Oración por las vocaciones sacerdotales.

2 abril 2015

Es costumbre en muchas comunidades católicas que al concluir una misa se realicen distintas oraciones propias de la parroquia o el grupo para pedir al Creador por situaciones o acciones concretas.

Durante muchos años yo he pertenecido a una comunidad espiritual en donde siempre se acostumbra a rezar esta hermosa oración al terminar cualquier misa:

¡Oh Jesús!
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu pueblo amado.

¡Señor!
danos vocaciones,
danos sacerdotes, religiosos
y consagrados santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe
tu dulce y Santa Madre.

¡Oh Jesús!, danos sacerdotes,
religiosos y consagrados
según tu corazón.

Se trata de una bellísima oración que tiene como objetivo pedir a Dios por las vocaciones religiosas en el mundo.

En estos tiempos en que el sacerdocio y la vida consagrada son profesiones que parecerían enfrentar una situación de crisis mediática, con más razón debemos de rezar para que la voluntad de Dios sea la misma voluntad que deseen seguir cientos de hombre y mujeres en todo el planeta.

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Una oración muy poderosa…

21 octubre 2010

Existen oraciones que nos ayudan a hablar con Dios Padre (el Padre nuestro). Otras nos llevan a dialogar con nuestra madre celestial (Ave Maria). Otras nos recuerdan y refuerzan nuestra fe (El Credo). Pero existe una en especial que ha transformado corazones, salvado vidas y traído paz al mundo como ninguna otra…

Yo la escuché por primera vez cuando mi padre acudía a AA (Alcohólicos Anónimos) a liberarse de su adicción al alcohol. Mi padre, quien poco a poco se ha ido convirtiendo a la fe a lo largo de su vida, ha llevado esta oración desde entonces marcada en el alma y si bien no la reza precisamente todos lo días, si que la vive en todo momento.

A esta oración se le conoce como “La oración de la serenidad” y pareciera que tiene un poder curativo impresionante.

Presente en cada una de las sesiones de AA a lo largo del mundo, este simple pero poderoso rezo ha logrado curar el alma de millones de personas. Yo mismo he sido testigo de testimonios que avalan esta conversión.

No es una oración de origen católico (la escribió el teólogo y politólogo protestante Karl Paul Reinhold Niebuhr en 1943) pero su uso ha sido aceptado por prácticamente todas las manifestaciones de fe del mundo.

La oración tan solo pide es que aceptes que no estás solo, que existe una fuerza superior (a la que algunos llamamos Dios) que es capaz de ayudarte en tus problemas más graves. (Créanme cuando les digo que el alcoholismo ha sido y será uno de los problemas más graves de nuestra humanidad y curarlo no es poca cosa)

La considero como  una oración que tiene la capacidad de conmover a Dios, es decir, de lograr que Él se mueva por nosotros.

La oración completa dice así…

“Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar;
Valor para cambiar las cosas que puedo;y sabiduría para conocer la diferencia.

Viviendo un día a la vez;
Disfrutando un momento a la vez;
Aceptando dificultades como el camino a la paz;
Aceptando, como hizo Él, este mundo pecador tal como es, no como yo lo tendría;
Confiando que Él hará bien todas las cosas si yo me rindo a Su voluntad;
Que yo sea razonablemente feliz en esta vida y supremamente feliz con Él para siempre en la próxima. Amén”

Aunque cada frase y palabra tienen su singular impacto, bastará con las primeras dos líneas para entender su mensaje completo.

Es una oración que nos invita a navegar en este mundo no intentando cambiarlo todo a la vez, sino un poco cada día. Pero más que nada nos lleva a aceptar que no lo podemos todo, que no lo somos todo y que nuestra debilidad es lo que, en realidad, nos define como seres humanos.

A mi me gusta pues es una oración muy humana, muy terrenal, muy de aplicación cotidiana. No habla de grandes conceptos teológicos ni de la promoción especial de alguna creencia religiosa. No, esta oración habla del inmenso poder de Dios y de la evidente fragilidad humana. Es una oración de amor.

Por eso tiene tanto poder, por que nos hace reconocernos pequeños ante el más grande de todos y este es el primer paso de la transformación. En efecto, cuando tras muchos años de soberbia por fin nos ponemos de rodillas y decimos… “Señor, ya no puedo solo, necesito tu ayuda” …es cuando todo empieza a cambiar.


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