Convocatoria para colaborar…

12 abril 2013

Amigos lectores de “Diario de un católico” necesito de su colaboración.

Como ya muchos de ustedes saben, uno de los temas que más pasión me causan es el que tiene que ver con vocación.

He dedicado gran parte de mi vida a estudiar y profundizar en el verdadero significado de este término tan fascinante y, gracias a Dios, son muchos los beneficios que he descubierto y recibido de este estudio.

Mi conferencia testimonial “La Clase” y el programa de orientación vocacional “El primer paso” que he desarrollado a partir de esta aventura, han sido recibidos con bastante éxito por el público que participa en los mismos.

Constantemente se me pide que pueda verter dichas ideas e investigaciones vocacionales en una publicación, misma que ya he empezado a elaborar.

Por lo mismo, les cuento que he empezado a escribir un libro en materia de orientación vocacional y profesional para lo cual estoy necesitando encontrar testimonios que me puedan servir para investigar más a profundidad en la materia y además servirme como ejemplo de lo que aportaré en el libro.

Por eso me acerco a ustedes, queridos lectores, y solicitar sus testimonio vocacionales y profesionales, no solo en el aspecto espiritual, si no también en el ámbito laboral, familia y cualquier ámbito relacionado con un acertado plan de vida.

Parto de la idea de que todo ser humano tiene una vocación particular que está llamado a descubrir y que es a partir de dicho ejercicio de discernimiento que se puede entonces construir un proyecto profesional y laboral que brinde sentido y significado.

Por eso les pregunto:

¿Tienen claramente definida su vocación? ¿Cómo supieron que así era?

¿Trabajan en lo que les satisface? ¿Han vivido una crisis vocacional? 

¿Su actividad profesional tiene relación con su llamado vocacional?

¿Conocen a alguien que sea plenamente feliz con su proyecto de vida?

¿Conoces el testimonio de alguien que valga la pena ser estudiado en materia de discernimiento vocacional y profesional?

 

Desde luego que los testimonios que pueda ir recaudando me encantaría complementarlos con una entrevista personal para conocerlos más a fondo. Así que una vez que los analice consideraré entrar en contacto directo con ellos si el autor del mismo así me lo permite.

La idea sería que me puedan enviar una breve reseña de su caso o el de su conocido a contacto@joseluisdamian.com para que lo pueda considerar y una vez hecho esto, buscar la manera de profundizarlo.

¡Gracias de antemano por su colaboración y ya les estaré informando de los primeros avances en la materia!

¡Dios los bendiga!

 

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Lo juro por Dios (XI)

1 marzo 2013

No he resistido mucho la tentación y me he subido a la báscula el día de ayer (jueves), rompiendo con mi tradición de pesarme solo los lunes.

Lo que sucede es que necesitaba ver si las nuevas medidas implementadas (control estricto de calorías y ejercicio) estaban dando resultado o definitivamente tendría que volver a replantear mi estrategia.

¿Los resultados?

¡Maravillosos! Resulta que la báscula a marcado 103.6 kg lo que implica una reducción considerable de casi 1.5 kg con respecto al lunes anterior.

Parece que he encontrado el catalizador de este proyecto. Resulta que el conteo y control estricto de calorías es la llave que abre la puerta de la pérdida de peso de manera significativa.

Una lectora me ha escrito para recomendarme que tenga mucho cuidado con excederme en la ingesta mínima de calorías pues podría dar como resultado una descompenzación de mi cuerpo, comentario que desde luego agradecí y tomé en consideración.

Lo interesante de este sistema de conteo de calorías es que no implica precisamente que te quedes con hambre. De hecho resulta que puedo comer bastante balanceado y suficiente si simplemente equilibro los alimentos (Leer las calorías que contiene cada alimento te ayuda a hacerlo)

Para el próximo domingo me he inscrito en una carrera de 5 km lo que me mantiene igualmente motivado en lo referente al ejercicio, pues no solo se trata de hacerlo rutinariamente al llegar a casa, sino también de divertirse en una actividad de grupo.

¡Por fin empiezo a ver la luz!


Lo juro por Dios (IX)

19 febrero 2013

Sigo bajando de peso… ¡Pero no al ritmo que debería!

Este lunes la báscula me ha indicado que peso 105 kg, pero según mi plan proyectado para estas alturas ya debería estar tocando los 100 kg.

El tema de la alimentación ya lo tengo bastante controlado. Mi dieta de licuado, proteínas y ensaladas ya empieza a ser parte de mi día a a día. Incluso la ausencia de refresco como parte de propósito de cuaresma también va acorde a lo pensado.

De hecho, a decir verdad, que se me haya cruzado la cuaresma en mi juramento, me vino a beneficiar pues espiritualmente estoy mucho más templado, pues estoy en una actitud de ayuno y penitencia que va muy de acuerdo a lo que necesito.

Lo que me viene a continuación es un plan de ejercicio mucho más intenso y planeado, pues ha sido la parte que he dejado de lado.

Aún así, cinco kilos menos fuera de mi ya son una ganancia importante, pero esto es apenas el comienzo de lo que deseo como plan de vida para mi futuro.


Lo juro por Dios (IV)

21 enero 2013

Pues bien, hoy me he vuelto a subir a la báscula y esta marcó 107.3 kg lo que significa que perdí unos maravillosos tres kilos en los primeros doce días de mi proyecto de reducir de peso.

Definitivamente no ha resultado fácil, pues tal y como esperaba que sucedería, me han venido muchas dudas y debilidades en el camino, más me he tratado de mantener firme en dos puntos relevantes de mi plan: El licuado de proteínas en la mañana y una rutina constante de actividad física.

Los resultados no han sido malos, más estoy seguro que podré hacerlo mejor en el futuro (principalmente en lo concerniente al ejercicio).

Aunque he sentido ganas de claudicar en varios momento, sigo esperanzado que el 9 de junio llegaré a la meta de 80 kg.

Empiezo a reflexionar que esta prueba física es una analogía muy similar a la vivencia de la propia fe ya que ambas experiencias tienen en común la dificultad y la perseverancia como elementos que luchan entre si en el interior de los hombres que las practican.

Por cierto, ayer mi equipo preferido de fútbol americano (los 49´s de San Francisco) avanzó al Super Bowl lo cual me hizo muy feliz pues los fanáticos de este equipo ya llevábamos varios años sin saber lo que se sentía emocionarse de esta manera. Lo más impactante de todo es que el equipo regresó de una desventaja de 17-0 para terminar ganando 24-28.

No suelo hablar mucho de deporte en este blog, pero la emoción del momento y el gran gusto que tengo por este fascinante deporte me obliga a compartirles mi alegría.

¡Seguimos adelante!


Lo juro por Dios (III)

14 enero 2013

Ya han pasado cinco días desde que inicié mi juramento y ya enfrenté las primeras adversidades típicas en el camino de quienes deseamos controlar nuestra alimentación de una manera estricta.

Resulta que el fin de semana pasado han venido a visitarnos unos familiares de mi esposa y ella ha preparado una suculenta comida para recibirles (desde luego que en ningún momento me opuse a esto pues nada de culpa tienen los demás de mi desproporcionado peso)

Así que sabiendo que durante la comida iba a querer probar un poco de todo lo que se serviría, decidí desayunar muy ligero para permitirme comer sin mucha restricción. (Dicha planeación me parece que es la actitud que debería de tener cada vez que se presente una situación similar)

La comida ha estado tan deliciosa que me ha resultado un tanto difícil poder controlar mi apetito. Comí generosamente… (Reconozco que sintiendo un poco de culpa)

A pesar de eso, al día siguiente (ayer) volví sin muchos problemas a mi régimen balanceado y me sentí muy bien.

Hoy muy temprano me subí a las báscula y resulta que peso 107.9 (¡dos kilos menos!), lo que me ha puesto muy contento y me ha motivado.

He recibido un comentario en el blog de un lector argentino que me ha inyectado mucho ánimo. Me dice que él es un testimonio viviente de que Dios transforma.

En fin, las dificultades siguen más mi ánimo sigue intacto.

¡Seguimos adelante!


Lo juro por Dios

9 enero 2013

Este post es producto de varios días de profunda reflexión personal.

Estamos empezando el año 2013 y es un buen momento para hablar de resoluciones y propósitos nuevos.

Como cada año, estuve tentado a escribir mis propósitos, mismos que incluirían algo relacionado con mi trabajo, otros relacionados con mi vida espiritual y, desde luego, la típica intensión de bajar de peso.

Más después de meditarlo bien, he decidido que este año no haré ningún propósito como tal, sino que más bien elaboraré… ¡un juramento!

Me parece que un propósito es una buena intensión de lograr algo y nada más. No lleva implícito ninguna especie de compromiso personal más allá del simple hecho de declararlo y desearlo, pero nada que provoqué un verdadero movimiento interior.

En cambio, un juramento implica algo mucho más profundo y comprometedor. Jurar  significa que la propia valía personal (la reputación) va amarrada a dicha declaración. Cuando alguien jura que logrará algo, más vale que tenga todas las de ganar pues de lo contrario pone en riesgo el pilar más elemental del convivir humano: la confianza.

Por eso este año que inicia, he decido dejar de lado los típicos propósitos de siempre que difícilmente se cumplen, y cambiarlo por un solo juramento que implicará poner todas mis fuerzas, ganas y energías en hacer que se produzca.

Adicionalmente, a mi juramento le voy a agregar un componente que lo hará todavía más relevante y estricto para mi: lo juraré por Dios.

Para mi, jurar por Dios, es la oración más sagrada que pueda salir de mi boca. Nada que yo ponga en nombre del Creador puede contener un ápice de mentira o duda. El segundo mandamiento estipula claramente que jamás se podrá usar el nombre de Dios en vano, así que cualquier juramento que se haga por Él, debe de tener la siguiente cláusula anexada obligatoriamente.

“Si juras por Dios que algo pasó, entonces es verdad. Si juras por Dios que algo va a pasar, entonces da la vida por ello…”

En este caso, al jurar por Dios que cumpliré algo implica que no diseñaré un plan B o una alternativa en caso de fallo. Jurar por Dios significa “si” o “si”.

Si en verdad creo que Dios existe, si en verdad he predicado durante años que Dios puede transformar la vida de los hombres, ha llegado la hora de poner lo dicho y lo escrito en práctica y ofrecer una prueba de fe.

Habiendo dicho lo anterior, procedo a explicar mi juramento:

Actualmente peso 110 kg y mido 1.83 metros de altura. Esto da como resultado que mi índice de masa corporal (32.8) me sitúe en un rango de obesidad casi extrema. Esto quiere decir que, dada mi edad (33 años) y altura, mi sobrepeso ya me pone en riesgo de sufrir alguna enfermedad o afectación corporal severa y provocar en mi vida las consecuencias personales y familiares atroces que esto suele conllevar.

Cientos de veces he intentado perder peso por múltiples medios. He ido con nutriólogos y variatras, me he inscrito al gimnasio, he intentado dietas individualmente, he tomado medicamentos y no he logrado generar (o sostener) los resultados deseados. Desde luego que el problema no han sido los medios que he elegido, sino mi poca perseverancia para seguirlos.

Pero esta vez voy a intentar un enfoque diferente. Voy a valerme de la herramienta que más me ha sostenido a lo largo de mi vida: mi fe en Dios. 

Con esto no quiero decir que me voy a dar a la tarea de rezar para adelgazar, no, claro que no. Lo que haré, como ya lo mencioné anteriormente, es obligarme a cumplir, pues mi meta no se sostendrá por buenas intensiones y mi mera fuerza de voluntad, esta vez un juramento a Dios viene de por medio. El enfoque que asumiré ahora es el de no permitirme fallar.

Jurar por Dios que voy a adelgazar me va implicar tatuarme el compromiso. No se trata de implorar para que Dios haga la chamba por mi (como otras veces lo he hecho), sino más bien yo ofrecerle mi resultado a Él. Esto quiere decir que mi juramento es un regalo de mi para Dios y a través del cual estoy seguro Él obrará cosas buenas. (De hecho así es como creo que debemos de entender en concepto de la voluntad de Dios)

Así, esta vez mi palabra y mi fe van de por medio.

Desde luego ya se lo que tengo que hacer para lograr dar el resultado que estaré jurando (investigación, nutrición, ejercicio y, desde luego, mucha oración), así que ahora dependerá de mi palabra dada a Dios para llevar a cabo la tarea.

Si las estadísticas de Worpress.com (plataforma en la que gestiono este blog) no mienten, unas 500 personas aproximadamente estarán leyendo y siendo testigos de este juramento que hoy realizo, lo cual me obliga aún más a cumplir.

Reconozco que siento miedo y dudas mientras escribo estas palabras (no dejo de ser humano), las cientos de veces que he fallado en el pasado me indican que tengo muchas probabilidades de volver a caer, más creo que ya llegó la hora de demostrar que la fe es un tema perfectamente aplicable al mundo real, a nuestro actuar diario y que en verdad Dios quiere que seamos mejores no solo espiritualmente sino física, mental y profesionalmente.

La fecha límite que me he propuesto es el 9 de junio del presente año (mi cumpleaños), día en el que deberé de estar pesando 80 kg de peso. Esto implica que deberé de perder peso a un ritmo promedio de 1.5 kg por semana aproximadamente.

A partir de ahora, semanalmente estaré reportando por este medio mis avances en relación a este juramento, lo que seguramente convertirá a este blog en un sitio apto para quienes busquen también tener una mejor calidad de vida física y nutricional, será algo así como  “Fitness y nutrición para católicos”.

Se de antemano que no será fácil, pero desde hace varios meses me ronda en la cabeza una idea que estoy seguro viene inspirada desde arriba:

Si cambio yo, cambia el mundo.

Estimados lectores, no les pido que me deseen suerte pues el juramento por Dios me obliga a cumplir si o si sin permitirme fallar, en su lugar mejor les solicito sus oraciones para que el Señor obre cosas buenas a través de esta aventura personal.


Nueva ciudad, nueva oportunidad…

3 julio 2009

Creo que si parezco estar loco. Muchos de mis amigos y conocidos no dejan de decirme “¿José Luis cómo es que decidiste cambiar a Cancún por la ciudad de México?” o también me dicen “Haz de estar loco para cambiar el clima cálido y turístico por el smog y el tráfico diario”.

Créanme, dejar Cancún por el Distrito Federal definitivamente fue una decisión difícil pero necesaria. Aunque mi razón principal para venir a vivir a la ciudad de México obedece a una oportunidad laboral y formativa, no dejo de pensar que la ciudad de México, siendo el centro urbano más importante del país, también representa la mejor plataforma para emprender nuevos proyectos.

Cancún es una ciudad que siempre tendré presente. Contrario a lo que muchos podrían pensar, en ninguna otra ciudad había yo tenido la oportunidad de apreciar a una comunidad parroquial tan bien organizada y con tantos proyectos como  la que existe en la prelatura Cancún – Chetumal encabezada por su obispo Monseñor Pedro Pablo Elizondo. Cancún, con todo y su turismo y su fama de fiesta (alcohol y drogas), me enseñó que es justo ahí en donde Cristo más énfasis pone a la hora de buscar vocaciones.

Cancún está lleno de gente que, si bien vive de la industria del turísmo, también vive de la palabra de Dios. Y para muestra bastará con decirles que las misas en todas las iglesias siempre están llenas y los apostolados tan bien organizados y dirigidos. (En la Semana Santa de este año, la prelatura aportó cerca de 5,000 misioneros a la Misión Continental)

En fin… dejo esa ciudad para incorporarme a mi ciudad natal, México DF, decisión que por cierto, traté de cimentar fuertemente en oración. Así que a todos mis amigos que no acaban de entender por qué me salí del paraíso caribeño para meterme en la urbe de asfalto, les digo que no se preocupen ya que… “Es lo que Dios me está pidiendo en estos momentos”.


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