La tentación

10 octubre 2012

¿Qué es la tentación?

Podría recurrir a un definición rebuscada para explicarla, sin embargo he decidido optar por explicarla de la siguiente manera.

La tentación es una… oferta.

Una oferta que en cierto momento de nuestras vidas se nos presenta para acceder a un cierto beneficio momentáneo a cambio de renunciar a otro mayor y más perdurable.

Y es que en el camino de la gracia todo parece ser fácil y asequible mientras no exista una oferta que nos haga tambalear nuestras consideraciones.

Nuestra santidad nos llama a ser fieles en el matrimonio, más tarde o temprano se nos presenta la oferta del placer inmoral. De igual manera la santidad nos invita a vivir el ayuno edificador del temple y esto resultaría relativamente sencillo a no ser por a la oferta de la dejadez, esa que nos pretende intercambiar un carácter sólido y bien formado por el placer llevadero.

Todos los seres humanos recibimos oferta de este tipo. El mismo Jesús recibió, en su estancia en el desierto, tres ofertas de parte del demonio muy atractivas que hubieran derrumbado a más de uno.

Más el pecado no proviene de la oferta en si, pues esta puede resultar en muchos sentidos inevitable. La debacle del alma resulta de la aceptación y el consentimiento de dicha oferta.  Y ahí es donde entra en juego nuestra libertad… Dios jamás se interpondrá en nuestro poder de decisión pues nos quiso libres.

Así, ante la tentación tenemos dos alternativas. Destruirla o evitarla y francamente opto por la segunda ya que mi condición humana me ha enseñado que tratar de enfrentarla directamente solo produce un debilitamiento que suele dejarnos a merced de esta misma.

La tentación es la gran piedra del zapato y la vida de oración es la mejor herramienta para prepararnos ante ella.

Una persona que es capaz de salir airoso de una oferta por demás suculenta y atractiva, pero destructiva, lo que demuestra es su poder espiritual, su gran capacidad de autogobierno.

Jamás podría prometer que existe un medio eficaz para dejar de recibir ofertas por nuestra vida de gracia… la condición humana no lo puede evitar. Más si puedo asegurar que mantenerse cerca de Dios por medio de la oración es la contraoferta de negociación más efectiva que puede existir.

Fue justamente así como Jesús anuló las tentaciones que el demonio le ofertó. Utilizó versículos del viejo testamento para contraponer los ofrecimientos de la tentación. Haciéndolo, nos mostró el camino para actuar nosotros en consecuencia.

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Ser hombre IV

21 septiembre 2012

Ya hemos hablado sobre la templanza y la mansedumbre como las dos virtudes especialmente importantes a inculcar durante la formación de un hombre.

Profundicemos un poco en la primera…

La templanza, sin hacer uso de terminologías muy complicadas, la podemos definir como la capacidad de decir “no” o “si” cuando el deber así lo exige.

Un hombre templado es aquel que, ante la tentación, tiene la “hombría” de decidir lo correcto y no solo lo conveniente o placentero.

Y en el matrimonio y la vida en pareja, se da el campo ideal para poner a prueba esta virtud.

No es extraño que la mayoría de las infidelidades en un matrimonio se produzcan del lado masculino de la pareja, pues es el hombre quien más es sensible a los arrebatos carnales.

Hace un tiempo supimos en nuestro país de un grupo de jugadores de fútbol que, encontrándose en medio de una gira deportiva de gran importancia, cayeron en la tentación de organizar una fiesta en su hotel a la que invitaron a sexoservidoras. To esto a pesar de que muchos de ellos eran esperados por sus esposas e hijas al regreso de su viaje.

Al haberse hecho público este suceso, los jugadores fueron separados del plantel y las distintas reacciones de la prensa no se hicieron esperar. Algunos hablaban de la indisciplina de los jugadores, otros medios se enfocaron en el castigo que deberían de recibir e incluso, como era de esperarse, hay quienes dijeron que no había existido nada malo en dicha acción perpetrada (pregúntenle a sus esposas para saber si piensan lo mismo…)

Más nadie hablo del grupo de jugadores que no participaron en la fiesta.

Seguramente fueron igualmente invitados a participar, más ellos optaron por no hacerlo.

En ningún medio de comunicación fueron elogiados ni reconocidos. Hubiera sido increíble escuchar en cadena nacional que hubo un grupo de jugadores que, ante la tentación, supieron decir “no”. Hombre también, igualmente débiles y sensibles, más con un temple mejor forjado.

Los hombres sabemos perfectamente bien lo muy difícil que resulta decir que “no” ante una situación en la que la mayoría del grupo dice que justo lo contrario. Sobreponerse a la presión de un grupo en el que pretendes ser aceptado es muy difícil, más no imposible.

Si, el hombre es especialmente carnal y sensual por naturaleza, más no significa que esos deban de ser los impulsos que le gobiernen.

Quien lo debe de hacer es la recta razón que, bien entrenada, tiene que ser capaz de sobreponerse al llamado siempre placentero pero engañoso de las sirenas.

Eso es la templanza, la virtud que le permite al hombre lograr el autogobierno en medio de la tempestad.


¡No!

10 julio 2012

¿Cuantos “no’s” te impones a ti mismo?

Recuerda cuando eras muy pequeño y tus padres eran los encargados de imponerte los “no’s” que ellos creían más convenientes para procurar tu buena formación.

Ahora que has crecido y seguramente tus padres ya no tienen más esa tarea sobre tu persona, estos “no’s” ahora dependen de ti.

No es que porque hayas crecido los “no’s” dejen de existir. Lo único que cambió es que ahora eres tú el responsable de gestionarlos, de regularlos e, incluso, de aumentarlos cuando esto sea necesario.

La habilidad para decir “no” es, probablemente, el mayor signo de madurez, pues requiere que todo el ser humano por completo se comprometa con las implicaciones que esto conlleva.

En Jesús vemos que la tentación es inevitable en la naturaleza humana. Él mismo fue tentado en el desierto y seguramente estos coqueteos del mal hubieron de ser muy potentes y apremiantes para un hombre que llevaba 40 días de ayuno en medio de la nada.

Más la grandeza de Jesús se demuestra justo en decir “¡no!” a dicha tentación. Un “no” que jamás constriñe, que no impide ni tampoco reprime. Todo lo contrario, Jesús nos enseña que un “no” fuertemente asumido es, de hecho, la piedra sobre la que se construye el templo de la voluntad.

Como guerrero que defiende a muerte su palacio de la embestida del enemigo, el “no” de Cristo a la tentación fue la piedra angular que concluyó su preparación hacia su nueva vida… (recordemos que una vez que Jesús terminó su estancia en el desierto, comenzó su actividad pública).

Por eso hoy les invito a reflexionar en los “no’s” que te estás imponiendo a tí mismo. Esos que si se convirtieran en “si’s” seguramente traerían placer, alivio y satisfacción inmediata, pero solo eso… ¡Inmediata y no permanente!

El “no” que le sirve al alma es aquel que te será canjeado por un “si” mejor y más digno después, un “si” bueno y eternamente perdurable.


La tentación

1 julio 2010

Hoy quiero hablar sobre la tentación, o lo que es lo mismo… “¡Ah cómo molesta el diablo!”

La tentación es ese sentimiento que nos viene en múltiples ocasiones que nos incita a desobedecer la voz de nuestra conciencia.

Es pues la voz que nos invita a hacer algo que va en contra del bien y la verdad, o lo que es lo mismo, en contra de Dios.

Recordemos la imagen de la serpiente que incita a Adán y a Eva a comer el fruto prohibido. Pues eso es justamente la tentación, algo que nos atrae a realizar lo prohibido.

Pero aquí vale la pena aclarar lo siguiente:  ser tentado ha realizar algo indebido no es malo, ceder ante tal tentación, si lo es.

Y esto es algo que definitivamente nos será de gran utilidad aclarar pues muchas veces nos podemos sentir culpables de experimentar tendencias indebidas que nos aquejan a lo largo de nuestra vida.

Tranquilo, el ser humano, por su propia naturaleza caída, siempre estará tentado a comer desordenadamente, cometer actos impuros, beber en exceso, perjurar contra el enemigo… en fin, el ser humano es un manojo de tentaciones constantes.

Pero repito, sentir el llamado a hacer algo indebido no es lo incorrecto, llevar a cabo dicha acción cediendo ante la tentación, si.

Sin embargo cuando la tentación es recurrente, si que existe un problema que vale la pena considerar y poner especial atención.

Si eres una persona que constantemente estás siendo tentado a cometer un determinado pecado, puedes asegurar que algo no está debidamente ordenado en tu vida. ¡Debes pedir ayuda! (Profesional y espiritual)

Y en este sentido no existe mejor ayuda que la del mismo Cristo…

Recordemos que Él mismo  fue tentado en el desierto. Pero fue justamente ahí cuando nos demostró cómo vencer a la tentación: Con firmeza y decisión.

Carlos Llano Cifuentes, uno de mis autores preferidos, nos dice en su libro “La formación de la Inteligencia, la voluntad y el carácter” que el ser humano tiene que aprender a controlar principalmente sus tendencias desordenadas a “comer” al “placer sexual” y  a “enojarse”. Haciéndolo, estará formando su carácter de una manera correcta.

Yo te invito a lo siguiente…

Mira la tentación como un reto espiritual, como un grito del enemigo que te quiere poner a prueba. Si logras vencerla, habrás ganado una batalla más en el camino de tu salvación y de paso te  estarás convirtiendo en un gran soldado espiritual de Dios.

Cada vez que te sientas tentado a pecar, cierra los ojos, invoca la ayuda de María, la madre de Dios… deja pasar unos segundos y aléjate de la fuente de la tentación. (Si tu casa está llena de revistas indecentes, de comida chatarra, de malas amistades, etc. no te extrañes que la tentación, con todas sus consecuencias indeseables, sea parte de tu día a día)

Pero… ¿por qué acudir a María? Por que Dios dispuso que fuera justamente ella la que tuviera la fuerza necesaria para ayudarnos en esas ocasiones especiales de tentación.  El demonio, el gran tentador, le teme a la virgen María más que a nadie en el mundo. Cada vez que ella llega, él se va.

¿Que acaso no es ella, María, nuestra madre del cielo?

Pues bien… te invito a que no te sientas mal por ser tentado, antes bien, considérate privilegiado de tener una oportunidad de demostrarle a Dios cuanto le amas.

Si la tentación te llega, levanta la cara al cielo y repite lo siguiente: “Va por ti Jesús” y disponte con firmeza y voluntad indomable a vencer al enemigo.


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