La única cosa que importa

26 abril 2013

Estoy leyendo un libro que me ha gustado de sobremanera.

Lleva como título “The one thing” (La única cosa) y pertenece al autor Gary Keller.

El concepto general de este texto radica en invitar al lector a hacerse la siguiente pregunta:

¿Cuál es esa única y sola cosa que, de hacerse excelentemente bien, haría que todo lo demás fuera innecesario o más fácil de hacer?

A través de esta simple pero poderosa pregunta, el autor quiere exponer la clave de la efectividad profesional y personal: el enfoque.

Enfocares en realizar lo relevante y no sólo lo deseable es la clave del éxito. Esto implica hacer un repaso de nuestra jornada diaria para descubrir si en verdad estamos trabajando productivamente.

Es muy fácil dejarse llevar por un sin fin de ocupaciones que se nos presentan a cada instante pero no todas de ellas agregan el mismo valor a la luz de nuestro objetivó final.

En mi labor de Coach de vida y profesional, entender este concepto es de suma importancia ya que gran parte de mi labor es ayudar a mis clientes a enfocar sus esfuerzos en los asuntos relevantes, sobre todo si son los responsables últimos de un proyecto o empresa.

En la figura del liderazgo de Jesús podemos notar esta habilidad para concentrar su energía en actividades que era relevantes para su misión final: oración, enseñanza, caridad.

Perú de todas, me parece que la oración es la más relevante de todas. Si tuviéramos que escoger una sola actividad que fuera predictiva del éxito de Cristo, sin duda yo me quedaría con esa, la vida de oración.

Así, si tuviera que responder a la pregunta que me plantea el libro acerca de cual debería de ser esa única cosa que, haciéndola, todo lo demás resultaría más fácil o innecesario en la vida de un católico, sin duda alguna escogería la oración.

La oración es el elemento relevante de la santidad.

¿O qué piensan ustedes?


Lo juro por Dios (XIII)

21 marzo 2013

Pues bien, después del torbellino mediático que significó la elección de nuestro nuevo y singularísimo Papa Francisco, los católicos regresamos a nuestro andar cotidiano.

Con referencia a este proyecto de salud en el que me enfrasqué hace varias semanas, el último resultado de la báscula ha arrojado que mi peso actual es de 102 Kg. Esto significa que sigo bajando de peso más parece que he reducido el ritmo.

Me he ido a comprar unos pantalones nuevos y estos han sido talla 38 (y pensar que llegué a ser 44).

Un evento emocionalmente complicado en mi vida ha provocado que me descontrolara por varios días, pues si bien sigo tomando mi licuado de proteica religiosamente todas las mañanas, durante el resto de la jornada he dejado de disciplinarme en cuanto a mis rutinas de ejercicio.

Afortunadamente las consecuencias de dicho descontrol no han sido catastróficas y aún puedo retomar el rumbo.

Como lo mencioné anteriormente, voy a considerar cambiar los términos de mi meta y no voy a tratar de lograr un peso en kilogramos en específico, sino más bien voy a tratar de lograr una talla de cintura adecuada.

Actualmente mi cintura mide 115.7 cm (¡Ops!) más la medida ideal en un hombre debe de rondar los 100 cm.

Por lo mismo me parece que si logro reducir mi cintura a por lo menos esos 100 cm habré logrado una gran meta.


Lo juro por Dios (III)

14 enero 2013

Ya han pasado cinco días desde que inicié mi juramento y ya enfrenté las primeras adversidades típicas en el camino de quienes deseamos controlar nuestra alimentación de una manera estricta.

Resulta que el fin de semana pasado han venido a visitarnos unos familiares de mi esposa y ella ha preparado una suculenta comida para recibirles (desde luego que en ningún momento me opuse a esto pues nada de culpa tienen los demás de mi desproporcionado peso)

Así que sabiendo que durante la comida iba a querer probar un poco de todo lo que se serviría, decidí desayunar muy ligero para permitirme comer sin mucha restricción. (Dicha planeación me parece que es la actitud que debería de tener cada vez que se presente una situación similar)

La comida ha estado tan deliciosa que me ha resultado un tanto difícil poder controlar mi apetito. Comí generosamente… (Reconozco que sintiendo un poco de culpa)

A pesar de eso, al día siguiente (ayer) volví sin muchos problemas a mi régimen balanceado y me sentí muy bien.

Hoy muy temprano me subí a las báscula y resulta que peso 107.9 (¡dos kilos menos!), lo que me ha puesto muy contento y me ha motivado.

He recibido un comentario en el blog de un lector argentino que me ha inyectado mucho ánimo. Me dice que él es un testimonio viviente de que Dios transforma.

En fin, las dificultades siguen más mi ánimo sigue intacto.

¡Seguimos adelante!


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