Subidas y bajadas

26 abril 2010

Caray… qué difícil es perdurar en los momentos difíciles. Desde hace unos días que traigo muchas cuestiones personales en la cabeza que no me han dejado apaciguar mi alma. Un sin fin de pensamientos me vienen a la cabeza: ¿Qué más puedo hacer? ¿Estoy dando lo mejor de mi? ¿Puedo exigirme más? ¿Soy mediocre o exitoso?

Hace mucho tiempo me preguntaron “José Luis ¿Cual es tu principal miedo? ¿A qué le temes más que a nada en el mundo?” Pude haber contestado que me dan miedo las alturas, o que tengo miedo del dolor, o tal vez de morir, pero la verdad es que en mi situación actual de vida eso no me produce gran preocupación.

Lo que verdaderamente me aterra y me provoca mucha angustia es llegar a mi último minuto de vida, voltear hacia atrás en mis recuerdos y decir: “Caramba… pude haber hecho mucho más”.

Me aterra llegar al cielo con las manos vacías, presentarme ante Dios y tenerle que decir: “Señor, te devuelvo los talentos que me diste al nacer tal cual y como me los entregaste. Los guardé para no arriesgarlos por que tuve miedo de no ser comprendido. Preferí hacerle caso al mundo que a mi corazón”. A eso le tengo pánico… ¡a mi mediocridad!

Por eso mi angustia actual… Ya conozco el mensaje, ya conozco la verdad… ¿Por que no me muevo como quisiera?

¿En verdad he aprovechado mis talentos? ¿He aportado lo que puedo a la causa que más amo? ¿Sentado aquí escribiendo estas lineas estoy avanzando?

En fin… La vida es así, con subidas y bajadas…

Lo único que deseo es que Cristo no se detenga por mi culpa. Su Reino tiene que ser implantado conmigo, sin mi o a pesar de mi.

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La vocación…

7 mayo 2009

Ayer sintonicé el canal de televisión “María Visión” (canal 257 de Sky) para encontrarme con la hermosa sorpresa de que el padre Juan Pedro Oriol LC, en su programa titulado “100%” tocó el tema de la vocación como una respuesta a la pregunta “Qué quiere Dios de mi?”. El programa transcurrió de manera amena, como suele ser toda charla con el padre Oriol, ya que estuvo repleto de testimonios y comentarios de jóvenes laicos y hermanos seminaristas que hablaron sobresus posturas antes este importante tema.

La palabra vocación tiene un significado tan fuerte y con tanta riqueza que no debería de ser considerada con sencillez ni simpleza.  

Personalmente puedo decir que  este tema es el  que más me ha inquietado a lo largo de toda mi vida. Descubrir para qué es que Dios me quiso poner en este mundo ha representado la búsqueda más importante y, debo admitirlo, más difícil de toda mi existencia.  

En mi trabajo con jóvenes preuniversitarios y universitarios (fui el encargado durante tres años de la promoción de una universidad católica entre cientos de jóvenes de preparatoria) me di cuenta que debido a que el trabajo que se hace con ellos en materia de orientación vocacional es tan deficiente en muchas instituciones educativas, nunca logran definir si los caminos que toman son acertados o , ya no digamos, llenos de sentido. En el mejor de los casos, se delega esta labor a la psicología, ciencia que en muchas de sus corrientes suele dejar de lado el sentido espiritual del hombre como medio de trascendencia y plenitud humana. Así, saber que debes hacer en la vida, se reduce a trabajar en tener una actitud positiva y realizar ejercicios para conocerte a ti mismo. ¿Y Dios en donde encaja en este proceso de discernimiento vocacional?

Yo mismo me declaro una víctima de un sistema que no se preocupa por la vocación como un tema primordial. No recuerdo haber recibido a mis 18 años un apoyo significativo para ayudarme a descubrir mi llamado personal de vida.   

La vocación es para mi un tema tan importante que he dedicado varios años a estudiar e investigar acerca de este tópico. He aquí algunas de las conclusiones a las que he llegado al respecto:

  • En las escuelas preparatorias se suele confundir la orientación vocacional con lo que en realidad es orientación profesional. ¿Por qué? La profesión se escoge, pero la vocación se descubre. 
  • Uno puede decidir si quieres ser médico, ingeniero, abogado o arquitecto pero el llamado a trascender en Cristo,en la familia, en el sacerdocio, en la vocación al prójimo, eso sólo se descubre con la correcta disposición personal para hacerlo.
  • La vocación se define como “un llamado” y como tal, esta convocatoria solo espera de nosotros disposición para escucharla. En pocas palabras, la vocación no se decide, sólo que se escucha.
  • Si decimos pues que la vocación es un llamado, debemos de asumir que existe ese ser que hace el llamado: ese es Dios.
  • Existe una vocación universal y una vocación personal que deben de ser descubiertas.
  • La vocación universal es, como su nombre lo indica, un llamado que aplica a todo ser humano sobre la faz de la tierra y es el siguiente: ” Ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”
  • A este llamado universal debemos de atender todos sin distinción de razas, culturas o status social. 
  • La vocación universal es pues un llamado de Dios a toda la humanidad.
  • La vocación personal, a diferencia de la universal, es un llamado individual de Dios hacia cada ser humano en particular. 
  • Se trata de una convocatoria a participar de la vocación universal de una manera única y especial dados tus talentos y fortalezas. 
  • Así, la vocación personal es un llamado de Dios hacía ti.
  • Así, la vocación debe de definir tu profesión, o lo que es lo mismo, para elegir tu profesión (¿Qué quieres estudiar?) es primordial encontrar antes tu vocación. 
  • Una vez que uno descubre su vocación personal, entonces si puede optar por cumplirla valiéndose de la gran cantidad de profesiones, técnicas y disciplinas que existen en las universidades.
  • Y para finalizar, haciendo alusión a la pregunta que dio pie a esta publicación… La vocación, al ser un llamado de Dios hacia el hombre, se descubre en la meditación profunda de una sencilla pregunta:

Señor Dios… ¿Qué quieres de mi en esta vida?


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