Los jóvenes

25 marzo 2015

Puedo decir con toda certeza que los jóvenes son mi vocación.

Cuando hace ya tiempo Dios despertó en mi la pasión por la enseñanza, lo hizo en parte por el llamado que me encomendó hacia el trabajo con los jóvenes del mundo, y desde el día en que entendí esto en mi vida, no he dejado de trabajar para esta causa.

Desde luego que reconozco que fui influido por muchos personajes que despertaron esta vocación en mi. Pero de entre todos ellos, destaco la figura de San Juan Pablo II, un papa que en muchísimas ocasiones declaró abiertamente que los jóvenes eran el foco esencial de su labor pastoral.

Es más, se dice que en su lecho de muerte, mientras escuchaba dentro de su cuarto las voces de miles de jóvenes que se encontraban reunidos en la plaza de san Pedro para rezar por su salud así como también para lanzarle ánimos y porras hacia su ventana, una de las última frases que el santo papa dijo fue: “Jóvenes, siempre me acompañaron y se que no podían faltar tampoco en estos momentos”.

Por eso reitero que los jóvenes son mi vocación.

A raíz de esto, he trabajo en universidades, escuelas y distintas organizaciones que tienen como elemento de misión la juventud del mundo.

Actualmente gran parte de mi labor profesional la dedico a asesor y coachear  jóvenes, pues al igual que Juan Pablo II yo también creo que cualquier esfuerzo y apostolado que se haga con ellos y por ellos será altamente redituable en el mundo.

A la fecha que escribo esto puedo decir con orgullo que he trabajado en la formación directa de cerca de 1,000 jóvenes en mi país (México). Ya sea ayudándolos a decidir una carrera universitaria, reclutándolos para proyectos de apostolado, impartiéndoles clases, dictando conferencias, así como también fungiendo como mentor, muchas veces a petición de sus propios padres, en temas de desarrollo espiritual y humano.

Los jóvenes son mi vocación y dedicar mi vida a su formación y crecimiento es lo que deseo hacer por el resto de mi vida.

Anuncios

Vocación y profesión… algo de mi experiencia.

19 julio 2013

Uno de los temas más recurrentes de este blog es el que trata sobre aspectos de vocación.

Este tema es particularmente sensible en mi persona pues durante varios años de mi vida me sumergí en una profunda crisis vocacional, que me llevó a darme cuenta lo mal que hice mi elección de carrera profesional en la universidad.

Para quien aún no lo sepa, yo soy arquitecto de profesión, al menos eso es lo que testifica el título universitario que tengo colgado en la pared de mi casa. Más jamás en mi vida he construido obra o edificio alguno, pues ya entrado en mis estudios de licenciatura me desencanté de esta disciplina, no por ser desagradable sino más bien por no estar en coherencia con mi verdadera vocación, misma que descubrí años después de haber egresado de la universidad.

Mi crisis profesional post universitaria, me llevó a cuestionarme lo que debí de haber elegido como una carrera universitaria una vez que supe que arquitectura no era la opción. El asunto es que no me fue fácil dilucidarlo.

Si bien me quedaba bastante claro que Arquitectura no había sido una buena elección de carrera… ¿cual entonces si hubiera sido? No lo sabía. De hecho, esa es la razón por la que me decidí perseverar en dicha licenciatura, aunque supiera que de cualquier forma no encontraría respuestas claras ahí.

Hoy, que dedico gran parte de mi tiempo a asesorar a jóvenes en materia de orientación vocacional y que ya cuento con una trayectoria profesional mucho más rica en experiencia que hace 15 años cuando  tuve que elegir una carrera, me vuelve a surgir la misma pregunta… ¿que debí de haber estudiado?

Tomándolo como un ejercicio que me ayuda a clarificar lo que debió ser en su momento (ahora que he descubierto mi verdadera vocación) y sin querer asumir que me arrepiento de mi pasado, sino más bien entendiendo que este me ha ayudado a crecer a cada instante, hoy tengo la siguiente lista de posibles carreras que hubiera elegido en vez de Arquitectura (no necesariamente en orden de preferencia):

1.- Psicología

2.- Filosofía

3.- Ciencias religiosas

4.- Antropología

5.- Sociología

6.- Psiquiatría

7.- Desarrollo humano (no se si exista una licenciatura con este nombre, más yo la elegiría)

Lo que se puede observar de esta lista es que tengo una clara tendencia hacia las ciencias humanas más que a las artísticas, tecnológicas o económicas. Siempre lo supe, esa es mi vocación, la de humanista.

Habiendo descubierto eso tampoco estoy tan descontento de haber estudiado la carrera que elegí ya que la Arquitectura es una disciplina con una gran carga humana y social. Sin embargo hoy estoy consciente que no era necesario haber tenido que pasar por el estudio de la edificación de casas, si más bien me pude haber ido directamente a estudiar a profundidad  todo lo referente a la edificación de hombres.

Igualmente soy consciente que a la edad que un joven tiene que elegir carrera, no suele contar en su interior con los recursos suficientes para defender su llamado vocacional, y se deja influir por demasiado ruido externo que en muchas ocasiones solo crea frustraciones y desánimos futuros. Eso fue lo que ocurrió en mi caso. Yo me creí que en verdad era más importante optar por una carrera de las típicas, que ofreciera cierta seguridad económica, más que por hacer caso de lo que en verdad me dictaba mi corazón.

Sin embargo, el haber sido partícipes de una decisión apresurada o incompleta en el ámbito profesional, no significa en lo absoluto que todo se haya perdido. En mi caso, el haberme dado cuenta de esta cuestión es lo que me llevó a dejar mis dudas de lado, y junto con ellas una posible carrera como arquitecto, y optar años más tarde por mejor seguir mi vocación.

Al día de hoy, mi biblioteca y mi escritorio, se encuentran repletos por obras, trabajos y textos en cada una de las disciplinas que anteriormente enlisté como posibles opciones profesionales. Si, es verdad que no tengo un título académico que me avale como psicólogo, como filósofo o como humanista, pero eso no significa que no pueda valerme por mi propia cuenta de dichas disciplinas, estudiarlas y usarlas para crear valor en el mundo.

Hoy, vivo de ellas, mi profesión es la de coach y formador. Mis trabajos, todos, han estado siempre relacionados con la industria educativa y el desarrollo de talento. No tengo un título académico que lo avale, pero si cientos de resultados en clientes que me han buscado para ayudarlos a crecer como personas y a desarrollar recursos internos para conseguir resultados.

Con esta publicación, lo único que pretendo tratar de decir es que la vocación siempre se puede vivir, sin importar si se tiene credenciales formales provenientes de una una escuela o universidad. Si se trabaja en discernir la propia vocación previo a ingresar a la universidad, mucho mejor, pero si este ejercicio se tiene que realizar después de haber concluido la etapa escolar, no importa, siempre ofrece luces importantes de lo que se ha de hacer.

Como suelo exponerles a los jóvenes que participan de mis asesorías vocacionales…

“La vocación es aquello que ha de suceder en tu vida, con universidad, sin universidad o a pesar de la universidad…”

La vocación, una vez descubierta, no te dejará en paz, hasta que le hagas caso, hasta que seas sincero con ella y, por ende, contigo mismo.


Ser más descaradamente… ¡Católico!

31 diciembre 2012

Se acerca el cambio de un nuevo año y como es costumbre ya empezamos sentirnos nostálgicos por lo que sucedió en el tiempo pasado y esperanzados de lo que sucederá en el tiempo futuro.

En lo personal hay una reflexión que me ha estado dando muchas vueltas en la cabeza de manera insistente. Tiene que ver con un análisis que he realizado sobre mis resultados pasados de cara a poder enfocarme mejor en lo que quisiera lograr en mi porvenir.

Haciendo el ejercicio de repasar diversos proyectos en los que he sido invitado a participar y otros que de manera individual he emprendido me he encontrado con cosas interesantes. Dichos proyectos han tenido que ver con distintos ámbitos como son la docencia, la dirección de equipos de trabajo, la academia y el estudio, la creación de  nuevos productos, las finanzas, en fin… me parece que Dios me ha dado la oportunidad de colaborar con Él desde distintas perspectivas profesionales.

Los resultados que he obtenido en estas actividades han sido igualmente variados.

Por ejemplo, me siento muy contento de haber recibido un premio a la excelencia en docencia  cuando tuve la oportunidad de impartir clases en la universidad. También me siento feliz de haberme iniciado como conferencista (actividad que me apasiona a más no poder) en distintos foros. Y que decir de mi vida matrimonial, en donde no puedo más que sentirme bendecido por Dios quien me ha dado las herramientas para perseverar y crear amor constantemente. Cuando evoco esas situaciones me alegro de sobremanera.

Pero también recuerdo fracasos importantes como podrían ser la gran cantidad de ideas y proyectos que inicié y jamás terminé, o la vez en que trabajando para cierta institución me asignaron una meta importante y no pude conseguirla, lo que derivó en mi remoción del puesto. Si, recuerdo que fue muy duro. Tras dicha crisis, recuerdo que caí en cierta depresión y me vi obligado a replantear muchas ideas sobre mi futuro profesional.

Pero haciendo justo este recuento de éxitos y fracasos es que se me presenta una cuestión que he tratado de resolver con terquedad desde hace mucho tiempo en mi vida: ¿Para que soy bueno? ¿Cual es ese tema en el que me debería de enfocar para dar los mejores resultados posibles en el mundo? ¿Cual debería ser el estandarte que englobará mi causa profesional? ¿A que debo de dedicarme esmeradamente?

Después de muchos años de darle vueltas y vueltas a estas preguntas, llega a mi mente una respuesta que, sin bien podría sonar simple, para mi lo resuelve todo.

Sin excepción, después de todos mis éxitos y fracasos profesionales, siempre termino haciendo lo mismo en el mismo lugar: sentado en una capilla dialogando con Dios. Esa es la actividad que me ayuda a cerrar y replantear todo lo que me sucede en la vida. Es como si después de cada intento, con independencia del resultado que obtenga, Dios me llamara a estar con Él para recordarme que solo una cosa tiene sentido: Él.

Así, hoy me queda mucho más claro que mi gran fortaleza profesional es mi fe y a lo que debo de enfocar todos mis esfuerzos es a fortalecer la fe de los demás.

Pareciera que el ser católico es lo que más disfruto de mi vida y lo que más resultados me ha dado desde siempre. Para muestra bastará ver los resultados que este blog han generado desde que lo inicié. Más de 600 publicaciones y cerca de 30,000 visitas mensuales tienen que significar algo importante para Dios.

Así que mi gran reflexión de año nuevo tiene que ver con lo que quiero hacer en mi futuro.

Ya Dios me dio el talento para enseñar, para hablar en público, para escribir y sobre todo para motivar. Pues bien, ahora emplearé todos estos recursos para hacerlo todavía más a favor de la Iglesia Católica.

Si, eso es, mi propósito es lograr ser, en lo profesional,… ¡mucho más descaradamente católico!

Hola, soy José Luis Damián y son Católico de Profesión.


La parábola de los talentos…

23 enero 2012

Hace un par de días me encontraba escuchando una ponencia sobre el tema de “diseño de plan de carrera profesional“.

Todo transcurría de manera muy normal. La ponencia no parecía ser algo fuera de este mundo y yo escuchaba con relativa buena atención.

Pero de pronto un comentario muy particular de parte del profesor hizo que mi atención se triplicara sobre su persona y en lo que estaba a punto de decir.

El comentario que hizo fue el siguiente…

“En temas de planeación de carrera me parece que la parábola evangélica de los talentos es más que aleccionadora…”

Mi atención se hipnotizó sobre él…

El ponente continuó…

“He leído y leído varias veces esa parábola de los talento y jamás dejó de sacar conclusiones valiosísimas de ella…”

“Pienso lo mismo. La parábola de los talentos es un texto riquísimo en contenido formativo” me decía a mí mismo mientras escuchaba la reflexión del experto en planeación de carrera quien concluyó con la siguiente reflexión…

“La lección más valiosa a la que he llegado de estudiar dicha parábola es que no existe insulto peor hacia la persona de Dios que no hacer rendir al máximo los talentos que Él nos dio. Punto”

“¡Wooow!” Esa simple idea hizo que todo el curso valiera la pena

Y es que habiéndome dedicado a estudiar el tema del desarrollo de talento en las personas no podría estar más de acuerdo con este hombre.

Un gran plan de carrera es el resultado de encontrar de que manera nuestros talentos pueden contribuir para crear valor en el mundo. No usar nuestras fortalezas por miedo a no conseguir grandes frutos es peor que fallar en el intento de si hacerlo.

Los talentos son un regalo que Dios le hace a cada hombre. Los frutos logrados al emplear dichos talentos son el regalo que nosotros los hombres le hacemos a Dios.

Y es que en verdad… ¿acaso no es magnífico el fondo de esta hermosísima parábola evangélica?

Mateo 25, 14-30

extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el de los dos talentos dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el que había recibido un talento dijo: Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Mas su señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.


La vocación (una vez más)

20 junio 2011

Ya en anteriores ocasiones he platicado sobre mi fascinación en el tema “vocacional”. (Si, en definitiva es un tema que me encanta)

El haber vivido personalmente una crisis vocacional me llevó a estudiar sobre el tema de tal manera de que pudiera entender por qué es que existen actividades que a los seres humanos nos hacen sentir más plenos que otras.

En mi caso basta con decir que mi discernimiento vocacional me llevó a descubrir que mi misión en la vida no era construir casas (estudié arquitectura) sino construir hombres.

Pero adicional a mi propio encuentro vocacional descubrí que, en general, a los seres humanos nos cuesta mucho trabajo encontrar nuestra vocación personal ¿Por qué?

En gran medida esto obedece a que hemos mal usado el mismo término “vocación”, al confundirlo con el de “profesión”. En algún momento de la historia de la humanidad se nos pasó de largo que estos dos conceptos no significan lo mismo. Esta omisión ocasionó que el término “vocación” quedara completamente relegado a una idea errónea del mismo “Que discernir vocacionalmente significaba elegir una profesión para estudiarla en la universidad”

Pero entender “vocación” solo en estos términos, además de falso, nos ofrece una perspectiva muy corta para construir un plan de futuro.

Descubrir la propia vocación significa en concreto… “atender al llamado que Dios nos hace en lo particular”. Es responder a la pregunta “¿Qué quiere Dios de mi en este mundo?“.

Sin tratar de alargar mucho más este tema, mismo que de hecho explico a mayor profundidad en mis conferencias vocacionales, me concentraré en decirles que mis estudios sobre el tema me han llevado a definir “vocación” de la siguiente manera…

“Vocación es el llamado que Dios te hace para que, utilizando tus talentos y fortalezas particulares, aportes en el gran proyecto de construir su Reino en la tierra” 

Poniéndolo en una perspectiva más practica y concreta podemos entender vocación como…

“El punto en donde se cruzan tus talentos con la necesidad del prójimo… justo ahí, eso es tu vocación”


Feliz cumpleaños a una fotógrafa excepcional

28 mayo 2010

¡Hoy es el cumpleaños de Laura, mi hermana!

Ella se dedica a la fotografía y tiene una perspectiva muy peculiar de la vida.

Pareciera que su vocación es transmitir la belleza del mundo por medio de una imagen, de un video, de un testimonio. Nunca había visto a una persona cargar tantas horas durante tantos años una cámara de fotos.

Debo decir que si tengo alrededor de unas 12,000 fotografías en mi disco duro es por que ella siempre acompaña a mi familia con su cámara, una parte más de s cuerpo.

Alguna vez pensó en dedicar su vida a Dios pero este le tenía una petición un poco diferente: “Llevar la palabra del amor y la belleza del mundo a través de un lente, de una imagen”

Y eso es lo que hace…

Experta en el tema de la Responsabilidad Social (tiene una maestría) tiene la firme convicción de que el ser humano debe de fijar en el amor su más grande ideal. Inconforme y reflexiva, ama a su Iglesia y le ha seguido desde siempre.

Así, que este post  sirva para felicitar a Laura, la gran fotógrafa del amor, que algún día estará mostrándole al mundo cómo se pude hablar de Dios y de su inmensa belleza con el simple ¡Click! de una cámara que ve lo mejor de la vida.

Eso es vocación…. eso es amar a Dios con tu profesión.


La vocación…

7 mayo 2009

Ayer sintonicé el canal de televisión “María Visión” (canal 257 de Sky) para encontrarme con la hermosa sorpresa de que el padre Juan Pedro Oriol LC, en su programa titulado “100%” tocó el tema de la vocación como una respuesta a la pregunta “Qué quiere Dios de mi?”. El programa transcurrió de manera amena, como suele ser toda charla con el padre Oriol, ya que estuvo repleto de testimonios y comentarios de jóvenes laicos y hermanos seminaristas que hablaron sobresus posturas antes este importante tema.

La palabra vocación tiene un significado tan fuerte y con tanta riqueza que no debería de ser considerada con sencillez ni simpleza.  

Personalmente puedo decir que  este tema es el  que más me ha inquietado a lo largo de toda mi vida. Descubrir para qué es que Dios me quiso poner en este mundo ha representado la búsqueda más importante y, debo admitirlo, más difícil de toda mi existencia.  

En mi trabajo con jóvenes preuniversitarios y universitarios (fui el encargado durante tres años de la promoción de una universidad católica entre cientos de jóvenes de preparatoria) me di cuenta que debido a que el trabajo que se hace con ellos en materia de orientación vocacional es tan deficiente en muchas instituciones educativas, nunca logran definir si los caminos que toman son acertados o , ya no digamos, llenos de sentido. En el mejor de los casos, se delega esta labor a la psicología, ciencia que en muchas de sus corrientes suele dejar de lado el sentido espiritual del hombre como medio de trascendencia y plenitud humana. Así, saber que debes hacer en la vida, se reduce a trabajar en tener una actitud positiva y realizar ejercicios para conocerte a ti mismo. ¿Y Dios en donde encaja en este proceso de discernimiento vocacional?

Yo mismo me declaro una víctima de un sistema que no se preocupa por la vocación como un tema primordial. No recuerdo haber recibido a mis 18 años un apoyo significativo para ayudarme a descubrir mi llamado personal de vida.   

La vocación es para mi un tema tan importante que he dedicado varios años a estudiar e investigar acerca de este tópico. He aquí algunas de las conclusiones a las que he llegado al respecto:

  • En las escuelas preparatorias se suele confundir la orientación vocacional con lo que en realidad es orientación profesional. ¿Por qué? La profesión se escoge, pero la vocación se descubre. 
  • Uno puede decidir si quieres ser médico, ingeniero, abogado o arquitecto pero el llamado a trascender en Cristo,en la familia, en el sacerdocio, en la vocación al prójimo, eso sólo se descubre con la correcta disposición personal para hacerlo.
  • La vocación se define como “un llamado” y como tal, esta convocatoria solo espera de nosotros disposición para escucharla. En pocas palabras, la vocación no se decide, sólo que se escucha.
  • Si decimos pues que la vocación es un llamado, debemos de asumir que existe ese ser que hace el llamado: ese es Dios.
  • Existe una vocación universal y una vocación personal que deben de ser descubiertas.
  • La vocación universal es, como su nombre lo indica, un llamado que aplica a todo ser humano sobre la faz de la tierra y es el siguiente: ” Ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”
  • A este llamado universal debemos de atender todos sin distinción de razas, culturas o status social. 
  • La vocación universal es pues un llamado de Dios a toda la humanidad.
  • La vocación personal, a diferencia de la universal, es un llamado individual de Dios hacia cada ser humano en particular. 
  • Se trata de una convocatoria a participar de la vocación universal de una manera única y especial dados tus talentos y fortalezas. 
  • Así, la vocación personal es un llamado de Dios hacía ti.
  • Así, la vocación debe de definir tu profesión, o lo que es lo mismo, para elegir tu profesión (¿Qué quieres estudiar?) es primordial encontrar antes tu vocación. 
  • Una vez que uno descubre su vocación personal, entonces si puede optar por cumplirla valiéndose de la gran cantidad de profesiones, técnicas y disciplinas que existen en las universidades.
  • Y para finalizar, haciendo alusión a la pregunta que dio pie a esta publicación… La vocación, al ser un llamado de Dios hacia el hombre, se descubre en la meditación profunda de una sencilla pregunta:

Señor Dios… ¿Qué quieres de mi en esta vida?


A %d blogueros les gusta esto: