La fila de la comunión…

3 agosto 2012

Mi esposa me hacía la siguiente observación:

“Si todos nos comportáramos en nuestro día a día de la misma forma en que lo hacemos en la fila de la comunión cuando vamos a misa, el mundo sería completamente diferente…”

Tras meditar dichas palabras,  yo no pude evitar sacar al sociólogo que llevo dentro y de inmediato procedí a profundizar en el asunto.

A continuación, les comparto 10 elementos interesantes que pude encontrar:

Cuando uno observa la manera en como los católicos nos comportamos en el momento de ir a comulgar se puede observar lo siguiente:

1) Sin necesidad de emitir un solo sonido de voz, ni una orden externa, la fila se organiza de manera perfecta.

2) De una manera gustosa y muy complaciente los feligreses se detienen en la fila para permitir que otras personas se incorporen delante de ellos.

3) Muchos se esperan hasta el último para permitir que sean otros quienes reciban la comunión primero.

4) Los padres de familia se hacen acompañar de sus hijos a quienes acarician y les sonríen en el tiempo que dura la fila.

5) Las personas se muestra pacientes y se adaptan al ritmo semi lento en que avanza la fila sin desesperarse.

6) Como en ningún otro momento las personas se pueden observar en meditación y oración mientras avanzan.

7) Las personas mayores se ven constantemente apoyadas y auxiliadas para poder llegar al altar, incluso por personas ajenas a ellas.

8) En ningún momento se presencian pleitos ni disputas por algún tipo de incidente.

9) Los esposos siempre permiten que sus esposas vayan por delante y usualmente les toman la mano o los hombros cariñosamente.

10) La actitud de todos los feligreses es de profundo silencio y oración…

En conclusión, Dios se hace presente en esa fila de la comunión, incluso antes de hacerlo en nuestros corazones a través de la hostia.

¡Eso es lo que sucede cuando permitimos que Dios actúe en nuestra vida!


No me pregunten cómo pero así fue…

23 julio 2012

Les platico que desde hace un tiempo tenía una gran angustia interior. Una de esas espinas que sabes que mientras no logres sacar de tu interior no puedes avanzar en el camino correcto. Era como un asunto que no me permitía pensar claramente y a todas leguas me estaba llevando a caminos desconcertantes.

Dicha cuestión me estaba haciendo sentir débil emocional y físicamente. Es como esas tormentas que, con el tiempo si se les permite crecer, se convierte en huracán y aunque uno sabe que pasará en cuestión de tiempo, mientras toca tierra causa mucho desastre y ruido.

Pues bien, así estaba hace un par de días hasta que decidí intentar nuevamente lo que siempre hago cuando estoy en este tipo de situaciones: ir con el jefe mayor (El chief).

Así que me di un tiempo y terminé sentado en una Iglesia, en la cual se estaba llevando a cabo una misa.

Mientras la liturgia seguía su curso, yo comencé a rezar y a pedirle a Dios que me socorriera pues sentía que por mí mismo no estaba pudiendo ganar dicha batalla interior.Incluso llegué a sentir coraje.

Pasaron unos minutos y llegó el momento de la misa en que se pide la limosna, así que como es usual, dos personas se levantaron, tomaron las canastillas en donde se pide esta y comenzaron a pasar por entre las bancas del templo para solicitar la personal donación.

Al ver que esto sucedía, metí mi mano en la bolsa de pantalón en busca de mi cartera y me dispuse a tomar un billete de $20 pesos (aprox 1.5 usd) para depositarlo como ofrenda. Yo tenía en mi poder varios billetes que en total sumaban aproximadamente $1,500 pesos (aprox $115 usd) pero escogí, de entre todos esos, el de menor denominación.

Sin embargo, justo en ese momento un pensamiento muy singular abordó mi mente: “¿Y si lo entregó todo?”

– ¿¿¡Tooodo! ??– Me respondí a mi mismo.

Si… ¿Y si das no solo el billete de $20 pesos sino todos los que tienes en la cartera?

La persona que recogía la limosna se acercaba cada vez más y más a mi lugar. Yo ya no estaba concentrado en mi rezo sino en la idea disruptiva que yo mismo me había provocado.

No me pregunten cómo pero en el momento en que la canasta de la limosna se puso frente a mi, sin dudarlo, tomé todos los billetes que estaban en mi cartera y los entregué sin más.

La persona que recogía la limosna no se percató de la cantidad de dinero que entregué pues el recipiente en el que se deposita tiene una forma de saco que permite meter la mano hasta el fondo del mismo sin dejar expuesta la cantidad que se está recolectando.

Así fue… entregué todo el dinero que tenía previsto para usarlo en muchas otras cuestiones diciéndome a mi mismo: “Me abstendré de ellas, no pasa nada”.

Acto seguido, me quedé mirando mi cartera literalmente vacía. Lo había entregado todo.

Pero algo brincó en el interior de la misma. Resulta que hace varios meses había guardado dentro de ella, en un compartimentos casi oculto, una pequeña hojita que me había encontrado en alguna otra Iglesia con la siguiente inscripción:

“¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?

Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te abandones en mi todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada  como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma JESÚS, YO CONFÍO EN TI.

Evita las preocupaciones y angustias y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después. No estropees mis planes, queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad. Abandónate confiadamente en mi. Reposa en mi y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente JESÚS YO CONFIO EN TI.

Lo que más daño me hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices JESU YO CONFIO EN TI no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. YO TE AMO.

Si crees que las cosas empeoraron o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos el alma y confía. Continua diciéndome a toda hora JESÚS YO CONFIO EN TI.

Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. CONFIA SOLO EN MI.

Así que no te preocupes, echa en mi todas tus angustias y duerme tranquilamente. Dime siempre JESÚS YO CONFIO EN TI y verás mi gran misericordia. Te lo prometo por mi amor.

Amén”

Admirado de haberla vuelo a encontrar, tomé esta hojita entre mis manos y la leí una y otra vez. Recé leyendo cada una de las palabras que decía esta oración tratando de tomar plena consciencia de lo que trataba decir cada frase. Me dejé de preocupar por el dinero que ya no tenía en mi cartera y me di cuenta que tal vez este me había estado estorbando para poder llegar a algo más valioso que igualmente se encontraba ahí mismo, la petición de Dios hacia mis de que no me preocupar más, que ahora él se encargaría de todo.

La misa prosiguió y yo seguí con ella.

Al terminar el ritual y tras las palabras de gracias finales,  sentí otro impulso similar al que había experimentado con el del dinero…

-“¡Confiésate!”-

Y  sin pensarlo más, acudí a la sacristía para alcanzar al sacerdote que había celebrado la misa y le pedí que me confesara. Así lo hizo.

Al terminar regresé a casa y seguí con mis actividades cotidianas.

No me pregunten cómo ni por qué, pero el sentimiento de angustia que originalmente me había llevado a pedir ayuda a Dios… ¡Desapareció!

Comencé a sentir como una nueva fuerza para sostenerme por mi mismo ante el embate de lo que anteriormente era producto de mi debilidad.

La espina se había salido de mi corazón y yo parecía estar sanado. No es que mis problemas todos se hubieran solucionado, pero si me daba la impresión de que ahora contaba con un nuevo ímpetu para afrontarlos. A partir de que salí de esa confesión, me sentí mucho más preparado para luchar nuevamente.

Me gusta pensar que esa es la magia de Dios. Respondiéndonos en una mayor medida que nuestra propia respuesta hacia Él. Yo decidí en un momento entregarlo todo y Él me respondió de regreso. Así es Él, jamás se deja ganar en generosidad.

Estoy contento de saber que el dinero que di se ha de estar usando en alguna obra que Dios dispondrá mejor que yo. Tal vez mi angustia fue un medio para llevar un recurso a quien más lo necesitaba. No lo se. Lo que si me queda claro es que esta oración que volví a reencontrar en mi cartera es muy cierta, probablemente la más cierta de todas.

De hecho, tan convencido estoy de eso que llevo varios días rezando únicamente a la voz de: JESÚNS YO CONFIO EN TI.


Te lo juro por el dedo meñique…

22 septiembre 2011

Mi hija de seis años me acaba de pedir que le haga una promesa:

“Papá… júrame por el dedo meñique que me vas a llevar contigo a la misa de los niños a partir de ahora “

Y diciendo esto extendió su mano hacia mi con su dedo meñique erguido tratando de darme a entender que yo también debería de entrelazar mi dedo meñique con el de ella.

¡Así lo hice!

Y es que se ha hecho costumbre en la Iglesia que está en frente de mi casa que la misa dominical de las 10:00 am está dedicada a los niños.

Normalmente un servidor asiste a misa de 20:00 horas, pero por el juramento realizado a mi hija quien ante el orgullo de su padre, ya empieza a conocer más por voluntad propia de temas de religión, tendré que cambiar mi rutina habitual y comenzar a asistir a misa de 10:00.

Después de todo… ¡Un juramento hecho por el dedo meñique es… un juramento imposible de destruir!


La misa

19 enero 2011

Dicen una frase popular que “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Pues me quiero permitir robarme un poco la intensión de dicha frase y recomponerla de la siguiente manera…

“No por mucho ir a misa se es más católico”

Esta aseveración puede escucharse rebelde y contraria a la predicción de la Iglesia. Pero no es así…

Lo que quiero decir es que el centro de catolicismo no es la asistencia a misa, si no la vivencia del amor.

Desde luego que no estoy diciendo que acudir a misa no es importante… claro que no. Lo que sucede es que pareciera que muchos católicos piensan que ir a esta celebración en domingo, es el compromiso más importante de la espiritualidad católica… y ya.

Veamos…

Los católicos vamos a misa principalmente por una razón: por que en cada una de ellas se lleva a cabo el acto de amor más grande de Dios hacia los hombres. Por consecuencia, la asistencia a misa se hace imperativa, pues nos permite encontrarnos de cerca con el amor vivo en persona. Jesucristo vuelve a revivir su sacrificio de amor hacia la humanidad en cada celebración.

Así… si uno no asume cada misa con esta actitud y luego procura perseverar esta misma a lo largo de toda su semana, no se estará viviendo el verdadero sentido de la celebración eucarística.

La misa tiene como objetivo principal servir como escuela de amor, ese amor que no me canso de repetir… “Es el distintivo esencial del catolicismo”.


Me falta mi misa

30 noviembre 2010

Estimado lectores, debo reconocer que llevo dos domingos sin poder asistir a misa….

Si bien reconozco que las razones son completamente imputables a mi falta de capacidad de organizar y priorizar  mis actividades dominicales, también es cierto que nunca hay razones suficientes para justificar que lo importante se haga en primer lugar.

Me siento vacío, como si hubiera dejado de hacer algo que se encargaba de llenar mi tanque de gasolina cada semana.

Pero no se diga más… este fin de semana regreso desde ya a la casa del Señor.

(¿Será por eso también que he dejado de ser constante en mi blog?)

Para un católico la misa dominical es el alimento del alma, y cuando no recibe ese alimento el hambre espiritual empieza a manifestarse para reclamar lo suyo, lo que le alimenta el corazón.

Si, me siento con hambre… hambre de volver al pan de vida eterna. Pero este fin de semana, sin pretexto alguno, regreso a casa, a la casa del Señor.


Una nueva forma de rezar

2 septiembre 2010

Desde hace un par de meses estoy implementando una nueva manera de rezar durante la comunión en la misa…

Habitualmente la gente suele levantarse inmediatamente de sus asientos en cuanto el sacerdote se dirige al lugar destinado para impartir la comunión y una vez que la han recibido se dirigen de nueva cuenta a su lugar y empiezan a rezar. Así suele ser normalmente.

Lo que yo he empezado a hacer es lo siguiente…. en cuanto el sacerdote empieza a impartir la comunión, yo me pongo de rodillas y empiezo a rezar inmediatamente, aún sin haber comulgado. Durante este momento aprovecho para yo dialogar con Dios. Normalmente le agradezco las bendiciones de la semana y le pido ayuda por las necesidades que Él mismo ya conoce en mi corazón.

Tengo el tiempo suficiente pues la fila de la gente que está por recibir la comunión suele tardarse algunos minutos en fluir.

Una vez que he terminado de dialogar con Jesús, entonces si, me levanto y me dirijo a comulgar…

¿Dejo de rezar después de comulgar? Desde luego que no. Pero ahora, con Dios en mi interior lo que hago es callar. Ya no soy yo el que hablo. Mi rezo, para después de haber recibido la eucaristía, es en completo silencio. Ahora se trata de que sea el Maestro quien hable, ya no el alumno.

Este nuevo sistema de dividir mi oración antes y después de la comunión me ha resultado gratificante pues, además de que puedo dedicar más tiempo a la acción de la dialogar con Dios, también he encontrado que con el silencio Dios puede actuar mejor en mi durante esos momentos de reflexión.

En fin… espero que este tip les pueda ayudar a incrementar y mejorar su comunicación con el mejor amigo del alma: Jesús.


Mi misal mensual

9 agosto 2010

Ayer me llegó vía correo postal mi primer misal mensual de parte de la editorial Buena Prensa. Recién descubrí que uno se puede suscribir vía internet al envío postal del mismo.

Así que ayer  me dispuse a estrenarlo por primera vez en misa, pero tuve un inconveniente. El misal que me llegó corresponde al del próximo mes (septiembre) y no al actual (agosto), por lo que tendré que esperar para estrenarlo hasta dentro de un par de semanas.

Si alguien en la República Mexicana está interesado en que le llegue a su casa este misal mensual lo puede hacer siguiendo el link siguiente de la editorial Buena Prensa. El costo de suscripción anual (12 ejemplares) es de 142 pesos (mexicanos)  o $11.50 dólares.

¿Que para que sirve un misal mensual?

Pues entre muchas otras cosas, permite seguir las lecturas de todas las misas diarias que se llevan a cabo en un mes en particular. Si se tiene la costumbre de asistir a misa de una forma periódica (no solo las dominicales y las festivas), el misal ayuda a saber qué lecturas y reflexiones corresponden a la misa de cada día.

Ahora bien, dado que no todos vamos a misa todos los días, si que podemos utilizar el misal para por lo menos conocer el evangelio que corresponde a cada día y así por lo menos hacer la reflexión evangélica correspondiente.

Además, con el misal puede uno conocer el santoral y el color correspondiente de la liturgia en turno, así como tener acceso a pequeñas reflexiones que nos ayudan a acompañar mejor la misa de todos los días.

Yo lo pienso utilizar para leer las lecturas y el evangelio antes de ir a misa, así cuando esté presente en la ceremonia pueda concentrarme en poner más atención a los detalles de cada lectura que llevaré previamente leída. Además, también me servirá para mis reflexiones evangélicas diarias.

Lo bueno es que no pesa casi nada y lo puedo llevar sin problema en la mochila.


¿Quién es Jesús?

23 julio 2010

Muy bien… ha llegado la hora de preguntarnos seriamente ¿Quien es para nosotros verdaderamente ese tal Jesús de Nazaret?

Este reflexión la hago derivada de mi encuentro hace uno par de semanas con una de esas hojitas maravillosas que llevan como título “El día del Señor” y que se reparten los domingos en misa par poder seguir con ella las lecturas de la liturgia. Quienes las han tenido en sus manos, seguramente habrán notado que en la parte de atrás de estos pequeños dípticos, viene impresa siempre una reflexión sobre el evangelio dominical en turno.

Pues bien, hace un par de domingos me ha gustado tanto esta reflexión, que decidí que me permitiría llevar a casa dicha hojita para poder transmitir dicho texto por esta vía a todos los lectores que no lo hubieran notado en misa.

Esta hoja me acompañó durante varios días en la bolsa de mi camisa, hasta que por fin el día de hoy cumplo con esta tarea de transcribir dicho mensaje…

“Para ti, ¿quien soy yo?

“Ya se que para muchos hombres y mujeres, yo soy… mejor dicho, no soy, no existo o, al menos, ellos y ellas actúan como si yo no existiera…”

” Ya se que para el teatro y la televisión soy una -Superestrella-“

“Ya se que en muchos lugares soy un solemne desconocido”

“Ya se que, según la Constitución, en México no tengo ni acta de nacimiento, ni credencial de elector… ni vela en ningún entierro”

“Ya se que para algunos soy un poquito más que Pancho Villa, que Emiliano Zapata o el Che Guevara”

“Pero lo que este domingo importa mucho es saber… ¿Quién soy para ti?”

“¿Un simple conocido de la infancia?”

“¿Un clavo ardiendo del cual agarrarse cuando los problemas aprietan?”

“¿Un verdadero amigo, en las buenas y en las malas?”

“¿Una mera costumbre dominical?”

“¿Alguien por el cual – y, claro, con el cual- vale la pena cambiar de vida?”

“¿Alguien digno de imitación práctica: en la casa, en el trabajo, en la sociedad?”

“¿Alguien que pueda darle un sentido a tu vida?”

“Para ti, ¿Quien soy yo en la realidad cotidiana de tu vida?”

Fuente: Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C (www.buenaprensa.com)

En las buenas y en las malas

28 junio 2010

¿Se han puesto a pensar lo fácil que es tener a Dios presente cuando las cosas nos salen bien? Pero al mismo qué difícil es acordarse de Él cuando las cosas no son del todo acordes a nuestras expectativas ¿No es así?

El ser humano es un enjambre de sentimientos y emociones. Algunas veces está arriba, con todo el ánimo a tope y otra veces puede estar en la parte más profunda de su pesimismo. Es difícil, lo se, pero así somos y no podemos hacer mucho por cambiarnos.

Lo que si podemos hacer es aprender a entendernos. A identificar que nuestros momentos malos al igual que los momentos buenos son pasajeros y que con el tiempo cambiarán. Lo único constante en el ser humano es el cambio mismo.

Ayer, por ejemplo, fui a misa y me costó mucho trabajo concentrarme en ella. Además de que el sacerdote no es precisamente un talentoso de la oratoria, tenía en mi cabeza un montón de asuntos que me distrajeron todo el tiempo. Era como si estuviera sentado en la banca de la iglesia y mi cuerpo me pesara cien veces más de lo que de por si ya me pesa.

¿Es normal sentirme así a veces? Desde luego. Como también es normal que en ocasiones ir a misa me produzca lágrimas de emoción por el encuentro espiritual que Jesús me permite sentir en su presencia (El momento en que todos los asistentes a la misa nos acercamos a recibir la comunión me produce especial emoción)

El ser humano es así, voluble y complejo. Pero Dios no nos quiere por esto, sino por simplemente estar ahí, con Él, aunque no estemos teniendo un momento de euforia espiritual.

Se cuenta que la misma madre Teresa tuvo un periodo de sequía espiritual de más de 10 años que la llevaron a cuestionarse severamente su fe. Al final de su vida, Dios, por medio de su asesor espiritual, le permitió entenderle el por qué de esta situación.

La santidad de Teresa de Calcuta no era el reflejo de su gran experiencia sensorial con Dios, sino de su perseverancia infatigable.

Eso es lo que Dios más admira de los santos, que a pesar de que no se encuentren en el mejor momento emocional de su vida, sean capaces de estar con Él, a su lado una y otra vez.


¿No me nace?

3 junio 2010

Uno de los argumentos más comunes que escucho de muchas personas que no asisten a Misa es el siguiente:

No voy a misa por que no me nace”.

Ok, desmenucemos un poco más el mensaje implícito que hay detrás de esta aseveración…

Cuando alguien dice que no quiere hacer algo porque no le nace” hacerlo, lo que en realidad está queriendo decir es:  “no tengo la motivación suficiente para hacerlo”. Esto quiere decir que el asistir o no a Misa, para muchas personas pasa más bien por un tema motivacional.

Si estoy motivado para ir a Misa, voy, si no estoy motivado para ir, no voy. Parecería algo bastante obvio ¿no?

Recuerdo que alguna  vez, cuando estaba estudiando la preparatoria, uno de mis compañeros de clase le hizo este mismo comentario a un sacerdote: “Padre, yo no voy a misa por que como que no me nace”.

El sacerdote, quien evidentemente no era la primera vez que se encontraba con una afirmación de este estilo, le respondió inmediatamente: “Entiendo tu postura pero te quiero hacer una pregunta… ¿Acaso tu papá se levanta todas las mañanas lleno de entusiasmo y saltando jubiloso de alegría por todos los rincones de tu casa pues le encanta la idea de tener que ir a trabajar una vez más?”

“Pues no… no lo creo” dijo mi amigo.

El sacerdote prosiguió “Estoy seguro que si le preguntáramos a tu papá qué preferiría estar haciendo en lugar de ir a trabajar nos daría una lista de muchas actividades que, por ser más emocionantes, desearía estar haciendo cada mañana en vez de ir a trabajar. Despertarse más tarde, salir a jugar fútbol, desayunar con sus amigos, salir a pasear con su esposa… esas seguramente son actividades que si le nacen. Sin embargo, a pesar de esto, tu papá cada mañana… sale a trabajar”

¿Entienden el punto?

La construcción de una vida de bien no tiene que ver con la mera acumulación de experiencias que, por placenteras, preferimos realizar antes que otras. Lo bueno y lo correcto no siempre se nos presenta con cara de diversión y facilidad. Es más, la gran mayoría de las cosas buenas de la vida, lo son precisamente por el esfuerzo que implica el obtenerlas.

Yo no voy a Misa porque me nazca ir, voy a misa por que es bueno para mi. Punto. Es más, debo reconocer que en la mayoría de las veces cada domingo se me presentan un montón de actividades que suenan mil veces más apetecibles que asistir a misa. Sin embargo no dejo de ir.

¿No sucede así en el matrimonio? ¿Acaso todo el tiempo tenemos ese sentimiento de mariposas en el estomago que nos lleva a realizarle detalles especiales al ser amado una y otra vez? Por lo menos no es mi caso. Lo que mas valora mi esposa de mi y yo de ella es que siempre hemos sido capaces de entender que el amor no depende de un sentimiento, sino de la voluntad de hacer lo que se debe de hacer, aunque no nos nazca.

¿Qué sería de mis hijos si yo decidiera que solo voy a atenderles en las noches de enfermedad en que me “nazca” hacerlo? “Lo siento hijo, pero la fiebre hoy te la tendrás que cuidar tú solo pues hoy… como que no me nace hacerlo”

¿Acaso creen que a mi me nace escribir todos los días en este blog? Desde luego que no… llega a ser cansado e incluso tedioso. Pero el resultado que he logrado al sobreponerme a este sentimiento que me invita a la inmovilidad, es lo que aprecio al final. Saber que el resultado final es bueno, me permite sobreponerme a cualquier sentimiento hedonista pasajero.

Y ya para concluir una reflexión final…

¿Qué sería de la humanidad si nuestra salvación hubiera dependido de que a Jesús “le naciera” morir clavado en una cruz por nosotros?

No pues no quiero no pensarlo.


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