Ser papá

30 octubre 2014

Ponerle acento a la última “á” del título de este post es relevante.  Y es que hoy no voy a hablar del Papa (Francisco) sino más bien del arte de ser  papá (padre de familia).

Navegando por internet para tratar de encontrar algo de información sobre el asunto de la paternidad me percato que es poco lo que se dice sobre esta materia.

Existen cientos de blogs y sitios que nos refieren al significado de ser mamá con tips, consejos y hasta comunidades de apoyo, pero si uno busca algo similar en ámbito de la paternidad, los resultados apenas y se referirán a unos cuantos artículos o publicaciones aisladas.

Como hombre y padre de tres hijos en ocasiones siento que esta tarea resulta en un autentico ejercicio para el propio temple personal. Caso contrario a lo que sucede con las mujeres en quienes parecería que la maternidad es un asunto por demás natural.

Mi esposa, por ejemplo, me cuenta que desde que tenía tres años de edad ya soñaba con llegar a ser mamá y además jugaba a practicar esta actividad con sus muñecas y amigas. Cuando nació nuestra primer hija, el mismo pediatra al que acudimos para que le hiciera su primer revisión de salud, le hizo el comentario a mi mujer que por la forma tan rápida y excelente en que cambiaba los pañales y la facilidad para lograr algunas actividades con nuestra bebe (como aprender a darle de comer por primera vez) no pareciera que fuera una mamá primeriza. Juraría que la primer palabra que aprendió a decir mi esposa fue justamente “mamá”, pero esto obedeciendo al deseo de querer serlo desde temprana edad.

Sin embargo en mi caso, la paternidad jamás fue un tema prioritario durante mi niñez ni mucho menos en mi juventud. El primer momento en que empecé a asumir este asunto como una nueva disciplina en mi vida fue el día que me enteré que lo iba a ser cuando concluyera una periodo de nueve meses.

Aceptémoslo, ser papá no es actividad fácil. Tampoco podemos pretender que el mundo se vuelque a enseñarnos a serlo (¿Se pueden imaginar una “Expo Papá”?). Pero eso no le resta grandiosidad ni hermosura a la misma. La posibilidad de ser papá es el regalo más grande de Dios hacia los hombres.

Los hombres, dejando todo nuestro orgullo a un costado, deberíamos comenzar por aceptar que la paternidad es, por mucho, uno de los ámbitos donde más hemos de aprender y recibir más consejo. Yo, como mentor juvenil, he asesorado a cientos de jóvenes a lo largo de mi vida y siempre encuentro que la figura paterna termina teniendo muchas implicaciones en la manera como los hijos entienden la realidad.

En este sentido, me parece que nuestra Iglesia es un buen lugar para aprender.

Dios, como la figura paterna por excelencia, es el mejor referente de lo que debemos de hacer los hombres para aspirar al buen desarrollo de nuestra misión patriarcal. Estudiar la relación de Dios con los hombres es estudiar el origen de la paternidad misma.

Un buen padre es quien trabaja (en toda la extensión de la palabra) por entregarle al mundo futuros buenos padres. Por lo menos así entiendo yo mi misión paternal: hacer que  mi hijo varón sea un buen padre en el futuro y que mis hijas mujeres sean buenas madres.

Una buena paternidad, dará como resultado una gran autoestima en nuestro hijos. Una mala paternidad provocará la imagen opuesta.

No soy psicólogo ni psiquiatra, pero si soy hijo y ahora soy padre y con eso me basta para darme cuenta que la paternidad es, definitivamente, la relación que más construye el futuro de una nación.

 

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Amar es…

2 septiembre 2013

Aquí una frase sencilla, pero poderosa:

“Amar significa, en última instancia, estimular el desarrollo del ser amado…”

Un acto de amor se puede llamar como tal, si la persona a la que se destina dicha acción amorosa, experimenta un desarrollo en su ser como resultado de tal acto.

Si hacemos algo por una persona, pero ese alguien no crece y se engrandece en el proceso, lamentablemente no hubo amor en nuestro acto.

Es por lo anterior que, contrario a lo que se podría pensar, no todo acto de entrega, servicio y sacrificio se puede llamar amor, pues si para que el ser amado crezca hay que retener, quitar o dejar, entonces estas últimas también podrían considerarse como actos generoso (y dolorosos) de amor.

Esta reflexión puede sonar dura y contradictoria, pero me parece que es muy cierta.

Esta es la razón por la que un padre que ama a su hijo, puede encontrar en la disciplina, la abstención y la negación fuentes de amor. Pues es en la imposición de los límites en donde sabe que su hijo, el ser amado, se desarrollará.

Amar no solo es dar, sino más bien dar para desarrollar.


Amar

2 diciembre 2011

Vuelvo a insistir…. (y perdón si soy demasiado obstinado con el tema, pero es  fundamental decirlo cientos de veces)

“Ser católico, por sobre cualquier otra razón, implica amar al prójimo”

Y amar significa…. “descentrarnos“.

Les comparto este video que me parece refleja de una manera bastante conmovedora lo que significa amar.

¿Cuanto es capaz de hacer un padre por su hija?

No se trata de pedirle al mundo que se amolde a nuestras necesidades e intereses, sino de nostros adaptarnos a las necesidades del mundo.

Aprendamos a observar y a escuchar a nuestros seres amados con todo y sus defectos. Eso es el amor.


Te estoy viendo…

1 marzo 2011

¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar en la influencia que tenemos en nuestros pequeños? Este video me sacó hasta la más remota lágrima.

Como alguna vez alguien me comentó… “Los mayores somos el espejo en el que se reflejan las nuevas generaciones” . Como padre me siento con la enorme responsabilidad de ser mejor persona primero yo, para luego provocar que mis hijos también lo sean.


Ser un buen padre

11 agosto 2010

Esta noticia de que voy a ser papá por tercera vez, me a puesto a meditar mucho en el tema de la paternidad.

No me considero en absoluto un papá perfecto (¿Quien si podría hacerlo?) pero si puedo decir que soy alguien que constantemente se cuestiona sobre cómo lo hago todos los días.

Como buen hombre (estadístico y con tendencia al rendimiento) podría pensar que debería de existir un “índice de rendimiento de la buena paternidad”. ¿Cómo sería este índice? ¿Qué tendríamos que medir para calcularlo? Sería acaso el número de horas dedicadas a un hijo en el día, o el número de hijos graduados de la universidad, o por que no mejor el porcentaje de cumplimiento de metas personales por hijo, o mejor nos vamos por la cantidad de hijos casados y felices. Mmmmm… No creo que nada de eso ayude del todo.

Creo que lo que debería de medir este índice (si es que esto pudiera ser medido) para saber si uno es un buen padre tendría que ser el “nivel de  acercamiento o alejamiento de cada hijo a su propia vocación”. Para mi eso lo diría todo.

Creo que mi labor como padre es y será lograr que mis hijos puedan realizar tanto su vocación universal como su vocación particular. Como vocación universal (que todos los seres humano tenemos por igual)  entendería que mi objetivo es acercar a mis hijos a Dios a través de acercarles al prójimo. Como vocación particular (el llamado único y especial de Dios hacia su persona) lo único que puedo hacer es ayudarles a encontrarla y motivarles y ayudarles a seguirla.

Muchos padres cometen el error de querer imponer una vocación a su hijo, no por intentar hacerles un daño, sino por tratar de ofrecerles un camino seguro que a estos mismo padres ya les funcionó en su vida. Pero esto solo conlleva a un desvío del camino personal y único y  da como resultado hijos que, aunque seguramente serán exitosos en lo profesional, no lo serán en lo vocacional y esto es una receta segura para la infelicidad.

Un hijo debe de encontrar y seguir su propia vocación, la que Dios le ha llamado a seguir. Sea cual sea que este fuere. Si reconocemos que Dios nos habla de manera particular, entonces debemos de aceptar de igual manera, que Él mismo le pide una vocación a cada ser humano que nace en esta tierra. La labor de un padre pues es ayudarle a su hijo a reconocer la verdad de esta voz.

Entender esto es mucho más fácil para una madre que para un padre, ya que la mujer nunca olvida, por su propia naturaleza, que la entrega al prójimo es la medida única de la felicidad. Los hombres solemos, en cambio, confundir erróneamente felicidad con dinero, éxito, fama o triunfo personal. (Tal vez por nuestro afán de poderlo cuantificar todo)

¿Cómo medir si somos buenos padres? ¡Imposible hacerlo numéricamente! El único indice que nos puede mostrar si estamos logrando esto o no, es leyendo el rostro de nuestros hijos. ¿Qué dice este rostro? “Estoy siguiendo mi camino de vida, mi vocación y me siento pleno por ello” o “Me siento perdido y no encuentro rumbo”. Papá, no tengas miedo, ve y pregúntale. Probablemente es la encuesta más importante que realizarás en toda tu vida.

En resumen, un buen padre es quien está ahí, no para imponerle un camino a su hijo,  sino para ayudarle a descubrir el suyo propio.


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