y me atrevo a decir que son las mujeres quienes han visto revolucionado su ámbito femenino más que cualquier otro en los último años.

Antes, unos 30 o 40 años atrás, era muy común que las mujeres optaran por quedarse en casa para dedicarse a su familia, principalmente al cuidado de los hijos. Hoy, la tendencia ha cambiado por completo.

Las mayoría de las mujeres está decidiendo que también es posible desarrollar una carrera profesional de manera paralela a sus compromisos familiares, y esto les ha exigido a ellas mismas replantearse de nuevas y diferentes maneras. Y esto no siempre ha sido fácil.

Recién descubrí una estadística que menciona que en nuestro país por primera vez el porcentaje de mujeres que se matriculan en la universidad es mayor que el de hombres.

También a nivel mundial, el número de empresarias aumenta año con año, y no se diga el de mujeres que ocupan puestos de alta dirección en compañías multinacionales.

Es una realidad, la mujer es el agente emergente económico del siglo XXI. Su participación en la productividad de las naciones le ha dado un nuevo tinte al desarrollo económico global. A mi parecer favorable.

Pero… ¿y el tiempo y la dedicación al ámbito familiar?

Una encuesta entre empresarios hombres a quienes se les preguntó ¿cual había sido la mayor dificultad que enfrentaron al iniciar su propio negocio? reveló que en primer lugar se encontraba el miedo a fracasar y el segundo el financiamiento para iniciar. Esta misma pregunta se le hizo a mujeres empresarias y respondieron que la primer dificultad que tenían era la de poder armonizar sus distintos roles como empresaria, madre de familia y  esposa.

¿Que opinión tengo yo al respecto?

La resumo en esta frase…

“Una mujer tiene toda la libertad de decidir cuanto tiempo destina para estar  en casa o no (trabajar o no), pero a lo que jamás  debe renunciar, como pilar de una familia,  es a construir un hogar…”

Y es que casa y hogar no son sinónimos. Casa es un lugar físico, mientras que hogar es un valor universal.

En efecto, si una mujer decide trabajar o no, montar una empresa o no, ser ejecutiva o no, es una decisión a la que nadie debe atreverse a etiquetar como buena o mala. La circunstancias, el temperamento y el ámbito social y familiar en el que se desenvuelve cada mujer hará de esta una elección muy personal y singular.

Sin embargo si una mujer ha decidido que, como parte de su plan de vida, está el formar una familia entonces, trabaje o no, jamás podrá desprenderse de la obligación de construir y aportar todos los elementos necesarios para que dicha familia posea un hogar, entendiendo como tal, el núcleo de valores y sentimientos que toda persona requiere para poder sentirse amado por los suyos en un ámbito muy especial pensado por Dios.

Toda mujer, madre de familia y esposa, tiene la alta responsabilidad de ofrecer el ambiente idóneo para que los valores y las virtudes de quienes integran su núcleo familiar se puedan forjar. El orden, el respeto, la amistad, el servicio al prójimo, la tolerancia, la templanza, la justicia, la fe y todo lo que hace que un ser humano se dirija a Dios, son elementos que no pueden verse sustituidos por un mejor ingreso económico, por mejores escuelas de paga, mejores coches, viajes y todo el tipo de cosas que vienen como consecuencia del éxito laboral.

Por eso el criterio siempre deberá ser: primero un mejor hogar y luego una mejor casa.

Personalmente admiro a una mujer que en estas circunstancias decide hacer a un lado su desarrollo profesional y dedicarse a tiempo completo a construir su hogar. Creo que este es uno de los actos de amor más grandes de una mujer para con los de su sangre y los resultados suelen ser siempre muy favorables a largo plazo.

Pero también existen numerosos ejemplos de mujeres que, habiéndose incorporado de manera exitosa al ámbito laboral, también nos han demostrado que es posible tener hogares bien edificados. Tomar la decisión de tener un pie en ambos mundos, el familiar y el profesional, exige una gran disciplina y orden, pero no es imposible.

Ser mamá y esposa no es antagónico con ser empresaria o trabajadora. Muchas mujeres hoy lo saben bien.

Así que, siendo esta una decisión sumamente personal, yo solo me limito a volverles a ofrecer mi consejo: primero un mejor hogar y luego una mejor casa. Sin que esto signifique, vuelvo a insistir, que solo dejando de trabajar se pueda conseguir lo primero.

Pareciera pues que edificar un proyecto profesional exitoso, una familia llena de valores y además velar por la propia santidad es el nuevo reto del siglo XXI para nuestras queridas mujeres.


Oración por la familia

24 agosto 2012

Mi esposa y yo fuimos invitados a una reunión que organizó una institución financiera de gran renombre en nuestro país para reconocer y motivar a las familias de los colaboradores que trabajan en ella.

Le día comenzó con la celebración de una misa en una Iglesia cercana al corporativo del banco y posteriormente tuvimos la oportunidad de escuchar a un expositor quien nos habló sobre el tema de los valores en la familia.

Es muy interesante encontrarse con empresas de gran tamaño que fomentan el valor de la familia entre sus empleados de esta manera. Soy un ferviente convencido que el lugar de trabajo es de alguna manera la continuación de nuestra vida escolar. Lo que la empresa haga por formar a sus empleados, tendrá igual o mayor impacto en ellos que lo que tuvo en su momento la escuela.

A continuación les quiero compartir una hermosa oración que nos repartieron a los asistentes de dicho evento al iniciar la celebración eucarística y que sirvió para que quienes acudimos a ese evento la rezáramos en conjunto.

Oración por la familia

“Señor, que quisiste que tu hijo naciera y creciera en una familia, te pedimos que bendigas el amor e los esposos y su fruto: los hijos.

Que descubran la alegría de aceptarse, comprenderse y perdonarse. Que puedan superar los momentos difíciles que les toquen vivir desde el amor, la fe, la esperanza, la comprensión y la alegría. 

Ayúdanos a trabajar para que tengan pan las familias con hambre, techo las desamparadas, salud física y espiritual las enfermas, alegría las tristes y tranquilidad las que sufren.

Que cada familia siga el ejemplo de la familia de Nazaret, sea un santuario de vida donde cada uno encuentra la vocación a la que ha sido llamado y juntos construyan tu Reino de verdad, de justicia y de paz.”

 


Caminar…

30 julio 2012

Hace más o menos un año me entró la loca idea de dejar de usar tanto el automóvil para dirigirme, en su lugar, caminando desde mi casa hasta mi oficina.

Y digo que es una idea loca pues no es normal que en mi ciudad alguien camine alrededor de 12 kilómetros todos los días (6 de ida y 6 de regreso) para trasladarse de un lugar a otro.

Si, mucha gente se puede ver caminando en las calles de la ciudad de México, pero la mayoría lo hacen para dirigirse a una estación de transporte público que los acercará a su destino.

Yo no, yo llego hasta mi destino… ¡caminando!

Me fascina caminar. Yo creo que en parte es porque, haciéndolo, libero mucha de la ansiedad que siempre he mostrado desde joven. Mi esposa me dice que voy a acabar haciéndole hoyos al piso de tanto que muevo el pie cuando estoy sentado.

Pero, bueno… ¡así soy!

Y es que eso de caminar toda la distancia que separa a mi casa de mi oficina, al principio me parecía muy descabellado y retador. Hoy, un años después ya no lo es en absoluto. No siento que la hora que paso caminando me pese como antes. Es más, hasta he llegado a creer que muchos de los automovilistas que me ven pasar enfrente de sus coches cuando esperan avanzar en medio del horrible tráfico, me han de envidiar. Podría apostar que puedo llegar a alcanzar en ocasiones una velocidad promedio más rápida que la de ellos.

Y pues si, en mi familia ya saben que yo soy… ¡El que camina!

Mi esposa ya no se extraña cuando encuentra mi auto aparcado en el mismo lugar de siempre en el garage por varios días. Ya sabe que si eso sucede es por que yo ando a pie en algún lugar de la ciudad.

Y es que me resulta increíble que lo anormal hoy en día sea caminar, siendo que hace apenas unos 120 años aproximadamente lo extraño era justo lo contrario, tener un vehículo personal para poderse mover dentro de un rango relativamente grande en una comunidad. (Bueno, tampoco es que me extrañe por igual que ya no andemos en caballos. ¡Viva la tecnología!)

Pero lo más maravilloso de todo es que el tiempo que me doy para caminar lo aprovecho enormemente para  meditar, reflexionar e incluso rezar uno que otro rosario.

Me encanta ver la cara que ponen muchos peatones cuando ven a una persona común y corriente con un rosario en la mano y hablando consigo mismo a lo largo del camino. Si fuera alguien vestido de sacerdote se podría entender, pero… ¿Un hombre de traje y camisa con un rosario en la mano en medio de una ciudad moderna? ¡Vaya que eso si es raro!

Y entonces resulta que he descubierto que  provocando esta pequeña perturbación en la gente en medio de su actuar cotidiano, puedo evangelizar también. Alguno que otro seguro se cuestionará su propio actuar al verme actuar a mi, por lo tanto, lo seguiré haciendo. En algo aprovechará Dios esa situación.

Caminar es una de mis grandes pasiones y doy gracias a Dios todas la mañanas que me permita tener ese tiempo especial con Él de esa preciosa forma.


Me encantó…

26 mayo 2012

Recién me llegó esta frase por medio de las redes sociales…

¡Me encantó!

“Trabajar por Dios en la tierra no paga muy bien. Pero su plan de jubilación es… ¡ESPECTACULAR!”

No tengo mucho que decir. Me parece que esta frase ya lo dice todo.


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