Lo juro por Dios (II)

10 enero 2013

Ayer hice un compromiso serio. Juré por Dios que cumpliría una meta personal de pesar 80 kg de peso para el 9 de junio del presente año.

Pues bien, han pasado ya casi 24 horas desde que publique el juramento y el ánimo sigue intacto.

A lo largo del día, después de haber publicado en mi blog , pude llevar a cabo acciones que fueron de acuerdo al cumplimiento de dicha meta. Comí bastante balanceado, evité los bocadillos innecesario, comencé a tomar abundante cantidad de agua y concluí el día con una muy divertida sesión de zumba que hará las veces del tan necesario ejercicio aeróbico.

Hoy comencé el día desayunando un licuado de proteína bajo en calorías y nada más. El hambre se mantuvo bastante inquieta hasta hace apenas unos momentos en que fui a comer un tentempié que me permitiera llegar hasta la hora de la comida sin contratiempos.

A todo esto, lo importante es que mis ganas de seguir adelante con mi promesa siguen intactas, lo cual es bueno, pues a estas mismas alturas de otros intentos anteriores ya había encontrado un sin fin de pretextos para abandonar el esfuerzo de adelgazar.

Claro, estoy seguro que este ánimo no se mantendrá permanentemente así todo el tiempo, estoy consciente que habrá, como en toda aventura, momentos buenos y momentos difíciles, pero eso no significa que la encomienda se abandone.

Reconozco que a lo largo del día me vinieron a la mente pensamientos del tipo “una vez más que seguro fracasarás”, “¿Que te hace pensar que esta vez será diferente?”, “A nadie le importa tu juramento” , más he tratado de no hacerme mucho caso y, en vez de esto, he intensificado mi vida de oración pidiéndole a Dios que me prepare de manera especial para cuando me toque enfrentar los momentos complejos de este juramento (¡Ayúdame Dios a mantenerme fiel a la causa del juramento que te hice!)

En fin, apenas empieza esto pero ya me estoy saboreando desde ahorita el momento en que el próximo 9 de junio me subiré a la báscula y aparecerá la tan ansiada meta de 80 kg.


La promesa

12 septiembre 2011

¿Alguna vez has prometido algo con el suficiente compromiso de jamás, pero verdaderamente jamás, faltar a esa promesa?

¿Lo has logrado?

Resulta que Dios si lo hizo. Le ha prometido algo al ser humano y jamás ha faltado en el cumplimiento fiel e irrestricto a dicha promesa.

Se trata de un juramento que Él mismo promulgó para sí mismo y que posteriormente hizo extensivo a toda la raza humana.

En efecto, Dios le ha prometido algo incondicionalmente a todo ser que habita en este planeta.

Pero…

¡Cómo le convendría romper dicho pacto! El mundo sería perfecto si lo hiciera. Los hombres, sin falta alguna regresaríamos uno a uno hacia Él sin dudar. De no ser por dicha promesa el mal, el vicio y el pecado no estorbarían en el camino de nuestra salvación.

Ojalá no hubiera existido esa promesa. ¿Por que lo hizo? ¿Qué sentido tuvo haber jurado algo así? En verdad, el mundo no lo sabe, y muy pocos de hecho lo intuyen.

¿De que promesa se trata? ¿Qué podría haber comprometido a tal grado a Dios que en realidad le ata de manos ante la posibilidad de lograr la sociedad perfecta, la civilización del amor que tanto anhela?

Esta es dicha promesa hecha por Dios a los hombres:

“Jamás me interpondré entre ti y tu decisión. Eres libre”

Así es. Dios promete jamás intervenir entre lo que somos y lo que decidamos ser. Lo ha prometido y Él nunca, pero en verdad nunca, rompe una promesa. Ni siquiera si nosotros ante su persona si lo hagamos.

Nosotros a Él le podremos fallar, somos libres de hacerlo, pero Él jamás lo hará con nosotros. Se ha comprometido hasta el final.


Hazte una promesa…

20 julio 2011

Hoy te tengo un pequeño reto:

“Hazte a tí mismo una pequeña promesa y cúmplela”

No tiene que ser en lo absoluto grandiosa y compleja, simplemente un compromiso que tú bien sepas que está a tu total alcance poder lograr.

No, no te comprometas a cumplir lo que de principio ya tú mismo dudas en lograr. Cuida lo que juras y aseguras pues al hacerlo, te comprometes de manera total.
Simplemente prométete que harás algo y no cedas hasta que se haya logrado. Un pequeño sacrificio, una visita a un familiar, una tarea pendiente, algo que te implique lograr algo.
Te lo pido para que seas consciente del sentimiento que genera cumplir lo que te prometes a tí mismo.  Esto te llevará, posteriormente,  poco a poco (sin prisa) a aprender a cumplirle a los demás.
Por eso hoy… hazte una promesa y cúmplela.
Vive la sensación de cumplir lo que te propones no porque seas un superdotado que logra cosas extraordinarias, sino más bien por que eres alguien que se conoce tan bien, en sus habilidades y talentos, que sabe muy bien hasta donde sí puede comprometerse (y hasta donde no).
Construir la propia dignidad y autoestima es el resultado de empezar a confiar, aunque sea poco a poco, en el aliado que te acompañará durante toda tu vida en la consecución de tus metas más importantes… Tú mismo.  

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