Gracias Benedicto XVI (2a parte)

13 febrero 2013

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Continuando con la reflexión que nos dio pie el día de ayer el sorpresivo anuncio del Papa Benedicto XVI acerca de su dimisión, me quiero permitir profundizar en la siguiente estrofa contenida en su mencionado discurso.

El Papa mencionó lo siguiente:

“Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria…”

¿Que quiere decir esto?

¡Que Dios le ha concedido al mundo la enorme bendición de tener a un ex Papa vivo orando de tiempo completo por él!

Esto será un lujo invaluable.

¿Quien mejor puede conocer la iglesia y sus necesidades que quien ya ocupó el puesto más alto de dirección en la misma? ¿Quien sabe mejor que un Papa cuales son las prioridades por las que hay que elevar oraciones a Dios para velar por la santidad de los católicos?

Que una cosa quede clara…

El Papá Benedicto XVI no está claudicando de su vocación.

Lo que sucede es que él ha tomado la decisión de ayudar desde otra perspectiva: la oración. Él cree que en este momento de su vida, puede aportar más valor a la historia de la salvación orando que dirigiendo. Y esta decisión, la de reconocer la propia capacidad según las propias fortalezas, es un acto tremendo de humildad (entendiendo humildad como la virtud poder de ver el mundo tal y como es y no como quisiéramos que sea)

Quienes nos tomamos en serio el poder de la oración, sabemos que esta actividad a la que se dedicará ahora Benedicto XVI de tiempo completo tiene igual o mayor relevancia para el futuro de la Iglesia que el estar dirigiendo los esfuerzos episcopales desde Roma.

Es muy importante que esto quede claro entre los católicos: no perdimos un Papa, sino más bien ganamos un hombre intelectualmente excepcional dedicado profundamente a la oración plena.

Cuentan que Santo Tomás de Aquino, una vez que terminó de escribir lo que es  considerado uno de los tratados teológicos más importantes de la historia (La Suma Teológica) tuvo una revelación mística al celebrar una misa, tras la que mencionó no querer volver a escribir nunca más pues lo que Dios le había permitido conocer en dicha experiencia hacía que sus escritos fueran paja. Santo Tomás a partir de ese momento se dedicó a orar a plenitud por el resto de su vida y no volvió a escribir más.

Así que cada vez que elevemos nuestras plegarias al cielo, tendremos acompañándonos la oración de un hombre cuya voz valió la pene leer, escuchar y por siempre estudiar.


Las respuestas de Dios…

15 noviembre 2011

Si tu le pides en oración algo a Dios, su respuesta puede ser una de las siguientes tres:

1.- Si…. (en cuyo caso agradece)

2.- Todavía no… (en cuyo caso persevera)

3.- Tengo otras planes para ti… (en cuyo caso acepta y escucha)

Dios es el gran estratega. Él sabe por que responder de una u otra manera ante lo que el hombre solicita.

La voluntad de Dios es perfecta y llena de sabiduría, pero la capacidad del hombre para adaptar su propia voluntad a la del Creador es bastante imperfecta.

Mi consejo es que tengas paciencia, ores mucho y nunca pienses que dependes de que suceda algo extraordinario en tu vida para que esta tenga sentido.

Como ya lo he dicho en anteriores ocasiones…

Ante la voluntad de Dios… ¡tiempo y paciencia!


Una nueva forma de rezar

2 septiembre 2010

Desde hace un par de meses estoy implementando una nueva manera de rezar durante la comunión en la misa…

Habitualmente la gente suele levantarse inmediatamente de sus asientos en cuanto el sacerdote se dirige al lugar destinado para impartir la comunión y una vez que la han recibido se dirigen de nueva cuenta a su lugar y empiezan a rezar. Así suele ser normalmente.

Lo que yo he empezado a hacer es lo siguiente…. en cuanto el sacerdote empieza a impartir la comunión, yo me pongo de rodillas y empiezo a rezar inmediatamente, aún sin haber comulgado. Durante este momento aprovecho para yo dialogar con Dios. Normalmente le agradezco las bendiciones de la semana y le pido ayuda por las necesidades que Él mismo ya conoce en mi corazón.

Tengo el tiempo suficiente pues la fila de la gente que está por recibir la comunión suele tardarse algunos minutos en fluir.

Una vez que he terminado de dialogar con Jesús, entonces si, me levanto y me dirijo a comulgar…

¿Dejo de rezar después de comulgar? Desde luego que no. Pero ahora, con Dios en mi interior lo que hago es callar. Ya no soy yo el que hablo. Mi rezo, para después de haber recibido la eucaristía, es en completo silencio. Ahora se trata de que sea el Maestro quien hable, ya no el alumno.

Este nuevo sistema de dividir mi oración antes y después de la comunión me ha resultado gratificante pues, además de que puedo dedicar más tiempo a la acción de la dialogar con Dios, también he encontrado que con el silencio Dios puede actuar mejor en mi durante esos momentos de reflexión.

En fin… espero que este tip les pueda ayudar a incrementar y mejorar su comunicación con el mejor amigo del alma: Jesús.


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