Oye Papá (X)

15 julio 2010

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Cual es exactamente la labor de un obispo ?

Papá: Ah! Los obispos son fundamentales en la estructura de nuestra Iglesia. Ellos son, en una manera muy simple de entender, los sucesores de los apóstoles de Jesús. Es decir,  son los encargados últimos de continuar con la misión evangelizadora que nos dejó Jesús en el mundo.

Hijo: ¿Y si a los apóstoles los eligió Jesús en su momento, quien elige a los obispos ahora?

Papá: A los obispos los elige a quien Jesús estipuló debería de ser el líder de todos los apóstoles y futuros obispos, el apóstol Pedro y su respectivo sucesor, el Papa, quien de hecho es el obispo de Roma.

Hijo: O sea que el Papa es quien nombra a los obispos.

Papá: Si, y además les designa cual será su territorio de gobierno (jurisdicción) o lo que es lo mismo, su diócesis. Un Obispo es el líder de una diócesis o territorio diocesano.  Y al igual que en un país, existen gobernadores que regulan y velan por el bien de un determinado territorio, los obispos están repartidos por todo el mundo liderando los distintos territorios del planeta en donde habitan los católicos.

Hijo: ¿Cuantos obispos hay en el mundo?

Papá: Casi 5,000 pero es un dato que varía constantemente pues el Papa ordena obispos constantemente y reorganiza las diócesis según sea más conveniente para hacer más eficiente  la labor pastoral de una región o país.

Hijo: Entonces podemos decir que ser un obispo es una gran responsabilidad ¿no es así?

Papá: Desde luego. Tienen en sus manos las decisiones que harán que los fieles de su diócesis se acerquen más a Cristo y a sus preceptos. Es por eso que el obispo es la autoridad máxima a la que los sacerdotes acuden para conocer cuales son las disposiciones a seguir para su trabajo pastoral diario.

Hijo: ¿Y los obispos también imparten sacramentos como cualquier sacerdote?

Papá: Si,  nunca dejan de ser sacerdotes y como tal no dejan de preocuparse por atender a los fieles directamente, aunque la gran mayoría dedica más tiempo a intentar lograr que sean los sacerdotes que dependen de ellos, quienes se vuelvan más eficientes y capacitados para cumplir mejor la función de la atención directa a los católicos del mundo.

Hijo: ¿Y  también ofician misa?

Papá: Desde luego, como sacerdotes que son no pueden dejar de hacerlo. De hecho, las catedrales son los templos a donde normalmente acudimos los católicos para escucharles oficiar la santa misa. Las catedrales son las sedes espirituales y físicas desde donde trabajan sacramentalmente los obispos.

Hijo: Que interesante Papá…

Papá: Así es hijo, la Iglesia está gobernada por el conjunto de todos los obispos del mundo a quienes a su vez dirige y lidera el obispo de Roma, el Papa.

Hijo: Recemos por ellos papá. Para que puedan hacer bien su trabajo.

Papá: Es de suma importancia hacerlo, ya que su ejemplo y santidad es indispensable para lograr la implementación del Reino de Dios en la tierra.

Hijo: Vayamos de regreso a casa a decirle a mamá que el próximo domingo iremos a misa a la catedral para aprender directamente de nuestro obispo la palabra de Dios.

Papá: Me parece una excelente idea.


Oye papá… (IX)

9 mayo 2010

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Qué es una secta?

Papá: Una secta, hijo, es un grupo de personas que deciden separarse de una religión para seguir de una manera diferente, y generalmente contraria, los principios de dicha religión.

Hijo: O sea que es gente que se separa de la Iglesia

Papá: Lamentablemente si. Pero lo hacen por un desconocimiento real y comprometido de la misma Iglesia de la que se separan. Nadie puede amar lo que no conoce.

Hijo: Pero… ¿y que diferencia existe entonces entre una religión y una secta?

Papá: La segunda es una división pequeña de la primera y tiene como característica que son fundadas por hombres, mientras que las religiones fueron fundadas por Dios mismo.

Hijo: Pero si están fundadas por personas ¿deben de tener muchos defectos?

Papá: Desde luego. Dado que el hombre mismo es falible, nada que sea fundado por él puede ser perfecto. Por ejemplo, una de las sectas más famosas es la de los Testigos de Jehová que fue fundada por un americano llamado Charles Taze Russel, quien tras mal entender las escrituras bíblicas, propuso ideologías contrarias al cristianismo.

Hijo: ¿Cómo qué ideologías papá?

Papá: Por ejemplo, los integrantes de esta secta argumentan que  Cristo vendrá una vez más a poner paz en el mundo.

Hijo: ¿Y según ellos cuando será esto?

Papá: Pues ya han ajustado la fecha varias veces. Al inicio decían que esto iba a suceder en 1843, pero una vez que esto no sucedió, entonces cambiaron la fecha a 1874. No habiendo acertado nuevamente pospusieron la fecha para 1914. Pero tampoco volvió a suceder nada. Esto prueba que todo se trata de una construcción ficticia de hombres que se han equivocado en el camino y que buscan engañar.

Hijo: Pero, si ya se demostró que están mal… ¿Por qué siguen existiendo?

Papá: En gran parte porque les representa un gran negocio. Mucha gente se aprovecha de la inocencia de los más necesitados y lucra con su fe. La mayoría de las personas que se separan de la madre Iglesia par irse a estas sectas es por que no tenían bien cimentada en roca firme su espiritualidad. De hecho, tiempo después de haber fundado esta secta, Russel fue denunciado por haber intentado vender “trigo milagroso” y “frijoles milenarios”. Tenía, a todas luces, intenciones económicas oscuras que lo llevaban a estafar a la gente.

Hijo: ¿Y que hace la Iglesia Católica para evitar esto papá?

Papá: La respuesta está más bien en lo que hacen “los católicos”. Primero, cada católico debe de comprometerse a profundizar en el estudio de su fe. Para eso sirve el catecismo. El catecismo de la Iglesia católica es un libro que explica claramente cómo se debe de interpretar la Biblia correctamente. Es la mejor fuente de aprendizaje. Y por otro lado, una vez que hemos fortalecido nuestra fe, es nuestro deber  ir a predicar la verdad. Por eso existen cientos de miles de misioneros que viajan por todo el mundo, especialmente a las comunidades más desprovistas del planeta, para llevar la verdadera palabra de Dios.

Hijo: Eso me hace recordar que la otra vez tocaron a la puerta de nuestra casa unas personas que querían hablar sobre una nueva manera de leer la Biblia. Mamá me dijo que eran justamente Testigo de Jehova ¿Que debemos hacer en estos casos?

Papá: Lo que debes de hacer es, con toda la cordialidad del mundo, indicarles que tu casa y la familia que vive ahí es Católica y que no desean recibir propaganda de otras sectas.

Hijo: Eso es justamente lo que hizo mamá… pero ellos insistieron mucho.

Papá: Nuestro deber es también insistir en defender nuestra fe. Lo que estas personas buscan es intentar tener una oportunidad para hacerte dudar. De hecho, lo primero que van a procurar a hacer, si les dejas entrar, es poner en duda tus actuales creencias. Diciéndote que lo que siempre has creído está mal y que ellos te pueden demostrar, con Biblia en mano, la verdad (Vale la pena mencionar que su versión de la Biblia está completamente distorsionada). Pegándole a las bases de la columna es más fácil derrumbar el edificio.

Hijo: Mamá no les permitió entrar… de hecho, a partir de ese día, puso una estampa en la parte exterior de la puerta que dice “Esta casa es católica y no acepta propaganda de otras sectas”. La imagen tiene una virgen de Guadalupe.

Papá: Si, lo se. Eso decidimos hacer en casa para dejar en claro cual es nuestra posición.  A raíz de eso ya no han vuelto a regresar. La Virgen, como siempre, nos protege.

Hijo: O sea que lo importante es no dejarse enredar por sus argumentos.

Papá: Si tienes la preparación suficiente para resistir sus embates puede ser que logres convencerlos, pero la verdad no tiene caso dialogar con quien no quiere oír. Además, nuestra fe católica tiene como fundamento el amor y este se enseña mucho mejor con el ejemplo más que con las palabras.

Hijo: Pero si podemos rezar por ellos y por su re conversión.

Papá: Desde luego que si. Nuestro deber es respetarlos al mismo tiempo que pedirles respeto y poner el medio de la oración para pedirle a Dios que les ayude a volver a encontrar la luz.

Hijo: No me gusta que se metan con mi fe.

Papá: No, ni a mi tampoco.

Hijo: Vayamos a casa a agradecerle a mamá por haber protegido la fe de nuestra familia.

Papá: Es lo menos que podríamos espera de la mujer que más nos ama en el mundo ¿No lo crees?


Oye papá… (VIII)

4 marzo 2010

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Qué significa hacer apostolado?

Papá: Apostolado, hijo, viene de la palabra apóstol lo que implica que quien hace un apostolado se convierte en apóstol de una causa. Esto implica que trabajas por lo que amas sin esperar nada a cambio. Trabajas por amor.

Hijo: ¿Osea que el apostolado es un trabajo?

Papá: Se podría decir que si… pero más que un trabajo es una manera de construir el reino de Dios en la tierra.

Hijo: ¿A que te refieres con construir el reino de Dios en la tierra papá?

Papá: Pues verás… un apóstol es una persona que decide de manera voluntaria dar su tiempo y esfuerzo para predicar el mensaje de salvación de Cristo en la tierra. Todas y cada una de las obras creadas por los hombres que dan fe del amor de Cristo se puede decir que son “obras de apostolado” pues tienen como objetivo final ser un medio para que Cristo actúe en la tierra. Obras de caridad, centros de beneficencia, escuelas de catecismo, proyectos de voluntariado, movimientos católicos juveniles, congregaciones religiosas, grupos de familias y empresas católicas y muchas otras iniciativas como estas que buscan servir a Dios  sirviendo al prójimo, son consideradas obras de apostolado.

Hijo: ¿Son obras que le ayudan a Cristo a actuar en la tierra?

Papá: Totalmente. Un apostolado ayuda a que la salvación que Dios nos prometió se lleve a cabo aquí, hoy en la tierra. El mundo no es un lugar donde uno espera a ser salvado por Dios después de la muerte, esta tiene que suceder aquí mismo, en este instante y con nosotros como participantes. Por eso es tan importante hacer obras de apostolado, por que predicar el amor a Cristo en la tierra es lo más importante que podemos hacer. Un apostolado es un instrumento de Dios en la tierra.

Hijo: Y los que llevan a cabo dichas obras son apóstoles ¿verdad?

Papá: Exacto… toda persona que predica de una manera u otra el mensaje de Cristo se convierte en su apóstol.

Hijo: ¿Osea que yo puedo hacer apostolado?

Papá: Como católico comprometido, no solo puedes, sino que debes” hacerlo. No por que te obliguen sino por que es algo que tú mismo sientes la necesidad de hacer. El amor entre más se comparte más frutos da. Y al final el apóstol lo que hace es amar.

Hijo: Que bien papá… me dan ganas de platicarle esto a mi mamá. Decirle que soy un apóstol de Cristo.

Papá: La mejor manera de ser una apóstol es amando, así que si tu amas a tu mamá, estarás construyendo el Reino de Dios.

Hijo: Me gusta la idea de saber que yo también contribuyo a edificar el Reino de Dios.

Papá: A mi también… y eso es lo que me mantiene de pie y motivado trabajando por la iglesia Católica.

Hijo: Vayamos con mamá y platiquémosle durante la cena lo que hoy hemos aprendido.

Papá: Me parece una estupenda idea hijo…


Oye papá… (VII)

21 enero 2010

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Cómo puedo saber si actúo mal?

Papá: Que buena pregunta hijo. Pues verás, la respuesta sencilla y rápida sería decirte que tu conciencia es la encargada de avisarte o alertarte cuando has obrado incorrectamente. Pero así como es de sencillo decirlo, en realidad implica toda una teoría ética detrás.

Hijo: ¿A que te refieres con eso de teoría ética papá?

Papá: Pues verás… déjame explicarme un poco. La Ética es la ciencia que se encarga de estudiar el deber ser del hombre y sus acciones. Es decir, que quienes se acercan a estudiar un poco de ética pueden profundizar justamente en esa cuestión que me acabas de realizar ¿Cómo se cuando un acto es correcto o no?

Hijo: ¿Osea que la ética es la encargada de decir qué está bien y qué está mal?

Papá: No precisamente… como ya te comente hace unos momentos, tu conciencia es la mejor herramienta para poder discernir entre lo que está bien y lo que está mal. La Ética lo único que hace es estudiar cómo es que formamos nuestra consciencia para poder actuar de acuerdo al deber ser de las cosas.

Hijo: A ver si entiendo papá. Me dices que debo de obedecer a mi consciencia, misma que se encargará de orientarme sobre el actuar bien o mal de mis actos. ¿Cierto?  Y Además que existe una ciencia que se encarga de estudiar justamente esta relación entre el obrar bien o mal de los seres humano.

Papá: Así es.

Hijo: Pero me queda una duda, si la consciencia es suficiente ¿Para que tenemos las leyes?

Papá: Ah pues por que justamente la consciencia solita por sí misma no es suficiente. Al darnos la consciencia al nacer, Dios nos dotó con una excelente herramienta de discernimiento, pero esta puede sufrir, a lo largo de nuestro crecimiento, deformaciones y desviaciones producto de nuestro constante golpeteo social. Justamente la Ética nos dice que la consciencia, como tal, debe de ser formada al igual que formamos nuestra inteligencia, nuestro físico, nuestro espíritu. Si por el contrario, permitimos que nuestra conciencia quede expuesta a los embates de lo incorrecto y del pobre criterio humano sin poner medios de prevención de por medio desde temprana edad, entonces esta irá perdiendo su capacidad de orientarnos correctamente.

Hijo: ¿Pero y qué tiene que ver entonces la ley en todo esto?

Papá: Las leyes del hombre, en teoría, tendrían que estar diseñadas para procurar que la convivencia de los seres humanos en sociedad sea de acuerdo a los preceptos de lo que de por sí los seres humanos ya sabemos que es bueno desde pequeños. Dado que no todos los hombres tenemos el ambiente ni los medios idóneos para formar nuestra conciencia, y hay quienes dejan que esta se deforme con el tiempo, entonces la ley nos debe de proteger de que el mal prevalezca sobre el bien.

Hijo: Esto es sumamente interesante papá. O sea que si cumplo la ley estaré obrando igualmente de manera correcta.

Papá: Así debería de ser hijo. Sin embargo las leyes humanas tienen un gran defecto…

Hijo: ¿Cual?

Papá: Pues precisamente que son diseñadas y propuestas por los mismos seres humanos a quienes rigen. Y, dado que el ser humano por naturaleza es falible e imperfecto, entonces las leyes que dicte son susceptibles de fallar y no ser del todo correctas. Lo legal no siempre es lo correcto.

Hijo: A ver explica un poco más eso papá…

Papá: Si mira. Existen tres tipos de criterios (marcos de referencia) para saber si debes o no actuar de determinada manera. Primero hablemos justamente delo legal”. Para que algo sea legal basta simplemente que exista una ley que regule dicha acción. Las leyes, se deciden por mayoría en las cámaras parlamentarias. Una persona o varias proponen una ley y un grupo de personas facultadas para hacerlo votan su aprobación o negación.  Como ya te dije anteriormente, dado que estas leyes son humanas, no son perfectas. Para su cumplimiento se requiere de la fuerza pública y un gobierno fuerte. ¿Por qué digo que pueden fallar? Pues por que dependen del criterio de humano que a su vez es capaz de fallar.

Hijo: Entiendo.

Papá: En segundo lugar, junto a lo legal, viene  “lo conveniente”. Para que algo sea conveniente, no hacen falta la decisión de una mayoría, simplemente la aprobación personal de quien lo ve como tal. El criterio de lo conveniente lo dicta la propia persona. Así para que algo me sea conveniente basta con que yo lo decida así. En el caso de lo conveniente, la fuerza que requiero no es la del gobierno sino la mía propia, es decir mi fuerza de convicción. La gente que decide hacer algo por creerlo conveniente lo hace por estar convencida de que es lo mejor para su caso particular. Como puedes ver… a diferencia de lo legal, aquí el que decide soy yo no el gobierno.

Hijo: Me imagino que suele suceder que a veces lo que me conviene no precisamente es legal…

Papá: Exacto. Por ejemplo, puede convenir para mis intereses robar dinero a un banco, pero eso no sería legal.

Hijo: Ni correcto.

Papá: ¡Bingo! Haz llegado al punto más importante. En tercer lugar, y por encima de lo legal y lo conveniente, está “lo correcto”. Este es el criterio de decisión supremo por excelencia. Lo correcto lo es, no por que lo decidamos en mayoría, como lo legal , ni por que yo esté convencido de ello, como lo conveniente, si no por que está alineado con principios universales externos al propio ser humano. Lo correcto está basado en la “Ley natural”.

Hijo: ¿Ley natural?

Papá: Si hijo, ley natural. Esta ley es el conocimiento que el ser humano tiene del bien y del mal por propia consciencia desde que nacemos. Dios, al nacer, dota a todos los seres humano con esta percepción natural de lo bueno y de lo malo. Así, por poner un ejemplo, no necesitamos que venga alguien y nos diga que matar es malo para saberlo de por sí. Por alguna razón sobrenatural, lo sabemos desde que nacemos. Así, por estar basado en principios universales y la ley natural (distinta a las leyes creadas por el hombre) lo correcto es único y permanente. No cambia en el tiempo. Para decidir según lo correcto entonces, no basta con tener una fuerza de gobierno, ni con una fuerte convicción… se requiere de una fuerte consciencia moral.

Hijo: Ok… ok… me empieza a hacer sentido todo. Me imagino que algo puede ser legal, incluso conveniente pero no necesariamente correcto.

Papá: Así es. Por ejemplo, en muchos países lamentablemente es legal el aborto ya que los gobiernos de dichos países han despenalizado dicho asesinato intrauterino. Las mujeres que han decidido practicarse un aborto argumentan que lo hacen pues les  resulta muy conveniente hacerlo. En este caso, por ejemplo, podemos decir que el aborto es legal, es conveniente pero de ninguna manera es correcto ¿Por qué? Por que atenta contra un principio natural y universal (no dictado por los hombres) que dice “No matarás”. Así,que el gobierno puede hacerlo legal, la persona lo puede creer conveniente pero eso no lo vuelve correcto. Como podemos ver en este caso, tanto la ley humana como la consciencia de quien lo cree conveniente están deformadas por no estar orientadas hacia el deber ser universal.

Hijo: ¿Pero y entonces que es lo que debería ser?

Papá: Pues que tu convicción sea hacer lo correcto y que además sea legal. La Ética justamente te invita a creer y querer lo correcto.

Hijo: Ok papá. Me queda claro que debo de estudiar ética para formar mi conciencia.

Papá: No solo basta con estudiar ética. Para formar una buena consciencia lo ideal es estar cerca y rodeado de quienes te proponen alinearte no con lo humano sino con lo sobrenatural y trascendente. Si ya sabemos que el ser humano es falible, quedarnos sólo con lo que este propone es un riesgo. Y es aquí en done la religión entra de manera cabal y directa en la formación de nuestra consciencia. Rezar, leer el evangelio, dialogar con un director espiritual, acercarse a los sacramentos y todos los medios que la religión propone es una manera de acercarse a lo correcto. Quien piense que sólo con las leyes humanas nos bastamos corre un gran riesgo.

Hijo: ¡Wow papá! esta plática me ha servido muchísimo.

Papá: A mi también hijo.

Hijo: Vayamos de regreso a casa para cenar con mamá y explicarle a ella también todo esto que hemos aprendido hoy.

Papá: Si… y ponerlo en práctica también.

Hijo: Desde luego.


Oye papá… (VI)

18 diciembre 2009

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Qué es un evangelio?

Papá: Como tal, la palabra evangelio significa “buena nueva”. Así que un evangelio, hijo mío, es un escrito que contiene el mensaje nuevo y bueno de Cristo a los hombres.

Hijo: ¿Por eso lo leemos en misa?

Papá: Y no solo en misa. Leer el evangelio es uno de los medio más enriquecedores para llenar nuestro corazón de Jesús. Por lo mismo es aconsejable su lectura diaria. Cada pasaje de cada uno de los 4 evangelios está lleno de una sabiduría especial.

Hijo: ¿A qué te refieres con eso de los pasajes de los cuatro evangelios?

Papá: Déjame explicarte. Aunque normalmente se habla de “El evangelio” en realidad este está compuesto por “4 textos evangélicos”. Cada uno de estos textos fue escrito por 4 personajes diferentes, a quienes llamamos evangelistas. Lo que tienen en común, es que todos narran la vida y obra de nuestro Señor Jesucristo. Se dice que es un solo evangelio, testimoniado de cuatro formas diferentes.

Hijo: Qué interesante papá…¿y quienes fueron estos 4 evangelistas?

Papá: Los 4 evangelistas son San Juan, San Lucas, San Mateo y San Marcos. Cada uno, por separado nos ofrecen estilos literarios diferentes para conocer la obra de Jesús. Mateo y Juan, fueron apóstoles directos de nuestro Señor, le conocieron en persona y fue esta inspiración directa la que les concede una especial relevancia como evangelistas. Lucas y Marcos, por otro lado, fueron discípulos de los San Pablo y San Pedro respectivamente.

Hijo: ¿Y que relación tienen los evangelios con la Biblia?

Papá: Ah pues por que los evangelios son parte de ella. La Biblia es el compendio de todos los textos sagrados de nuestra fe. Esta se compone de dos partes: el antiguo testamento y el nuevo testamento.

Hijo: ¿Y qué diferencia hay entre uno y otro?

Papá: El antiguo Testamento nos narra la revelación de Dios a los hombres a través del pueblo que Él eligió, el judío. En este se empieza a narrar cómo Dios prepara durante cientos de años a la humanidad para lo que será su venida a la tierra. El nuevo Testamento narra justo lo que sucede en esta venida de Dios y los efectos que esto tiene en la humanidad a través de la predicación posterior por parte de quienes creyeron en su divinidad.

Hijo: ¿Osea que la venida de Cristo es el elemento clave para entender toda la Biblia?

Papá: Cristo es el centro que sirve para entender  toda la historia de la humanidad. No por nada, su paso por el mundo tuvo la fuerza suficiente para dividir la historia en dos, antes de Él y después de Él.

Hijo: ¿Entonces se puede decir que los evangelios son los 4 libros más importantes de la Biblia?

Papá: Son los que le dan sentido a toda la Biblia. La vida y obra de Jesús y los libros que contienen su vida son los textos que cierran el círculo de todo mensaje, profecía, predicción y relato hecho en todos y cada uno de los textos de la Biblia. Jesús vino a llenar de significado lo que Él mismo, como Dios Padre ya venía anunciando.

Hijo: O sea que se puede decir que la Biblia es el escrito que contiene la historia completa de la revelación de Dios a los hombres.

Papá: Exacto. Por eso leemos la Biblia, pues en ella se encuentran los designios que Dios tiene para la humanidad.

Hijo: Papá regresemos a casa con mamá y antes de cenar leamos algunos pasajes del evangelio.

Papá: Me parece perfecto hijo mío. Leer el evangelio es hablar con Jesús.


Oye papá… (V)

20 noviembre 2009

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Cómo sabemos que Jesús verdaderamente existió?

Papá: ¿Por qué lo preguntas hijo?

Hijo: Pues por que escuché en la tele un comentario de alguien que lo ponía en duda.

Papá: Querido hijo, agradezco que tengas la confianza de acercarte a mi para resolver tu duda y no quedarte con ella en la mente. La tele puede decir muchas cosas de poca profundidad. Verás, hay diversas pruebas históricas que nos refieren de la existencia de Jesús. Historiadores muy cercanos a su época le han mencionado en sus textos así como también existen algunas evidencias que se cree aportan elementos para demostrar su paso por la tierra.

Hijo: ¿Como cuales?

Papá: Por ejemplo, en la ciudad de Turín,Italia,  en la catedral de San Juan Bautista se encuentra lo que se cree fue la sabana en la que fue envuelto el cuerpo de Jesús después de morir crucificado. Pruebas científicas han demostrado que esta tela tiene la antigüedad suficiente para haber pertenecido a aquella época.

Hijo: ¿Pero cómo un pedazo de tela puede demostrar a existencia de Jesús?

Papá: Ah pues por que esta sabana, no es una común y corriente. En ella se puede observar grabada de manera increíble la figura de un hombre que muestra los signos en pies y manos de haber sido muerto en cruz.  La imagen de la sabana pareciera haber quedado impregnada con esta figura tras haber sido expuesta a una radiación poco usual, misma que se cree pudo haber sido causada por la acción de la resurrección del Jesús.

Hijo: Qué interesante…

Papá: Esta es una de las pocas evidencias tangibles que se tienen que nos ayudan a demostrar la existencia de Jesús. Sin embargo a mi me gusta más la evidencia testimonial de quienes existieron y convivieron con el maestro en su misma época: los apóstoles.

Hijo: ¿A que te refieres papá?

Papá: Si… para mi la prueba más fiel y hermosa de la existencia de Jesús y de su divinidad (Dios hecho hombre) es la que nos ofrecieron aquellas personas que, habiendo recibido directamente de Él su mensaje de salvación para la humanidad, salieron al mundo a predicar la buena nueva. ¿Qué necesidad tenían unos pescadores comunes y corrientes de dejarlo todo y predicar un mensaje de salvación? ¿Por qué un apóstol habría de dar la vida, como sabemos que lo hicieron al morir por la causa de Jesús, por algo que no hubiera existido?

Hijo: Que interesante papá y ¿en donde puedo aprender de esto que me hablas?

Papá: El nuevo testamento tiene un libro que narra los “Hechos de los apóstoles” después de la muerte de su maestro Jesús. En estos relatos podemos descubrir un sin fin de pruebas de 12 hombres que fueron capaces de viajar por el mundo, dando su propia a vida a cambio de que la humanidad conociera la vida y obra de Jesús. Fue tan impactante la labor misionera de estos 12 personajes que, su testimonio, a la fecha es el que sostiene la vocación predicadora de nuestra Iglesia.

Hijo: ¿Los apóstoles murieron martirizados por la causa de Jesús?

Papá: Si, repudiados y asesinados. Pero dejando, al mismo tiempo, la primer comunidad cristiana que con el testimonio de muchos otros santos, ha llegado a nuestros tiempos. Mártires y santos hablan de la existencia de Jesús.

Hijo: Yo no moriría por una causa que no fuera cierta… entonces si ellos lo hicieron por Jesús, Jesús seguro que existió.

Papá: Así es hijo mío. Estas razones y muchas otras nos dan elementos suficientes para reconocer la existencia de Jesús. Milagros, relatos, pero sobre todo testimoniales de santidad a lo largo de toda la historia son las que ayudan a demostrar su existencia.

Hijo: Wow… ¿o sea que si yo busco la santidad en mi vida estaré contribuyendo a demostrar la existencia de Jesús a los demás hombres?

Papá: Exacto. Dios no necesita de nuestra ayuda para existir, pero si para darse a conocer a la humanidad y demostrar que es a través de Jesús que se puede alcanzar la salvación.

Hijo: ¡Papá, vayamos de inmediato a contarle esto a mamá!

Papá: Vamos, pero que no se te olvide que para hablar de Jesús es mejor hacerlo con acciones más que con palabras.

Hijo: Desde luego papá.


Oye papá (IV)

20 octubre 2009

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Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  alsiguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá ¿Por qué me tengo que confesar?

Papá: Querido hijo, hay que confesarnos principalmente por la necesidad que tenemos los seres humanos de arrepentirnos de nuestros errores. Dios no nos hizo perfectos y como tal podemos equivocarnos muchas veces a lo largo de nuestra vida. Pero Dios en su gran amor hacia nosotros nos regala la oportunidad de confesar nuestras faltas por medio del sacramento de la reconciliación y así obtener su perdón.

Hijo: ¿Sacramento? ¿Por qué la confesión es un sacramento?

Papá: La confesión y los demás sacramentos (bautismo, confirmación, comunión, matrimonio, orden sacerdotal y unción de los enfermos) son llamados así pues son “signos sensibles” que Dios nos da cuando se lo solicitamos. Es decir, Dios a través de cada uno de los sacramentos nos deja un huella que refleja su amor por nosotros. En el caso del sacramento de la confesión, Dios deja la huella del perdón.

Hijo: No entiendo bien eso de la huella ¿Me podrías explicar un poco más?

Papá: Claro que si. Mira, imagina que un sacramento es como una experiencia de vida en la que Dios se hace presente de manera personal y definitiva en tu persona. Cuando acudes a confesarte, el sacerdote sirve como intermediario entre tú y Dios y una vez que obtienes la absolución por parte del padre, entonces Dios se adentra en tu persona y te impregna con la huella de su perdón. Por ejemplo de manera similar, en el caso del sacramento del Orden Sacerdotal, Dios se hace presente para cada uno de los candidatos que por vocación solicitan ser tocados por Dios con la huella del poder sacerdotal.

Hijo: ¿Y que significa que Dios te deja una huella en tu interior?

Papá: Como lo mencioné, es un toque especial de Dios a tu persona. Cuando Dios, por medio de la imposición de un sacramento, te concede un signo también te está llenando de fuerzas especiales relacionadas a ese sacramento. Así, por ejemplo, cuando una pareja decide casarse y se acercan por propia voluntad al sacramento del matrimonio, estarán recibiendo dones especiales por  parte de Dios nuestro Señor para poder vivir la fidelidad en su vida matrimonial.

Hijo: ¿Y en la confesión que gracias recibo?

Papá: Ah pues como bien podríamos imaginar, quien se acerca con toda la disposición de recibir el sacramento de la reconciliación, recibe la ayuda de Dios para fortalecer su alma ante el pecado y no volver a caer en las mismas faltas. Por eso, quien se confiesa de manera constante, digamos por lo menos cada 15 o 20 días, puede asegurar que Dios le tienen en consideración para fortalecer cada vez más su alma.

Hijo: O sea que entre más me confieso… ¿Más fuerte soy?

Papá: Así me gusta verlo hijo mío. Ya de por sí el sentimiento de arrepentimiento es un fuerte indicativo de tener un alma poderosa que, si le agregamos la voluntad de reparar el mal realizado y la firme convicción de no volver a pecar, se irá asemejando cada vez más a la de Cristo.

Hijo: Además, si me confieso puedo comulgar ¿verdad?

Papá: En efecto. La Iglesia pide que tu alma esté en estado de gracia para recibir a Jesús en la Eucaristía. Además, considera lo siguiente: cuando nos acercamos a la confesión es Jesús mismo quien nos está perdonando. A Cristo le encanta perdonarnos. No importa que tan pequeós o granves sean nuestro pecados, Cristo siempre está abierto a extendernos su perdón.

Hijo: Quisiera perdonar tan fácil como Él…

Papá: Primero aprende a pedir perdón y poco a poco irás aprendiendo a perdonar.

Hijo: Por cierto papá…. hablando de perdonar, hay algo que quisiera comentarte.

Papá: Te escucho hijo.

Hijo: ¿Te acuerdas de aquella ocasión en que me enojé por que  mamá y tú no me quisieron comprar el juguete que salía en la tele?

Papá: Como olvidarlo. Si hasta recuerdo que del coraje que tenías no quisiste cenar. A tu mamá y a mi nos dolió mucho verte así.

Hijo: Pues quiero pedirte una disculpa por haberme portado así. Es algo que desde hace tiempo que te quería decir pero hasta ahora, que hablamos del sacramento de la confesión es que encuentro la oportunidad de hacerlo. Tenía miedo que me dejarás de querer por portarme así de mal en aquella ocasión.

Papá: Querido hijo, agradezco la confianza que me tienes para hablarme con sinceridad y te ofrezco de todo corazón mi cariño, el cual nunca se verá afectado por tus acciones. Como seres humanos nos equivocamos y nos levantamos y así, como  nos gusta que nos perdonen, debemos de perdonar. Que te acerques a mi a pedir perdón es una muestra de tu madurez y generosidad. ¡Gracias hijo!

Hijo: Me  gustaría ir con mamá para también ofrecerle una disculpa.

Papá: Me parece una excelente idea. Estoy seguro que a tu mamá al igual que a mi le encantará escuchar tu sentimientos al respecto.


Oye papá… (III)

15 septiembre 2009

father-and-son

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  alsiguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye Papá ¿Por qué el sacerdote de la Iglesia no se ha casado?

Papá: Querido hijo, los sacerdotes de nuestra Iglesia católica no se casan debido a que hacen un voto de castidad y entrega total a la Iglesia para la que trabajan. Es más, se podría decir que los sacerdotes se casan pero con la misma Iglesia.

Hijo: ¿O sea que no pueden tener esposa?

Papá: Cuando una persona decide seguir la vocación del sacerdocio, la cual no es una decisión que puedan tomar a la ligera, deben de estar conscientes que esta condición es parte de los lineamientos que la iglesia, a través de la guía del papá, ha estipulado para la completa realización de su misma vocación. A un sacerdote se le pide que no se case para que pueda dedicarse de tiempo completo (de vida entera) a su labor pastoral.

Hijo: ¿Y por lo mismo no pueden tener hijos?

Papá: Por la misma razón, si. Pero déjame explicarte un poco más. El sacerdocio es un vocación, y sea que es un llamado especial de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el sacerdocio, al igual que el matrimonio son dos vocaciones distintas a las cuales Dios nos convoca de manera particular. No todos estamos llamados a ser sacerdotes, ni todos estamos llamados al matrimonio. Dios dispone un camino especialmente para cada ser humano. El secreto está en saber escuchar lo que Dios ha pensado mejor para nosotros.

Hijo: ¿Quieres decir que Dios me puede llamar para el sacerdocio o para el matrimonio?

Papá: Si. Dios a través de su dulce voz pondrá en ti la inquietud por llegar a santificarte por alguna de esas vocaciones. Pero una vez que hayas discernido bien tu llamado, deberás de asumir las responsabilidades que ambos caminos implican. Así como en el sacerdocio uno realiza una promesa de castidad, pobreza y obediencia, en el matrimonio uno también realiza promesas especiales que aseguran una vida cristiana responsable: amor, fidelidad y descendencia.

Hijo: ¿Pero y que ventajas tiene par un sacerdote el no estar casado?

Papá: Muchas. Uno no suele darse cuenta, pero los sacerdotes son personas que trabajan de tiempo completo en su labor. No tienen horario de entrada ni de salida. Al estar siempre disponibles, pueden atender situaciones cotidianas o extraordinarias. Un sacerdote está dedicado totalmente a su labor día y noche, mes con mes, año con año. Ese es el nivel de exigencia que Cristo propone a sus colaboradores. Si por el contrario, estuvieran casados, dado que el matrimonio es una responsabilidad igual de importante y exigente, los sacerdotes se verían obligados a dividir su tiempo para atender ambos frentes y, por ende, no podrían enfocarse al 100% a la comunidad de fieles que les es asignada. El punto es que el sacerdocio no debe de ser entendido como un trabajo sino como una vocación.

Hijo: Qué interesante papá…

Papá: Pero en el fondo de todo, hijo mío, lo que sostiene la fidelidad de un sacerdote  hacia sus promesas es la razón por la que las hace: Amar a Cristo y a su Iglesia. El sacerdote acepta su vocación y el estilo de vida que esto conlleva por amor a Cristo. Acuérdate que el amor implica entrega y renuncia y ellos aceptan entregarse por completo a Dios y renunciar al matrimonio por amor a su Creador. No es fácil de entenderlo, sobre todo para quien no lo ve desde esta perspectiva. La vocación sacerdotal y la matrimonial solo encuentran sentido en el amor.

Hijo: Nunca lo había pensado desde este punto de vista papá.

Papá: Querido hijo, con el tiempo te empezarás a dar cuenta que para poder entender muchas cosas referentes a nuestra fe católica lo primero que hay que hacer es poner por delante primero la perspectiva del amor. El amor, en el catolicismo, lo explica todo.

Hijo: Eso veo papá. Y hablando de amor, me da gusto que tu vocación haya sido el matrimonio papá, de lo contrario no hubieras conocido a mamá.

Papá: Así es hijo mío, y lo mejor de todo es que Dios nos permitió a tu madre y a mi, por este camino matrimonial, conocerte a ti.

Hijo: Es cierto, yo también soy resultado de tu vocación.

Papá: Desde luego. Tu mamá y tú confirman todos los días que mi llamado vocacional es el matrimonio.

Hijo: ¿ Y yo también tendré que elegir mi vocación?

Papá: Más que elegirla deberás “discernirla” o lo que es lo mismo, escuchar  aquello que Dios te pide explícitamente a ti. No es algo fácil, pero con el tiempo, si pones la suficiente atención, tu vocación se te irá haciendo más clara.

Hijo: ¿Yo puedo ser sacerdote?

Papá: Si Dios te lo pide desde luego que si.

Hijo: WOW! Nunca me lo hubiera imaginado.

Papá: Dios se encargará de hablarte en tu corazón. Tanto el matrimonio como el sacerdocio son dos caminos hermosos para llegar a la santidad.

Hijo: Que es lo que al final cuenta ¿verdad?

Papá: Exacto.

Hijo: ¡Vayamos a casa a platicar de esto con mamá!

Papá: Me parece una excelente idea.


Oye papá… (II)

21 agosto 2009

father-and-son

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  alsiguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Por qué se usa tanto la palabra “amor” en la Iglesia?

Papá: Querido hijo, que bueno que me lo preguntas, ya que desde hace tiempo que he querido hablar contigo de este tema. Principalmente la palabra amor se utiliza tanto en el la Iglesia Católica por que, junto con la palabra “Dios” es la más importante. Es más, se puede decir que “Dios” y “amor” son lo mismo.

Hijo: ¿Qué quieres decir con eso de que Dios y amor son lo mismo?

Papá: Hijo, la relación que existe entre Dios y el amor es tan importante que el Papa Benedicto XVI quiso dedicar toda una encíclica a profundizar en el tema. En este texto de título  “Deus  Caritas est, el sumo pontífice nos explica por qué se puede decir que Dios es amor. Así, al ser el amor prácticamente un sinónimo de Dios, entonces podemos decir que si entendemos el amor, entendemos en gran medida a Dios. Yo lo veo así, Dios es tan grande que es imposible que su concepción completa pueda ingresar en la mente humana. Sin embargo, el amor es la parte concreta y asequible que si nos es dado conocer de Dios. Dios quiere que le conozcamos por el amor.

Hijo: Pero entonces… ¿Qué exactamente es el amor?

Padre: El amor no es otra cosa que un acto de voluntad en el que se busca el bien y la verdad del ser amado. Es decir, antes que nada es importante entender que el amor es un acto de voluntad, no un sentimiento. A diferencia de lo que se suele creer, decir que amas a alguien no implica sentir algo bonito por ese alguien. Se requiere de una acción concreta y libre de tu parte en beneficio de ese alguien, independientemente de si esta acción viene acompañada de un sentimiento o no. De hecho, esta es el gran error de la gran mayoría de las personas al hablar del amor. Piensan que el amor es un sentimiento y no es así.

Hijo: O sea que amar significa actuar y no solo sentir.

Padre: Exacto. Por ejemplo, yo amo a tu madre porque quiero hacer cosas que le hagan bien a ella y la lleven a la verdad. Independientemente de que un día pueda yo amanecer cansado o enojado (sentimiento) quiero seguir amando a mi esposa al darle un beso cada mañana y al sentarme a escuchar sus problemas en vez de centrarme solo en los míos. La ama cuando la llevo a cenar dejando de lado el partido de futbol que tenía ganas de ver en la TV. Así también, por ejemplo,  se que tu mamá me ama por que estuvo conmigo atendiendo mi salud en el hospital cuando fui operado, y creeme hijo, estar en un hospital no conlleva sentimientos bonitos y placenteros…

Hijo: Que interesante papá, pero ¿que tiene que ver todo esto con Dios?

Padre: Ah,  pues muy sencillo. Dios nos creó para con una misión en la vida, que es la de volver a Él, o lo que es lo mismo, vivir una vida de cara a su persona. Para esto Dios nos dio un mandato muy concreto… “Si quieres de verdad cumplir con tu misión de vida, ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.

Hijo: Esa frase me suena muy familiar papá ¿Es famosa verdad?

Padre: Es famosa por que es cierta. Se conoce como la regla de oro. ¿Por qué? Por qué es la formula más clara y directa de alcanzar el cielo y la eternidad. Si todo hombre tiene como misión llegar a Dios, entonces el camino es el amor. No hay más. Lo que en el fondo Dios nos quiere decir es lo siguiente: “Si me amas, ama a tu prójimo. Si amas a tu prójimo, me amas a mi.” Es el circulo perfecto. Pero Dios no sólo quiso decirlo y ya, Él mismo puso el ejemplo de lo que es el amor más grande y verdadero.

Hijo: ¿Muriendo en la cruz verdad?

Papá: ¡Exacto! Dios se hizo hombre y puso el ejemplo. Dejó fuera todo sentimentalismo y placer para morir por nosotros. ¿Cómo sabemos que Jesús murió por amor? Pues porque como te dije al principio, su crucifixión fue un acto voluntariamente aceptado  para el bien y la verdad de la humanidad. Se que dios me ama pues, haciéndose hombre, se humilló por nosotros y, como te podrás imaginar, no conllevó ningún sentimiento bonito.

Hijo: Por eso me dicen en la clase de catecismo que nadie ama tanto como quien da la vida por sus amigos.

Papá: Si. Cuando mueres por alguien, estas renunciando a lo más valioso que tienes en esta tierra: tu propia vida. Y al ser esta la condición última para tu existencia, entonces cuando mueres por alguien, queda completamente claro que ese acto fue el más desinterezado de todos. Nadie puede obtener ningún beneficio terrenal propio de morirse. Al morir por alguien le estás diciendo “No importo yo, importas tú”. Y eso, mi querido hijo, es la clave del amor.

Hijo: Oye papá… ¿Tu amas a mamá verdad?

Papá: Claro…

Hijo: ¿O sea que tu estarías dispuesto a morir por ella?

Papá: Ruego a Dios para que me ayude a decir que si, si es que Él así lo dispone. Pero no solo por tu mamá, sino por ti también.

Hijo: ¡En serio! ¿Serías capaz de dar la vida por mí?

Papá: Hijo mío, sería capaz de hacer lo que Dios disponga con tal de llevarte a ti y a tu mamá al bien y a la verdad.

Hijo: No te preocupes papá. Intentaré llegar sin que tengas que hacer tal sacrificio.

Papá: Lo se, y cuentas con mi apoyo total.

Hijo: Regresemos a casa para decirle a mamá lo mucho que  la amamos. ¿Sale?

Papá: Me parece estupenda la idea. Pero que te parece si también se lo decimos ayudándole a lavar los platos y a tender tu cama.

Hijo: Pero papá… ¡Tenía planeado llegar a jugar mi videojuego nuevo! Pero…. ahora que lo pienso bien, creo que mejor me olvido un poco de lo que yo quiero y que me hace sentir placentero, y mejor hago lo correcto… Aunque me cueste voy a ayudar a mamá en lo que necesite para demostrarle que la amo.

Papá: Y de paso, hijo querido, le estarás demostrando tu amor a Dios.


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