¿Por qué Jesús no se defendió?

9 octubre 2012
Producto de una lectura bastante interesante sobre el liderazgo de Jesús, reflexioné sobre la siguiente cuestión:
¿Por que Jesús no se defendió enérgicamente al ser acusado de traidor por el  pueblo de Israel?
Es raro que , aquel hombre que durante todo el evangelio aparece dialogando, hablando y predicando una y otra vez  sin parar, a partir del momento de su aprehensión y durante su pasión se le nota extrañamente callado y parco. Analizándolo al detalle, resulta que son pocas las frases que conocemos salieron de la boca de Jesús cuando este se encontraba hecho preso por sus acusadores.
¿Por que fue así? Si para defenderse tan solo hubiera bastado que Jesús volviera a argumentar tan magistralmente como ya lo había venido haciendo desde hacía varios años cada vez que le ponían a prueba los escribas y fariseos.
Mi conclusión es la siguiente: estaba ahorrando energía.
Es decir…
Si, efectivamente el hijo del hombre tenía toda la capacidad de oratoria argumental para defender su vida y con ello conseguir su libertad. Habiendo hecho esto Jesús hubiera ganado tiempo para seguir predicando a más hombres en el mundo de manera personal ¡Que maravilloso hubiera resultado!
Si, eso hubiera sido un plan lógico bajo la perspectiva de cualquier hombre en su posición. Más Cristo, Dios hecho hombre, va mucho más allá que una perspectiva humana.
Más Jesús necesitaba guardar sus energías para la parte más importante del su misión: morir.
Veamos…
¿Cual era la misión última de Jesús en la tierra? Es decir…¿Para que fue enviado por Dios entre los hombres?
¿Para vivir muchos años? ¿Para crear una congregación? ¿Para curar enfermos? ¿Para enseñar? Todo esto suena muy bien, más no es lo correcto.
Jesús tenía una misión última y única al venir a este mundo: Salvar a los hombres. Todo lo demás resulta añadidura.
Nada más importaba, nada más era relevante. Sanar, predicar, dialogar, reclutar apóstoles, debatir e incluso vivir era secundario.
Por eso Jesús no se entretuvo en argumentar su defensa.
Y es que… ya todo estaba dicho. Lo que restaba en pos de la misión salvadora de hombres ya no era hablar sino aguardar.
¿Qué aportaban más palabras a la misión? Nada.
¿Que hubieran agregado más años de vida al evangelio? Solo más hojas.
Más lo verdaderamente importante era morir. Ese era el requisito último para abrir las puertas del cielo. No había que distraerse en nada que no apuntara en esa dirección.
Esta es la gran cuidad de Jesús como líder, apegarse a la misión a rajatabla. No evitarla, no olvidarla, no posponerla, no nada… Tan solo cumplirla.
Si después de predicar solo restaba morir para sellar la obra, pues venga… ¡A hacerlo! Con todo lo que eso implique.
¿Cuantos de nosotros tenemos clara nuestra misión en la tierra con tal claridad? ¿Cuantos de nosotros tenemos la disciplina necesaria para apegarnos a nuestra vocación? ¿Cuantas oportunidades se nos presentan en la vida para posponer lo verdaderamente importante? ¿Cuando fue la última vez que dedicamos tiempo a hacer lo prioritario y no solo lo urgente?
Definitivamente es mucho lo que cada día aprendo de mi Señor… ¡El líder de líderes!
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Salvar un matrimonio…

16 agosto 2012

Tengo una esposa maravillosa, generosa, muy proactiva y sobre todo fiel a su vocación particular: la defensa de la familia.

Desde que la conocí, la palabra familia se le desborda del corazón en cada instante. Formar su propia familia fue  siempre su gran anhelo, incluso muy, pero muy por encima de cualquier aspiración profesional.

En este mismo sentido, ella me cuenta que desde hace tiempo ha notado que su círculo de amistades empieza a verse acechado con la crisis del divorcio. Y es que lo que antes solía ser una excepción, parecería que se convierte hoy en algo habitual.

“Muchas de mis amistades empiezan a tener profundas crisis matrimoniales e incluso varias ya se han separado…”

Y fuera de juzgar, mi mujer empieza a ocuparse.

Ayer me contó que se ofreció a cuidar a los hijos de una de sus mejores amigas, para permitir que ella le pudiera dedicar tiempo a su esposo y a su matrimonio a solas. Nosotros tenemos tres hijos y en nada nos afectaría poder atender a otros dos más durante una tarde para colaborar con la causa de esta pareja.

Los esposos necesitan tiempo solos de cara a poder trabajar en ellos y la construcción de su futuro. En nuestro caso, por ejemplo, tenemos estipulado que un día concreto a la semana semana será destinado exclusivamente para ella y para mi.

Platicando sobre esta situación, le comenté a mi señora que la oferta que le había realizado a su amiga era muy generosa y que estaba seguro que si con esta, lograba salvar el matrimonio de su amiga, Dios le estaría reservando puntos especiales a su favor en el cielo.

Siempre he creído que salvar un matrimonio es salvar al universo entero. El mundo puede prescindir de muchas instituciones, empresas, organizaciones pero jamás podrá subsistir sin matrimonios.

Mi esposa y yo nos hemos prometido que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para poder colaborar con la causa de los matrimonios de nuestros seres más cercanos, sin entrometernos de más ni, desde luego, poner en riesgo nuestro propio hogar, pero hemos sido el consuelo y consejo de muchos de ellos.

Mi esposa siempre ha tenido esa vocación, lo ha sabido desde niña y hoy la sigue reafirmando. Para ella, y por consecuencia también para mi, el matrimonio es la estructura base que se deben preservar en el mundo y por lo tanto, haremos todo lo que sea humanamente posible para promover y salvar a nuestras familias.

¡Viva el matrimonio!


¿Podemos salvar al diablo?

6 mayo 2010

Hace tiempo se me ocurrió preguntarle a un sacerdote experto en demonología (quienes estudian sobre el demonio) si es que era posible que, implorando por la misericordia de Dios, los seres humanos pudiéramos salvar el alma del diablo, específicamente la de Satanás.

Yo esperé que el sacerdote me devolviera de inmediato una mirada de asombro y perplejidad por la inocencia o rareza de la pregunta, pero nada de eso sucedió.

Al contrario, pareciera que la pregunta recién realizada le hubiera representaba un gran reto para descifrar.

Antes de darme a conocer sus conclusiones sobre esta cuestión… me preguntó: “¿Tú que crees? ¿Se puede o no se puede salvar al diablo?

Yo, reflexionando un poco, viendo que la pregunta ahora estaba de mi lado contesté entre dudas y trabas:

“Pues verá…no estoy seguro, pero el amor de Dios es tan grande que me inclino a pensar que puede que exista esta posibilidad, pero al mismo tiempo pensar en esto me resulta complejo pues es como tratar de llevar la luz al rincón más oscuro del universo, el corazón de Satanás”

¿Pregunta compleja no es así?

¿Qué creen que me respondió el demonólogo? ¿Se pude o no se pude pedir por la salvación del demonio?

Si todos nos uniéramos un una misma oración sincera y rezáramos por el alma de Lucifer ¿podríamos llevarlo de regreso al cielo?

La respuesta que recibí de parte del experto se las contaré el día de mañana…

Tan…tan… tan… tan…. (música de suspenso e intriga)


El precio de tu muerte

31 marzo 2010

Imagina que de repente se te informa que te quedan unos cuantos días de vida… ¡No hay marcha atrás! Está previsto que vas a morir irremediablemente. Puedes intentar quejarte, cuestionar o reclamar todo lo que quieras, pero eso en nada revertirá tu próximo deceso.

¡Que situación tan difícil! Pero espera… aún hay algo por saber. Acompañando a esta terrible noticias un segundo mensaje te es revelado: A cambio de tu muerte podrás escoger que se cumpla cualquier cosa que tu desees. ¡Lo que sea! Tan solo deberás pedirlo y tu muerte sellará el cumplimiento de esta petición.

¿Que pedirías? ¿Que precio le pondrías a tu vida?

Muchos seguramente se concentrarían en asegurar el sustento de su familia, en especial lograr que sus hijos tengan un futuro mejor. O tal vez podrías pedir dinero, mucho dinero, ya no para ti, que no lo podrás disfrutar, pero si para el beneficio de los que más quieres. Los más idealistas tal vez pedirían la paz mundial, o el cese de las guerras en la tierra.

¿Qué pedirías tú?

Pues aunque suene ajeno o imposible vivir esta situación, hace 2,000 años una persona tuvo que elegir…

Un hombre llamado Jesús, tuvo conocimiento que su fin como hombre estaba cerca. Y no solo eso, sino que además este fin no sería para nada amable y placentero. Más bien sería traicionado por uno de sus mejores amigos quien lo entregaría a un grupo de poder que le condenaría a muerte injustamente. Antes, sería azotado y lastimado ante los ojos de una muchedumbre que lo bañaría en gritos de odio. Una oportunidad de no morir se le presentaría pero esta le sería concedida al ladrón y anárquico Barrabás. A este hombre se le revela que deberá de cargar la misma cruz sobre la que unas horas después será clavado. En el camino será forzado a andar a latigazos hacia su muerte. En plena conciencia, sentirá el dolor de los clavos que atraviesan sus manos y pies. Gritará de dolor. Tendrá mucho dolor.

Jesús, quien es Dios hecho plenamente hombre,  sabe que esto le vendrá en los próximos días pero también puede escoger ponerle precio a este martirio. ¿Qué debe de suceder a cambio de este sufrimiento? ¿Que precio debe de pagar la humanidad por su muerte?

Jesús se retira a un huerto de olivos llamado Getsemaní y, de rodillas,  entra en oración para elevar su voz al Padre:

“Padre, si es posible aparta de mi este cáliz”

Como hombre que es, tiene mucho pesar en su corazón. El mismo pesar que tendrías tú si estuvieras en la misma situación. Pero no se detiene y por fin pide lo que deberá de pagarse a cambio de su trágico fin:

“Que se abran las puertas del cielo nuevamente para todos los hombres. Incluso para aquellos que me habrán de clavar en la cruz. Que quien así lo desee pueda gozar de la gloria de ti, Padre mío. Esa es mi petición. Una nueva y definitiva oportunidad de salvación para todos los hombres”

“¡Concedido!” Dijo Dios  “Pero deberás morir pasando por todo lo que se ha estipulado para este precio”

Y así sucedió… Minutos después de orar, Judas, uno de sus mejores amigos puso en marcha sin saberlo la profecía que se habría de cumplir. Jesús comenzó su calvario de dolor y muerte, pero a cambio de esto, el precio fue pagado.

La vida de un solo hombre por la de todos los demás. Cristo no pidió la salvación sólo de sus seres queridos, de sus amigos, no pidió dinero ni riquezas para los suyos. Jesús escogió morir por ti, por mi y por toda la humanidad.

Esta Semana Santa no lo olvides: Él, Dios mismo, ya pagó el precio de tu salvación.


Carta de recomendación

12 febrero 2010

El día en que me llegue el turno de tocar las puertas del cielo, me encantaría que cada una de las personas que conocí en la tierra me proporcionara una carta así…

(si no la pueden leer bien pueden dar click en ella para agrandar la imagen)

Claro… entiendo que me deberé de esforzar para tener dicha recomendación de su parte para entregárselas a Dios.


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