Cristiada

20 abril 2012

México. Un país en donde habitamos cerca de noventa millones de católicos.

Dicho dato nos convierte, muy seguramente, en uno de los países más católicos del planeta.

Hoy vivimos en libertad religiosa y nuestra ley nos ofrece la posibilidad de profesar la religión o creencia que cada uno desee. La última visita del Papa Benedicto XVI a México es una muestra más de que Iglesia y Estado pueden convivir en común acuerdo de cara a la sociedad.

Pero esto no siempre fue así….

Entre 1926 y 1929 el entonces presidente Plutarco Elías Calles encabezó una cacería contra miles de creyentes católicos. Esto se debió a que buscaba imponer a la fuerza una legislación que controlaba el culto en nuestro país. Entre otras cosas, la legislación implicaba que la Iglesia católica se veía impedida para poder poseer propiedades inmuebles (Iglesias), participar en política y además realizar actos religiosos fuera de los templos, mismos que serían expropiados.

Esta persecución dio como resultado lo que se suele conocer como la guerra cristera, pues miles da católicos a lo largo de todo el país se levantaron en armas para defender sus derechos religiosos. Consecuencia de esta guerra se cree que murieron cerca de 250,000 personas entre civiles, cristeros (así se les conoce a los católicos que se levantaron en armas) y miembros del ejercito.

Los cristeros son recordados en especial por proclamar esta lucha al grito de “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!”, expresión que aún hoy en día retumba en los oídos de nuestra Iglesia, al ser reconocido como el llamado a la defensa de la fe en nuestro país.

Se sabe que cientos de cristeros fueron martirizados y fusilados. Por las carreteras del país, se podían ver católicos colgados de postes en señal de escarmiento del gobierno a quien quisiera levantarse en armas. Con todo y esto, muchos cristeros continuaron luchando a sabiendas que probablemente  también su vida terminaría igual.

No está de más decir que la Iglesia reconoce, producto de esta época, a cientos de mártires que, habiendo dado su vida por Cristo Rey, son hoy ejemplo de valentía y santidad.

Hoy vivimos época distintas, pues los católicos en México podemos sentirnos libres y con derechos. Sin embargo, no podemos decir que en todo el mundo sea igual. Varios gobiernos aún siguen aplicando políticas radicales en contra de la libertad de culto y esto es algo inaceptable.

Recordemos que el ser humano es un ser espiritual y como tal desea buscar la verdad de su propia alma. El gobierno debe, si bien no obligar a que esta búsqueda se centre en una sola religión, si por lo menos promover que esta se lleve a cabo en total libertad.

Publico lo anterior pues en estos días está por estrenarse en nuestro país la película “Cristiada”, que narra los terribles y sangrientos días que vivió nuestro país a raíz de la intolerancia gubernamental en esa época. Me parece que, como católicos, es recomendable verla pues nos ayuda a no olvidar que la libertad con la que actualmente contamos es una condición que costó muchas vidas y gritos de “¡Viva Cristo Rey!”

Aquí les comparto el trailer del filme.


Hablar de Cristo

3 marzo 2010

Varias veces, en el correr de cualquiera de mis días ordinarios, me dan ganas de dejar las actividades que pueda yo estar realizando, salir en busca de mi computadora, prenderla, ingresar al portal de este blog y ponerme a escribir más y más sobre mi fe. En ocasiones así lo he hecho, pero no siempre puedo ya que no debo de olvidar que Cristo me quiere en muchos lugares y recorriendo muchos caminos. Pero no puedo negar que el fuego de mi vocación quema de una manera impresionante.

Hace tiempo le comenté a un amigo que una vez que aceptas a Dios de manera verdadera y definitiva en tu corazón, ya no puedes dejar de hablar de lo mucho que esta decisión provoca en tu interior. Te dan ganas de predicar tu fe y el amor en todo momento. Es como si Dios, siendo tan grande, se metiera en uno, siendo tan pequeño, y se desbordara por todos y cada uno de tus poros.

Así se siente un católico de corazón, desbordado por el amor que le produce Dios. Es como tener en la manos un mensaje que quiere salir, que quiere gritar, que quiere ser escuchado a como de lugar y uno, en su infinita pequeñez,  apenas y le puede ayudar a salir.

Esto me ayuda a entender los grandes testimonios de los mártires que, segundos antes de morir asesinados por sus creencias, lanzan una última exclamación al cielo: ¡Viva Cristo Rey! Y es que el mensaje del amor de Dios es así, no se pude callar, no tiene miedo,ni dudas en salir a la luz. Eso no lo entienden quienes han ordenado usar las armas para callar la fe e intentar silenciar el mensaje de Cristo. ¿Cómo se les ocurre creer que mi vida puede ser más importante que Cristo?   ¡A Cristo no se le puede tapar la boca!

Pues bien… hoy quiero decir que así me siento, con muchas ganas de hablar y predicar en lo que creo.

Así que elevo mis oraciones para que el mensaje de Dios sea llevado a todo el mundo conmigo, sin mi o a pesar de mi.


México… tierra de santos.

30 septiembre 2009

Acabo de leer un artículo sobre  los santos que de nuestro país han nacido. De dicho artículo vale la pena transcribir el siguiente cuadro estadístico:

Perfil de los santos y beatos mexicanos

*México es el país de América Latina con el mayor número de santos y beatos con 55 en total, de los cuales 30 fueron sacerdotes, 19 laicos, 3 religiosas, un obispo y otros dos frailes.

* El 94.55 % son varones y el 5.45% son mujeres

* 4 son niños.

*6 son indígenas

*9 son caballeros de Colón.

*9 estuvieron casados

*6 tuvieron hijos

*4 fueron músicos profesionales

*La edad promedio de vida de los santos mexicanos es de 43 años.

* El estado con más santos es Jalisco, con 27.

*El segundo estado con más santos es Zacatecas, con 7.

* 25 de los santos murieron en el estado de Jalisco

Qué interesante no lo creen. Al respecto de los santos recuerdo una frase que escuché en algún lugar… “Uno acaba pareciéndose mucho a aquella persona con la que uno se junta más”, así que a la luz de esta reflexión me queda claro que el primer paso para la santidad es juntarse más y más con Cristo para empezar a parecernos cada vez más y mas a Él.


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