El cardenal Jorge Mario…

20 marzo 2013

Les comparto un par de vídeos de quien ahora es nuestro Papa Francisco cuando realizaba labor evangelizadora en su natal Argentina.

Si hay algo que me encanta de su manera de hablar es la paz y tranquilidad que transmite con su tono de  voz suave y  pausado. Fue de lo primero que noté en sus primeras palabras como Papa.

En este primer video medita con los jóvenes que participan un retiro espiritual sobre la madre de Dios. Su reflexión sobre María como la mujer que “está” es particularmente hermosa. Noten la tranquilidad y pausa con la que se dirige a su público.

En este segundo video el cardenal Bergoglio nos comparte una hermosa reflexión sobre el milagro y la maravilla de la eucaristía. A diferencia del video anterior en este video notamos a un Jorge Mario mucho más enfático en su tono. Pongan especial atención a la manera como el cardenal mira amorosamente a la cámara cuando habla.

Si hay algo que desde el primer momento notamos de nuestro nuevo Papa es su gran capacidad de comunicación y oratoria.


Temas incómodos

7 febrero 2013

Hace un par de semanas participé en un grupo de oratoria en donde a los asistentes se nos invitaba a preparar un discurso de 4 a 6 minutos en el que hablaríamos sobre nosotros mismos. Era más bien un discurso de presentación personal en el que deberíamos de comentar principalmente nuestros intereses y pasiones.

Al tocar mi turno, yo inicié diciendo que como parte de mi persona lo más importante que pudieran conocer sobre un servidor era mi pasión por conocer y hablar de Dios.

“Si me interesa la oratoria, es por que la quiero utilizar para hablar de Dios” comenté.

Acto seguido procedí a explicar el por que de mi decir y, desde luego, a expresar otras cosas sobre mi.

Al finalizar cada discurso, uno de los participantes fungiría como evaluador  y tendría la tarea de ofrecernos una crítica sobre nuestro discurso.

En general los comentario que recibí por mi forma de hablar en público fueron bastante positivos más un asunto le  resultó un tanto incomodó al evaluador de mi participación: El tema de Dios.

Me dijo algo así como…

“Trata de cuidarte al tocar temas religiosos y políticos ya que pueden incomodar a muchas personas. Te sugerimos ser muy cuidadoso al respecto…”

¿Cuidadoso? ¿De Dios? ¿Como por que habría de incomodarle a alguien que se hable de Dios?

Dios no es un tema difícil ni espinoso. Intrigante y complejo tal vez, pero jamás malo.

Una vez que hube recibido mi retroalimentación por parte del mencionado evaluador, agradecí su apoyo y le dije:

“No te preocupes, afortunadamente tengo un antídoto para no incomodar ni hacer sentir mal a las personas al tocar este tema: ¡No atacar ni criticar!”

Dios es un tema maravilloso y, de hecho, me encanta decir que es mi tema, a lo que me dedico y para lo que vivo.

Cuando hace un par de semanas escribí que mi propósito para este año consistía en ser más descaradamente católico, lo que quise decir fue justamente que me propondría hablar más y más de Dios y de su Iglesia, sin miedo y sin ataduras.

Juan Pablo II nos lo dijo cientos de veces en sus muchos y fenomenales discursos: “¡No tengan miedo a Cristo!”

Desde luego entiendo que muchas personas tiene una opinión diferente sobre Dios y a la Iglesia de la que yo tengo y no está mal, al contrario, permítanles expresarse con toda libertad.

Meditar, discutir e incluso debatir sobre Dios no puede ser malo. Si el ánimo entre los que dialogan se basa en encontrar la verdad y no imponerla, no tienen nada que temer.

En fin, yo seguiré hablando de Dios en mis conferencias y actividades diarias, y esto no significa que cada seminario que ofrezca o cada taller que imparta se convierta en una catequesis de moral y religión, pero sucede que dado que Dios decidió hacerse hombre hace más de dos mil años, a partir de ese momento hablar de cualquier tema humano es, en cualquier forma, hablar de Dios.


Hablar en público…

21 septiembre 2011

Hablar en público me resulta muy emocionante y apasionante. Es una actividad que busco y me resulta muy interesante.

Pero debo de reconocer que esto no siempre fue así. De joven, antes de mi incorporación a la universidad, yo fui parte de ese grupo muy amplio de la sociedad que le huía a toda posibilidad de pararse en el centro de un escenario y ser expuesto ante la mirada de cualquier público.

De hecho, encontré una encuesta que revela que, incluso más que a morir, el principal temor del ser humano es “hablar en público”. (Interesante ¿no lo creen?)

Este miedo es algo completamente normal en la naturaleza humana, ya que tenderemos siempre a evitar cualquier evento u ocasión que conlleve una posibilidad de exhibir nuestras debilidades ante los demás. Nadie quiere mostrarle al mundo lo imperfecto que es… aunque se sepa que todos lo son.

Pero… ¿Qué fue lo que ocasionó el cambio en mi percepción sobre esta actividad? ¿Cómo pasé de huir de un público a buscarlo y disfrutarlo?

A mi me gusta pensar que esto sucedió cuando le encontré sentido al “por qué y para qué” hablar en público.

Recuerdo haber estado alguna vez parado en frente de un instructor de oratoria de  un curso que yo mismo busqué para ayudarme a mejorar en esta disciplina, respondiendo a la siguiente pregunta que este nos efectuaba…

“¿Para que quieres aprender a hablar en público?”

Mi respuesta fue la siguiente…

“No puedo explicarlo muy bien profesor, pero es como si me estuviera viendo en la necesidad de transmitir un mensaje que desde que me fue revelado, no me ha dejado tranquilo por la necesidad del mismo por salir al mundo”

Ese mensaje, por supuesto es Jesucristo y yo ya le había descubierto tiempo atrás.

Pareciera que el haber encontrado una causa lo suficientemente fuerte me hizo comenzar a disfrutar la herramienta de la oratoria.

Es como si el poder de hablar en público lo tuviera el mensaje no el mensajero. Más bien dicho así… es en la fuerza del mensaje que el mensajero encuentra su propia energía.

No miento… aún sigo sintiendo nervios al verme en la necesidad de dictar una conferencia, me revolotean mariposas en el estómago y tengo miedo a fracasar en el escenario, la única diferencia es que ahora disfruto esa sensación pues se que esta representa un aviso de que se aproxima una gran oportunidad de hacer aquello par lo que he nacido: inspirar y transforma a quienes en este mundo pueden hacer la diferencia.


Saber escuchar

25 mayo 2011

Generalmente se le ha concedido al “saber hablar” un lugar privilegiado dentro de las habilidades directivas y profesionales por excelencia. Saber transmitir mensajes hacia nuestros colaboradores de manera eficaz ha sido una característica reconocida entre los líderes que estudiamos.

Sin embargo, precediendo a dicha habilidad, podemos encontrar una de mucho mayor relevancia: “El saber escuchar”.

Saber hablar tiene la importancia de poder introducir en la mente de los demás lo que está en la nuestra. Saber escuchar, por el otro lado, implica saber introducir en nuestra propia mente lo que proviene de la de los demás.

A mi me gusta decir lo siguiente… “Un gran orador, para serlo, requiere ser primero un gran escucha, pues solo así, sus palabras tendrán la carga justa de  valor hacia lo que los demás quieren escuchar”.

Es decir, si bien la palabra es el medio más simple y eficaz de ofrecer aliento y apoyo al prójimo, es nuestra habilidad de saber “escuchar” la que hará que las palabras que ofrezcamos tengan el poder necesario para ayudar.

De entender lo que el otro realmente necesita, parte el poder ayudarlo con efectividad.

Si solo nos limitamos a expresar nuestro punto de vista sin entender cual es la verdadera postura del otro, corremos el riesgo de que nuestras palabras se las lleve el viento y no sirvan de nada.


Pido la palabra…

20 marzo 2009

Recién me puse a analizar, tras algunos comentarios escuchados,  que muchas de las personas que van a misa tienen especial predilección por asistir a una determinada Iglesia u a otra en base a la preferencia que  tengan por la calidad y amenidad de la homilía (sermón) que el sacerdote hace tras leer el evangelio. Me ha tocado conocer gente que se traslada varios kilómetros desde su casa sólo por escuchar hablar a determinado sacerdote durante su homilía.

Soy un gran convencido del poder de la palabra como medio de evangelización (siguiendo al ejemplo, claro). Los grandes aprendizajes de mi vida los he obtenido mayoritariamente cuando alguien me habló de la manera y la forma adecuada. Para un servidor asistir a una conferencia o a un clase es todo un placer, si la persona que ofrece la ponencia sabe hacer su trabajo.

Esto me lleva recordar que cuando yo era niño una de mis deseos vocacionales era la de ser sacerdote, argumento motivado especialemnte por los 10 o 15  minutos del sermón que tienen los padres  para poder dirigirse al “público” asistente.

Recuerdo que estando en misa me decía a mi mismo…”si yo fuera ese sacerdote aprovecharía al máximo esos 15 minutos de oratoria para cautivar cada domingo la atención de los fieles asistentes, de tal manera que cada semana estuvieran deseosos por volver a escuchar la homilía creativa y original que yo les prepararía…”

 Tomando como consideración la importancia que ya de por sí tiene la misa para quienes buscamos a Dios a través de la eucaristía dominical, no dejo de pensar lo que esos 15 minutos de oratoria representan en el ánimo y percepción de muchos de los fieles. 

Uno de las mejores experiencias que he vivido fue cuando, en un congreso juvenil organizado por la fundación para la promoción de valores Gente Nueva tras escuchar una homilía espectacular de parte del sacerdote en la misa de clausura del evento, todos los asistentes nos paramos a aplaudirle al padre llenos de júbilo y motivación. Aún recuerdo los comentarios de mis compañeros de congreso que decían “¡WOW, Qué manera de transmitir a Cristo…¡”

Termino con un consejo para todos  los sacerdotes del mundo de parte de un aficionado a la oratoria: Hagan de esos 15 minutos de homilía algo expectacular y fascinante  y lograrán que la experiencia de la misa sea todavía más mágica de lo que ya de por sí es. Pensemos: ¿Cómo hablaría Cristo si tuviera la oportunidad de esos 15 minutos de diálogo con sus fieles?


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