Oración por las vocaciones sacerdotales.

2 abril 2015

Es costumbre en muchas comunidades católicas que al concluir una misa se realicen distintas oraciones propias de la parroquia o el grupo para pedir al Creador por situaciones o acciones concretas.

Durante muchos años yo he pertenecido a una comunidad espiritual en donde siempre se acostumbra a rezar esta hermosa oración al terminar cualquier misa:

¡Oh Jesús!
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu pueblo amado.

¡Señor!
danos vocaciones,
danos sacerdotes, religiosos
y consagrados santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe
tu dulce y Santa Madre.

¡Oh Jesús!, danos sacerdotes,
religiosos y consagrados
según tu corazón.

Se trata de una bellísima oración que tiene como objetivo pedir a Dios por las vocaciones religiosas en el mundo.

En estos tiempos en que el sacerdocio y la vida consagrada son profesiones que parecerían enfrentar una situación de crisis mediática, con más razón debemos de rezar para que la voluntad de Dios sea la misma voluntad que deseen seguir cientos de hombre y mujeres en todo el planeta.


Mi oración diaria

2 marzo 2015

Desde hace aproximadamente un año he venido usando una oración que yo mismo me he diseñado.

Muchas veces cuando rezo me sucede que me hundo en una verborrea mental que se traduce en un sin fin de palabras que terminan siendo pensamientos y peticiones desordenadas.

Así que tratando de simplificar (más no evadir) mi forma de orar, en algún momento de mi vida me dispuse a diseñar una oración que, usando apenas unas cuantas palabras, concentrara todo lo que le yo pretendía decirle a Dios en cada momento que rezaba.

¿Qué puede resumir en unas cuantas palabras todo lo que le quiero decir a Dios? me pregunté

Así, concluí que la siguiente oración podía sintetizar en tres frases lo que en realidad me bastaría pensar y decir al rezar.

“Dios existe, Dios gobierna, gracias Dios”

Esa es mi oración cotidiana. La uso en todo momento y en todo lugar.

En los momentos complicados de mi vida recito dicha oración.

En lo momento fáciles y alegres recito dicha oración.

Pero además, gracias a su brevedad, me he dispuesto no solo a recitarla verbalmente, sino también a pensar y concentrarme a profundidad en el significado de cada frase cada vez que la digo.

Dios existe: esta es la frase que le da origen a todo. Tener la firme convicción que Dios es real es el primer paso para que todo lo demás sea posible. Esta frase va en primer lugar por que es la base medular de todo. Esta frase fortalece mi fe.

Dios gobierna: Creer que todo cuanto sucede está en manos de Dios. Jesús es el gobernador del mundo y en Él debemo confiar. Esta frase en particular me provoca mucha, pero mucha paz mental.

Gracias Dios: Finalizo con esta frase en la que simplemente me limito a agradecer. No necesito nada más de lo que Dios ya ha dispuesto para mi. Me convenzo de que así, tal cual soy, es gracias a Dios y eso es perfecto. Esta frase me genera alegría.

Así, rezar diciendo “Dios existe, Dios gobierna, gracias Dios” es mi manera de resumir en una pequeña oración todo lo que deseo decirle al Ser supremo.

Con esta oración que me he diseñado todos los días me dirijo al cielo para decirle a mi Señor que creo en Él, que confío en Él y que estoy agradecido con Él.

Creo que no hace falta decir más.


La voluntad de Dios

15 agosto 2013

Ayer me di a la tarea de retomar mi faceta de filósofo callejero y, tras un largo periodo de reflexión, esta meditación fue la que me vino a la mente:

(Espero no confundirlos con mis viajes y desvaríos mentales)

Rezar para seguir la voluntad de Dios es, en un sentido estricto, pedir fuerzas para aceptar pacientemente lo que ya es.

Así, la voluntad de Dios es sinónimo de realidad y por lo tanto, de verdad.

Seguir la voluntad del Creador implica apegarnos a la realidad que se nos presenta día a día. Luchar contra ella, contra lo que ya es, tratando de que esta sea remplazada por lo que quisiéramos que fuera, es ir en contra de lo que Dios quiere.

La realidad es justo la verdad que Dios nos propone. Como son las cosas, es como Dios desea que sean.

Pero aquí vale la pena establecer una diferenciación de términos importante.

Aceptación no es lo mismo que resignación.

Aceptar algo implica conceder, por vía de nuestra inteligencia, que las cosas son como son, y no como quisiéramos que fueran, mientras que resignación significaría que ante la verdad descubierta, desechemos la esperanza de que esta pueda mejorar. Aceptar es  ganar entendiendo la realidad, resignar es perder sufriendo la misma.

Así, es aceptando primeramente la realidad que vivimos, que damos el primer paso para llegar a transformarnos. Somos nosotros los que debemos de transformarnos primero antes de intentar pedir a Dios que nos cambie la realidad.

Una vez más, esta reflexión no quiere en lo absoluto decir que no podemos cambiar nada y que el movimiento y el trabajo creador en aras de construir un mundo mejor es inservible. No, eso no es aceptar la voluntad de Dios.

Pero si intento decir que, según mi experiencia, la esencia del éxito y la excelencia radica justamente en comenzar diagnosticando lo que si tenemos, lo que si podemos y, sobre todo, lo que si somos.

Comenzar cualquier aventura ocupando nuestra energía en lo que no tenemos, lo que no podemos y lo que no somos, es improductivo y desgastante.

Por lo mismo, ante la voluntad de Dios lo que resta por hacer únicamente es aceptarla, no lamentarse y mucho menos encapricharse.

Dios nos dice invariablemente… “Mi voluntad es lo que ya es. Acéptala primero, y de ahí empezamos a movernos hacia nuevos rumbos…”

La realidad es la voluntad de Dios. Realidad, verdad y voluntad de Dios son sinónimo.

 

(Si algún filósofo o teólogo profesional, o cualquiera que, como un servidor, tenga anhelos frustrados de serlo, está leyendo esto, me gustaría escuchar su retroalimentación al respecto)


Crisis de fe

17 mayo 2013

Las crisis en el ser humano son algo perfectamente entendibles y previsibles.

Fuera de evitarlas, lo que hay que hacer es preparar el alma (y el cuerpo) para resistir cuando estas se presenten.

Todos, absolutamente todos los seres vivos, hemos pasado más de una crisis severa en nuestras vidas, espiritual, física o intelectual.

Si usted piensa lo contrario, entonces es usted un recién nacido o más bien un personaje de ciencia ficción, ante lo cual dudo mucho que se encuentre posibilitado de leer este blog.

Lo anterior me viene a la mente después de que recibí una convocatoria vía Facebook para unirme a una pequeña cadena de oración para pedir por aquellas personas que en estos momentos se encuentren pasando por alguna crisis de fe. Tal invitación se me ha hecho de lo más significativa.

El hecho de que yo sea un autor y pensador católico, no me hace exento de tales crisis. De hecho, me atrevo a decir que me son más comunes de lo que yo pensaría. Las crisis de fe son momentos que todo católico experimenta en varios momentos de su vida.

Defino como una crisis de fe a ese estado en el que uno empieza a dudar de la existencia de Dios y de todo lo relacionado con él. En el católico estas crisis suelen venir acompañadas de serios sentimientos de culpa y remordimientos pues se puede llegar a pensar que la duda es una ofensa severa al Creador.

Sin embargo, permítaseme argumentar en el sentido opuesto.

Dudar y permitirse pensar en sentido opuesto a lo que uno cree no necesariamente es malo ni destructivo. De hecho, muchos filósofos argumentan que este es un ejercicio reforzador de la propia creencia fundamental.

Claro, habrá que estar preparado para la duda ya que si no se tiene la suficiente fuerza mental para resolverla, puede generar estragos en la solidez personal.

De ahí el valor de siempre contar con el apoyo de un guía. Una persona que pueda ser capaz de regresarte al centro, a ese lugar en donde el piso es firme y el horizonte es más claro. Le prójimo se vuelve relevante.

Por esa razón la fe es un tema que se vive mejor en comunidad, en equipo, pues la debilidad que se llega a vivir en determinados momentos se ve compensada con la fortaleza que en esos mismos instantes puede estar experimentando otro compañero. Y así, por medio del apoyo y el acompañamiento, la fe se protege de las situaciones inevitables de crisis.

Así, me uno a esa campaña de oración por las personas que están experimentando crisis en su fe. Adicionalmente, pido por mi alma y por mi propia  capacidad para salir adelante de las mismas cuando estas se presenten.

Soy católico, si, pero también soy hombre y, como tal, la falla es mi constante. Afortunadamente Dios lo sabe y de esta situación sabrá hacernos más fuertes.


La pantalla de mi IPAD

3 abril 2013

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Les comparto la imagen que aparece en mi pantalla del IPad cada vez que enciendo mi dispositivo.

Es la famosa “oración de la serenidad”.

No me canso de admirar y reconocer la paz que me produce en el alma invocar las palabras de este hermoso texto.

La invitación a aceptar este mundo tal cual es y no como yo quisiera que fuera es todo un suceso en mi vida.

Dios es el artista, no yo.


Gracias Benedicto XVI (2a parte)

13 febrero 2013

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Continuando con la reflexión que nos dio pie el día de ayer el sorpresivo anuncio del Papa Benedicto XVI acerca de su dimisión, me quiero permitir profundizar en la siguiente estrofa contenida en su mencionado discurso.

El Papa mencionó lo siguiente:

“Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria…”

¿Que quiere decir esto?

¡Que Dios le ha concedido al mundo la enorme bendición de tener a un ex Papa vivo orando de tiempo completo por él!

Esto será un lujo invaluable.

¿Quien mejor puede conocer la iglesia y sus necesidades que quien ya ocupó el puesto más alto de dirección en la misma? ¿Quien sabe mejor que un Papa cuales son las prioridades por las que hay que elevar oraciones a Dios para velar por la santidad de los católicos?

Que una cosa quede clara…

El Papá Benedicto XVI no está claudicando de su vocación.

Lo que sucede es que él ha tomado la decisión de ayudar desde otra perspectiva: la oración. Él cree que en este momento de su vida, puede aportar más valor a la historia de la salvación orando que dirigiendo. Y esta decisión, la de reconocer la propia capacidad según las propias fortalezas, es un acto tremendo de humildad (entendiendo humildad como la virtud poder de ver el mundo tal y como es y no como quisiéramos que sea)

Quienes nos tomamos en serio el poder de la oración, sabemos que esta actividad a la que se dedicará ahora Benedicto XVI de tiempo completo tiene igual o mayor relevancia para el futuro de la Iglesia que el estar dirigiendo los esfuerzos episcopales desde Roma.

Es muy importante que esto quede claro entre los católicos: no perdimos un Papa, sino más bien ganamos un hombre intelectualmente excepcional dedicado profundamente a la oración plena.

Cuentan que Santo Tomás de Aquino, una vez que terminó de escribir lo que es  considerado uno de los tratados teológicos más importantes de la historia (La Suma Teológica) tuvo una revelación mística al celebrar una misa, tras la que mencionó no querer volver a escribir nunca más pues lo que Dios le había permitido conocer en dicha experiencia hacía que sus escritos fueran paja. Santo Tomás a partir de ese momento se dedicó a orar a plenitud por el resto de su vida y no volvió a escribir más.

Así que cada vez que elevemos nuestras plegarias al cielo, tendremos acompañándonos la oración de un hombre cuya voz valió la pene leer, escuchar y por siempre estudiar.


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