Creer en ti

1 octubre 2014

Hoy, una simple pero muy breve reflexión.

“Creer en ti, es creer en Dios. Creer en Dios es creer en ti. 

Dios no se equivoca, Dios te hizo así, tal cual eres.

No eres un error de Dios, al contrario, eres lo más grande y perfecto de su creación.

Tan solo basta que te permitas verlo y aceptarlo.

Ojalá todos nos pudiéramos ver como Dios mismo nos ve.”

 

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La pregunta más relevante de toda la humanidad…

16 agosto 2013

Me hacía la siguiente pregunta a mi mismo:

“Mi mismo… ¿crees que exista en el mundo una pregunta tan importante para resolver que, de hacerlo, todo cuanto existe en el universo adquiriría un sentido diferente? Es decir ¿Cual es la que considerarías como la cuestión más relevante de todas? Esa que si, llegases a descifrar, todo lo demás terminaría siendo irrelevante…”

Habiéndome sorprendido a mi mismo con la complejidad de dicha reflexión, me puse a meditar sobre ella.

¿Cual podría ser esa única pregunta tan relevante? Es que de existir, me parece que todos los hombres de ciencia, los investigadores, los buscadores y, por ende, prácticamente cualquier ser humano sobre la faz de la tierra se debería de abocar a resolverla prioritariamente.

Cual sería esa pregunta que, de resolverse, todo cuanto hacemos, todo cuanto vemos, todo cuanto somos adquiriría un sentido completamente diferente, o mejor dicho aún, adquiriría o perdería el sentido por completo.

Tras varios días de darle vueltas a esta idea en mi cabeza, llegué a la siguiente conclusión:

La pregunta más relevante es, sin dudarlo…  ¿Dios existe?

Así es, me parece que esta ha sido, en resumen, la gran cuestión a lo largo de todos los siglos de humanidad que hemos acumulado.

Algunos creemos haber encontrado una respuesta afirmativa a esta pregunta y otros lo piensan en sentido contrario, pero sea como sea nuestra postura, me parece que en el corazón de cada hombre, creyente o no, siempre habita un resquicio de incertidumbre que queda sin resolver, y de ahí la relevancia de esa cuestión.

Los creyentes asumimos que tenemos certeza suficiente, más no plena de la existencia de Dios. Los no creyentes, de igual manera, argumentan tener un grado elevado de certeza respecto a la inexistencia de un creador todopoderoso. Pero en ambos casos, dicha certeza no es absoluta.

Por eso, me parece que una respuesta definitiva a la pregunta ¿Dios existe? sería la que eliminaría tal duda latente en ambos corazones y nos uniría en una sola postura, misma que haría que nuestro actuar en el mundo se transformara por completo.

Si Dios existe, y tuviéramos la capacidad de resolver su misterio a prueba de toda duda, los hombres sin excepción, se dirigirían a Él en cada acto,  en cada pensamiento y en cada emoción. No dudaríamos en procurar el bien tal y como Él lo propone con todo esfuerzo, sabiendo que si fallamos en el intento, el Creado estaría ahí para ayudarnos a mejorar. Si las pruebas de Dios fueran irrefutables, los hombres sumirían su compromiso con Él sin miramientos y sin escatimar sus designios.

Presidentes, gobernantes y directores ocuparían cada minuto de su tiempo en llevar a sus gobernados hacia la verdad de Dios. Concluiríamos que, aunque los hombre somos falibles e imperfectos, el destino de la humanidad estaría protegido por la esperanza que Dios siempre nos ha ofrecido y prometido.

 

Pero si resultase que la respuesta a la pregunta de Dios,  fuese en sentido contrario, es decir, que se demostrara la inexistencia de su ser, entonces el mundo se alinearía en forma distinta.Nos habríamos de dar cuenta que como humanidad estamos solos, a la expectativa de lo que se nos ocurra en el momento.

No habría un por qué más grande que el beneficio que como comunidad pudiéramos lograr para nosotros mismos. Las leyes humana serían las normas finales y nuestro deber por apegarse a ellas quedaría supeditado, en gran medida, al miedo que podamos tener de la fuerza pública por obligarnos a hacerlo.

De igual manera, si resultase que Dios nunca existió, entonces entenderíamos que la suerte jugó a favor de los hombres en una escala evolutiva, pero temeríamos que esa misma suerte se terminara en cualquier momento una vez que la naturaleza y sus leyes caóticas y caprichosas así lo provocarán. Seguramente Iglesias y templos serían cambiados por centros de gobierno o museos históricos en memoria de la incredulidad humana. En resumen, la humanidad dependería únicamente de si misma.

Pues bien, así fue mi reflexión.

Toda ella me llevó a considerar la importancia de la posible respuesta que tengamos a la cuestión sobre la existencia de Dios.

Desde luego que yo me incluyo entre quienes tienen la suficiente certeza racional y emocional de que Dios existe, pero también me permitió entender que esta misma certeza puede habitar en sentido contrario en el corazón de muchos otros hombres. Por mi parte, creo y siento que Dios existe, pero aún así, cada día salgo a buscar pruebas que me ayuden a verificar que esto es así.

Me declaro un buscador permanente de la verdad de Dios, pues si Él existe… ¿Que otro asunto podría ser más relevante?


Ser más descaradamente… ¡Católico!

31 diciembre 2012

Se acerca el cambio de un nuevo año y como es costumbre ya empezamos sentirnos nostálgicos por lo que sucedió en el tiempo pasado y esperanzados de lo que sucederá en el tiempo futuro.

En lo personal hay una reflexión que me ha estado dando muchas vueltas en la cabeza de manera insistente. Tiene que ver con un análisis que he realizado sobre mis resultados pasados de cara a poder enfocarme mejor en lo que quisiera lograr en mi porvenir.

Haciendo el ejercicio de repasar diversos proyectos en los que he sido invitado a participar y otros que de manera individual he emprendido me he encontrado con cosas interesantes. Dichos proyectos han tenido que ver con distintos ámbitos como son la docencia, la dirección de equipos de trabajo, la academia y el estudio, la creación de  nuevos productos, las finanzas, en fin… me parece que Dios me ha dado la oportunidad de colaborar con Él desde distintas perspectivas profesionales.

Los resultados que he obtenido en estas actividades han sido igualmente variados.

Por ejemplo, me siento muy contento de haber recibido un premio a la excelencia en docencia  cuando tuve la oportunidad de impartir clases en la universidad. También me siento feliz de haberme iniciado como conferencista (actividad que me apasiona a más no poder) en distintos foros. Y que decir de mi vida matrimonial, en donde no puedo más que sentirme bendecido por Dios quien me ha dado las herramientas para perseverar y crear amor constantemente. Cuando evoco esas situaciones me alegro de sobremanera.

Pero también recuerdo fracasos importantes como podrían ser la gran cantidad de ideas y proyectos que inicié y jamás terminé, o la vez en que trabajando para cierta institución me asignaron una meta importante y no pude conseguirla, lo que derivó en mi remoción del puesto. Si, recuerdo que fue muy duro. Tras dicha crisis, recuerdo que caí en cierta depresión y me vi obligado a replantear muchas ideas sobre mi futuro profesional.

Pero haciendo justo este recuento de éxitos y fracasos es que se me presenta una cuestión que he tratado de resolver con terquedad desde hace mucho tiempo en mi vida: ¿Para que soy bueno? ¿Cual es ese tema en el que me debería de enfocar para dar los mejores resultados posibles en el mundo? ¿Cual debería ser el estandarte que englobará mi causa profesional? ¿A que debo de dedicarme esmeradamente?

Después de muchos años de darle vueltas y vueltas a estas preguntas, llega a mi mente una respuesta que, sin bien podría sonar simple, para mi lo resuelve todo.

Sin excepción, después de todos mis éxitos y fracasos profesionales, siempre termino haciendo lo mismo en el mismo lugar: sentado en una capilla dialogando con Dios. Esa es la actividad que me ayuda a cerrar y replantear todo lo que me sucede en la vida. Es como si después de cada intento, con independencia del resultado que obtenga, Dios me llamara a estar con Él para recordarme que solo una cosa tiene sentido: Él.

Así, hoy me queda mucho más claro que mi gran fortaleza profesional es mi fe y a lo que debo de enfocar todos mis esfuerzos es a fortalecer la fe de los demás.

Pareciera que el ser católico es lo que más disfruto de mi vida y lo que más resultados me ha dado desde siempre. Para muestra bastará ver los resultados que este blog han generado desde que lo inicié. Más de 600 publicaciones y cerca de 30,000 visitas mensuales tienen que significar algo importante para Dios.

Así que mi gran reflexión de año nuevo tiene que ver con lo que quiero hacer en mi futuro.

Ya Dios me dio el talento para enseñar, para hablar en público, para escribir y sobre todo para motivar. Pues bien, ahora emplearé todos estos recursos para hacerlo todavía más a favor de la Iglesia Católica.

Si, eso es, mi propósito es lograr ser, en lo profesional,… ¡mucho más descaradamente católico!

Hola, soy José Luis Damián y son Católico de Profesión.


Reflexión

19 junio 2012

En las redes sociales me ha llegado la siguiente reflexión que me gustaría compartirles…

Un antiguo indio Cheroke dijo a su nieto: “Hijo mío, dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es malvado. Es la ira, la envidia, el resentimiento, la inferioridad, las mentoras y el ego. El otro es benévolo. Es la dicha, la paz, el amor, la esperanza, la humildad, la bondad, la empatía, la verdad…” El niño pensó un poco y luego preguntó: “Abuelo…¿y qué lobo gana?” a lo que el anciano contesto: “El que alimentas más”


Preguntas para reflexionar (2a parte)

17 noviembre 2011

Aquí les paso la segunda parte de la serie de preguntas que suelo utilizar en las sesiones de Orientación Vocacional que llevo a cabo con jóvenes preuniversitarios.

Espero que les sean de gran utilidad para cuestionarse un poco sobre el sentido de lo que hacemos en la vida…

 

1.-  ¿Cual es la materia que más odias de la escuela?  ¿Por qué razón o motivo (a cambio de qué) estarías dispuesto a seguirla tomando a pesar del esfuerzo que te implicará estudiarla? 

 

2.- Imagina la siguiente situación:  Una señora de 99 años de edad lanza una convocatoria a nivel mundial para heredar una de las fortunas más grandes del mundo a la persona que le convenza de tener el mejor proyecto de todos los que se presenten ¿Qué proyecto propondrías y por qué habría de resultar este interesante  para la señora, tanto como para que te de el dinero a ti y no a alguien más?

 

3.- Piensa en tres personas que hayan marcado una influencia muy positiva en tu vida. Alguien a quien su simple evocación te resulte en alegría, entusiasmo e inspiración. ¿Qué cualidades tiene esa persona que te ha hecho admirarle tanto?

 

4.- Te han encerrado en una biblioteca llena de miles de libros. Al hacerlo te han dado una sola indicación. No podrás salir del lugar (ni siquiera para comer) hasta que no hayas leído por lo menos 10 libros en su totalidad. No hay de otra… sabes que será una jornada larga y muy agotadora ¿Qué temas y libros escogerías leer dentro de la biblioteca?

 

5.- Te han detectado una grave enfermedad. Lamentablemente el doctor te informa que tienes escasamente un año más en que tu cuerpo y tu mente estarán completamente lúcidos. Por lo mismo, debes de aprovechar este año que te queda para construir aquel proyecto profesional, social o empresarial que siempre soñaste. Asumiendo que tendrás recursos económicos disponibles para hacerlo…¿Qué decidirías hacer en este año? 


De pescadores a apóstoles

30 agosto 2011

El otro día reflexionaba sobre la siguiente cuestión…

¿Qué ha de haber sucedido en la vida de aquellos pescadores que Jesús encontró en la orilla del río que los transformó en apóstoles?

Mira que transformar el corazón de un pescador en el de un apóstol no es cosa sencilla.

Los pescadores (al igual que aquellas personas que laboran en las industrias primarias) suelen ser personas muy enfocadas en su oficio. Muchos de ellos adquirieron esa profesión más por herencia y necesidad que por convicción. La preparación formal que reciben quienes practican estas actividades profesionales suele ser escasa o nula. Todo se aprende sobre la misma marcha del ejercicio profesional. Normalmente quien nace pescador… muere como pescador.

Por eso pienso que algo grandioso debió de haber pasado en el interior de los corazones de esos hombres del mar, que les transformó completamente.

Piensen por un momento…

¿Qué tendría que suceder para que de repente lo dejaras todo y decidieras dedicar tu vida a una causa distinta?

¿Qué tendría que acontecer en tu interior para que dejaras lo que estás haciendo justo en estos momentos y te lanzaras a conquistar el mundo para Dios?

Estos pensamientos son lo que me intrigaron durante unos días…

“Mira que dejar tu oficio habitual y cambiarlo por uno de martirio y cruz… ¡Que cosa!”

Y después de un tiempo, la respuesta la encontré en el Espíritu Santo.

¡Claro! Fue el Espíritu Santo el que cambió los corazones de aquellos pescadores temerosos y pequeños y los transformó en los hombres bravos y grandiosos que  leemos en “hechos de los apóstoles”. Solo el Espíritu Santo lo pudo hacer así. La transformación radical de un corazón solo se logra con una fuerza de esa magnitud.

Así, partiendo de esta conclusión fue que decidí poner mucho más atención a la siguiente oración que suelo rezar siempre que comienzo alguna actividad:

“Ven Espíritu Santo,  llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos en fuego de tu amor. Envía tu espíritu creador y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has querido iluminar los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de su consuelo, por Cristo nuestro Señor. Amén.”

Siempre la he rezado de manera habitual pero ahora, tras esta reflexión, me hace mucho más sentido. Esta oración es una invocación literal al Espíritu Santo para que convierta nuestro corazones mortales y tibios en unos capaces de transformar la faz de la tierra.


Algunas preguntas para reflexionar antes de navidad

23 diciembre 2010

Dado que me parece que la Navidad es una excelente oportunidad para reflexionar sobre muchas cosas, pero en especial sobre nuestra propia vida interior, les comparto una serie de preguntas que pueden ayudarles  a preparar su alma de cara a la noche buena que ya se acerca:

Esta navidad reflexionemos sobre lo siguiente:

¿Qué significa para mi que Jesús haya nacido hace 2010 años?

¿Cómo sería el mundo hoy si Dios no hubiera decidido hacerse hombre?

¿Por que Dios, el ser más grande del universo, habría de decidir encarnarse en el ser más indefenso de todos, un niño?

¿Qué papel tiene María en la historia de nuestra salvación?

¿Qué papel tiene San José en esta misma historia?

¿Está mi mi corazón preparado par recibir a Dios en estos días?

¿Cual es el regalo intangible que mejor puedo ofrecer a mis seres queridos en estas fiestas?

¿Cómo es mi relación con mis semejantes?

¿Soy mejor persona esta Navidad que la anterior?

¿He mejorado mentalmente?

¿He mejorado espiritualmente?

¿Cómo desearía Jesús que festejáramos su nacimiento en la actualidad?

Ser católico… ¿Me compromete a vivir de manera especial la Navidad?

¿Verdaderamente dejaré que Cristo nazca en mi corazón el próximo 24 de diciembre?

¿Cómo puedo demostrarle al mundo que Dios hecho hombre, en verdad se encuentra en mi corazón?

Aprovechemos estos días de mucha espiritualidad para tratar de preparar el pesebre en nuestro corazón para que Dios lo encuentre digno a la hora de su llegada.


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