Testimonio de fe

15 abril 2013

Recibí el siguiente testimonio de conversión de parte de una de nuestras lectoras. Le pedí me permitiera compartirlo en Diario de un Católico pues sus palabras pueden ser de gran inspiración para quienes han emprendido la búsqueda de la verdad en Cristo:

“Yo no caí en drogas, pero si en alcoholismo, brujería y delincuencia “de cuello blanco” por decirlo así.


Yo también estuve en un colegio católico durante toda mi primaria y secundaria. Pero mis padres no eran creyentes comprometidos, eran de los muchísimos católicos light que solo van a misa cuando hay fiestas en la familia y aunque si seguían algunas tradiciones, desconocían casi todo de nuestro Dios.
Con decirte que cuando hice mi primera comunión, curiosamente recuerdo haberle dicho a Dios, “no se que es esto, no se que me estoy comiendo, no se lo que se supone que tengo que hacer al hincarme, pero por las dudas, me pongo sincera a platicar contigo, discúlpame y cuida a mis papas”
Como ves el catecismo no me sirvió mucho a mis 8 años.
Así fui creciendo como niña aplicada en la escuela, seria, solitaria, con pocos amigos, que decía tener todo en la vida. Mis padres me amaban, me cuidaban, me consentían, y procuraban y aunque no había mucho dinero, incluso hubo épocas en que había muy poco, creía que era yo feliz.
Así continué en la prepa y en la universidad. De verdad creía que era yo una persona madura, centrada y con mis metas bien claras en la vida. Y obviamente de Dios ni me acordaba.

Salí de la universidad, empecé a ganar dinero, conocí “amigos”, me “enamore” y todo el huracán comenzó. 
Nunca fui de fiestas hasta que comencé a trabajar, pero hubo un momento en que conocí casi todos y cada uno de los antros, bares, clubes y cantinas de la ciudad. Al principio, salia cada quincena, después cada viernes y termine tomando TODOS los días. En bares, o en “fiestas” particulares, pero no podía pasar un día sin que no hubiera siquiera “una chelita”. Era una necesidad el alcohol.
Así conocí al hombre que me llevaría a perder muchas cosas, y me encapriche tanto con tenerlo a mi lado, creyendo que estaba enamorada que caí en la brujería y la falsa creencia en la santa muerte. Y pues al cabo de un tiempo, me fue “concedido” el caprichito, que se lo atribuí a este deformado culto, cuando en realidad era porque el tipo, me veía el signo de pesos en la cara: manutención, fiestas, gustos y sexo gratis¡¡ 

Yo me sentía fatal, sin valor alguno, sabia perfecto que no me amaba, que solo me buscaba por la comodidad y el dinero, pero al menos lo tenia a mi lado. Me daba horror perderlo, no te cuento detalles, pero ya imaginaras la cantidad de estupideces que hice por que no me dejara.
Entre tanto, me aleje de mis padres, de mi demás familia y el hizo que cortara de tajo con amigos y gente que se preocupaba por mi e intentaba alertarme de el.
Perdí amigos, me pelee con mis padres, por estar con el y por el alcohol, perdí varios trabajos, y bueno espiritualmente estaba devastada. Rendir honores al Maligno, disfrazado de “la muerte” es altamente peligroso. Ademas de que despues este culto no fue suficiente para mis caprichos, y empecé a tomar conciencia de tratar con el maligno, y raye apenas en el satanismo.

Mis padres desesperados por no saber como rescatarme, solo me apoyaban y cuidaban desde lejos.
Pero aun faltaba mas. La factura del demonio estaba por cobrarse.

Hace 4 años, entre a trabajar a una empresa que maneja altas cantidades de dinero, tanto en efectivo como en inversiones.
Tenia un puesto medianamente importante, y por necesidad de tener mas y mas dinero para comprar nuestros vicios, caí en la tentación del robo. Mucho intente auto-engañarme, pensando que no estaba consciente de lo que hice, que fui engañada (que en parte es cierto) pero a esas alturas de mi vida, era obvio lo que era correcto y yo hice lo incorrecto.
Viví en angustia, amedrentada y con miedo por 1 mes, sin poder dormir, sin poder decirle a nadie, pensando en que tarde o temprano me descubrirían. Y así fue.

Una horrible noche, vi a mis padres llorar mientras me llevaban custodiada. Fue horrible. Fue uno de los momentos mas tristes de mi vida. Me sentí morir. Sobra añadir que aquel tipo, mi pareja, me volteo la espalda, junto con todos mis “amigos”. De hecho no lo volví a ver.

Yo estaba causando sufrimiento a las personas que mas amaba en mi vida, mis padres. Y todo el maltrato que viví en la pseudo oficina del ministerio publico para declararme culpable, nunca lo olvidare. Yo aun negaba todo, pero entonces escuche una voz.

En verdad escuche Su Voz. La senti desde dentro de mi, pero la escuche claramente.
Ahí frente al policía ministerial escuche: 

Confía¡ Confía¡ Di toda la verdad, y por primera vez en tu vida, Confía en Mi¡

Me quede pasmada, y pensé ¿sera mi ángel de la guarda? Y estuve a punto de “pedirle otro favor a la santa muerte” pero volví a sentir esa Voz.
Y confié. Confié en El. Y desde ese día lo hago y nunca he sido defraudada.

Gracias a un policía que se compadeció de mis padres, me dejaron salir para seguir mi proceso desde afuera. Poco después salio una orden de aprehensión y tuve que vivir encerrada y escondida en casa de una tía que es protestante por espacio de casi año y medio, sin ver el sol ni sentir el aire o la lluvia, en un cuarto frío, alejada de mis padres y rodeada de parientes necios por convertirme a sus creencias, lo que logro el efecto contrario: amar mi religión.

Así vivía, confiada en los brazos amorosos de mi Dios y aprendiendo a amar a Maria.
Así conocí a mi Señor, aprendí muchas cosas de El, leí, leí mucho, la Biblia, el catecismo, encíclicas y documentos, conocí mi religión a escondidas de mi tía, que es evangélica y me enamore de Jesús y de mi Iglesia.

Un día ya no aguante mas, y rogué a mis padres que me llevaran con algún sacerdote para confesarme. De la nada, se apareció una persona afuera de la casa con un programa de horario de servicios de la iglesia cercana. Así que me confesé el día de San José y ese día comulgue y llore de felicidad en ese momento.

Todo su Espíritu invadía mi corazón y su Amor era demasiado para mi. Entendí su infinito amor demostrado a través de tanto sufrir para ser limpiada. “El sufrimiento hija mía, es la prueba de que Yo estoy contigo” le dijo a Santa Faustina. Al mes, El Señor me permitió salir de mi noche oscura y obtuve mi libertad bajo caución. Lo primero que hice fui ir a misa. De Pentecostés.

Una serie de Dioscidencias, me llevo a participar en un retiro juvenil, y luego me uní a la pastoral juvenil, para también yo llevar a Cristo a otros jóvenes. 
Mi Dios, me concedió un maravilloso trabajo, hasta capilla tengo junto a mi oficina. Me regreso a los amigos que si valían la pena y me concedió otros. Me lleno de felicidad y luz. Mucha luz. Mucha luz.

Me concedió que mis padres se convirtieran también y me concedió que mi papa antes de morir (fue repentina su muerte hace 4 meses) estuviera confesado y comprometido con la Iglesia, cosa que parecía imposible años atrás.

Es verdad, hay un antes y después de Cristo, en la historia del mundo y en la personal. De verdad no dejas de crecer, no dejas de sorprenderte de Su Amor. “Mi alma alaba al Señor que hace maravillas¡¡¡”

Hoy me encuentro feliz, me case apenas el pasado sábado en la misma parroquia donde prestamos servicio mi esposo y yo, y en el mismo altar donde hace un poco mas de un año, pedimos a Dios su gracia para nuestro noviazgo y donde mi esposo me dio el primer tierno beso, frente al sagrario¡¡¡ Uff¡ 

Mi esposo,  un hombre que conocí en ese grupo juvenil, un maravilloso hombre, que ama profundamente a Dios, le sirve con gusto, me ama y desea formar una bella familia cristiana para dar testimonio del amor de Dios. En verdad mi futuro esposo ha sido una bendición de Dios. Un cambio radical de mundo, de mente, de corazón, del que tenia, al que tengo hoy. De la oscuridad y la podredumbre a la luz y la vida.

Muchas gracias por leerme, disculpo si deseo privacidad en mi nombre, porque mucha gente no comprendería mi pasado, dado a los problemas legales que tuve y pueden no confiar en mi conversión.

Mi Dios me recompenso por nada. Me pago al ciento por uno. Y lo sigue haciendo.

Saludos y bendiciones.”

 

Este relato es una muestra fehaciente de que Dios jamás nos deja solos y siempre está dispuesto a abrirle sus brazos de amor a las almas que le buscan de corazón.


Ahora en video…!!!

8 julio 2011

Amigos les comparto el primer Videocast que he decidido lanzar para seguir promoviendo mi fe…

Ahora no solo en texto sino también les podré contactar en video…!!!


¿Por quien eres católico?

18 enero 2011

Este post tiene la intención de invitarte a reflexionar sobre dos cuestiones:

Primero… ¿Te has puesto a pensar quien es ese alguien que te invitó a la causa de Jesús y su Iglesia? Y segundo…

…¿Has sido tú el causante del catolicismo de alguien más?

Nada sucede en este mundo que no tenga como causa el impulso de algo o alguien más. Así como una piedra no se mueve de su lugar si no existe alguien que le cambie su posición, tampoco nuestra vida podría moverse en ninguna dirección si no existiese un motivo para hacerlo.

La gran diferencia es que mientras la piedra no puede elegir moverse, el ser humano si puede convertirse en su propia causa motora gracias a que Dios le ha provisto de libertad y voluntad de acción.

Así, el ser humano puede decidir moverse, por voluntad propia, hacia donde considere que le convenga más hacerlo.

Y es aquí en donde entra en el juego la participación de los otros seres (ajenos a nosotros) como motivo de nuestro propio movimiento.

Para saber lo que nos conviene, y entonces movernos hacia esa dirección, los hombres buscamos imitar esa conveniencia en nuestros semejantes. ¿Qué le ha funcionado bien a otros que también me pueda funcionar bien a mi? pareciera que nos preguntamos una y otra vez.

Los seres humanos nos movemos en gran medida por lo que vemos de bien el los otros. Queremos para nosotros el bien que vemos en los demás.

Así, salimos a la búsqueda de esos testimonios que nos ayuden a comprender mejor por que una persona opta por seguir cierto camino en vez de otro y si vemos que el bien seguido por la otra persona es verdadero y productivo, entonces lo seguimos también.

Es esta fuerza natural humana de buscar el bien lo que ha llevado al catolicismo a expandirse por toda la tierra a lo largo de la historia.

El amor de Jesucristo es un bien verdadero, profundo y completamente real. Y quienes le han seguido suelen presentarse ante nuestros ojos como esos grandes “testimonios” que  nos incitan a seguirlo también. Es por lo que hemos visto que este amor produce en quienes se han movido por élque nos atrevemos intentar ese camino también nosotros.

Así, quienes somos católicos, seguramente lo somos por causa del testimonio de alguien más. Existen muchas manera de introducir a alguien a una causa, enseñarla, predicarla y hasta imponerla, pero ninguna de estas es tan profunda y efectiva como la de “testimonear” dicha causa en vida propia.

Piénsalo bien…

Si en verdad eres un seguidor de Cristo es por que alguien te lo mostró primero en su testimonio de vida. Incluso puede ser que este testimonio lo hayas encontrado en alguien que ya no vive, o que vivió hace muchos años. O tal vez eres católico por que conoces a alguien que, siéndolo también, te incita a imitar sus pasos.

¿Por causa de quien eres católico? ¿Quien te regaló el amor de Cristo a ti?

Por consecuencia no nos queda más que reflexionar sobre la segunda premisa que te platee al inicio de la publicación y que es resultado inevitable de las anteriores reflexiones.

¿Serás tú la causa del catolicismo de alguien más?

¿Tu testimonio de vida es lo suficientemente luminoso como para que alguien más pueda encontrar a Cristo en ti?

No bastan más palabras para ahondar en esta cuestión. Por sí sola, esta pregunta es lo suficientemente clara para que analices tu compromiso con el bien y la verdad.

Cristo se transmite persona a persona a través del testimonio. Punto.


“The Catholic way” (nueva sección)

14 enero 2011

The Catholic way es una sección que busca ofrecerle al mundo testimonios de gente (creyentes o no)  que vivifica en carne propia el amor más puro y verdadero. Ese amor que nuestra Iglesia Católica promueve día con día. Católico es quien decide vivir el amor hasta su máxima expresión.

Si conoces algún testimonio de amor que merezca ser compartido te invitamos a compartirlo con nuestros lectores enviándonos un correo.

Ayer, al llegar a casa, mi esposa me comentó que viendo las noticias en TV, una en especial le impactó de sobremanera.

Debido a las enormes lluvias que se han presentado a lo largo del mundo en distintos países, muchas comunidades se han visto severamente afectadas por enormes torrenciales de agua que, a su paso, destruyen toda construcción que encuentran al paso.

A raiz de esto muchos grupos de rescatistas en el mundo (gubernamentales o no) han salido a las calles a tratar de salvar las vidas de miles de personas que quedan atrapadas en medio de inundaciones y deslaves de tierra mojada.

En este contexto, uno de estos rescatistas fue entrevistado en Brasil (según recuerda mi esposa) mientras contaba su experiencia bañado en lágrimas. Dicho testimonio versaba más o menos así:

” La lluvia inundó toda la calle  y el agua cada vez subía más. En medio de esta avenida, logré ver que dentro de un coche se encontraban atrapadas tres personas. La corriente de agua empezaba a empujar el coche amenazando con llevárselo en la corriente. Las tres personas gritaban suplicando auxilio.

Rápidamente  hicimos todo lo posible para tratar de llegar al coche y poder rescatar a estas víctimas del clima.

Después de mucho esfuerzo, logré llegar al coche y cuando estuve montado encima de este, me percaté rápidamente que quienes estaban en el interior del mismo eran una señora con su dos hijos, uno de aproximadamente 8 años y otro de unos 3.

Al abrir la puerta del coche, tomé al hermano mayor del brazo para sacarlo de inmediato, pero él, poniendo resistencia contra mi intento, me dijo: “A mi no… a mi mamá y a mi hermano primero”.

Yo le insistí en que teníamos que apresurarnos para no ser arrastrados con todo y coche por la corriente, pero él volvió a replicarme diciendo otra vez  “A mi no…. a mi mamá y a mi hermano primero”. Acto seguido empezó a moverse para ayudar a su hermano menor y a su mamá a salir del coche con mi ayuda.

Yo, resignado a obedecer su voluntad, logré sacar del interior de auto primeramente al hermano menor y luego a la mamá, pero cuando me disponía a rescatar al niño mayor, el coche perdió su posición y se derrumbó con la corriente. Así, habiendo rescatado solo a la mujer y al menor de los dos niños, los tres vimos con terror como el coche era volcado e inundado por la corriente de agua con el chico mayor dentro. No pudimos hacer nada por salvarlo a él.

Ahora que estoy en tierra firme, no puedo quitar de mi mente la mirada de ese chico que me insistía con tanta energía: “A mi no… primero a mi mamá y a mi hermano”. En verdad, nunca podré olvidar esa firme voluntad de quien sabía que preservar la vida de sus seres queridos era prioritario a hacerlo con la suya. Repito, nunca podré olvidar esa mirada”

¿Qué llevó a ese chico a dar prioridad de rescate a sus seres queridos por sobre él?

¿De donde surgió esa voluntad reacia por ofrecer su seguridad a cambio de la de su hermano y madre?

A estas cuestiones solo se puede responder de una manera: el amor es la clave.

No olvidemos que no hay amor más grande que quien da la vida por aquello que ama.


La salud

6 octubre 2010

En estos momentos tengo noticias de que un amigo en Cristo se encuentra delicado de salud, por lo que me encantaría, amigos lectores, que me ayudaran a rezar un Padre Nuestro y un Ave María por la causa de esta persona y por la de todos aquellos que, estando en la misa situación de enfermedad, tienen la oportunidad de testimoniar a Cristo en carne propia.

Ánimo Eduardo!)

Quienes contamos con  un estado de cierto bienestar físico (salud), pocas veces reparamos en darnos cuenta cuan valioso es esta situación. Solemos esperar hasta que nos llega un aviso del cuerpo, que hacemos una pausa para pensar en la fragilidad de nuestro ser.

Pero encuentro algo interesantemente irónico en esta fragilidad humana.

Si bien nuestro cuerpo se presenta como un elemento endeble y expuesto a los embates del exterior y del tiempo, recordemos que el ser humano no es solamente cuerpo, sino también posee un alma y esta, al contrario del cuerpo que con el pasar de los años sucumbe ante sí, esta crece y se fortalece con el transcurso de la vida.

Mientras que nuestro cuerpo inevitablemente se deteriora con los años, nuestra alma se enriquece.

Pero lo más interesante de todo es justamente como en muchas ocasiones, la dolencia del cuerpo es la que magnifica el alma.

Me explico…

¿Cuantas veces no hemos sido testigos de  personas que tras haber pasado una enfermedad difícil se vuelven en testimonio de fe por la manera en que precisamente enfrentan esa dolencia?

En lo personal, he conocido a muchas personas que  en la enfermedad, fueron capaces de ser un testimonio de Dios y de amor.

Incluso podemos encontrar en la vida de muchos santos que la enfermedad de su cuerpo no hizo otra cosa que curar su alma.

Tenemos por ejemplo el caso de San Ignacio de Loyola, fundador de la orden de los Jesuitas, quien a temprana edad sufrió un ataque infeccioso en una pierna que le provocó tener que cargar con un dolor en la misma por el resto de su vida, aún así llegó a ser santo.O quien puede olvidar a Juan Pablo II quien tras el atentado de muerte que sufrió en 1981, vio notablemente disminuida su capacidad física, pero increíblemente aumentada su fortaleza espiritual.

Nadie está exento de la falta de salud, en menor o mayor medida todos somos débiles corporalmente hablando, pero no así nuestra alma, la cual es la parte del “ser” encargada de sobrellevar justamente las fallas de lo físico.

Hoy yo rezo por dos cosas…

En primer lugar, por los que están enfermos. Para que Dios les ayude a encontrarle a través de su dolencia, y que por esto sean un testimonio de amor a través del dolor. Necesitamos muchos héroes de la enfermedad.

En segundo lugar, mis oraciones son por los que tenemos salud, par que sepamos observar en quienes nos están dando muestras de poder espiritual en la enfermedad el mensaje de Dios. Y así, poder ser dignos en la enfermedad que nos espera en el futuro sin lugar a dudas.


De esposo ateo a sacerdote católico

16 junio 2010

Siguiendo con la sintonía de los ultimo posts que han venido versando sobre testimonios de fe les deseo transmitir este que recibí en mi correo proveniente de un amigo y que pueden encontrar de igual manera en este link de  Catholic.net

¿Cuanto puede valer la conversión del ser amado?

“Médico de profesión, periodista político y militante anticlerical, la historia de Félix Leuser está íntimamente ligada a la de Elisabeth Leseur, con quien se casó en julio de 1889.

Francés de nacimiento (1861-1940), fue prontamente conocido en el ambiente parisino de la época como editor de un periódico anticlerical y ateo. Había perdido la fe durante el periodo de sus estudios de medicina.

Isabel nació en París y desde muy joven se distinguió por su vida devota. A los 21 años se casó con Félix con la condición de que éste aceptara respetar su fe católica. Y Félix cumplió por algún tiempo pues pronto comenzó a ridiculizar las creencias de su esposa y a dotar la biblioteca de casa con colecciones de libros que justificaban el ateísmo. A la campaña de corte intelectual-literario la acompañó también un ambiente frívolo de viajes y reuniones. Después de siete años, Elisabeth perdería también la fe.

Paradójicamente, la vuelta y refortalecimiento de Elisabeth en su fe vino por el camino menos pensado: Félix le regaló el libro “Historia de los orígenes del cristianismo” (de Ernest Renán, un autor que profesaba aversión al catolicismo) para rematar la obra de renuncia a la fe por parte de su esposa.

Elisabeth poseía una noble inteligencia, lo que la llevó a descubrir las falacias de los argumentos e indigencia de su fondo. La enorme cantidad de disparates y contradicciones de la obra la llevaron a desear conocer mejor su fe. Y así comenzó la reconstrucción religiosa de su vida: leyó a los Santos Padres, a autores místicos y, sobre todo, la Sagrada Escritura.

Desde entonces la fuerza de su amor a Dios y su confianza en Él fue la mayor convicción y la piedra de impulso para ir adelante. Pronto vio la necesidad de convertir a su marido pero todo esfuerzo y razonamiento era inútil. A partir de entonces sus armas serían la oración y el sacrificio.

Después de una experiencia mística en 1903, durante un viaje a Roma, Elisabeth comenzaría a repetir esa unión mística con Dios cada vez que recibía el Cuerpo de Cristo. En no pocas ocasiones tuvo que privarse de recibir la Eucaristía por las objeciones de su marido. De este periodo son las numerosas cartas que Elisabeth escribió así como su diario espiritual.

Es en ese diario donde Isabel reflejaría el sufrimiento experimentado durante ese periodo, el cual fue redimensionado por la fe: “el sufrimiento es la forma más elevada de acción, la más alta expresión de la maravillosa comunión de los santos; en el sufrimiento será útil para los demás y para las grandes causas que uno anhela servir”.

Elisabeth enfermó de cáncer de mamá y murió en 1914, con sólo 48 años de edad. En el diario escrito en 1905, Elisabeth predijo la conversión de su marido. Sobre este periodo diría luego el mismo Félix: “Me llamó la atención ver cómo tenía un gran dominio sobre su alma y su cuerpo… soportó con ecuanimidad la enfermedad”.

Tras la muerte de su esposa, Félix decidió escribir un libro contra los milagros de Lourdes. Nunca llevó a cabo el despropósito pues visitando Lourdes tendría la primer experiencia que le haría considerar seriamente su postura ateísta.  En una nota dirigida a él, Félix leyó las siguientes palabras de su esposa el mismo año 1914: “En 1905 le pedí a Dios todopoderoso que me envié sufrimientos para comprar tu alma. El día que me muera, el precio habrá sido pagado. No hay amor más grande una mujer que ésta abandone la vida por su esposo”. Primero calificó el escrito como el de una mujer fantasiosa. Tres años después, Félix volvía al seno de la Iglesia en la que había sido bautizado. En 1919 se hacía religioso dominico y, en 1923, era ordenado sacerdote.

“Después de la muerte de Elisabeth –refiere el padre Félix Leseur en el prólogo al Testamento espiritual de su esposa–, cuando todo pareció derrumbarse a mi alrededor, me encontré con el Testamento Espiritual que había escrito para mí, y también con su Diario. Leí y releí y una revolución se llevó a cabo en todo mi ser. Allí descubrí que Elisabeth había hecho con Dios una especie de pacto, comprometiéndose a cambiar su vida por mi regreso a la fe. Me acordé de que un día ella me había dicho con absoluta seguridad: “Me moriré antes. Y cuando yo me muera, te convertirás; y cuando te conviertas, te convertirás en una religioso”.

Y añade: “Y así, de su Diario percibí con claridad el significado interno de la existencia de Elisabeth, tan grande en su humildad. Llegué a apreciar el esplendor de la fe de la cual yo había visto los efectos maravillosos. Los ojos de mi alma se abrieron. Me volví hacia Dios, que me llamó. Le confesé mis faltas a un sacerdote y me reconcilié con la Iglesia”.

Cristo dice en el Evangelio  que “no hay amor más grande que el de aquel que da la vida por sus amigos”. Y en buena medida, el amor esponsal es una amistad sublimada por el amor más grande. El ejemplo de Elisabeth y los frutos en la vida de Félix ponen de manifiesto la belleza y actualidad del mensaje cristiano”



¡¡¡Se buscan testimonios de fe!!!

12 junio 2010

¿Eres católico? ¿Tienes un gran testimonio de lo que significa ser católico? ¿Te has encontrado con alguien que por su testimonio te hizo amar a Dios y a su iglesia? ¿Quieres predicar el amor de Dios a través de tu experiencia personal como miembro de la Iglesia Católica? ¿Te has encontrado con un santo en vida cuyo testimonio valga la pena difundirse?

Te pido que me dejes conocerte… ¡Anímate a escribir tu testimonio, experiencia o lo que quieras compartirle al mundo sobre tu fe católica!

Con los testimonios que reciba enriqueceré el contenido de este blog y el de mi conferencia “The Catholic Way”. Creéme, los testimonios son la mejor manera de transmitir el evangelio.

No dudes en escribirme el tuyo al correo diariodeuncatolico@gmail.com


Dios tenía sus planes…

10 junio 2010

Ayer recibí en mi correo este testimonio de un recién ordenado sacerdote que sin lugar a dudas les moverá el corazón.

El mismo fue escrito por el sacerdote Jorge Bugallo, L.C. quien es profesor en el Centro de Noviciado y Humanidades en Monterrey:

La vida del sacerdote está plagada de experiencias únicas e irrepetibles. “Tomado de entre los hombres y puesto en favor de los hombres” (Heb 5,1). Algunos ya habrán escuchado esta experiencia, pero con mucho gusto se las comparto, por si puede hacer algún bien. A diferencia de otros momentos más “ordinarios”, éste ha marcado profundamente mi vida –desde el inicio mismo- y mi todavía incipiente ministerio sacerdotal.

Recibí la ordenación sacerdotal el pasado 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, en Roma. Ese mismo día, desde las diez y media de la mañana, Cristo me había hecho su sacerdote para siempre. Sábado, doce de diciembre, en el año sacerdotal. Más no podía pedir. Ese día no pegué ojo de la emoción y de la realidad que había vivido esa misma mañana. Pues bien, ya Dios nuestro Señor tenía prisa y María Santísima no desperdiciaría la oportunidad.

El domingo, 13 de diciembre, celebré mi “primera” misa, precisamente en el altar de la Virgen de Guadalupe, junto a la tumba de San Pedro y a unos metros de la tumba de Juan Pablo II, ¡qué gracia inmensa! Me sentía profundamente feliz y no pude aguantarme en la homilía, pues entre lágrimas y emociones no me cansé de decir ¡Gracias! a Dios, a nuestra Madre del Cielo y a cuantos me han acompañado en estos más de veinte años de preparación y formación. Y en el Cielo se estaba fraguando un gran acontecimiento para el día siguiente.

El lunes, 14 de diciembre, viajé con mi familia a San Giovanni Rotondo, donde se encuentra el monasterio y la tumba con los restos del Padre Pío. A pesar de distar algo más de cinco horas de Roma, merecía la pena el esfuerzo, pues tenía reservado un altar para celebrar allí la misa y visitar el lugar. Llegamos allá pasado el mediodía y pude celebrar a la hora convenida. Y aquí llega la parte más importante. Eran las seis de la tarde –ya satisfechos del día- y prácticamente se había oscurecido el cielo. Nos subimos al auto para regresar a Roma. No sé porqué, pero mi hermano pide pasar por una tienda para reparar su celular, pues no le funciona. Era ya tarde y comenzaba a lloviznar. Por el bien de la paz, buscamos una tienda para que Luis, mi hermano, resuelva su problema. Entre unas cosas y otras, media hora después, compra una nueva tarjeta SIM y así zanjar la cuestión.

El reloj marcaba las 18:45 horas cuando finalmente comenzamos a bajar la montaña por la carretera nacional, rumbo a la autopista que nos llevaba a Roma. Tanto por la noche como por la lluvia, la bajada era lenta. A esto se le sumó que una motocicleta, guiada por una chica y a velocidad muy prudente, nos iba marcando el ritmo a los siete (al menos) vehículos que la seguíamos. Mientras rezábamos el rosario, a media bajada, de repente noto que la moto “desparece” en una de las incontables “tornantes” o curvas.

Lo noté porque la fila comenzó a moverse más rápido y la moto ya no se veía. Pero unas curvas más abajo… ¡vi la moto! Estaba como a cinco metros de la carretera, con el faro encendido y como doblada por un lado. En ese momento sentí por dentro un “¡frena y baja!”. Paré el auto en el arcén de la carretera, les dije a mi mamá y a mi hermano que me esperaran, que era algo rápido. Bajé del coche. Continuaba lloviendo y la única luz que me guiaba era la de la moto semi-abollada que tenía en frente. Noté, por el estado de la moto, que quien iba encima sufrió un accidente o por lo menos una caída fuerte. Hablé en tono un poco alto para ver si alguien me escuchaba. No hubo respuesta. Lo intenté otra vez, un poco más fuerte, con el mejor italiano a disposición. Nadie contestó. Como era bosque, lleno de maleza y no se veía nada, pensé lo peor.

Como la luz de la moto apuntaba hacia unos árboles, caminé hacia ellos. La sorpresa me la llevé cuando, unos metros adelante, me encontré con la chica que había visto minutos antes subida a la moto mientras bajábamos por la carretera. Me dio mucho asco, porque tenía amputado el brazo izquierdo por completo, y por el hombro salía sangre sin parar. Del otro brazo sólo conservaba la mitad, hasta el codo, pues también había perdido la otra mitad…, y salía mucha sangre. Las piernas las tenía totalmente empotradas hacía sí misma, hacia dentro, prácticamente rotas. Parecía una muñeca rota, pero en realidad era una persona viva. Un espectáculo que no se lo deseo a nadie.

Me acerqué. Su rostro se veía a mitad, pues el casco se había “encasquetado” en su cabeza, oprimiendo y aplastando la mitad derecha de la misma. No veía más que por el ojo izquierdo. Le hablé al oído: “soy sacerdote…, ¿me escuchas? Si quieres, puedo darte la absolución… Si estás de acuerdo, basta que lo indiques con alguna señal…”. Noté cómo la cabeza se movió un poquito. Entretanto se acerca mi mamá, y nada más ver la escena, pega un grito. También llega mi hermano, alertado por el grito. En ese momento, aprovecho para pedirle a mi hermano que llame por el celular –que ya le servía- a una ambulancia del pueblo. Quince minutos más tarde se acercaba una ambulancia. En esos minutos estuve con esta chica, acompañándola y tapando como podía las zonas de su cuerpo por donde continuaba saliendo sangre. Y lo que es más importante, le di la absolución. Era la primera persona a la que le administraba este sacramento –sólo habían transcurrido 36 horas desde la ordenación-. Llegaron los paramédicos. Le tomaron el pulso. Estaba muy débil. –“Non c’e la fa”, me susurra uno de ellos. La tomé en mis brazos (a la chica), y mientras la llevaba hacia la ambulancia, me miró a la cara, cerró el ojo visible y su cuello se echó para adelante: se fue de este mundo. Marchó al cielo mientras estaba en mis brazos. Así fue. Su nombre era Rosanna y tenía 17 años.

Así sucedió. Entre las pertenencias de la chica encontramos su celular, y pudimos hablar con su mamá. Vivía en un pueblo a diez kilómetros del accidente. Imagínense ustedes lo que significa decirle a una mamá que su hija acaba de fallecer en un accidente de tráfico. Las palabras que le dije, más o menos fueron:

–         “Signora, sono sacerdote; anzi, novello sacerdote, ordinato sabato scorso. Guardi, (…) ho avuto l’opportunità di compartire con la Sua figlia Rosanna gli ultimi minuti della sua vita (…), e sono davvero molto contento di aver comminciato così il mio ministero sacerdotale (…).

–         En castellano: -Señora, soy sacerdote. Es más, recién ordenado el sábado pasado. Mire, he tenido la oportunidad de compartir con su hija Rosanna los últimos minutos de su vida, y estoy muy contento de comenzar así mi ministerio sacerdotal.

Entre lágrimas y voz entrecortada, la mamá me agradeció la llamada y entre muchas palabras que no lograba entender (era una especie de dialecto de la región), sí me dijo:

–         “Padre, Lei é sacerdote. Sa, Padre, mia figlia è molto devota del Sacro Cuore. Io sono una persona credente, come mia figlia. E non so perchè, ma certamente una cosa so bene. Rosanna ha fatto due volte la novena al santissimo Cuore di Gesù. Cioè, ha presso la comunione e si è confessata i primi nove mesi un paio di volte. Quindi, non poteva andarsene senza l’aiuto del Cuore di Gesù. Grazie, Padre e Dio la benedica sempre (…).

–         En castellano: -Padre, usted es sacerdote. Sabe Padre, mi hija es muy devota del Sagrado Corazón. Yo soy una persona creyente como mi hija. Y no sé porqué, pero ciertamente una cosa sí sé y bien. Rosanna ha hecho dos veces la novena al Sagrado Corazón. Es decir, ha comulgado y se ha confesado los primeros nueve meses un par de veces. Por eso, no podía irse (morir) sin la ayuda del Corazón de Jesús. Gracias, padre, y que Dios le bendiga siempre.

Las palabras hablan por sí solas. Es posible que no sean exactas, pero es cuanto recuerdo.

Esa noche llegamos de madrugada a Roma. Yo no pude dormir. Me quedé pensando sobre todo lo que había vivido unas horas atrás. No es fácil explicarte las cosas que a veces te pasan, y menos así. Apenas estaba comenzando a asimilar el sacerdocio recibido unas horas antes y ya Dios nuestro Señor me pedía mi colaboración. Dos caminos se cruzaron esa tarde: el de Rosanna y el mío. Y Cristo tenía prisa esa noche. El celular, que no le funcionaba a mi hermano, retrasó el regreso. Después, el accidente mientras rezábamos el rosario. Gracias al celular de mi hermano, que ya funcionaba, pudimos llamar a la ambulancia, etc. Está muy claro. No existen las casualidades en la vida. Simplemente la mano de Dios y la intercesión de la Santísima Virgen fueron suficientes para obrar el milagro, para llevar una persona al cielo.”


Impresionante ¿cierto? De mi parte un solo comentario me resta por decir: “Dios existe”


Un testimonio

4 junio 2010

Recientemente una lectora tuvo la enorme amabilidad de compartir conmigo su difícil y compleja experiencia personal con respecto a su separación matrimonial, el cual versa más o menos así…

Habiendo estado embarazada por tercera ocasión en su matrimonio (embarazo que por cierto resultó de alto riesgo) su esposo decide que no puede continuar más en el camino de la fidelidad y opta por abandonarla justo en la etapa del embarazo en que ella más le necesitaba. Nuestra amiga, con este pesar a cuestas, tiene a su bebe y junto con sus otros dos hijos sale adelante dándole el animo necesario a su vida pensando que Dios nunca la dejará.

“Una separacion es muy dificil porque te haces cargo de la crianza de tus bebes, y de pequeñas cosas que estando sola se hacen muy grandes” me comentó.

Hablando con un sacerdote y buscando ayuda psicológica, encontró calma y consuelo.

El tiempo pasó y Dios premió la paciencia y la perseverancia de nuestra amiga pues económicamente ella pudo salir adelante junto con sus hijos y sobreponerse al terrible golpe psicológico de su separación.

Lo más hermoso del testimonio de esta lectora es que, a pesar de haber vivido esta situación, me contactó para decirme que desea fervientemente que sus hijos amen a Dios y crezcan sin rencor a su papá. Sabe que este actúo mal pero al final de cuentas es su padre.

Actualmente su principal preocupación gira en torno a cómo transmitirle a sus hijos el concepto del matrimonio como situación ideal de vida y evitar que se queden con la idea de que la separación y el divorcio son algo normal.

Para mi y para mi esposa fue un gran testimonio de amor leer las palabras de esta querida lectora. Nos ponemos en su lugar y, aunque intentamos entender lo que ella pudo haber pasado en esos momentos de frustración, pensamos que fue principalmente el estar cerca de Dios lo que le ayudó a salir avante de aquella experiencia dolorosa.

¿Qué hacer cuando tu plan falla? ¿Qué hacer cuando en tu matrimonio la otra parte no logra perseverar? ¿Cómo explicarle a tus hijos que Dios existe y que el matrimonio es un sacramento aunque ellos no tengan el ejemplo en casa?

Sin duda alguna la oración y el testimonio personal son un factor clave.

Yo me imagino que un niño que presencia como se desintegra su núcleo familiar pero que a pesar de esto la fe y el amor a Dios no falla en su mamá, debe de aprender una gran lección.

¿Por qué  a pesar de que a mamá le han traicionado ella ha querido perdonar? ¿Se puede amar a quien te abofetea? Son cuestiones que seguramente empezarán a brotar en el  interior del pequeño.

Desde luego que si se pude perdonar y amor. Y no solo se puede, sino que se debe.

Si por el contrario, fomentas el odio y la venganza, entonces el mal llenará el corazón de tu hijo quitándole el espacio que debiera de ocupar mejor el bien y la verdad.

Enseñar a amar, es la mejor manera de enseñar matrimonio. Perdonar a tu prójimo, es la mejor manera de enseñar matrimonio. Fomentar el cariño al padre que falló, es enseñar matrimonio. Hablar de Dios a tus hijos, aun en un ambiente hostil, es enseñar sobre el matrimonio.

A nuestra amiga lectora que me hizo el gran honor de dejarme transmitirles a todos ustedes  su testimonio de vida solo le quisiera regalar una ultima reflexión que me llevó de todo esto…

¡Dios siempre estuvo cerca de ti pues, a pesar de todo y contra todo, tú nunca dejaste de estar cerca de Él!

Gracias por darme una muestra más de que... ¡Dios existe!


59 nuevos sacerdotes

29 diciembre 2009

Me parece maravilloso…

En medio de tanto escándalo y de tanta tormenta hoy conocemos la historia de 59 nuevos seres humanos que, a pesar de todo y contra todo, el pasado 12 de diciembre en Roma, decidieron continuar con su entrega total a Cristo a través de la congregación de los Legionarios de Cristo.

Es de muchos conocida la historia oscura y dolorosa recién develada por la misma congregación de los Legionarios de Cristo, con respecto a la vida doble de su fundador Marcial Maciel. Verdad lo suficientemente escandalosa como para cimbrar y tambalear la perseverancia de cientos de seguidores de Cristo que han encontrado en el movimiento Regnum Christi un modelo de fidelidad a Cristo (tal es el caso de un servidor) .

Y aún así, habiendo conocido esta verdad, hay quienes seguimos adelante.

En especial admiro y testifico la decisión de  estos 59 hombres recién ordenados sacerdotes. Mi más entero reconocimiento y admiración a quien “habiendo puesto la mano en el arado, no mira atrás”.

¿Por qué? ¿Por qué si tu casa se ve manchada con la mentira de quien la construyó aún quieres seguir viviendo en ella? Por una razón muy sencilla…

“El arquitecto que la construyó fue hombre, pecador como todos, pero la casa no tenía como destino ser habitada por él sino por Dios, único e incorruptible ser de amor”

Si quieren conocer un poco más al respecto les invito a que accedan a este link que contiene las historias de vocación y las noticias sobre esta ordenación sacerdotal tan especial.


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