Desde el mejor lugar del mundo…

19 abril 2012

Esta publicación la hago desde el mejor lugar del mundo.

Estoy sentado de frente al sagrario, en una capilla.

¿Cual? No importa. Todas, sin dudarlo, son hermosas ya que la simple presencia de Dios lo convierte todo en bello, lúcido y radiante.

Me encanta tomarme tiempo para estar aquí, con Él.

Aunque bien sabemos que Dios es omnipresente, contar con un lugar físico en donde Él además de estar en espíritu también está en forma física (convertido en hostia) es fenomenal.

Esta relexión me recuerda lo que alguna vez dijo alguien no católico sobre nosotros, los católicos:

“Si en verdad yo creyera que Dios está presente en la hostia….¡Jamás saldría de las capillas!”

Y que ganas de que así sea…

Que ganas de vivir aquí, por siempre, junto a Él día y noche. Que increíble sería que nuestra vida se mantuviera tan solo de su presencia… Pero no, Jesús, nos envía a conquistar el mundo y eso debemos hacer.

Hoy desearía quedarme aquí, sentado y trabajando en su presencia, pero mi vocación católica me incita a salir afuera de este precioso recinto para lograr que, al final de mi vida, millones de personas hayan pasado también por este lugar diciendo “Te amo Dios por sobre todas las cosas”


Desde la capilla…

21 abril 2009

Hoy me encuentro escribiendo desde el interior de la capilla de la universidad en donde doy clases. Al terminar mi asignatura siempre procuro pasar a agradecerle a Dios por la sesión que recién impartí.

Tener la oportunidad de trabajar en un lugar en donde exista una capilla es simplemente una bendición. Es increíble poder, en cualquier momento, desconectarse del día a día y encontrarse cara a cara con el Señor. Es mi momento especial de cada día.

La capilla es particularmente hermosa por su sencillez, apenas unos motivos de madera en las paredes laterales y un piso de duela la hacen relucir muy bien. El altar es pequeño y muy cercano a la primera fila de bancos, ya que el espacio debió de aprovecharse al máximo cuando se proyectó para dar lugar a dos confesionarios y una pequeña sacristía al fondo. El remate del altar es un muro curvo blanco que en el centro tiene el sagrario dorado cuyo decorado en relieve muestra la figura de un cordero (símbolo de la ofrenda a Dios). De igual manera, nunca pude faltar una pequeña estatuilla de la virgen a un costado misma que está representada encima de una esfera en degradado azules y blancos simbolizando a la reina de los cielos. No necesita más, ni vitrales, ni cuadros, ni figuras de santos. Lo que hay en ella es lo suficiente para concentrarse en lo principal: Cristo al centro.

Durante años trabajé como administrativo en esta universidad y me tocó presenciar cómo se construyó esta capilla. Recuerdo cuando las misas se montaban en cualquier salón de clases que estuviera disponible, ya que carecíamos de un espacio propicio para celebrar propiamente el ritual. Pero un día  las autoridades decidieron que el momento ya había llegado y se tomó la decisión de ocupar un salón y convertirlo en la capilla universitaria. Me acuerdo que se tuvieron que hacer grandes esfuerzos de reacomodo de horarios y salones para poder liberar de manera permanente este espacio en que se daría lugar a la capilla. Como ya les relaté, quedó hermosa. 

Hoy, en compañía del Señor, me tomé el tiempo para escribir desde este lugar, el que a mi consideración es el salón del mejor Maestro del mundo.


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