El valor de lo que no se quiere

2 agosto 2010

Tengo a mis dos hijos enfermos esta semana. Ambos tienen temperatura, tos y mucha gripa. Las noches que mi esposa y yo (sobretodo ella) estamos pasando han sido francamente agotadoras.

Llevamos un par de días teniendo que levantarnos varias veces en la madrugada para intentar calmar los ataques de tos y el vómito que esta misma les provoca a alguno de mis dos hijos. Ha sido muy cansado y hasta cierto punto desesperante. Pareciera que por más que les damos medicina, cariño y descanso durante el día, las noches siguen siendo complicadas.

Nos dice el doctor que debemos de tener mucha paciencia pues las de los bronquios, son infecciones que lleva tiempo sanar.

No es fácil tener paciencia, pues nadie quiere  a sus seres queridos pasándola mal, y más si son tus hijos los que tienen los problemas en cuestión. Uno nunca quiere que la enfermedad toque a la puerta de su hogar.

Pero desafortunadamente es poco lo que el hombre puede hacer ante la enfermedad por evitarla al cien por ciento. Somos naturalmente frágiles y con esa condición hemos de vivir hasta que esta misa nos lleve a la muerte.

Pero es precisamente en “aceptar” con entereza y fe lo que no se quiere pero es inevitable, que el alma se empieza a fortalecer como resultado de dicha aceptación. No está en nosotros decidir si obtendremos todo lo que queremos en la vida. De hecho, Dios permite en nuestra vida solo lo justo y necesario, no más y no menos. La salud y la falta de ella  son condiciones que debemos de aceptar con todas sus implicaciones.

Esto es parte de la vida,  aprender a aceptar lo que no está en nosotros provocar o decidir.

La enfermedad, si bien puede dañar el cuerpo, bien llevada con la ayuda de la fe produce el efecto contrario en el espíritu, tanto de quien la recibe como de quienes le acompañan: embellece y dignifica.

Mi esposa es una muestra de ello. Desvelarse por nuestros hijos, levantarse a monitorear su temperatura, calmar su llanto, ofrecer medicamentos a la hora indicada, son acciones que, si bien le desgastan físicamente, me hacen encontrarla más hermosa en su alma.

Los ojos de una madre que no duerme por sus hijos pueden verse fatigados, pero su mirada jamás recibirá daño alguno. Sus brazos podrán debilitarse, pero su abrazo se volverá cada vez más tierno. Sus piernas podrán resentir el cansancio en sus músculos, pero sus pisadas se volverán cada vez más firmes en la dirección correcta.

Esto nos lo enseñó Jesús, a quien los hombres le destrozamos el cuerpo pero jamás pudimos destrozarle el alma. Al contrario, entre más nos esforzábamos por castigar su físico, más bello y digno resplandecía su espíritu. Por lo mismo la figura de Jesús nos resulta tan brillante, pues Él aprendió a aceptar lo que no se quiere pero si tiene valor, como la muerte.

Señor, el corazón de mi esposa y el mío está cansado pero no así nuestro amor, el cual crece en la medida que nos das la oportunidad de pensar menos y menos en nosotros mismos y más y más en nuestros hijos. ¡Gracias por el darnos la oportunidad de amar!

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Arturo.

22 octubre 2009

Arturo, un amigo muy cercano de mi familia está pasando por una gran prueba de Dios.

Hoy en la mañana recibí la noticia de que el pasado martes sufrió de una aparente embolia que lo tiene en estado delicado de salud.

Según nos cuenta su esposa y querida amiga nuestra, Arturo se comunicó con ella desde su trabajo para charlar un poco sobre el bebé que viene en camino, ambos estaban planeando asistir esta semana al ginecólogo para verlo por primera vez en el ultrasonido. La llamada transcurrió entre risas y bromas, muy propias del humor de Arturo.

20 minutos después de colgar, el teléfono volvió a sonar en casa de su esposa, pero esta vez la voz ya no era de él, sino de algún compañero de trabajo que le informó que su esposo estaba siendo trasladado de emergencia al hospital debido a que, de manera repentina, sufrió un ataque que lo dejó inconsciente e inmóvil de la parte izquierda del cuerpo.

En estos momentos que escribo estas líneas, Arturo sigue internado en el hospital y aún se esperan respuestas alentadoras sobre su estado de salud. Mi esposa y yo estaremos a la espera de que todo mejore en los próximos días.

Varias reflexiones me llegan a la mente:

1) Somos débiles.

2) Dios no nos deja y nos ama (en momentos como este es cuando más quiero gritarlo)

3) La fe es la mejor medicina para el alma.

Amigos lectores, me encantaría que se unieran al dolor de la familia de Arturo en estos momentos, y la apoyemos rezando un Padre Nuestro y un Ave María por la pronta recuperación y fortaleza espiritual de Arturo y su familia.

No les quitará más de 5 minutos y seguramente habremos logrado mucho.

Si lo hacen les agradecería que me lo hicieran saber para enviarle a su esposa y al mismo Arturo sus intenciones impresas al hospital.

¡Ánimo Arturo! Dios está contigo hoy más que nunca.


Todo se normaliza…

6 mayo 2009

Ayer por fin anunciaron las autoridades de salud de México que la gente podía volver paulatinamente a sus actividades cotidianas. Sin embargo la noticia que más me agradó escuchar fue la que nos comunicaba que el virus resultó no ser tan peligroso como se pensaba al inicio. ¡Menos mal! Ya me imagino que muchas sectas han de haber aprovechado esta situación para empezar nuevamente a advertir y a prevenir sobre el fin del mundo: “¡Ahora si ya les juramos que esto se va acabar!”. Otra ocasión será…je je je.

No cabe duda que nuestro país está bien protegido  por nuestra madre del Tepeyac, la Virgen María de Guadalupe, que por cierto ha de ser la más emocionada por volver a abrir las puertas de su casa (La Villa de Guadalupe) a los millones de peregrinos que la visitan de todo el mundo año con año. El domingo fue hermoso haber escuchado misa nuevamente desde casa aprovechando la transmisión en vivo por televisión que se hizo desde el recinto guadalupano.

En fin… aunque las recomendaciones siguen siendo que no nos confiemos, todo parece indicar que hemos logrado salir adelante.

Gracias a nuestras autoridades por su pronta respuesta y gracias a Dios por no haberlos dejado ni un minuto, pues aunque por ser “políticamente correctos” no lo puedan reconocer en público, seguramente han de haber rezado y confiado en el Altísimo para pedir por la salud del país que dirigen.


Rezar por la salud de nuestro país…

28 abril 2009

Ayer le llegó a mi esposa a su celular una petición para que nos uniéramos a una cadena de oración de un Padre Nuestro a las 10:00 pm para pedir por la salud de nuestro país.

Así, justo a las 10:00 de la noche hicimos una pausa en nuestra actividades, nos tomamos de la mano y nos pusimos a rezar…

Afortunadamente estamos en una ciudad en la que aún no se ha manifestado de manera severa el virus de la influenza porcina, pero si hemos de reconocer que este mal biológico no ha resultado cosa sencilla para nuestro país. Aunque nuestras autoridades, a mi parecer, lo están haciendo muy bien, aun estamos en la espera de que todo vuelva a la normalidad.

También me tocó ver en las noticias que en la ciudad de México, la ciudad de mayor afectación del virus, después de haber estado guardado por más de 100 años se sacó en peregrinación la imagen del Cristo de la Salud. A este Cristo se le ha pedido en otras ocasiones que nos ayude para combatir epidemias, sequías y otros males que han afectado la salud de nuestra población. 

Muchas son las recomendaciones sanitarias que la Secretaría de Salud hace a través de los medios para prevenir que esta epidemia se siga propagando. Por mi parte, recomiendo a todos mis hermanos de la Iglesia Católica que no dejemos de pedirle a nuestro Señor que nos conceda la unión y la fortaleza necesaria para salir adelante de esta prueba.


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