Cinco grandes arrepentimiento antes de morir…

4 julio 2012

Recién hoy en la mañana me encontré con un artículo de internet que comenta sobre la experiencia de Bronnie Ware, una enfermera australiana quien durante muchos años tuvo la oportunidad de trabajar con personas en etapa terminal y quien se dio a la tarea de meditar sobre cuales han sido los cinco grandes arrepentimientos que estas personas constantemente sienten ante su inevitable lecho de muerte.

Según palabras de la autora del libro al que puso como titulo “los cinco arrepentimientos de los moribundos”, la visión que el trabajo con estas personas le dio sobre la muerte le permitió cambiar radicalmente su propia vida.

“La gente madura muchísimo cuando debe de enfrentar su propia mortandad…” explica la misma autora “Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación. Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir”

Así, la lista de las cinco cosas que la gente que está a punto de morir hubiera querido hacer más o mejor es:

1.  Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera…

2.  Ojalá no hubiera trabajado tanto…

3.  Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía…

4.  Habría querido volver a tener contacto con mis amigos…

5.  Me hubiera gustado ser más feliz…

Definitivamente estas reflexiones me ponen  pensar mucho en lo que verdaderamente es valioso en la vida ¿Cuanto de lo que hoy hacemos tiene importancia y valor de cara a entregar las cuentas correctas al Creador?

Siempre he dicho que hay dos preguntas que debemos de resolver a la luz de poder darle un pleno sentido a nuestra existencia.

1) ¿Que es lo que debemos hacer? 

2) ¿Cómo hacerlo más y mejor?

Girando el pensamiento sobre estas reflexiones nos daremos cuenta si nuestro tiempo se pierde en cosas banales y que a la larga no tendrán impacto en lo que verdaderamente nos producirá plenitud y trascendencia.

Lectores de “Diario de un Católico”, piénsenlo profundamente…

Si en verdad estuviéramos a punto de morir… (lo cual siempre es una posibilidad latente)

¿Que nos pondríamos a hacer en este mismo instante?

Creo que la respuesta es más que obvia… ¿no lo creen?

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Algunas preguntas para reflexionar en este inicio de año…

11 enero 2012

Más que ofrecerles propósitos para este nuevo año que ye empezamos a vivir, prefiero invitarles a reflexionar utilizando como base algunas preguntas que pueden provocar reflexiones interesantes en el interior de cada uno.

¿Cómo viviste el tiempo que ya pasó, ese que ya no se recupera?

¿Cuanto de ese tiempo estuvo dedicado a la gente, a las personas y cuanto a las tareas?

Si este fuera el último año de tu vida… ¿Cómo lo empezarías a vivir hoy?

¿Cual es ese elemento que verdaderamente importa en tu vida? ¿cuanto tiempo le dedicas?

¿Por qué el 2012 será un año diferente en tu vida? ¿Cómo lo lograrás?

Nada es más inevitable que el paso del tiempo… ¿Que provoca esta idea en ti?

Hoy tienes un años más de vida… pero también un año menos de ella… ¿Cómo exprimes hasta el último segundo?

¿Con quien quieres estar el resto de tu vida?

¿…y si Dios si existe?

¿En manos de quien está el destino de tu vida? ¿Tú lo controlas o lo controla alguien más?

¿Qué cambiará en tu alma en el 2012?

Lo importante es que el tiempo que se nos concede sea lo más maravillosamente aprovechado en beneficio de a quien tanto nos invita nuestra amada Iglesia a considerar… El prójimo.


Ayudar…. si pero ¿cómo?

30 noviembre 2011

Ayudar al próximo está en la escénica del catolicismo. El prestar servicio a los demás es, podríamos decir, lo que caracteriza a un católico… (o por lo menos así debería de ser)

Pero ante esta premisa, se me viene una interrogante… ¿Cual es la mejor manera de ayudar?

De principio, me atrevería a decir que no debemos de confundir “ayudar” con “relevar“.

El primero implica participar en el problema del otro para tratar de aportar a la solución, mientras que en el segundo (relevar) lo que se hace es desplazar por completo al otro de cara a resolver el problema en cuestión.

Esta distinción de términos es importante pues muchas veces ante un problema que se presenta en la vida del prójimo y en el que tenemos la posibilidad de participar para solucionarle, lo hacemos poniendo el foco de atención en “el problema” en sí y no en el “actor que lo resuelve“. Es decir, muchas veces pensamos que ayudar significa quitarle por completo el problema al prójimo poniéndolo sobre nuestras propias espaldas.

Pero esta perspectiva omite un punto importantísimo… “Que en el proceso mismo de resolver un problema, el ser humano madura y crece“, por lo que si le quitamos por completo al prójimo la oportunidad de afrontar su propio problema (relevándolo), le estamos quitando de igual manera la oportunidad de madurar y evolucionar en la adversidad.

Por eso, me atrevo a decir que la mejor manera de brindar ayuda al prójimo no es resolviéndoles directamente sus propios problemas de tal forma que este ya no les tenga que afrontar, sino más bien aportándole solo el soporte estrictamente necesario para que la persona salga adelante aún por sí misma.

Para ejemplificar esto les comparto una breve experiencia familiar.

Hace un par de días mi hija, por estar distraída, omitió apuntar la tarea que la maestra les había dejado como asignatura para realizar en casa. Al llegar de la escuela, su madre (mi esposa) notó está omisión y se dispuso a tratar de ayudarla a resolver este asunto.

¿Qué pudo haber hecho mi mujer al respecto?

a) Regañar a mi hija por la omisión y dejar que se sacara cero en esa asignatura… (No ayudar)

b) Resolverle el problema a mi hija hablándole a la mamá de una de sus compañeras para que pasara la tarea… (Relevar)

c) Apoyar a mi hija para que fuera ella quien resolviera el problema y de paso madurara en el proceso…(Aportar)

Pues bien, si mi esposa se hubiera centrado únicamente en tratar resolver el problema sin fijarse en el efecto que esto tuviera en la persona que lo afrontaba (mi hija), seguramente la opción b) hubiera sido lo suficientemente aceptable y pronta.

Pero mi esposa sabía que “relevando” ella misma a mi hija de su responsabilidad, si bien lograría resolver el dilema, no le ayudaría en nada a mi hija en su crecimiento personal.

Así que decidió que, aunque la solución tomaría un poco más de tiempo, dicha situación era una excelente oportunidad para “aportar” a la maduración de mi hija.

Mi esposa fue a donde tenía guardados varios documentos de la escuela de mi hija, tomó la lista de teléfonos de todos los compañeritos de escuela de mi hija y le entregó el teléfono a mi hija para que fuera ella quien realizara la llamada necesaria.

Mi hija, sorprendida por la acción de su madre, se paralizó por un instante pues jamás había hecho una llamada telefónica por cuenta propia, pero ante la insistencia de mi esposa comenzó a marcar el número de una de sus amigas.

¿Mi esposa pudo haber realzado la llamada? Desde luego que si!! Pero, una vez más, no se trata de “desplazar” a los demás en la solución de sus problemas, sino de ayudarles a crecer en el proceso de solución de los mismos.

Mi hija, concluyó la llamada de manera exitosa. Al finalizar la misma, ya tenía recuperada la asignatura que había olvidad en la escuela y mi esposa estaba orgullosa de haber contribuido a que su niña diera un paso más en su crecimiento. La cara de mi hija por haberse demostrado que ella misma fue la que actuó para resolver su problema fue maravillosa… ¡Se sentía orgullosa! ( Y su mamá todavía más de haber aportado a este logro personal)

Este ejemplo es una pequeña muestra de cómo debemos de ayudar…

Cuando prestemos un servicio a alguien que necesite de nuestro apoyo, no busquemos inmediatamente desplazar a la persona en cuestión aún teniendo nosotros la posibilidad absoluta de resolver el dilema. Mejor pensemos que la adversidad es una excelente oportunidad para crecer y aprovechémosla como tal.”

Así que respondiendo a la pregunta que da título a este post…

¿Cómo ayudar?

Recomiendo lo siguiente…

“Ayuda centrando tu servicio en el crecimiento y maduración de la persona ayudada, no en su problema en particular…”

Cuando el católico ayuda al prójimo lo hace a sabiendas de que este crecerá y será mejor con la ayudad recibida, aunque esto implique no resolver ningún problema de inmediato.


Conferencia ante grupo Rotario

10 noviembre 2011

Recién tuve la oportunidad de ser invitado por el grupo Rotary International a impartir una conferencia sobre “Vocación” (uno de los temas que más he estudiado) y me alegro decirles que la respuesta de los asistentes fue más que maravillosa.

La verdad es que el público para mi conferencia era más que ideal pues para ser Rotario, de hecho, debes de haber tenido un descubrimiento vocacional importante en tu vida… El de amar al prójimo.

Los Rotarios son probablemente la agrupación social más grande del mundo en términos de filantropía y ayuda social y en México sus programas tienen una fuerte presencia.

Me complace haber podido pasar un par de horas con un grupo de ellos charlando sobre la idea de hacer el bien y crear valor en el mundo.


The Catholic Way (II)

27 septiembre 2011

Ayer les platicaba sobre el concepto “The Catholic Way” (al estilo católico) y de cómo lo utilizo para tratar de describir la forma en cómo los católicos nos acercarnos a distintos ámbitos de nuestra vida (educación, familia, empresa, trabajo, etc..)

Bueno, pues hoy me permitiré profundizar un poco más en cual es, a mi parecer, el principio que rige la perspectiva católica de la vida y que es el fundamento mismo del concepto “The Catholic Way”.

Lo que expondré no es nada inventado por mi, es simplemente un repaso del  principio universal que el mismo Jesucristo nos recordó hace más de 2,000 años. Y digo “nos recordó”, por que no significaba que antes de Él este principio no existiera, pero parecería que a los hombres les resulta relativamente fácil olvidar con el tiempo lo que es verdaderamente importante para su propia conveniencia.

Aquí mi explicación…

The Catholic Way significa tratar de incorporar a nuestra perspectiva del mundo un único principio. Uno que se lee una y otra vez en cada página de los evangelios. Quien es católico, lo es, por que está atendiendo a dicho mandamiento y como tal lo ejerce en su día a día.

¿Cómo entender lo que debe ser la política para un católico? ¿Cómo saber si mi empresa cumple con lo que Jesús espera de ella? ¿Como católico cual debe de ser mi postura ante temas sensibles como aborto, eutanasia u homosexualidad? ¿Que significa que una escuela es católica? ¿A qué me comprometo al decir que soy católico?

The Catholic Way hace referencia a cual es el estilo de vida de quienes seguimos a Cristo a través de la guía de la Iglesia Católica.

¿Cómo estudiamos los católicos? ¿Cómo hablamos los católicos? ¿Cómo trabajamos los católicos? ¿Cómo hacemos negocios los católicos? en fin… ¿Cómo somos los católicos ante la vida en general?

The Catholic Way bien podría ser una manera de describir cómo es que los católicos vemos al hombre, a la sociedad, al mundo y al universo entero, y además como nos comportamos ante esas realidades.

El principio que rige al Catholic Way no es algo desconocido, al contrario es una ley universal que todos, absolutamente todos los seres humanos aceptamos como válida. El punto es que los Católicos nos comprometemos especialmente con su cumplimiento y observación. No solo la tratamos de ejercer todos los días, sino que vamos más allá y tratamos de difundirla… Cristo nos ha instado a hacerlo.

Por eso The Catholic Way es el término que yo utilizo para describir la misión que tenemos todos los que nos decimos ser seguidores de Cristo a través de la Iglesia Católica de atender, vivir y promover el siguiente principio:

“Amar a Dios a través del amor al prójimo por sobre todas las cosas” 

Las universidades católicas, enseñan este principio. Las empresas católicas construyen riqueza económica y social tomando como base este principio. Las familias católicas, incuban en su seno este principio. Los científicos católicos, investigan el mundo preservando este principio. Los políticos y gobernantes católicos, crean leyes que velan por este principio. Los grupos de voluntariado católico, ejecutan vivamente este principio. Los comunicadores católicos, hablan e informan cuidando este principio. Los médico católicos, sanan y curan por que les apasiona este principio. Los sacerdotes católicos, entregan su vida por este principio.

No es nada nuevo… ¿lo ven?

Es el mismo mensaje de siempre. Ese que ya todos conocemos y que nos enseñaron en la escuela una y otra vez.

The Catholic Way simplemente es una referencia a un grupo de personas (los católicos) que construimos nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras empresas, nuestra organizaciones, nuestros grupos sociales, nuestro mundo, tomando como base siempre ese principio.

Los Católicos somos, en conclusión, un grupo de personas que habiendo escuchado de boca de Jesucristo la invitación a amar a Dios, nuestro Padre, a través del amor al prójimo, sus hijos, nos hemos dado a la tarea de volvernos locos en llevar dicha misión al límite de la pasión.

Si tu amas a Dios y a tu prójimo como a ti mismo… ¡Estas actuando, en definitiva… al estilo católico! 


La publicación más popular de Diario de un Católico.

23 junio 2011

Les comparto lo que según las estadísticas de WordPress (sistema que aloja mi blog) es la publicación más popular de todas las que he realizado en Diario de un Católico

Gracias por su preferencia y acompañamiento.

“CARTA DE RECOMENDACIÓN

El día en que me llegue el turno de tocar las puertas del cielo, me encantaría que cada una de las personas que conocí en la tierra me proporcionara una carta así…

(dar click en la imagen para verla en versión más grande)

Claro… entiendo que me deberé de esforzar para tener dicha recomendación de su parte para entregárselas a Dios.”


La vocación (una vez más)

20 junio 2011

Ya en anteriores ocasiones he platicado sobre mi fascinación en el tema “vocacional”. (Si, en definitiva es un tema que me encanta)

El haber vivido personalmente una crisis vocacional me llevó a estudiar sobre el tema de tal manera de que pudiera entender por qué es que existen actividades que a los seres humanos nos hacen sentir más plenos que otras.

En mi caso basta con decir que mi discernimiento vocacional me llevó a descubrir que mi misión en la vida no era construir casas (estudié arquitectura) sino construir hombres.

Pero adicional a mi propio encuentro vocacional descubrí que, en general, a los seres humanos nos cuesta mucho trabajo encontrar nuestra vocación personal ¿Por qué?

En gran medida esto obedece a que hemos mal usado el mismo término “vocación”, al confundirlo con el de “profesión”. En algún momento de la historia de la humanidad se nos pasó de largo que estos dos conceptos no significan lo mismo. Esta omisión ocasionó que el término “vocación” quedara completamente relegado a una idea errónea del mismo “Que discernir vocacionalmente significaba elegir una profesión para estudiarla en la universidad”

Pero entender “vocación” solo en estos términos, además de falso, nos ofrece una perspectiva muy corta para construir un plan de futuro.

Descubrir la propia vocación significa en concreto… “atender al llamado que Dios nos hace en lo particular”. Es responder a la pregunta “¿Qué quiere Dios de mi en este mundo?“.

Sin tratar de alargar mucho más este tema, mismo que de hecho explico a mayor profundidad en mis conferencias vocacionales, me concentraré en decirles que mis estudios sobre el tema me han llevado a definir “vocación” de la siguiente manera…

“Vocación es el llamado que Dios te hace para que, utilizando tus talentos y fortalezas particulares, aportes en el gran proyecto de construir su Reino en la tierra” 

Poniéndolo en una perspectiva más practica y concreta podemos entender vocación como…

“El punto en donde se cruzan tus talentos con la necesidad del prójimo… justo ahí, eso es tu vocación”


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