La prueba más contundente de la resurrección

7 abril 2015

Piensa en la siguiente situación.

Se te pide que renuncies a todas tus pertenencias (absolutamente todas).

Se te pide que renuncies a tus seres más queridos: esposas, padres, hijos (con una alta probabilidad de que jamás les vuelvas a ver)

Se te pide que renuncies por completo a la idea de poder acumular riqueza (de hecho vivirás de la caridad ajena)

Se te pide además que te prepares para caminar miles de kilómetros entre desiertos y montañas durante el resto de tu vida soportando las peores inclemencias del tiempo.

Se te pide que a partir de ahora aceptes la posibilidad de que te insulten y te persigan.

Más por encima de todo se te pide que, cuando llegue el momento indicado, aceptes morir asesinado (literalmente).

Ahora te pregunto…

¿Por que causa estarías dispuesto a aceptar todo lo que anteriormente se expone?

En mi caso la respuesta es una sola: por la causa de la verdad.

Veamos.

Corría el año 33 de la era cristiana, y 12 individuos acompañados de algunas mujeres piadosas se encontraban llenos de pánico encerrados en el sótano de una casa. Tenían miedo de salir de su guarida pues se sabían perseguidos a causa de un amigo muy cercano suyo que había sido recién crucificado por promover ideas radicales entre la población.

Estos doce hombres habían sido partícipes de dicho movimiento revolucionario y tenían certeza que la misma suerte que había sufrido su amigo era la misma que les podía esperar a ellos si se le encontraba en la ciudad donde habían sucedido los acontecimientos.

El miedo y la incertidumbre eran las emociones predominantes en aquel grupo de amigos. Uno de ellos incluso, con tal de salir vivo de una situación de peligro, negó haber pertenecido al grupo y mucho menos haber sido cercano al crucificado. Gracias a esto pudo escapar.

Varios años después a estos mismos 12 hombres se les puede encontrar pero ahora sosteniendo cada uno una actitud radicalmente opuesta a la anteriormente mencionada.

Ahora están seguros de sí mismos, son valientes y sabios.

A pesar de que siguen siendo objeto de persecución recorren las calles de distintas ciudades sin temor a las consecuencias que sus enemigos puedan ejercer sobre sus vidas.

Hablan en distintas lenguas, buscan exponerse en público para ser escuchados, viven de manera completamente austera. Han renunciado a estar cerca de sus familias.

Así como en muchos lugares son bien recibidos, en otros más son insultados y apedreados. Son los mismos 12 hombres que anteriormente dudaron y negaron.

Pero ahora, contrario al miedo que les daba ser identificados como miembros del grupo de su amigo crucificado años atrás, ahora hablan todo el tiempo de Él en cualquier lugar  y se congratulan de ser parte de ese movimiento.

Les persiguen y no les importa, les hacen prisioneros y no se oponen a ello.

Finalmente, llegado un momento indicado, todos ellos son asesinados por no querer detener su actividad apostólica.

¿Pudieron haber evitado la muerte de martirio? Seguro que si. Tan solo bastaba que renunciaran a su predicación. Bastaba con que cada uno optara por decir que lo que habían dicho por años era mentira, un vil invento. Afirmar que mentían era lo único que los separaba de salvar sus vidas. Pero no lo hicieron.

No lo hicieron por que ellos hablaban de la verdad y es imposible vivir sin estar apegado a ella. Podían mentir y salvar sus vidas, si, pero al hacerlo en realidad hubieran muerto en vida.

Incluso el miembro del grupo que años atrás si había mentido y con esto salvado su vida en un ocasión, ahora le encontramos aceptando morir bajo el mismo método que su amigo pasado, crucificado, pero pidiendo que su cruz fuera puesta de manera invertida por no sentirse digno de igualar la misma forma de la cruz.

¿Qué pasó en la vida de estos hombres? ¿Por que ese cambio tan radical? ¿Cómo transformar el miedo y la negación en valentía y aceptación?

Todos murieron defendiendo su creencia.

¿Qué creencia?

Una que era tan fuerte que solo podía tener como origen la verdad misma. Que su amigo crucificado años atrás, Jesús de Nazareth, había resucitado.

“¡Niega que eso es verdad y vivirás!” seguramente escuchó cada uno en su lecho de martirio.

“¡Niega que lo que has venido diciendo es real! ¡Admite que jamás presenciaste a un hombre resucitado de la muerte! ¡Hazlo y podrás vivir!” Escucharon todos.

“¡Jamás lo diré!” podemos escuchar que cada uno exclamó por su cuenta al ser juzgados.

“¡Lo que prediqué es cierto y real, yo mismo presencié a Jesús resucitado!” volvieron a contestar

Y entonces fueron muertos por no querer desdecirse.

Los que les dieron muerte pensaban que con el fin de aquellas vidas, vendría también el fin de aquella irreal creencia de un hombre resucitado, más no fue así.

Cuando miles de personas presenciaron los distintos martirios público de los 12 hombres se llenaron de dudas.

¿Por qué no negaron sus creencias? ¿Qué verdad defendían que valía la pena dar la vida por ella? ¿Será que estos hombres sabían algo que vale la pena averiguar?

Y entonces la defensa de la resurrección de Jesús de Nazareth con la propia vida se convirtió, a partir de ese momento, en la prueba más contundente de la  realidad de dicha creencia. Nadie da la vida por algo que no cree con suficiente firmeza. Sería ilógico hacerlo a menos que esta fuese cien por ciento real.

Que doce hombres temerosos y llenos de duda hayan transformado su actitud tan radicalmente al extremo de ofrecer su vida en defensa de una verdad solo se puede explicar de una forma: tenían razón.

Si doce hombres y, después de ellos, cientos de miles de hombres y mujeres más han aceptado las premisas que expuse al inicio de esta publicación a causa de la defensa y promulgación de una idea, que Jesús resucitó, entonces para mi ellos se convierten en la razón más contundente para creer que esto verdaderamente sucedió.

Jesús resucitó, mi vida va de por medio a que esto es verdad.

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La encomienda de Jesucristo

22 febrero 2013

La misión que Jesucristo nos envío fue a predicar el evangelio a todo el mundo, no a inscribir a su Iglesia al mayor número de personas posibles.

Lo anterior lo escribo pues he notado últimamente en algunos medios de comunicación ciertos comentarios sobre si la Iglesia, ahora que será guiada por un nuevo pontífice, debería de actualizar y liberalizar sus posturas de cara a ganar más fieles y adeptos o, visto desde una perspectiva más pesimista, dejar de perderlos.

Así como una verdad no se vuelve más o menos cierta por que más o menos personas la crean, una religión tampoco se vuelve más o menos creíble por que tenga muchos o pocos seguidores.

La misión última de un Papa no es atraer más adeptos a la Iglesia Católica, sino velar por la santidad de los fieles que le pertenecemos. Si para hacer esto debe de exigirnos moralidad y rectitud a la altura que los tiempos modernos lo piden, pues entonces que así sea. Si haciéndolo resulta que muchos se sienten inconformes e incómodos con estas exigencias y optan por cambiarse a una doctrina más cómoda, pues que así sea.

Vuelvo a repetir que la encomienda de Jesús hacia sus apóstoles fue la de “predicar la buena nueva” o lo que es lo mismo, la verdad que Él nos vino a revelar, más jamás quiso con esto decir que esta iba a ser perfectamente aceptada por todos quienes la escucharan.

Si en el extremo de los casos, la Iglesia Católica se viera reducida a solo un puñado de fieles que siguen la doctrina de Jesucristo, esto no le quitaría validez ni veracidad alguna. Si por el contrario, esta creciera doblando o triplicando su número de integrantes, tampoco sería indicio de que esta es mejor que otras.

Sabemos que la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia de Dios por que Él así nos lo dijo, nada más. Si Dios nos dice que algo es verdad, entonces irrefutablemente lo es. Si el mundo lo cree o no es punto y aparte.

Dirigir una Iglesia no es un asunto de popularidad ni de carisma, sino de firmeza en el resguardo de los principios universales diseñados por Dios para el bien de la humanidad.


The Catholic Way (II)

27 septiembre 2011

Ayer les platicaba sobre el concepto “The Catholic Way” (al estilo católico) y de cómo lo utilizo para tratar de describir la forma en cómo los católicos nos acercarnos a distintos ámbitos de nuestra vida (educación, familia, empresa, trabajo, etc..)

Bueno, pues hoy me permitiré profundizar un poco más en cual es, a mi parecer, el principio que rige la perspectiva católica de la vida y que es el fundamento mismo del concepto “The Catholic Way”.

Lo que expondré no es nada inventado por mi, es simplemente un repaso del  principio universal que el mismo Jesucristo nos recordó hace más de 2,000 años. Y digo “nos recordó”, por que no significaba que antes de Él este principio no existiera, pero parecería que a los hombres les resulta relativamente fácil olvidar con el tiempo lo que es verdaderamente importante para su propia conveniencia.

Aquí mi explicación…

The Catholic Way significa tratar de incorporar a nuestra perspectiva del mundo un único principio. Uno que se lee una y otra vez en cada página de los evangelios. Quien es católico, lo es, por que está atendiendo a dicho mandamiento y como tal lo ejerce en su día a día.

¿Cómo entender lo que debe ser la política para un católico? ¿Cómo saber si mi empresa cumple con lo que Jesús espera de ella? ¿Como católico cual debe de ser mi postura ante temas sensibles como aborto, eutanasia u homosexualidad? ¿Que significa que una escuela es católica? ¿A qué me comprometo al decir que soy católico?

The Catholic Way hace referencia a cual es el estilo de vida de quienes seguimos a Cristo a través de la guía de la Iglesia Católica.

¿Cómo estudiamos los católicos? ¿Cómo hablamos los católicos? ¿Cómo trabajamos los católicos? ¿Cómo hacemos negocios los católicos? en fin… ¿Cómo somos los católicos ante la vida en general?

The Catholic Way bien podría ser una manera de describir cómo es que los católicos vemos al hombre, a la sociedad, al mundo y al universo entero, y además como nos comportamos ante esas realidades.

El principio que rige al Catholic Way no es algo desconocido, al contrario es una ley universal que todos, absolutamente todos los seres humanos aceptamos como válida. El punto es que los Católicos nos comprometemos especialmente con su cumplimiento y observación. No solo la tratamos de ejercer todos los días, sino que vamos más allá y tratamos de difundirla… Cristo nos ha instado a hacerlo.

Por eso The Catholic Way es el término que yo utilizo para describir la misión que tenemos todos los que nos decimos ser seguidores de Cristo a través de la Iglesia Católica de atender, vivir y promover el siguiente principio:

“Amar a Dios a través del amor al prójimo por sobre todas las cosas” 

Las universidades católicas, enseñan este principio. Las empresas católicas construyen riqueza económica y social tomando como base este principio. Las familias católicas, incuban en su seno este principio. Los científicos católicos, investigan el mundo preservando este principio. Los políticos y gobernantes católicos, crean leyes que velan por este principio. Los grupos de voluntariado católico, ejecutan vivamente este principio. Los comunicadores católicos, hablan e informan cuidando este principio. Los médico católicos, sanan y curan por que les apasiona este principio. Los sacerdotes católicos, entregan su vida por este principio.

No es nada nuevo… ¿lo ven?

Es el mismo mensaje de siempre. Ese que ya todos conocemos y que nos enseñaron en la escuela una y otra vez.

The Catholic Way simplemente es una referencia a un grupo de personas (los católicos) que construimos nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras empresas, nuestra organizaciones, nuestros grupos sociales, nuestro mundo, tomando como base siempre ese principio.

Los Católicos somos, en conclusión, un grupo de personas que habiendo escuchado de boca de Jesucristo la invitación a amar a Dios, nuestro Padre, a través del amor al prójimo, sus hijos, nos hemos dado a la tarea de volvernos locos en llevar dicha misión al límite de la pasión.

Si tu amas a Dios y a tu prójimo como a ti mismo… ¡Estas actuando, en definitiva… al estilo católico! 


Carta de un sacerdote al NY Times

13 septiembre 2011

Les comparto esta carta que circula en varias de las redes sociales…

“Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Pero ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas. Que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños…

No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza.

Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

“Mi pasado Señor, lo confio a tu Misericordia; Mi presente a tu Amor; Mi futuro a tu Providencia”


La misión esponsal…

11 julio 2011

El fin de semana pasado asistí a la boda de un amigo y me dio gusto escuchar las palabras del sacerdote que les casó, quien les recordó cual es la misión de cada uno de los esposos dentro del matrimonio…

“Facilitar la santidad de su pareja”

En mi boda (hace ya casi siete años) el sacerdote nos dijo algo similar a mi y a mi preciosa esposa…

“La misión es que lleguen juntos al cielo. No se vale que lleguen separados o que solo llegue uno”

Que cierto es todo eso. El matrimonio es el primer gran encuentro de los seres humanos con la responsabilidad de lograr llevar al cielo a alguien con nombre y apellido. No se trata de apoyarte en el otro para llegar tú, sino de ayudar al otro a que llegue también.

Lamentablemente muchas parejas apenas y logran captar esta misión esponsal una vez que contraen matrimonio, pues jamás logran deshacerse de su propio egoísmo y olvidan que el matrimonio es una sociedad de entrega y no de petición.

Dios bendiga a las parejas nuevas y les conceda la fuerza para sostener su fidelidad y amor por toda la vida, pero para esto habrá que recordar que, en el matrimonio, así como en cualquier ámbito de la vida… ¡Con Dios se puede todo, sin Él no se puede nada!


Firmado, Dios

10 agosto 2009

Atentamente Dios.001-001Que interesante resulta conocer el  título del nuevo libro del Doctor en Filosofía Carlos Goñi: “Firmado, Dios”

Según se puede leer en la reseña, el libro presenta un análisis del antiguo testamento desde una perspectiva original: todos tenemos en nuestros buzones, un correo cuyo remitente proviene directamente del cielo, de parte de Dios.

Esto me recuerda a una reflexión que suelo usar en algunas pláticas y clases.

Según se sabe, existe un manual de instrucciones que debe debe de ser entregado a cada padre y madre de familia que reciben a un nuevo bebe. Efectivamente, aunque usted no lo crea, cuando nacemos, todos los seres humanos venimos con un manual de instrucciones que, aunque la mayoría de las veces no se hace (desconozco la razón), es entregado a nuestros padres en el primer día en que llegamos al mundo. Es el “manual de uso del ser humano”.

Así, con este manual, los papás tendrían una guía que les ayudaría a lograr el mejor funcionamiento de su nueva criatura (Independientemente si esta fue concebida con amor o no).

Afortunadamente cuando se sentó a escribir el manual de uso, el creador y diseñador de este nuevo ser humano no se complicó mucho la existencia y ha querido que su funcionamiento se basara en un único principio muy sencillo. Lamentablemente, la misma sencillez de este principio produce que en un sin fin de ocasiones se le pase de lado y de como resultado un mal funcionamiento del ser humano.

“¿Qué que dice este manual?” Ah, pues muy sencillo.

Aquí la transcripción de la única regla que incluye el manual del funcionamiento del ser humano:

Estimado nuevo padre y madre de familia:

Con respecto al nuevo bebé que ustedes acaban de adquirir…

“Úsese para el bien”

Firmado, Dios.


¡¡¡Buenas noticias!!!!

8 agosto 2009

Recién descubrí un portal muy bueno de noticias católicas. Se trata de H2O news, un sitio que a través de una buena propuesta tecnológica difunde las noticias más relevantes de la vida diaria de la Iglesia Católica. Incluo ofrecen varias aplicaciones tecnológicas como: blog, aplicación Iphone, canal youtube, flickr y podcast.

El siguiente video proviene de esa fuente y habla sobre el enorme crecimiento que nuestra amada Iglesia está teniendo en Estados Unidos en donde los católicos ya alcanzan el 22% de la población. Se dice que el número de católicos con respecto al año pasado ha aumentado en 1,000,000 de fieles.

¡Bien por quienes están misionando en ese país!


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