El mejor trabajo del mundo…

23 abril 2012

Lo reconozco… ¡Las lágrimas se me brotaron cual niño chiquito!

Apenas corría la mitad de este video y mis ojos ya estaban bañados de agua salina y mi respirar asimilaba al de mi hija más pequeña cundo suspira angustiosamente por algo.

Ojalá y las mujeres del mundo en verdad entiendan que son el pilar de nuestra sociedad y como tal la vocación maternal a la que están llamadas es la más importante de todas.

Ningúna meta, ningún logro, ni nada de nada será más importante que esta labor.

Muchos podrán jactarse de construir grandes emporios económicos, otros podrán presumir de haber gobernado excelsamente una nación, habrá quienes presuman su capacidad de liderazgo en distintos equipos de trabajo, pero nadie, jamás, podrá superar el logro de una madre que construye a un gran ser humano.

¿También lloraron como yo?


Mi esposa.

25 mayo 2010

Hoy, definitivamente tengo que hablar de ella…

Un hombre puede ir por la vida solo intentando cambiar el mundo, pero cuando por fin se encuentra en su camino a una mujer dispuesta a acompañarle, es que en verdad el mundo empieza a transformarse.

Debo de aceptar que en mi juventud yo nunca idealicé el tema del matrimonio. No era que no lo deseara, simplemente no era un tema que ocupara mi mente (¿Quien piensa en matrimonio a los 18 años de edad?).

Pero un día, Dios me presentó a Candice, una de las mujeres más maternales y familiares que jamás yo hubiera conocido. Hablar con ella, es hablar de hijos, de matrimomio, de familia y quedar fascinado con el tema.

De pequeña tuvo la desgracia de perder trágicamente a su padre y  por lo mismo su madre tuvo que salir en busca el sustento económico. Creció sola e independiente, pero lejos de optar por aprovechar dicha falta paterna para convertir su libertad en libertinaje (como cualquier joven hubiera hecho a su edad) ella decidió que tenía que madurar y ayudar a su mamá.

Pasó tiempos difíciles durante su infancia y juventud, el dinero no fue algo que abundara en su casa y desde una corta edad aprendió que la necesidad es la madre de todo esfuerzo.

Con un papá ausente al que no deja de llorar desde hace 27 años y con una madre enfocada en trabajar por necesidad para sacar a sus hijos adelante, Candice creció haciéndose una sola promesa: Algún día formaré la familia que nunca tuve y con la que siempre soñé.

Nunca fue muy apegada a la Iglesia, pero Dios siempre estuvo presente en su vida, protegiéndola y cuidándola del vicio. Mientras sus amigos se escapaban de sus casas para salir a fiestas, ella prefería ayudar a su mamá y soñar con la familia que un día formaría.

El tiempo pasó y la situación económica de su casa nunca mejoró. Y fue en un momento de tantas deudas y poca claridad en el trabajo, que Candice decidió por primera vez acercarse a quien supuestamente podía entender los problemas de una mujer maternal: María.

Parada frente de una imagen de la madre de Dios, Candice pidió la intercesión de la Virgen para que esta ayudará a su mamá a conseguir pagar sus deudas y a cambio de esto, ella prometería ir a Misionar la palabra de Dios en Semana Santa. ¡Y como a María no se le puede ganar en generosidad, ella actuó en favor de la causa solicitada y la luz se hizo para su familia!

Candice cumplió su promesa y se fue de Misiones, y aquí es cuando Dios actuó en su corazón.

La Candice que se fue en aquel camión a una comunidad marginada y lejana para hablarle a los pobres de Dios,  no es la misma que regresó.

Hablar del amor del Creador, predicar su palabra y proclamar la belleza de ayudar al prójimo le confirmaron su misión de amar a Dios entregándole su sueño más profundo: tener una familia.

Cuando la conocí pude leer esto en sus ojos. Pude encontrar desde el primer instante ese amor por el valor de la familia y como era de esperarse, nunca más la dejé ir.

Hoy, ella me ha contagiado de ese amor maternal.  Ella me enseña cada día lo importante que es tener tu centro en el hogar. Ella me ha enseñado que a Dios se le ama mejor en familia. Con ella aprendí que mi no existe un mejor apostolado que predicar a Dios en casa.

Ella, mi esposa, fue para mi la prueba definitiva de que los milagros existen… de que Dios existe.


A %d blogueros les gusta esto: