Don Fernando

25 marzo 2013

Este fin de semana mi abuelo Fernando se nos fue al cielo.

Tras una larga agonía en la cual todos sus familiares estuvimos al su alrededor, el Señor decidió el pasado 23 de marzo que era momento de llamar a su gloria a quien fuera en vida un ejemplo notable de fortaleza y resistencia.

Mi abuelo siempre vivió con el temple militar tatuado en su carácter pues era capitán jubilado del ejercito mexicano y como tal aprendió que el servicio a la patria era el más alto honor.

Hombre extremadamente fuerte físicamente, vivió alejado de toda medicina tradicional pues argumentaba no confiar en los doctores. Y contrariamente a lo que podría pensarse su vida fue un testimonio de salud y longevidad.

Falleció a los 95 años y jamás le recuerdo con una gripe o calentura en su persona. Las dos únicas razones por las que acudió a un hospital en su vida tuvieron que ver con dolencias y heridas ya de por sí insoportables (una operación de vesícula y la fractura de una pierna), pero de ahí en fuera mi abuelo acostumbró a su propio cuerpo a resistir por sí mismo cualquier embate de dolor y enfermedad.

Hace un mes le ingresamos al hospital para que un doctor pudiera revisarle un nuevo tumor que le brotó en una mano, más él insistió en salirse y regresar a su casa, lugar donde quería pasar sus último días. Respetando su voluntad los doctores y sus familiares así lo hicimos. Ahí, aún con su cuerpo debilitado y gastado por la edad, pasó 11 días dándonos muestras de resistencia y lucidez sobre humanas… (Los doctores nos se explicaron cómo era posible que tuviera tal resistencia)

Así era él, fuerte y resistente ante la vida.

Cuenta mi mamá que en cierta ocasión mi abuelo se perdió un mes en la sierra cuando fue enviado a cumplir cierta consigna militar y cuando estaban a punto de darlo por perdido y muerto regresó sano y salvo a casa por sus propios medios.

Hombre fuerte, recio y firme para con su propia persona, con sus nietos fue todo lo contrario. Siempre lo recordaré como un ser simpático, platicador y muy complaciente. En mi caso, una vez llegó a echarse la culpa para encubrirme ante mi mamá pues con una pelota de fútbol rompí un cristal de su casa.

En lo que respecta a su fe mi abuelo se mostró fervoroso de la Virgen de Guadalupe, la cual siempre le acompañó en todo momento pues guardaba una imagen de ella debajo de su gorra militar (lo que publiqué anteriormente). De hecho él atribuyó a esta costumbre de fe el que en más de una ocasión la Virgen de Gaudalupe le hubiera salvado la vida en el ejercito. Cuenta que una vez se vio rodeado por una comunidad alebrestada en su contra y que cuando él se quitó la gorra para tratar de dialogar con ellos toda la gente se arrodillo al ver que tenía una imagen de la Virgen dentro de su gorra y le dejaron ir.

En fin, seguro que una vida de 95 años daría para publicar un blog y varios libros por sí mismos, más me gustaría tan solo decir que mi abuelo fue un gran hombre, servidor de su patria, su familia y su fe. Yo me llevó en mi corazón los gratos y riquísimo recuerdo de un hombre que me amó y me cuidó mucho y le agradezco a Dio que me haya permitido hacer lo mismo por él en sus últimos días de vida.

El capitán Fernando ya no está con nosotros, más mi corazón se encuentra tranquilo y en paz al saber que ahora su espíritu está en presencia del Creador y de su Virgencita amada.

¡Gracias abuelín, ya nos volveremos a encontrar en el cielo para volver a ver el fútbol juntos otra vez!

 


Mi otra Biblia

28 julio 2012

Soy un ávido lector.

Y desde luego cabe decir que como católico que soy (¿de plano si se nota mucho?) el libro de cabecera que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida es la Biblia y de entre los numerosos textos que la componen, los Evangelios son mi mayor punto de referencia.

Pero existe otro libro que igual me ha acompañado en muchos momentos de mi vida y que me ha aportado de igual forma gran significado en mis numerosas etapas formativas.

Me encontré con el libro durante mi etapa de preparatoria, y a partir de ese momento su contenido me ha dado mucho para pensar y meditar, precisamente por que se embona a la perfección con lo que valoro de la Biblia.

Se trata del libro “El hombre en busca e sentido” del psiquiatra australiano Viktor Frankl. 

Hoy se que este libro le ha aportado mucha riqueza no solo a un servidor, sino también a millones de personas en todo el mundo.

Encontré una estadística que menciona que “Man in search of meaning” (titulo del texto en Inglés) es considerado como uno de los 10 libros más influyentes en el pueblo norteamericano en el pasado siglo XX.

Incluso, puedo estar seguro que muchos de ustedes, estimados lectores, ya lo han leído ¿cierto? Si no es así, en verdad se los recomiendo enormemente. Su lectura no es en lo absoluto compleja ni densa y por lo internaste del relato se puede llegar a devorar en una o dos semanas… (o días)

Pero…¿por que es tan interesante el libro?

Por que Frankl aborda de manera magistral lo que hoy se sabe es  el gran motor de la vida  humana: La búsqueda de sentido.

Pero si bien con la mera y grandiosa perspectiva académica del autor bastaría para hacerlo interesante,  la ponencia del tema y todas sus teorías viene avaladas por la vivencia misma del autor de las mismas durante su encierro trágico en el deshumanizante campo de concentración de Auschwits durante la segunda guerra mundial.

Así es, Viktror Frankl narra a lo largo del libro muchas de sus experiencias en lo que podría ser considerado como uno de los lugares más desesperanzadores de la historia de la humanidad y en el que, aún así, brillaron grandes demostraciones de la luz humana.

Y en medio de esa desolación y martirio, Frankl se pregunta:

¿Por que ante la adversidad existen hombres que sucumben al primer desencuentro y otros que la enfrentan con enorme valentía y coraje?

Como el mismo título del libro lo dice, la respuesta a esta incógnita radica en la concepción que cada hombre tenga de un sentido de su propia vida.

Quienes tienen consciencia de una misión de vida suelen mostrarse más aptos para salir airosos de cualquier escenario adverso. Por el contrario, nada explica mejor la muerte de cientos de personas por la vía del suicidio, que la falta misma de sentido.

Podría hablar mucho sobre cada una de las enseñanzas que obtuve de este maravilloso texto que me ha llevado incluso a leer otras obras del autor, pero prefiero dejar que sean ustedes mismos quienes se armen de una opinión propia sobre mismo.

¡En verdad es un libro altamente recomendable!


Cinco grandes arrepentimiento antes de morir…

4 julio 2012

Recién hoy en la mañana me encontré con un artículo de internet que comenta sobre la experiencia de Bronnie Ware, una enfermera australiana quien durante muchos años tuvo la oportunidad de trabajar con personas en etapa terminal y quien se dio a la tarea de meditar sobre cuales han sido los cinco grandes arrepentimientos que estas personas constantemente sienten ante su inevitable lecho de muerte.

Según palabras de la autora del libro al que puso como titulo “los cinco arrepentimientos de los moribundos”, la visión que el trabajo con estas personas le dio sobre la muerte le permitió cambiar radicalmente su propia vida.

“La gente madura muchísimo cuando debe de enfrentar su propia mortandad…” explica la misma autora “Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación. Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir”

Así, la lista de las cinco cosas que la gente que está a punto de morir hubiera querido hacer más o mejor es:

1.  Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera…

2.  Ojalá no hubiera trabajado tanto…

3.  Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía…

4.  Habría querido volver a tener contacto con mis amigos…

5.  Me hubiera gustado ser más feliz…

Definitivamente estas reflexiones me ponen  pensar mucho en lo que verdaderamente es valioso en la vida ¿Cuanto de lo que hoy hacemos tiene importancia y valor de cara a entregar las cuentas correctas al Creador?

Siempre he dicho que hay dos preguntas que debemos de resolver a la luz de poder darle un pleno sentido a nuestra existencia.

1) ¿Que es lo que debemos hacer? 

2) ¿Cómo hacerlo más y mejor?

Girando el pensamiento sobre estas reflexiones nos daremos cuenta si nuestro tiempo se pierde en cosas banales y que a la larga no tendrán impacto en lo que verdaderamente nos producirá plenitud y trascendencia.

Lectores de “Diario de un Católico”, piénsenlo profundamente…

Si en verdad estuviéramos a punto de morir… (lo cual siempre es una posibilidad latente)

¿Que nos pondríamos a hacer en este mismo instante?

Creo que la respuesta es más que obvia… ¿no lo creen?


Viernes Santo

6 abril 2012

El día de hoy una simple reflexión:

“Ama hasta que duela… Ama hasta la muerte… ”

pues nadie ama más que aquel que da la vida por sus amigos… (Jn, 15, 9)

Hoy es un excelente día para aprender a amar…. Alguien está por poner el ejemplo.


Haz de tu vida un suceso maravilloso…

3 enero 2012

Creo que esta es la misión de todo hombre sobre la tierra…

“Hacer de la propia vida y la de los demás un suceso maravilloso”

No tenemos garantizado el futuro…

No tenemos garantizado ni siquiera el próximo minuto de vida…

Tan solo la certeza de que hoy estás vivo y puedes, mientras esto sea posible, hacer la diferencia en tu existencia y en la de los demás que te rodean.


Entender la muerte

16 junio 2011

Uno de los temas más complicados de afrontar es la muerte de un ser querido.

Los católicos tenemos una perspectiva muy particular de este desafortunado y complejo evento. Creemos que los cuerpos perecen pero las almas permanecen. Esto no solo es una idea que ayuda a reconfortar el dolor de quienes sufren una pérdida, sino un concepto que tiene su sustento completo en la teología cristiana.

La muerte es para nuestra filosofía espiritual católica el sustento de muchas cuestiones y la validación de otras.

Sin la muerte, la historia de la salvación no habría tenido ningún cause. Es la muerte esa barrera infranqueable para los hombres comunes y corrientes pero fácilmente superada por Dios encarnado en Jesús.

Es justamente la imagen de Jesús vencedor de la muerte lo que nos conforta y llena de esperanza a los católicos. Si Jesús resucitó de entre los muertos, qué mayor muestra de su gran poder divino.

Así, la muerte se vuelve contradictoria ante nuestros ojos pues es difícil de afrontar pero posible de cruzar.

La muerte de un ser querido nos duele pues nos afronta con el hecho de nuestra propia debilidad, nos recuerda que no tenemos poder alguno más que el que Dios nos concede en la tierra. La muerte nos afronta directamente con nuestra única realidad: somos efímeros en este mundo (“Polvo eres y en polvo te convertirás”)

Al respecto de la muerte, a mi me gusta pensarla en estos términos…

“Para quienes buscamos y luchamos por vivir la santidad, la muerte no es temida sino añorada, entendiendo que añorar significa esperar la llegada de algo que no está en nuestras manos poder consumar, pero que sabemos es bueno para el corazón”


Dios respeta tu decisión…

19 mayo 2011

Desde hace un par de días me ha venido rondando la siguiente reflexión…

“El amor de Dios por lo hombres es tan grande que siempre respetará la decisión y postura que tengamos sobre Él hasta el final de los tiempos”

Si nuestra postura ante Dios es… “Existe y deseo amarlo por sobre todas las cosas” entonces Él, al final de nuestra vida, respetará esta postura y nos permitirá seguirle amando por la eternidad. Se hará presente para que lo amemos y nos compartirá su amor de regreso.

Pero, si por otro lado, nuestra postura ante el Creador es… “No existe y no merece mi atención”, entonces Dios también respetará esta decisión y como tal actuará en la vida eterna. No se aparecerá, no se hará presente y no nos interferirá en lo absoluto. Nos regalará el vacío que le pedimos en la tierra.

Esto lo medito considerando que Dios respeta nuestra libertad y nos da la oportunidad de elegir nuestra postura… Él no impone nada.

Somos nosotros quienes le dictaremos al Señor nuestro destino.


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