Oración por las vocaciones sacerdotales.

2 abril 2015

Es costumbre en muchas comunidades católicas que al concluir una misa se realicen distintas oraciones propias de la parroquia o el grupo para pedir al Creador por situaciones o acciones concretas.

Durante muchos años yo he pertenecido a una comunidad espiritual en donde siempre se acostumbra a rezar esta hermosa oración al terminar cualquier misa:

¡Oh Jesús!
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu pueblo amado.

¡Señor!
danos vocaciones,
danos sacerdotes, religiosos
y consagrados santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe
tu dulce y Santa Madre.

¡Oh Jesús!, danos sacerdotes,
religiosos y consagrados
según tu corazón.

Se trata de una bellísima oración que tiene como objetivo pedir a Dios por las vocaciones religiosas en el mundo.

En estos tiempos en que el sacerdocio y la vida consagrada son profesiones que parecerían enfrentar una situación de crisis mediática, con más razón debemos de rezar para que la voluntad de Dios sea la misma voluntad que deseen seguir cientos de hombre y mujeres en todo el planeta.

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La lotería celestial…

7 diciembre 2012

Imaginen la siguiente situación:

Estás sentado frente a tu escritorio de trabajo meditando sobre la infinidad de asuntos que tienes que resolver a lo largo del día, la semana e incluso el mes que se te viene a continuación.

Tareas, pendientes, compromisos y decenas de problemas ocupan tu mente y tu agenda.

De pronto, de manera misteriosa, el ordenador mediante el que trabajas se apaga súbitamente, las personas que te rodean desaparecen mágicamente y un silencio estricto llena tu alrededor. Desde luego que te sorprendes por lo que observas y comienzas a girar tu cabeza de un lado a otro en busca de pistas que te indiquen qué está sucediendo.

Tras un minuto de incertidumbre y quietud, una luz excesivamente brillante empieza a aparecer en lo alto de tu oficina, misma que se empieza a hacer cada vez más grande y brillante conforme se acerca a ti. No puedes más que observarla sorprendido y  el misterio que te provoca su aparición  te paraliza por completo. Es preciosa.

Después de un par de segundos la luz ha crecido tanto que su intensidad abarca toda el área y no te permite ver nada que no sea su energía.  Es intensa, más te empiezas a percatar que para nada es molesta. Extrañamente, a pesar de su fuerza, puedes mantener los ojos abiertos en dirección de su punto de origen. Tan solo quieres descubrir qué puede estar ocasionando dicha radiación.

Entonces, cuando la gran luz deja de crecer, pues ha llenado con su energía todo el ambiente, se escucha una dulce voz cuyo origen es difícil precisar. La voz te dice lo siguiente:

“Dios te ha bendecido y desea otorgarte cualquier cosa que tú le pidas… ¡Cualquiera!  Tan solo necesitas invocarlo y se te concederá…¿Qué necesitas?”

Habiendo escuchado dicho llamamiento logras entender que se te ha concedido una oportunidad divina y que eres un ser privilegiado en la faz de la tierra. Dios te ha elegido para darte un gran regalo, mismo que tan solo tiene que solicitar y …¡Listo! Será concedido de inmediato.

Llegado este punto tan solo restaría reflexionar:

¿Qué le pedirías a Dios?

Continuará…


Las respuestas de Dios…

15 noviembre 2011

Si tu le pides en oración algo a Dios, su respuesta puede ser una de las siguientes tres:

1.- Si…. (en cuyo caso agradece)

2.- Todavía no… (en cuyo caso persevera)

3.- Tengo otras planes para ti… (en cuyo caso acepta y escucha)

Dios es el gran estratega. Él sabe por que responder de una u otra manera ante lo que el hombre solicita.

La voluntad de Dios es perfecta y llena de sabiduría, pero la capacidad del hombre para adaptar su propia voluntad a la del Creador es bastante imperfecta.

Mi consejo es que tengas paciencia, ores mucho y nunca pienses que dependes de que suceda algo extraordinario en tu vida para que esta tenga sentido.

Como ya lo he dicho en anteriores ocasiones…

Ante la voluntad de Dios… ¡tiempo y paciencia!


Ofrécelo… (II)

4 febrero 2011

Con respecto a la publicación de ayer en que te incitaba a “ofrecer un esfuerzo” en vez de “pedir una solución” a Dios, esta tiene su origen en el comentario que  escuché de un compañero:

” La diferencia entre el mexicano (latinoamericano) y el japonés no tiene que ver en su nivel de espiritualidad. De hecho, ambas culturas son bastante religiosas. Lo que hace la diferencia entre el éxito de la japonesa con respecto a la mexicana es que, mientras que el mexicano acude al templo a pedirle a su Dios que le resuelva algún problema, el japonés lo hace para ofrecerle al suyo el esfuerzo que hará (o ya hizo) por tratar de resolverlo él mismo. Y esto es lo que hace la gran diferencia”

¿Cierto no lo creen?  Cuan profundamente arraigada tenemos en la mente la idea de que Dios es un “resuelve todo” empedernido que, al ser “todo poderoso” solo tiene que quererlo para resolver por completo todos nuestros problemas.

A veces se nos olvida que nuestra participación es absolutamente necesaria en la consecución de los milagros.

Dios ayuda a quien ya trabaja para ayudarse a sí mismo.


Pedirle a Dios algo…

31 enero 2011

Hace un par de días mi hermana publicó en su Facebook una reflexión interesante sobre el significado de pedirle a Dios algo.

“Si crees que pedirle a Dios, por ejemplo, amor, significa que Él llenará tu corazón de amor, no es así. Si crees que pedirle fortaleza significa que Él llenará tu interior de fortaleza, no es así… Lo que si hará es multiplicarte las oportunidades para que tu provoques lo que pides. En el caso del amor, te dará oportunidades para amar, en el caso de la fortaleza, te dará oportunidades para que seas fuerte.”

Esta reflexión es por más interesante pues creo que, en realidad, siempre ha sido así.

Dios ayuda, pero resuelve. Tal y como un padre lo debe de hacer con sus hijos.

No pidas quedándote sentado a esperar a que Dios te conceda lo que deseas (amor, fe, esperanza, alegría, cariño, sabiduría, etc), más bien ponte listo para recibir las oportunidades de construir por ti mismo, con la ayuda de Dios, justo lo que pides a través de las ocasiones que Él pondrá delante de ti.


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