El momento exacto

7 noviembre 2013

Es un hecho, como católicos enamorados de Cristo, sentimos una enorme necesidad de salir al mundo y proclamar su evangelio, sin embargo, lamentablemente la respuesta que muchas veces recibimos a nuestros esfuerzos no siempre es la más optimista ni la más abierta.

Podemos convocar, invitar y predicar de muchas formas el mensaje de Dios a los hombres, pero puede suceder que los resultados a esta actividad apostólica no sean del todo optimistas.

Y es que sucede que, si bien Dios nos pide que nos hagamos presentes ante el mundo anunciando su palabra, también es un hecho que Él mismo respeta el tiempo y el momento que cada persona tiene para poder abrirse de corazón a Él.

Como en cualquier ámbito de la vid humana, la primer condicionante que se requiere para tocar un corazón humano es que este tenga cierta disposición para querer ser tocado, y es imprescindible respetar el proceso de cada hombre en que esto puede suceder.

Si, Dios a través de nosotros como medios, toca a la puerta de millones de almas, sin embargo las puertas solo pueden ser abiertas desde su interior y las llaves están exclusivamente en posesión de cada ser humano que, en pleno uso de su libertad, decidirá si abre o no al llamado.

Dado que esto es así, se requiere que se junten dos elementos para que una conversión espiritual se produzca: en primer lugar, alguien que replique el llamado de Dios y, en segundo, alguien que esté listo para recibir dicho llamado, aunque este último no necesariamente esté consciente de esta propia condición en su persona.

Así, el llamado que tenemos los católicos no es a forzar la cerradura de la puerta humana ajena en pos de lograr la entrada de Dios en ella, sino más bien nuestro deber es hacernos presentes permanentemente y delicadamente a la espera de que Dios disponga el momento exacto en que dicha puerta puede ser entreabierta en búsqueda de aire, luz y nueva vida.

En ese momento exacto, y sólo en ese momento, debemos de estar preparados para presentar a Cristo.


Haz lucir a Cristo

4 enero 2013

Cualquiera que sea tu posición, cualquiera que sea tu trabajo, en donde sea que hoy te toque estar, ponte como meta que harás tu mejor esfuerzo a través del cual harás lucir a Cristo.

Cuando te toque actuar, hablar o escuchar el día de hoy hazlo de tal forma que tus interlocutores puedan decir con admiración: “Es Cristo quien está conmigo”.

Antes de cada actividad tómate un tiempo para meditar: ¿Cómo la haría Cristo?

Haz que la gente se percate que eres católico no por que hablas mucho de Cristo, sino por que lo personificas vívidamente en cada uno de tus actos.

Asume que haz recibido el encargo de interpretar el mejor rol en la obra de teatro más impactante del universo, pues se te a asignado el papel del mismísimo Jesús. Tu responsabilidad ahora es hacer que tu actuación haga lucir a Cristo en el escenario.

Así, siéntate como lo haría Cristo, habla como lo haría Cristo, ordena tus cosas como lo haría Cristo, conduce como lo haría Cristo, haz esa llamada telefónica como lo haría Cristo, camina como lo haría Cristo.

En conclusión, eres el responsable de que el mundo crea en Dios y su hijo Jesucristo al verte ser y hacer, de hecho, como otro Cristo.


Ser el evangelio vivo

28 agosto 2012

Sin duda la frase que muestra esta imagen me cautivó.

Es una clara invitación a vivir el evangelio en primera persona.

Un católico siempre estará llamado a actuar de tal forma que cuando se encuentre con su prójimo, este pueda leer en su “ser” el mismísimo mensaje de Cristo.

Que mejor manera de acercar a alguien a las sagradas escrituras que por medio del vivo ejemplo de las mismas.

En su paso por este mundo, Jesús tan solo “hizo” sin necesidad de escribir absolutamente nada. Su puro actuar le valió para transformar la faz de la tierra.

Si un católico tiene como misión llevar almas al cielo, lo hará arrastrándolas con su ejemplo. No le busquemos más.


¿Te has dado cuenta lo difícil que es?

20 septiembre 2010

¿Les ha pasado que están participando en alguna reunión social y de pronto surge el tema de la religión? ¿Qué comenta la gente al respecto? ¿Qué postura toman ustedes? ¿Les es fácil asumir plenamente su fe enfrente de todos?

Debo reconocer que en la mayoría de los casos que yo me veo envuelto en este tipo de diálogos, parecería que me encuentro en un partido de fútbol en donde el rival juega con 11 elementos y en mi equipo estoy yo solo.

Ser católico y comportarse como tal en sociedad es muy difícil, incluso en un país tan religioso como el mío.

Tan difícil que yo mismo he sido derrotado por mí mismo, el ambiente me envuelve y no siempre puedo sostener con todas mis fuerzas mi bandera de Fe.

Y aunque me entristezco por mi debilidad, reconozco que el mismo Cristo siempre me ha levantado y me vuelve a poner en ritmo de batalla. Ya junto a Él, nuevamente emprendo de nuevo el camino, y logró ganar las guerras más difíciles.

Ayer, mi esposa y yo estábamos viendo una entrevista en televisión en que un periodista de espectáculos de bastante renombre hacía esfuerzos sobre humanos por tratar de entender el supuesto actuar extraño de su entrevistada, quien es una artista que a raíz de una fuerte experiencia personal decidió que quería cambiar radicalmente su vida hacia Cristo y su Iglesia.

El entrevistador le decía una y otra vez que “su nueva actitud” de vida era muy rara, e incluso le llegó a decir, entre risas, que por favor no le fuera a convencer a él de tomar la misma postura.

Debo reconocer que nuestra amiga, la artista entrevistada, hizo todo el esfuerzo posible por mantenerse en su postura de fe, pero en varias ocasiones le llegué a notar nerviosa e inquieta por no poder hacer comprender a su anfitrión su nuevo sentir espiritual.

No la juzgo. Yo me he sentido igual en múltiples ocasiones. Parecería que declararse fiel seguidor de los principios de Cristo y su Iglesia está completamente “fuera de moda”.

Decir que uno valora la virginidad prematrimonial, los valores tradicionales de la familia, el no estar a favor del aborto, el tratar de explicar el por qué no a los comportamientos homosexuales, el hablar bien de los sacerdotes santos de nuestras Iglesias, es algo que no suele ser comprendido ni aceptado fácilmente por la sociedad.

Por eso reconozco a todas aquellas personas que, como nuestra amiga entrevistada, han tomado la decisión de hacer público su testimonio de transformación espiritual, a pesar de que el mundo no esté listo para escucharlo.

¡No tengamos miedo! No se trata de que el mundo nos acepte a nosotros, sino a Cristo.

Si somos juzgados por amar a Cristo, no importa. Si como resultado de declarar nuestro amor y fidelidad al catolicismo somos excluídos de la moda, pues no importa tampoco.

Lo único que nos debe de guiar es la promesa de que nuestros esfuerzos y luchas en la tierra en favor de la verdad, se verán solo recompensados en el destino prometido que Dios nos tiene preparado a quienes hablamos en su nombre: el cielo.

(les pido disculpas si en el texto aparecen demasiados errores de escritura, pero esto de andar publicando a través de un teléfono celular no es lo más cómodo que uno puede encontrar)


“To teach is to touch”

16 agosto 2010

Cuando encontré esta frase no puede hacer otra cosa más que grabarla en mi agenda y además en mi corazón. Se que la encontré hace tiempo, pero no logro recordar en donde, lo único que se es que lleva varias semanas grabada como fondo pantalla de mi teléfono celular y todo los días, al leerla, me “enchina la piel”. Soy formador de vocación, y tengo un radar especial para detectar palabras como “enseñar”, “aprender”, “estudiar”, “desarrollar”, “provocar”, “formar” en cualquier lugar que estas se presenten.

Para quienes amamos la labor docente y encontramos un inmenso placer en transformar vidas para bien, no podemos dejar de decir que lo que  hacemos tiene mucho de arte, pues al igual que el artista que pinta un cuadro o esculpe un pedazo de mármol  tratando de que estas acciones puedan llegar a tocar el alma de sus públicos, también el formador busca que cada palabra que sale de su boca, cada contenido que simplifica en un cuaderno, cada mirada inicial a un nuevo alumno logre tocar el alma de su discípulo. Ambos, tanto artista como formador, buscan lograr al final un mismo resultado: que el alma que tuvieron la oportunidad de tocar, no vuelva a ser la misma una vez que se les permita hacer llevar a cabo su peculiar talento.

Enseñar me produce mucho placer, pero no solo por esto lo hago, pues mi propio gusto por algo no me basta lo suficiente para llevarme desvocadamente a realizarlo. Yo enseño, principalmente,  por el placer que le produce a mi prójimo el crecer en mi enseñanza. Es por eso que lo hago, por la felicidad que produce en el propio alumno el saber que se ha vuelto en alguien mejor.

Por eso he adoptado la frase del título de este post como un lema de vida personal… “To teach is to  touch” (Enseñar es tocar), pues no existe un propósito más noble y sublime en este mundo que el poder tocar el alma de un ser amado para transformarla para bien.


Hablar de Cristo

3 marzo 2010

Varias veces, en el correr de cualquiera de mis días ordinarios, me dan ganas de dejar las actividades que pueda yo estar realizando, salir en busca de mi computadora, prenderla, ingresar al portal de este blog y ponerme a escribir más y más sobre mi fe. En ocasiones así lo he hecho, pero no siempre puedo ya que no debo de olvidar que Cristo me quiere en muchos lugares y recorriendo muchos caminos. Pero no puedo negar que el fuego de mi vocación quema de una manera impresionante.

Hace tiempo le comenté a un amigo que una vez que aceptas a Dios de manera verdadera y definitiva en tu corazón, ya no puedes dejar de hablar de lo mucho que esta decisión provoca en tu interior. Te dan ganas de predicar tu fe y el amor en todo momento. Es como si Dios, siendo tan grande, se metiera en uno, siendo tan pequeño, y se desbordara por todos y cada uno de tus poros.

Así se siente un católico de corazón, desbordado por el amor que le produce Dios. Es como tener en la manos un mensaje que quiere salir, que quiere gritar, que quiere ser escuchado a como de lugar y uno, en su infinita pequeñez,  apenas y le puede ayudar a salir.

Esto me ayuda a entender los grandes testimonios de los mártires que, segundos antes de morir asesinados por sus creencias, lanzan una última exclamación al cielo: ¡Viva Cristo Rey! Y es que el mensaje del amor de Dios es así, no se pude callar, no tiene miedo,ni dudas en salir a la luz. Eso no lo entienden quienes han ordenado usar las armas para callar la fe e intentar silenciar el mensaje de Cristo. ¿Cómo se les ocurre creer que mi vida puede ser más importante que Cristo?   ¡A Cristo no se le puede tapar la boca!

Pues bien… hoy quiero decir que así me siento, con muchas ganas de hablar y predicar en lo que creo.

Así que elevo mis oraciones para que el mensaje de Dios sea llevado a todo el mundo conmigo, sin mi o a pesar de mi.


Benedicencia

9 mayo 2009

Entre la congregación de los Legionarios de Cristo existe un término que es de gran trascendencia para el correcto seguimiento de una vida santa, y que he optado por incorporar a cabalidad en mi vida. Se trata del término “Benedicencia”.

Cuando tecleo esta palabra en mi computadora, invariablemente sucederá que el corrector ortográfico automático de mi editor de textos no reconocerá el término y lo marcará como erróneo. ¿Por qué? Porque de hecho, no es una palabra ni siquiera existente en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Consultando el diccionario se puede encontrar el término “maledicencia: acción o hábito de maldecir“, pero, insisto, no así el de “benedicencia”. ¿A que viene esto? Procedo a explicarlo…

La benedicencia, al contrario de la maledicencia, se definiría como la acción o hábito de bien decir (o bien hablar…). A mi me gusta definirla mas como: acción o hábito de utilizar la palabra para hacer el bien.

No es extraño que nuestra lengua solo contenga una definición para definir la acción de maldecir, ya que esta es una actividad que genera más escándalo y solemos centrarnos en el mal que se hace y poco en el bien que se deja de hacer.

Maldecir con nuestras palabras, asi sea para referirnos a alguien en forma bromista o amena (como es usual en la cultura occidental latinoamericana) es, a mi consideración, uno de los grandes males ocultos de nuestra sociedad. No nos damos cuenta pero la manera en que nos referimos al prójimo, habla de nuestra actitud ante él. Dice una frase muy famosa que “la boca habla de lo que está lleno el corazón” y es muy cierta. Criticar, maldecir, malhablar, perjuriar son algunos de los daños que hacemos al mal usar nuestro lenguaje y esto solo es el reflejo del descuido que hemos hecho al alimentar nuestro espíritu de cosas buenas.

Pero fiel a la premisa paulina de “vencer al mal con el bien” surge la benedicencia. Esta implica hacer el mejor uso de nuestro hablar en pos de nuestra santidad y la de  nuestros semejantes.

Como ya lo he expresado en anteriores ocasiones, soy un fiel convencido de que la palabra puede construir o destruir reinos. Y dado que es el Reino de Cristo el que queremos instaurar sobre la tierra, no existe mejor medio que la palabra para lograrlo. 

Así, la benedicencia implica:

– No solo no hablar mal de los demás, sino esforzarnos por hablar bien constantemente de cualquier persona.

– Alejarnos del hábito de la crítica destructiva y procurar siempre construir en el amor.

– Evitar entablar o involucrarnos en conversaciones que destruyan la dignidad de cualquier persona y proponer, en su lugar, los temas que humanizan.

– Hablar siempre bien de los demás. ¡SIEMPRE!

– Evitar la mentira y hablar con la verdad.

– Predicar el bien y el amor con nuestras palabras.

– Cuidar la formación de nuestro lenguaje.

– Rezar por el bien que debe ser hecho.

– Hablar con optimismo y esperanza.

En concreto, la benedicencia significa reconocer el poder de nuestras palabras  como medio de humanización y santidad en la tierra. Que cada palabra que salga de nuestra boca sea una prueba de la caridad y sabiduría que Dios le concede a quien está cerca de Él.

O lo que es lo mismo, hablar como hablaría Cristo…


A %d blogueros les gusta esto: