Las personas son las violentas, no las religiones

28 enero 2015

Reza Aslan, un profesor de la Universidad de California es entrevistado en un noticiero de la cadena de televisión CNN.

Su manera de responder a la simple pregunta ¿El Islam promueve la violencia? me parece por demás acertada.

La violencia proviene de las personas no de las religiones.

Una persona que, haciendo uso de un argumento teológico, mutila o mata a otra persona, encuentra la fuente de ese mal en él mimo, no en la religión.

Somos los seres humanos y nuestras barreras emocionales, psicológicas e intelecutales los que nos mostramos impedidos para comprender la verdad de las cosas. Quien intenta cambiar al mundo por la vía de la violencia no está defendiendo una religión, se está defendiendo él mismo y su inseguridad.

El día que la humanidad entienda que la mejor forma de acercarse a una persona es partiendo desde la comprensión y no desde la imposición, el mundo será otro. Y aunque esta publicación tiene como eje central al Islam, los cristianos también estamos obligados a revisar nuestras propias acciones.

Así, coincido con la idea de Reza Aslan cuando argumenta que no existen religiones volentas, solo personas que lo son.


Temas incómodos

7 febrero 2013

Hace un par de semanas participé en un grupo de oratoria en donde a los asistentes se nos invitaba a preparar un discurso de 4 a 6 minutos en el que hablaríamos sobre nosotros mismos. Era más bien un discurso de presentación personal en el que deberíamos de comentar principalmente nuestros intereses y pasiones.

Al tocar mi turno, yo inicié diciendo que como parte de mi persona lo más importante que pudieran conocer sobre un servidor era mi pasión por conocer y hablar de Dios.

“Si me interesa la oratoria, es por que la quiero utilizar para hablar de Dios” comenté.

Acto seguido procedí a explicar el por que de mi decir y, desde luego, a expresar otras cosas sobre mi.

Al finalizar cada discurso, uno de los participantes fungiría como evaluador  y tendría la tarea de ofrecernos una crítica sobre nuestro discurso.

En general los comentario que recibí por mi forma de hablar en público fueron bastante positivos más un asunto le  resultó un tanto incomodó al evaluador de mi participación: El tema de Dios.

Me dijo algo así como…

“Trata de cuidarte al tocar temas religiosos y políticos ya que pueden incomodar a muchas personas. Te sugerimos ser muy cuidadoso al respecto…”

¿Cuidadoso? ¿De Dios? ¿Como por que habría de incomodarle a alguien que se hable de Dios?

Dios no es un tema difícil ni espinoso. Intrigante y complejo tal vez, pero jamás malo.

Una vez que hube recibido mi retroalimentación por parte del mencionado evaluador, agradecí su apoyo y le dije:

“No te preocupes, afortunadamente tengo un antídoto para no incomodar ni hacer sentir mal a las personas al tocar este tema: ¡No atacar ni criticar!”

Dios es un tema maravilloso y, de hecho, me encanta decir que es mi tema, a lo que me dedico y para lo que vivo.

Cuando hace un par de semanas escribí que mi propósito para este año consistía en ser más descaradamente católico, lo que quise decir fue justamente que me propondría hablar más y más de Dios y de su Iglesia, sin miedo y sin ataduras.

Juan Pablo II nos lo dijo cientos de veces en sus muchos y fenomenales discursos: “¡No tengan miedo a Cristo!”

Desde luego entiendo que muchas personas tiene una opinión diferente sobre Dios y a la Iglesia de la que yo tengo y no está mal, al contrario, permítanles expresarse con toda libertad.

Meditar, discutir e incluso debatir sobre Dios no puede ser malo. Si el ánimo entre los que dialogan se basa en encontrar la verdad y no imponerla, no tienen nada que temer.

En fin, yo seguiré hablando de Dios en mis conferencias y actividades diarias, y esto no significa que cada seminario que ofrezca o cada taller que imparta se convierta en una catequesis de moral y religión, pero sucede que dado que Dios decidió hacerse hombre hace más de dos mil años, a partir de ese momento hablar de cualquier tema humano es, en cualquier forma, hablar de Dios.


Comunidad

20 junio 2012

En el catolicismo  ha estado muy arraigado desde sus orígenes el concepto de “comunidad”, entendiéndola como una agrupación de personas que siguen un mismo fin.

Así, por ejemplo, en las sagradas escrituras se escucha constantemente que los primeros cristianos se reunían para conformar la primer comunidad de seguidores de Cristo.  Haciéndolo, los apóstoles se aseguraban de velar y cuidar para que las enseñanzas del Maestro se vivieran de acuerdo a su voluntad y ejemplo.

Hoy en día, es común encontrar que nuestros sacerdotes, miembros de algúna congregación o no, suelen vivir en comunidades ya que, al igual que en la idea original de los primeros cristianos, los pastores de nuestra iglesia procuran por medio de esta apoyarse mutuamente en el camino de su santidad. Vivir en comunidad les permite acompañarse.

Y es que no existe una mejor manera de poder vivir el catolicismo que perteneciendo a alguna de las cientos de miles de agrupaciones que alrededor del mundo se conforman de distintas maneras para vivir en grupo la fe.

Yo personalmente lo he experimentado. Siempre he pertenecido a grupos laicos que se reúnen para meditar, rezar y estudiar sobre la fe. En grupos juveniles me formé y en otros similares (ya no tan jóvenes) me he mantenido perseverante.

Sin embargo, cuando por alguna razón (laboral o profesional), me he tenido que desvincular o separar de estos grupos… ¡Me ha costado enormidades mantener el ritmo!

¡No me dejaran mentir! Vivir la fe católica de manera individual y solitaria es una labor complicada y compleja, pues los seres humanos solemos ser bastante malos a la hora de auto imponernos disciplina y altas exigencias. Por cuando formamos parte de un grupo, solemos comprometernos más fácilmente con las reglas implícitas o explícitas que en este se construyen, pues el compromiso que se adquiere con los integrantes del mismo te “obliga” a ser coherente en tu actuar.

Además, lo más hermoso de vivir la fe dentro de una comunidad es percatarse de que el camino que se recorre no se hace solo, sino que muchas otras personas también lo viven contigo (Se caen y se levantan al igual que tú).

Es por eso que recomiendo ampliamente que busquen incorporarse a alguna comunidad católica para fortalecer su vivencia espiritual. Existen cientos de ellas, dentro de las misma parroquias o fuera de ellas, en escuelas, instituciones o incluso en cientos de empresas que les permiten a sus colaboradores reunirse para crecer espiritualmente.

Encontrar y ser parte de un grupo que piensa, habla y vive los mismos valores que tú es fundamental para ser perseverante en la búsqueda de la santidad.


Sentir…

7 junio 2012

Las nuevas corrientes espirituales como el “New Age” y otras pseudo religiones “Alternativas” parecen tener algo en común que me llama la atención. Todas basan su propuesta ideológica en el “sentir”. Es decir que, a ojos de quienes pertenecen a estos movimientos, la perfección del hombre se da cuando este logra una sensación de “paz” y “armonía” interior.

Como tal, me gustan los valores “paz” y “armonía”, pero no creo que el lograr “sentirlos” sea el objetivo último del ser humano.

Ejercicios como “meditar”, “relajarse”, “orar”, pueden traer un profundo sentimiento de paz y armonía para quien los practica de manera regular, sin embargo, por muy profunda y constante que sea esta sensación de “estabilidad emocional”  no me parece que por el mero hecho de sentirlo, se haya logrado un objetivo trascendental valioso.

Personalmente practico varias de estas actividades, pero jamás con la idea de llegar a Dios en ellas. Lo hago por un tema de salud y claridad mental, pero hasta ahí. Meditar me ayuda a enfocar mi mente en aspectos relevantes de mi vida personal, profesional y espiritual. Pero, repito, la sensación de tranquilidad y paz que pueda yo sentir al efectuar estas actividades, no son el fin último del las mismas.

Es más, me atrevo a decir que ir en pos de Jesucristo no precisamente nos acarreará muy buenos sentimientos y emociones. Quienes lo hacemos, nos vemos constantemente juzgados, molestados y hasta criticados por quienes no comulgan con nuestras posturas. El mismo Cristo alcanzó la gloria a través del esfuerzo y el sufrimiento que le llevó a morir en una cruz… ¡No por medio de la meditación!

Escribo todo esto, pues para muchas personas podría resultar seductora la idea de adherirse a cierta creencia o corriente espiritual por el mero hecho de que en dicha propuesta se le ayuda a uno a sentirse bien con paz y tranquilidad. Y del mismo modo, lamentablemente muchas personas se alejan de la Iglesia Católica por resultar esta incómoda y poco “sensual”.

Recordemos que el camino a la santidad está repleto de mucho esfuerzo y dolor. Así que si deciden optar por la vía de nuestra Iglesia no les puedo augurar mucha calma y tranquilidad que digamos, pero si enormes resultados al final del camino.


Iglesia y pobreza

29 febrero 2012

Hoy quiero platicar sobre el tema de la pobreza.

Alguna vez Carlos Marx el ideólogo del socialismo dijo que la religión era el opio de los pueblos,  con lo que quería dar a entender que la creencia en Dios y el ordenamiento de la conducta hacia esta creencia, era la causa de que existiera malestar y poco desarrollo económico en el mundo.

Me parece que existe en esta idea un error de correlación semántica (no se si este último termino exista pero se me ocurrió que sería interesante usarlo)

Veamos…

¿Los pueblos son pobres por que la religión está presente en ellos? o ¿La religión está presente principalmente en los pueblos pobres?

Aunque parezcan reiterativas ambas cuestiones no lo son y en realidad, diferenciarlas es fundamental para comprender el papel de la religión y su relación con los pobres.

No es que las naciones desfavorecidas lo sean por ser altamente religiosas. Si esto fuera cierto, países como Estados Unidos y Japón tendrían que mostrar índices de pobreza considerables. Ambos países muestran tasas bastante altas al medir de pertenencia de sus pueblos a alguna creencia religiosa.

Bastará con mencionar que la constitución misma de los Estados Unidos está referida a Dios (“In God we trust”). Todo nuevo presidente de los Estados Unidos toma protesta afirmando hacer valer la constitución postrando una mano sobre una Biblia.

Ahora bien, definitivamente si es cierto que si uno observa a las naciones más desfavorecidas económicamente en el mundo seguramente acabará encontrando que la Iglesia Católica está completamente inmersa en ellas tratando de hacer algo al respecto.

Muchas religiones, pero principalmente la Católica, tienen programas de asistencia social regados por todo el mundo.

Cientos de sacerdotes, monjas y colaboradores llegan año con año a las comunidades más pobres del mundo buscando llevar una luz a de esperanza a quienes más lo necesitan.

Y seguro se preguntarán…

¿No sería mejor que la Iglesia a los pobres del mundo les lleve dinero más que palabras de fe?

Lo hace, pero quien dice que la Iglesia posee millones para repartir. Y si los tuviera ¿Son la repartición y el subsidio deliberado la mejor manera de erradicar la pobreza en el mundo? El modelo socialista ya demostró completamente que definitivamente no lo son. De hecho, estos sistemas solo generan más pobreza y coartación de la libertad.

Un principio fundamental en temas de asistencia dicta que “nadie da lo que no tiene“, lo que nos llevaría a decir de igual forma,  puesto en positivo,  que “Podemos dar solo lo que tenemos”.

Así, la Iglesia Católica regala a borbotones lo que más tiene… “un modelo de esperanza y conciliación”.

Por eso, la correlación que existe entre pobres y religión no es directamente proporcional sino más bien paralelamente colaborativa (otro terminujo que no se si exista pero  que usé por que creo que suena interesante), es decir… allí donde por causas del egoísmo y la avaricia humana se generan desigualdades en el mundo… ¡Ahí estará la Iglesia Católica tratando de auxiliar a los más afectados!

Las religiones no producen pobreza, más bien la tratan de erradicar en donde es más extrema… ¿cómo ? llevando un mensaje de amor.

La religión no produce pobreza, como tampoco produce riqueza económica. No es el sentido de la misma.

Quienes asumimos un compromiso religioso con alguna religión, en mi caso con mi amada Iglesia Católica, no lo hacemos con la idea de que esta adhesión nos generará algún beneficio económico. El fruto de esta acción es meramente espiritual.

Ricos y Pobres, ambos necesitamos de Dios. La Iglesia, con sus enseñanzas y su doctrina, trata de ayudar promoviendo que los primeros (10% de la población mundial) volteen a ver a los segundos  y decidan hacer algo por ayudarles en su situación.

Pero la Iglesia también acude directamente a las personas en extrema pobreza (900 millones de personas en todo el mundo) y si bien no puede resolverles el tema económico (nadie lo podría hacer por sí mismo), si intenta ofrecerles el pan que más alimenta la dignidad humana… ¡El amor!

En conclusión…

Quien crea que la Iglesia es dueña de una gran riqueza económica, está equivocado. Los valores que uno ve en las Iglesias o en el Vaticano mismo como obras de arte, monumentos, templos, reliquias, son herencia del patrimonio de la humanidad. La Iglesia Católica simplemente es la encargada de velar por la preservación de las mismas.

Por todo lo anterior, no nos confundamos al creer que la pobreza es producto de una vida espiritual intensa. De hecho, el no tener esa espiritualidad en la propia vida interior es lo que genera la pobreza más aberrante de todas… ¡La falta de sentido en la vida!


Sería más fácil…

14 octubre 2011

Definitivamente sería más fácil…

“No comprometerse con una religión y vivir inventando códigos de ética conforme se me fueran presentando las situaciones en el día a día. Actuar como me vaya conveniendo…”

“No escuchar lo que dice mi consciencia y, de hecho, callarla de una vez por todas para que me deje de estar estorbando…”

“No asumir una postura concreta y firme ante temas supuestamente “delicados” como el aborto, la homosexualidad y la pena de muerte. Que otros, quienes hacen las leyes, decidan por mi…”

“Dejárse llevar por el sentir del día y nunca tratar de controlar mis impulsos primitivos como en hambre, la ira o la sensualidad…”

“No seguir a ningún lider espiritual en concreto y asumirme como mi propio modelo de vida. Total, si me equivoco o no, nadie estará para imoedírmelo…”

“No ir a misa y en su lugar mejor quedarme a ver el fútbol, dormir un poco más o simplemente encontrar algo más agradable que hacer…”

“No hablar de Dios ni de esas cursilerías. Bien dicen que el que no conoce no se equivoca…”

Si… desde luego que todo eso sería más facil…

Pero yo no vine a este mundo para vivir una vida fácil, sino retadora y emocionante.

Una vida en donde las caidas me indiquen que me debo de levantar de nuevo.
No, no quiero buscar en sendero simple y sin complicaciones. Prefiero la aventura árdua y dificil, pues si elijo esta vía…

…el premio será más meritorio.

“Lo fácil todos, lo difícil pocos”


The Catholic Way

26 septiembre 2011

Hace un par de años, mientras exponía cierta reflexión ante un foro de académicos y directivos universitarios se me ocurrió utilizar el término “The Catholic way” (Al estilo Católico).

Dicho concepto vino a colación pues trataba de explicar el fundamento que distingue la educación en las universidades de inspiración cristiana.

En concreto tratábamos de profundizar  el por qué la Iglesia Católica habría de preocuparse por formar universitarios. También se discutía el por qué las universidades fundadas o inspiradas por la Iglesia Católica, deberían de “promoverse” como tales, como universidades católicas (sin tapujos).

Existe a nivel global un movimiento social bastante fuerte por tratar de promover la “educación laica” en todo el mundo. Se argumenta que la educación debe de estar exenta de toda orientación ideológica (como si el laicísmo no fuera una orientación en sí mismo). Este movimiento ejerce presión particular sobre las universidades cuya propuesta formativa tiene como origen algún fundamento religioso.

Y fue en este contexto que se me ocurrió decir:

“Si… desde luego que las universidades de inspiración católicas deben de promoverse como tales. El mundo debe de conocer que existe el“Catholic way” en la educación, es decir… una manera de educar y formar líderes al estilo católico

Tras mi comentario varias personas dibujaron una sonrisa en su rostro. Pareciera que el concepto del “Catholic Way” les había resultado algo ingenioso.

Al terminar el foro en que dialogábamos sobre estos asuntos, uno de los participantes del mismo se acercó a mi y me dijo.. “Me agrada.. me agrada esa idea”.

Así fue que surgió en mi la inquietud de profundizar un poco más en lo que podría significar “The Catholic Way”, y llegué a la conclusión que es un término que bien podría usarse para describir la perspectiva católica de ver el mundo, o lo que es lo mismo, una manera de explicar “cómo Jesús, el fundador de nuestra Iglesia, quiere que nos acerquemos a cada ámbito de nuestras vidas imitando la manera en cómo él lo haría”.

Así, “The Catholic way” surge como una iniciativa de un servidor para tratar de explicar el mundo a la luz de los ojos de los seguidores de Cristo.

¿Cómo ve Cristo la educación?

¿Cómo ve Cristo la empresa?

¿Cómo ve Cristo la política?

¿Cómo ve Cristo la familia?

¿Cómo ve Cristo el liderazgo?

En resumen…

¿Cómo poder entender la vida y la sociedad en la que nos desempeñamos através de los ojos de Jesús?

De eso trata el “Catholic Way” de ponernos en la perspectiva de Jesús para mirar al mundo. De verlo como Él lo ve.

Pero y podríamos preguntarnos… ¿cuales son los principios del Catholic Way?

Mañana hablaremos de ellos…


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