Lo juro por Dios (VIII)

14 febrero 2013

Ha llegado la cuaresma y con ella el tiempos de reflexión y arrepentimiento personal.

Para los católicos los próximos 40 días representan un periodo en que nos sumergimos en el interior de nuestras almas y meditamos sobre nuestros pecados y la fortaleza espiritual para evitarlos en el futuro.

Para hacer esto, la Iglesia nos propone que utilicemos el ayuno y la abstinencia como medio de templanza espiritual. Recordemos que Jesús utilizó dichas herramientas al ser llevado al desierto por el Espíritu Santo para preparar su alma previo al inicio de su vida pública.

Pues bien, como parte del proyecto de transformación personal que he emprendido desde hace un tiempo en el que he realizado a Dios la promesa de perder peso, voy a aprovechar esta cuaresma para, además de seguir la vigilia guardando los días de ayuno y reflexión, también ofrecer un sacrificio personal adicional.

Como parte de mi plan nutricional he estado intentando controlar mi ingesta calórica, por lo que no me he preocupado mucho por controlar los refrescos de dieta (una caloría), más en estos 40 días voy a ofrecerle a Dios no ingerir ninguna bebida gaseosa.

Algunos podrían pensar que es una ofrenda simple y vana, pero dado que estas bebidas me han acompañado durante toda mi vida, dejarlas me implicará hacer un gran esfuerzo personal y es justo eso lo que quiero lograr.

Mi intensión al ofrecer no tomar sodas, no es tanto seguir contribuyendo a mi pérdida de peso (la cual ya empiezo a notar en mi ropa), sino la de recordarme en cada abstención de los mismos que estoy viviendo un tiempo de renuncia y expiación.

La cuaresma es un perfecto momento para ofrecer sacrificios personales a Dios pues, un vez que esta termine, Él estará ofreciendo el mayor sacrificio por la humanidad: su propia vida.

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¿Por qué Jesús no se defendió?

9 octubre 2012
Producto de una lectura bastante interesante sobre el liderazgo de Jesús, reflexioné sobre la siguiente cuestión:
¿Por que Jesús no se defendió enérgicamente al ser acusado de traidor por el  pueblo de Israel?
Es raro que , aquel hombre que durante todo el evangelio aparece dialogando, hablando y predicando una y otra vez  sin parar, a partir del momento de su aprehensión y durante su pasión se le nota extrañamente callado y parco. Analizándolo al detalle, resulta que son pocas las frases que conocemos salieron de la boca de Jesús cuando este se encontraba hecho preso por sus acusadores.
¿Por que fue así? Si para defenderse tan solo hubiera bastado que Jesús volviera a argumentar tan magistralmente como ya lo había venido haciendo desde hacía varios años cada vez que le ponían a prueba los escribas y fariseos.
Mi conclusión es la siguiente: estaba ahorrando energía.
Es decir…
Si, efectivamente el hijo del hombre tenía toda la capacidad de oratoria argumental para defender su vida y con ello conseguir su libertad. Habiendo hecho esto Jesús hubiera ganado tiempo para seguir predicando a más hombres en el mundo de manera personal ¡Que maravilloso hubiera resultado!
Si, eso hubiera sido un plan lógico bajo la perspectiva de cualquier hombre en su posición. Más Cristo, Dios hecho hombre, va mucho más allá que una perspectiva humana.
Más Jesús necesitaba guardar sus energías para la parte más importante del su misión: morir.
Veamos…
¿Cual era la misión última de Jesús en la tierra? Es decir…¿Para que fue enviado por Dios entre los hombres?
¿Para vivir muchos años? ¿Para crear una congregación? ¿Para curar enfermos? ¿Para enseñar? Todo esto suena muy bien, más no es lo correcto.
Jesús tenía una misión última y única al venir a este mundo: Salvar a los hombres. Todo lo demás resulta añadidura.
Nada más importaba, nada más era relevante. Sanar, predicar, dialogar, reclutar apóstoles, debatir e incluso vivir era secundario.
Por eso Jesús no se entretuvo en argumentar su defensa.
Y es que… ya todo estaba dicho. Lo que restaba en pos de la misión salvadora de hombres ya no era hablar sino aguardar.
¿Qué aportaban más palabras a la misión? Nada.
¿Que hubieran agregado más años de vida al evangelio? Solo más hojas.
Más lo verdaderamente importante era morir. Ese era el requisito último para abrir las puertas del cielo. No había que distraerse en nada que no apuntara en esa dirección.
Esta es la gran cuidad de Jesús como líder, apegarse a la misión a rajatabla. No evitarla, no olvidarla, no posponerla, no nada… Tan solo cumplirla.
Si después de predicar solo restaba morir para sellar la obra, pues venga… ¡A hacerlo! Con todo lo que eso implique.
¿Cuantos de nosotros tenemos clara nuestra misión en la tierra con tal claridad? ¿Cuantos de nosotros tenemos la disciplina necesaria para apegarnos a nuestra vocación? ¿Cuantas oportunidades se nos presentan en la vida para posponer lo verdaderamente importante? ¿Cuando fue la última vez que dedicamos tiempo a hacer lo prioritario y no solo lo urgente?
Definitivamente es mucho lo que cada día aprendo de mi Señor… ¡El líder de líderes!

The Catholic Way (II)

27 septiembre 2011

Ayer les platicaba sobre el concepto “The Catholic Way” (al estilo católico) y de cómo lo utilizo para tratar de describir la forma en cómo los católicos nos acercarnos a distintos ámbitos de nuestra vida (educación, familia, empresa, trabajo, etc..)

Bueno, pues hoy me permitiré profundizar un poco más en cual es, a mi parecer, el principio que rige la perspectiva católica de la vida y que es el fundamento mismo del concepto “The Catholic Way”.

Lo que expondré no es nada inventado por mi, es simplemente un repaso del  principio universal que el mismo Jesucristo nos recordó hace más de 2,000 años. Y digo “nos recordó”, por que no significaba que antes de Él este principio no existiera, pero parecería que a los hombres les resulta relativamente fácil olvidar con el tiempo lo que es verdaderamente importante para su propia conveniencia.

Aquí mi explicación…

The Catholic Way significa tratar de incorporar a nuestra perspectiva del mundo un único principio. Uno que se lee una y otra vez en cada página de los evangelios. Quien es católico, lo es, por que está atendiendo a dicho mandamiento y como tal lo ejerce en su día a día.

¿Cómo entender lo que debe ser la política para un católico? ¿Cómo saber si mi empresa cumple con lo que Jesús espera de ella? ¿Como católico cual debe de ser mi postura ante temas sensibles como aborto, eutanasia u homosexualidad? ¿Que significa que una escuela es católica? ¿A qué me comprometo al decir que soy católico?

The Catholic Way hace referencia a cual es el estilo de vida de quienes seguimos a Cristo a través de la guía de la Iglesia Católica.

¿Cómo estudiamos los católicos? ¿Cómo hablamos los católicos? ¿Cómo trabajamos los católicos? ¿Cómo hacemos negocios los católicos? en fin… ¿Cómo somos los católicos ante la vida en general?

The Catholic Way bien podría ser una manera de describir cómo es que los católicos vemos al hombre, a la sociedad, al mundo y al universo entero, y además como nos comportamos ante esas realidades.

El principio que rige al Catholic Way no es algo desconocido, al contrario es una ley universal que todos, absolutamente todos los seres humanos aceptamos como válida. El punto es que los Católicos nos comprometemos especialmente con su cumplimiento y observación. No solo la tratamos de ejercer todos los días, sino que vamos más allá y tratamos de difundirla… Cristo nos ha instado a hacerlo.

Por eso The Catholic Way es el término que yo utilizo para describir la misión que tenemos todos los que nos decimos ser seguidores de Cristo a través de la Iglesia Católica de atender, vivir y promover el siguiente principio:

“Amar a Dios a través del amor al prójimo por sobre todas las cosas” 

Las universidades católicas, enseñan este principio. Las empresas católicas construyen riqueza económica y social tomando como base este principio. Las familias católicas, incuban en su seno este principio. Los científicos católicos, investigan el mundo preservando este principio. Los políticos y gobernantes católicos, crean leyes que velan por este principio. Los grupos de voluntariado católico, ejecutan vivamente este principio. Los comunicadores católicos, hablan e informan cuidando este principio. Los médico católicos, sanan y curan por que les apasiona este principio. Los sacerdotes católicos, entregan su vida por este principio.

No es nada nuevo… ¿lo ven?

Es el mismo mensaje de siempre. Ese que ya todos conocemos y que nos enseñaron en la escuela una y otra vez.

The Catholic Way simplemente es una referencia a un grupo de personas (los católicos) que construimos nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras empresas, nuestra organizaciones, nuestros grupos sociales, nuestro mundo, tomando como base siempre ese principio.

Los Católicos somos, en conclusión, un grupo de personas que habiendo escuchado de boca de Jesucristo la invitación a amar a Dios, nuestro Padre, a través del amor al prójimo, sus hijos, nos hemos dado a la tarea de volvernos locos en llevar dicha misión al límite de la pasión.

Si tu amas a Dios y a tu prójimo como a ti mismo… ¡Estas actuando, en definitiva… al estilo católico! 


Así sufrió…

25 febrero 2011

Hoy me puse a acomodar y depurar unos papeles en mi oficina y resulta que de entre ellos rescaté un documento que imprimí hace ya algún tiempo.

Se trata de una descripción que el Dr. Jean Barbet, médico cirujano y estudioso de la Sábana Santa, hace sobre el sufrimiento que Jesús debió de haber vivido camino a la muerte en cruz.

Volví a leer el documento y les confieso que no dejé de sentir frío y dolor en cada una de las palabras del texto.

Lo especial de este documento es que el Dr. Barbet, desde su perspectiva como médico, nos describe todos los detalles físicos que el cuerpo de nuestro Señor experimentó a cada momento de su pasión. El relato nos acerca como pocos al verdadero dolor de la crucifixión.

Me permite a continuación transcribir el texto para todos aquellos que quieran entender mejor el gran sacrificio que Dios, en la persona de Jesús, hizo por la humanidad:

“Yo soy sobre todo, un cirujano. Durante mi carrera profesional he estudiado a fondo la anatomía, ya que durante trece años he vivido en compañía de cadáveres practicando autopsias y por mucho tiempo he dado clases. Creo que puedo, por tanto escribir sin exageraciones.

La agonía en el Getsemaní
Jesús, entrando en agonía en el Getsemaní – escribe el evangelista Lucas – oraba cada vez más intensamente. Y comenzó a sudar “como gotas de sangre” que caían hasta la tierra. Es curioso que el único evangelista que reporta el hecho es un médico. Lucas. Y lo hace con la precisión de un médico. El sudar sangre o hematidrosis, es un fenómeno rarísimo que se produce en condiciones excepcionales. Para provocarlo se requiere un estado de postración física, acompañada de una violenta sacudida moral a causa de una profunda emoción o un gran miedo.

Tal tensión extrema produce la ruptura de las finísimas venas capilares que están por debajo de las glándulas sudoríparas y la sangre se mezcla con el sudor que brota y se acumula sobre la piel; después corre por todo el cuerpo hasta caer por tierra. Esto deja la piel del que lo padece sumamente sensible, el más leve roce arranca agudos dolores. Es como si la llaga estuviera por debajo de la piel.

Es el terror, el espanto, la angustia terrible de sentirse cargado de todos los pecados de los hombres lo que deben haber golpeado a Jesús.

La flagelación
Conocemos la farsa del proceso montado por el Sanedrín hebreo, el envío de Jesús a Pilatos y el jugueteo entre el procurador romano y Herodes. Al fin Pilatos ordena la flagelación de Jesús. Los soldados despojan a Jesús de sus vestiduras adheridas a la piel por el sudor de sangre, y sin ningún miramiento lo atan por las muñecas a una columna en el atrio del palacio de la Torre Antonia, donde se hospeda el procurador. Para la flagelación se utilizan los “flagelum”, que son látigos de varias tiras de cuero a cuyo extremo se amarraban dos bolitas de plomo o unos huesecillos que arrancan la piel a cada golpe.

Se sabe que la pena de la flagelación para un romano era máximo 39 azotes (IXL), pero para los no romanos no había límite, muchos morían. Y en este caso ¿a quién le importaba la vida de un pobre loco?

Las marcas en la Sábana de Turín son incontables; la mayor parte de los latigazos está sobre las espaldas, sobre la columna y sobre la región lumbar, aunque también hay sobre el pecho.

Los verdugos para las flagelaciones solían ser dos, uno de cada lado, en el caso de Jesús y por los vestigios de la Sábana Santa deben haber sido de complexión desigual uno alto y el otro más bajo, incluso es posible advertir que uno de ellos fue más cruel que el otro, golpeando en el mismo sitio, mientras que el otro repartió más los golpes. Ellos golpearon sin piedad aquella piel ya alterada por millones de microscópicas hemorragias del sudor de sangre, ellos golpean la piel, se abre y la sangre salpica.

A cada golpe Jesús se estremece en un sobresalto de dolor. Las fuerzas les abandonan: un sudor frío le humedece la frente, la cabeza le gira en un vértigo de nauseas, fuertes temblores le recorren la columna. Si no estuviera amarrado muy en lo alto por los puños, hubiera caído desmayado en un charco de su sangre.

La coronación
Después la burla de la coronación. (Con largas espinas, más duras que las de la acacia) Los soldados tejen una especie de casco, cono un nido de pájaro hecho de espinas y se lo ponen en la cabeza. Las espinas se entierran en el cuero cabelludo y lo hacen sangrar (los médicos saben cuánto sangra el cuero cabelludo).

La Sábana revela además que un fuerte golpe de pastón, dado oblicuamente, dejó sobre la mejilla de Jesús, una horrible herida contusa; la nariz se deformó por una fractura del cartílago.

El camino
Pilatos, después de haber mostrado a aquel hombre destrozado a la masa enfurecida, se lo entregó para la crucifixión. Cargan sobre la espalda de Jesús el grueso y áspero tronco que será el brazo horizontal de la cruz; éste pesa al menos una cincuentena de kilos. El palio vertical esta ya clavado sobre el Calvario. Jesús camina con los pies descalzos, por los caminos irregulares y llenos de pedruscos. Los soldados lo tiran con cuerdas. El recorrido, afortunadamente, no es muy largo, cerca de 600 metros. Jesús camina fatigosamente y tropieza con frecuencia; muy seguido cae sobre las rodillas. Y la espalda de Jesús está abierta de heridas. Cuando él cae por tierra la viga se le resbala y le desgarra la piel del dorso.

La crucifixión
Sobre el Calvario ha iniciado la crucifixión. Los verdugos, desnudan al condenado, pero su túnica se ha metido en las heridas y quitarla es atroz. ¿Alguna vez han quitado la gasa de una herida grande y contusa? ¿No han sufrido ustedes mismos esta prueba que en ocasiones requiere anestesia general? Entonces se podrán dar cuenta de qué se trata.

Cada fibra de tela adherida a la carne viva; al levantar la túnica, se lastiman las terminaciones nerviosas puestas al descubierto por las heridas. Los carniceros dan un jalón violento. Es inexplicable que ese dolor atroz no le provocase un síncope.

La sangre vuelve a brotar; Jesús es tendido de espalda sobre la tierra. Sus heridas se llenan de polvo y arenilla. Lo extienden sobre el brazo horizontal de la cruz. Los verdugos toman las medidas. Hacen un giro con una especie de taladro en el leño para facilitar la penetración de los clavos.

El verdugo toma un clavo (largo y cuadrado de unos 15-22 cm). Lo apoya sobre la muñeca de Jesús, con un golpe seco del martillo lo hunde y lo clava fijamente sobre el leño: ¡horrible suplicio! Jesús debe haber contraído el rostro espantosamente. En el mismo instante su pulgas, con un movimiento violento se encogió sobre la palma de la mano; el nervio mediano fue lesionado. Se puede imaginar aquello que Jesús debe haber sentido: un dolor lacerante, aquel provocado por la herida de gruesos troncos nerviosos. Comúnmente provoca un síncope, al menos hace perder la conciencia. En Jesús no sucedió. Si al menos el nervio hubiese sido contado por completo ya no tendría sensibilidad, pero en vez de esto el nervio fue destruido sólo en parte: la lesión del tronco nervioso permanece en contacto con el clavo: cuando el cuerpo sea suspendido sobre la cruz, el nervio se tensará fuertemente como una cuerda de violín sobre el puentecillo. Con cada sacudida y cada movimiento, vibrará reavivando los dolores más terribles. Un suplicio que durará tres horas.

El verdugo y su ayudante empuñan el extremo de la viga; levantan a Jesús poniéndolo primero sentado y después en pie; de hecho lo hacen caminar hacia atrás , lo adosan al palio vertical. Después rápidamente fijan el brazo horizontal de la cruz sobre el palo vertical. Las espaldas de la víctima se han frotado dolorosamente sobre el leño rugoso. Las puntas cortantes de la gran corona de espinas han lacerado el cráneo. La cabeza de Jesús debió estar inclinada hacia delante, dado que el caso de espinas le impedía apoyarse en el leño. Cada vez que el condenado levanta la cabeza, reinician los piquetes agudísimos.

Le clavan los pies…
Es mediodía. Jesús tiene sed. No ha bebido desde la tarde precedente. Los ligamentos se tensan, el rostro es una más cara de sangre. La boca está semiabierta y el labio inferior comienza a colgar. La garganta, seca, le raspa, pero Él no puede deglutir. Tiene sed. Un soldado le tiende, sobre la punta de la caña, una esponja llena de bebida agridulce, de uso entre los militares. Todo aquello es una tortura atroz.

Un extraño fenómeno se produce en el cuerpo de Jesús. Los músculos de los brazos se ponen rígidos en una contracción que va acentuándose: los músculos deltoides, los bíceps, están tensos e hinchados, los dedos se encorvan. Se trata de un enfermo herido repentinamente de tétanos, en camino a esas horribles crisis que no se pueden describir. Aquello que los médicos llaman tétanos. Provoca los calambres, se generalizan: los músculos del abdomen se ponen rígidos en ondas inmóviles; después, los intercostales, los del cuello y los respiratorios. El respiro se hace, poco a poco, más corto. El aire entra con un silbido, pero no logra volver a salir.

Jesús respira con un ápice de los pulmones. Tiene sed de aire: como un asmático en plena crisis, su rostro pálido poco a poco se pone rojo, después se decolora en el violento púrpura y al final verdusco.

Jesús herido de asfixia, se sofoca. Los pulmones, llenos de aire, ya no se pueden vaciar. La frente está brillante de sudor, los ojos salen fuera de las orbitas. ¡Qué dolores tan atroces deben haber martillado su cráneo!

¿Pero qué cosa sucede? Lentamente con un esfuerzo sobrehumano. Jesús ha encontrado un punto de apoyo sobre el clavo de los pies. Haciendo fuerza, y con pequeños empujoncitos, se impulsa aligerando la tracción de los brazos. Los músculos del tórax se distensionan. La respiración se hace más amplia y profunda, los pulmones se vacían y el rostro recupera el pálido primitivo.

¿Para qué este esfuerzo? Porque Jesús quiere hablar: “Padre, perdónales, no saben lo que hacen “

Después de un instante el cuerpo vuelve a aflojarse y la asfixia vuelve. Fueron registradas siete frases pronunciadas por Él en la cruz; cada vez que quiere hablar, deberá elevarse manteniéndose recto sobre los clavos de los pies; ¡inimaginable el sufrimiento!

Nubes de moscas, gruesas moscas verdes y azules, zumban alrededor de su cuerpo; se le acercan al rostro, pero Él no puede espantarlas. Después de un rato, el cielo oscurece, el sol se esconde; de un golpe la temperatura se baja.

Dentro de poco serán las tres de la tarde. Jesús lucha siempre; de cuando en cuando se levanta para respirar. Es la asfixia periódica del infeliz la que lo acaba. Una tortura que dura tres horas.

Todos los dolores, la sed, los calambres, la asfixia, las vibraciones de los nervios medianos, lo hacen soltar un lamento “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?”
A los pies de la cruz estaba la Madre de Jesús. ¿Pueden imaginar el dolor qué Ella probó?

Jesús grita: “¡Todo está cumplido!”

Después, con una gran voz dice: “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”.

Y muere”

Extracto Del libro de Mons. Fausto Rossi, “todavía en el Getsemaní, Él busca el amor” 1986

Fuente de la transcripción: Catholic.net (http://es.catholic.net/religiosas/541/1876/articulo.php?id=17338)


Un mensaje que vale la pena recordar…

9 junio 2010

Hay mensajes que ya conocemos pero que vale la pena volverlos a recordar una y otra vez… Este es uno de ellos.


¿En que conviertes lo que tocas?

27 mayo 2010

De todos es conocida la historia de aquel Rey que fue dotado con el poder de convertir en oro todo cuanto tocaba, el famosísimo “Rey Midas”.

Y aunque dicha fábula tienen como objetivo principal brindarnos una lección sobre las consecuencias negativas de tener una ambición desmedida de riqueza, deseo aprovechar dicho cuento desde una perspectiva diferente.

Querido lector, te pregunto…

¿En que conviertes todo los que tocas?

Nuestro pobre amigo Midas tenía una concepción muy marcada de la vida: todo debía de ser medido por la métrica de la riqueza. Así, su más grande sueño era ser el hombre más rico del mundo. Por eso cuando tuvo la oportunidad de pedir un deseo, inmediatamente solicitó poder convertir en oro todo lo que tocara.

Pues bien, ¿Cual es tu más grande sueño? ¿Cual es tu anhelo? ¿Cual es tu métrica de la vida?

En mi caso, por ejemplo, mi anhelo más arraigado es tratar de ser el mejor formador de talentos del planeta. Y en este mismo anhelo está mi respuesta a la pregunta que recién formulé.

Yo, todo lo convierto en enseñanza, en estudio y en lección. Ese es mi don. Todo cuanto llega a mis manos, sea un nuevo proyecto, un nuevo producto, un nuevo libro, una película, una charla con un amigo, un nuevo trabajo, un programa de TV, una palabra que escucho aleatoriamente en la calle, etc… todo lo convierto en “formación”. Para mi, es una especie de obsesión aprender y enseñar, aprender y enseñar, aprender y enseñar, una y otra vez. Así, al igual que el Rey Midas, quien todo lo convertía en oro, yo todo lo convierto en “lección”.

Mi hermana, por ejemplo, es fotógrafa profesional y todo cuanto toca lo convierte en “imagen”. Para ella todo puede ser definido en instantes de belleza. Su más grande anhelo es poder dar un gran mensaje de amor en el mundo por medio de la fotografía. Siempre, vayamos a donde vayamos, irá acompañada de su cámara de fotos. Así, su don es convertir todo en“fotografía”.

¿Otro ejemplo? Mi esposa. Ella todo lo convierte en “maternidad”. Desde niña, su más grande anhelo era ser mamá y formar una familia. Sin duda alguna es la mejor esposa y la mejor madre que jamás hubiera yo podido encontrar. Y es justamente este su don, la meternidad. Todo en ella es organización, unión y entrega. Con sus amigas, platica siempre de hijos, cuando ha querido emprender un negocio, lo hizo de productos para niños, en internet navega sobre temas de “mamás e hijos”, tiene predilección por una revista en particular pues le encanta leer las entrevistas de mamás famosas y sus familias…. En fin, todo lo que toca lo vuelve “maternal”.

Es lógico. Cada quien tiene un don diferente. De acuerdo a lo que anhelas, a lo que sueñas, a lo que aspiras es lo que  conforma tu perspectiva personal de la vida. Y esa visión particular del mundo hace que cuando lo toques lo conviertas en eso que tanto sueñas. Es tu don único y especial concedido por Dios.

Por eso te vuelvo a preguntar… ¿En que conviertes lo que tocas?

Nota: Post publicado desde mi blog El Disruptivo.


Aviso

22 agosto 2009

Amigos… dado que emprendo una pequeña misión académica la semana que viene les pido un disculpa si es que no publico de manera tan constante en los próximos días. Aunque estaré llevando mi inseparable computadora conmigo (por cierto, soy MAC de corazón) no puedo garantizar que tenga mucho tiempo para estar publicando diario. Estaré un tanto ocupado entre pláticas, conferencias, tours guiados, etc…

De qué es el curso… “Innovación y Tecnología”

En donde lo estaré tomando… “Sillicon Valley, California”

¿A que se debe esto?…. Pues resulta que además de ser un fan de mi fe, también soy un fan de la la innovación y la creatividad.

En especial me apasiona el potencial creativo con que Dios dotó al ser humano. La creatividad es la clave para transformar al mundo.

Si a alguien le interesa charlar y divagar conmigo de estos temas, les comento que estoy lanzando un nuevo blog llamado “El disruptivo”. Los invito a que me sigan también por ahí.

Luego les platico como me fue.


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