Las cinco vías Tomistas para demostrar la existencia de Dios

11 junio 2014

Algunos lectores de Diario de un Católico me han pedido mi explicación sobre las cinco vías que Santo Tomás de Aquino formuló para poder demostrar la existencia de Dios.

Ya en publicaciones anteriores he dicho que para mi estas vías son lo suficientemente claras como para poder tener argumentos lógicos y razonables de que la existencia de Dios es, de hecho, necesaria (no solo posible)

Lo maravilloso de los argumentos de Santo Tomás, es que tienen como base argumentativa nuestra experiencia evidente de fenómenos reales comprobables en cualquier momento.

Veamos si logro hacer honor a lo que Santo Tomás trabajó hace 800 años y que sigue siendo el punto de referencia de teólogos y pensadores de todas las corrientes teológicas.

Primera Via: Movimiento.

Todo lo que vemos en la naturaleza es movido por algo más. La arena de la playa es llevada a la orilla por las corrientes de agua de mar, el mar a su vez es movido por el viento, el viento es movido por los cambios de presión atmosférica, los cambios de presión atmósferica son ocasionados por las distintas temperaturas de la tierra, y así, podemos seguir de manera lineal explicando que cualquier movimiento en el universo es provocado por causa de algo más. Sin embargo, en algún momento habremos de llegar a un punto en donde encontraremos que algún movimiento tiene como causa algo que ya no tiene como causa otra anterior (¿Que dió origen al Big Bang?) Si esto es así, habremos de reconocer que se hace necesario contar con un primer motor que no dependa de otro ente, ese primer motor solo puede ser Dios.

Segunda Vía: Causas Eficientes.

Todo lo que vemos es causado por algo más. La computadora en que trabajo fue construida con ciertos componentes plásticos y metálicos los que a su vez son creados al fusionar elementos naturales, los cuales provienen del subsuelo, el cual es producto de la sedimentación de la tierra a lo largo de la historia, el cual es provocado por la acumulación de particulas, y así, seguiremos afirmando que todo tiene como causa algo anterior, hasta que en cierto punto nos habremos de econtrar con que existe algún elemento (¿Primer partícula, átomo, energía, idea?) que ya no tuvo como causa a algo anterior. Esa causa primera de la que se desprende todo lo demás, es Dios.

Tercera Vía: Ser necesario

Muy de la mano de la vía anterior, podemos observar que todos los seres del universo fueron creados por algo anterior a ellos. Algo que no existe no puede, de la nada, comenzar a existir espontáneamente. Todo lo que actualmente es, lo es por que algo lo creó. La autogeneración espontánea es imposible a menos que exista un ser cuyo origen solo pueda encontrarse en Él mismo. Se pude decir que antes de este ser nada hubo y después de este ser se explica todo lo que ha existido, existe y existirá.  Dicho primer ser necesario es Dios.

Cuarta Vía: Grados de perfección.

Si tomamos un producto, supongamos un libro, y lo trabajamos para que su contenido y publicación física sea mejor que la última edición (le mejoramos la portada, lo imprimimos con un mejor papel, le corregimos errores) seguramente habrá de resultar en un producto mejor que la versión anterior. Ahora imaginemos que unos años después volvemos a tomar el mismo libro y una vez más revisamos su contenido y su edición y logramos que esta nueva versión sea todavía mejor que la anterior, podremos decir que hemos elevado el grado de perfección del libro aún más. Podemos seguir haciendo este trabajo de perfeccionamiento una y otra vez. Claro está que la perfección absoluta no es posible en grado humano, más si lo es el avance en grados de perfección.  Más habrá de llegar un punto en donde un grado de perfección adicional ya no sea posible, lo que nos presenta la posibilidad de un grado de perfección total y definitivo. Dicho grado de perfección solo se vislumbra posible a la luz de Dios.

Quinta Vía: Orden

Mi escritorio está más o menos ordenado. Las cosas están acomodadas de tal forma que puedo tener fácil acceso a ellas de manera óptima. Puedo, desde luego, ordenarlo aún más, pero claro está que tendría que dedicar tiempo y energía a buscar mejores maneras para ubicar mis herramientas. Esto nos lleva a la idea de que el orden de las cosas es producto de una inteligencia que la provoca (que la piensa). Así, el orden del universo tiene que tener por necesidad una mente ordenadora primera.  Los primeros elementos que existieron en el universo tuvieron que haber estado acomodados de cierta manera para que provocaran, gracias a dicho orden, el desarrollo óptimo del cosmos posterior. Ya se entiende que todo orden es causado por una mente anterior a dicho orden y así, como en las vías anteriores, se hace necesario ubicar un primer ordenador que no tuvo mente ordenadora anterior. Ese primer ser ordenador es Dios.

 

Santo Tomás es simplemente maravilloso y su trabajo teológico hace ver cómo en verdad la razón humana es capaz de Dios.

Así, para demostrar a Dios no hace falta un microscopio, un telescopio o una fórmula matemática. La ciencia no tiene como objetivo descubrir o negar la existencia de Dios. De hecho, la ciencia y sus avances son posibles en gran parte gracias al orden de las cosas que estudia, al movimiento que provocan los elementos en el universo, a que es posible detectar causas y efectos en la naturaleza y sobre todo a que los científicos (los seres que hacen ciencia) son seres capaces de ordenar variables en aras de descubrir el orden de las cosas. Pero ya vimos que todos esos elementos han de tener necesariamente un origen.

Así, la ciencia es posible gracias a que Dios hace posible las reglas con las que se juega el método científico. Él método científico busca causas, explicaciones de las cosas, pero en algún momento habrá de toparse con la necesidad de explicar aquello que no tiene explicacíón anterior a sí misma (Si lo logra hacer, ahí le estará esperando Dios con los brazos abiertos).

Santo Tomás no requirió de algún acelerador de partículas, de ningún súper ordenador electrónico ni mucho menos de un equipo de doctores de las mejores universidades del mundo. Tan solo su mente, tiempo sufieciente para pensar y la herramienta más poderosa con que nos dotó el mismo Ser al que estamos tratande de explicar: Fe.

La fe es el don de Dios a través del cual nos dice “Ánimo, si lo deseas puedes conocerme. Tan solo tienes que acercarte lo suficiente a mi para que comiencen a surgir las respuestas” (Acercarse primero, respuestas después)

 


Gracias Benedicto XVI (2a parte)

13 febrero 2013

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Continuando con la reflexión que nos dio pie el día de ayer el sorpresivo anuncio del Papa Benedicto XVI acerca de su dimisión, me quiero permitir profundizar en la siguiente estrofa contenida en su mencionado discurso.

El Papa mencionó lo siguiente:

“Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria…”

¿Que quiere decir esto?

¡Que Dios le ha concedido al mundo la enorme bendición de tener a un ex Papa vivo orando de tiempo completo por él!

Esto será un lujo invaluable.

¿Quien mejor puede conocer la iglesia y sus necesidades que quien ya ocupó el puesto más alto de dirección en la misma? ¿Quien sabe mejor que un Papa cuales son las prioridades por las que hay que elevar oraciones a Dios para velar por la santidad de los católicos?

Que una cosa quede clara…

El Papá Benedicto XVI no está claudicando de su vocación.

Lo que sucede es que él ha tomado la decisión de ayudar desde otra perspectiva: la oración. Él cree que en este momento de su vida, puede aportar más valor a la historia de la salvación orando que dirigiendo. Y esta decisión, la de reconocer la propia capacidad según las propias fortalezas, es un acto tremendo de humildad (entendiendo humildad como la virtud poder de ver el mundo tal y como es y no como quisiéramos que sea)

Quienes nos tomamos en serio el poder de la oración, sabemos que esta actividad a la que se dedicará ahora Benedicto XVI de tiempo completo tiene igual o mayor relevancia para el futuro de la Iglesia que el estar dirigiendo los esfuerzos episcopales desde Roma.

Es muy importante que esto quede claro entre los católicos: no perdimos un Papa, sino más bien ganamos un hombre intelectualmente excepcional dedicado profundamente a la oración plena.

Cuentan que Santo Tomás de Aquino, una vez que terminó de escribir lo que es  considerado uno de los tratados teológicos más importantes de la historia (La Suma Teológica) tuvo una revelación mística al celebrar una misa, tras la que mencionó no querer volver a escribir nunca más pues lo que Dios le había permitido conocer en dicha experiencia hacía que sus escritos fueran paja. Santo Tomás a partir de ese momento se dedicó a orar a plenitud por el resto de su vida y no volvió a escribir más.

Así que cada vez que elevemos nuestras plegarias al cielo, tendremos acompañándonos la oración de un hombre cuya voz valió la pene leer, escuchar y por siempre estudiar.


¿Podemos demostrar a Dios?

19 octubre 2010

No soy filósofo de profesión, pero si de vocación, por lo que hoy siento que quiero darme un poco a esta tarea… (espero no abrumarlos demasiado… Si lo hago no tenga pena en decírmelo)

Muchos han sido los intentos por demostrar la existencia de Dios. Pero la verdad es una: no lo hemos podido hacer. Por lo menos no de una manera cierta y absoluta. (Digamos que no con la certeza con la que si podemos demostrar lo matemático)

Pero debemos admitir que han existido intentos bastante buenos por hacerlo.

En lo personal me agradan bastante las cinco vías de Sto. Tomás de Aquino.

Los argumentos que el santo escribió en su Suma Teológica como posibles “vías” para poder llegar a la conclusión de la existencia de Dios son los siguientes:

MOVIMIENTO: Es evidente a los sentidos que las cosas en el mundo cambian. Todo lo que se mueve, es movido por otro algo. Si buscamos la causa de movimiento de algo siempre encontraremos que detrás existe un motor que lo origina (en la naturaleza algo siempre es movido por algo). Así, dado que las causas de movimiento no pueden ser infinitas, por lo tanto debe de existir un primer motor de  todo. Ese motor es Dios.

CAUSA: Es evidente a los sentidos que las cosas son causadas por algo. Nada es causa de sí mismo. Esto quiere decir, que nadie puede crearse a sí mismo de la nada. Así, dado que las causas  de las cosas no pueden ser infinitas, debe de existir una primer causa de. Esa primer causa es Dios.

CONTINGENCIA: Es evidente a los sentidos  que una cosa no puede “ser” y “no ser” al mismo tiempo. Para que algo sea requiere de un “necesario” que lo provoque. Así, dado que los seres necesarios no pueden ser infinitos, debe de existir un Ser absolutamente necesario. Ese ser necesario en Dios.

PERFECCIÓN: Es evidente a los sentidos que en la naturaleza existen grados de perfección. Dado que lo perfecto, no puede tener su origen en lo imperfecto. Debe de existir un ser absolutamente perfecto. Ese ser es Dios.

ORDEN: Es evidente que en las cosas existe un orden. Para que algo tenga un orden, debe de existir una inteligencia que las ordene. Dado que no podemos encontrar la causa del orden en el infinito. Esa inteligencia que dio lugar al primer orden se encuentra en Dios.

Com podrán darse cuenta, Sto, Tomás se valió de la lógica filosófica para intentar ir de lo que podemos percibir (sentidos) a lo que podemos entender (razones). A este tipo de pensamiento para tratar de explicar lo universal (Dios) partiendo de lo particular (sentidos) se le conoce como pensamiento inductivo.

Todos hemos conocido a personas que tienen como lema “hasta no ver no creer” y que utilizan este argumento para sustentar su ateísmo.

A mi parecer esta es una visión corta, ya que la vista (y los demás sentidos) sólo nos permiten percibir ciertos tipos de realidades (físicas) más no todas la realidades posibles. El amor, por ejemplo, no lo podemos ver, oler ni mucho menos tocar, pero aún así podemos saber que existe.

A Dios no se le explica por la ciencia. A lo mucho, esta nos puede ayudar a entender la creación, pero no al Creador. Es como si con ciencia alguien pudiera explicar las reglas del juego pero esto en nada nos explicaría algo del Creador de dicho juego.

Ahora, volviendo a la pregunta que dio lugar a esta publicación…

¿Podemos demostrar la existencia de Dios?

No con ciencia, pero si con intuición.

La primera requiere de elementos “causa” que expliquen elementos “efecto”. Es decir, para poder explicar científicamente algo, requeriremos tener elementos previos que nos ayuden a explicar cómo pueden estos dar lugar a un segundo o tercer elemento posterior. ¿Pero que sucede cuando lo que estás intentando explicar resulta que no tiene elementos previos? Pues que no podrás explicarlo con ese método.

Ahora bien… la intuición, que es una parte poco atendida de la inteligencia, nos ayuda a “comprender” cosas que no necesariamente tienen una causa precedente en sí, como pueden ser valores universales, principios humanos… Dios.

Ahí donde la ciencia ya no tiene alcance, la intuición humana si puede llegar.

Por ejemplo, los hombres sabemos, sin que nos lo hayan tenido que explicar, enseñar o demostrar que “hacer el bien y evitar el mal” es algo verdadero. ¿Cómo lo sabemos? por intuición natural. De la misma manera el ser humano sabe, sin necesidad de demostración previa, que “tratar al prójimo como le gustaría que le trataran a sí mismo” es una principio universal. Esto lo sabemos por intuición, no por ciencia.

Así, Dios es posible ser explicado por intuición, pues esa misma intuición nos lleva a quien creo esa misma intuición.

Eso fue lo que intentó hacer Sto. Tomás con sus cinco vías, tratar de hacer uso de su intuición lógica para poder explicar por qué la existencia de Dios es necesaria para el “ser”. Y si es absolutamente necesaria, entonces debe de existir.

En conclusión, para poder saber que Dios existe, no requerimos ser grandes científicos, sino simplemente grandes “seres humanos” per se. El poder saber que Dios existe no depende de un tratado científico lleno de fórmulas numéricas y logaritmos, no. A Dios se le puede comprender desde la simple perspectiva de la intuición.

Ahí, en lo más profundo de nuestro ser, sabemos que existe…. que Él siempre ha existido.


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