El verbo “mamá”

10 mayo 2012

Hoy me gustaría realizar un ejercicio gramatical muy singular. Intentaré conjugar el verbo “mamá“:

Empecemos…

Yo amo
Tu amas
El ama
Nosotros amamos
Ellos aman
Ustedes aman…

Y es que para mi no es casualidad que en nuestra lengua la palabra “mamá” lleve en sí misma el verbo “amar“.

Y es que las mamás son las embajadoras del amor en el mundo, y por lo mismos, son las representantes de Dios y su Reino.

Son las responsables de velar por el amor mismo en cada hogar. Es más, una mamá es el amor mismo en persona en cada casa.

Hoy se festeja el día de las madres y, haciéndolo, celebramos el verdadero día del amor.

Bien decía Erich From en su libro “El arte de amar” que después del amor de Dios hacia los hombres, el que le sigue en intensidad y perfección es el amor de una madre por sus hijos.

Felicidades en su día a todas las líderes del amor en la tierra que con su labor generosa nos llevan paso a pasito de regreso a la tierra prometida.


Ayudar…. si pero ¿cómo?

30 noviembre 2011

Ayudar al próximo está en la escénica del catolicismo. El prestar servicio a los demás es, podríamos decir, lo que caracteriza a un católico… (o por lo menos así debería de ser)

Pero ante esta premisa, se me viene una interrogante… ¿Cual es la mejor manera de ayudar?

De principio, me atrevería a decir que no debemos de confundir “ayudar” con “relevar“.

El primero implica participar en el problema del otro para tratar de aportar a la solución, mientras que en el segundo (relevar) lo que se hace es desplazar por completo al otro de cara a resolver el problema en cuestión.

Esta distinción de términos es importante pues muchas veces ante un problema que se presenta en la vida del prójimo y en el que tenemos la posibilidad de participar para solucionarle, lo hacemos poniendo el foco de atención en “el problema” en sí y no en el “actor que lo resuelve“. Es decir, muchas veces pensamos que ayudar significa quitarle por completo el problema al prójimo poniéndolo sobre nuestras propias espaldas.

Pero esta perspectiva omite un punto importantísimo… “Que en el proceso mismo de resolver un problema, el ser humano madura y crece“, por lo que si le quitamos por completo al prójimo la oportunidad de afrontar su propio problema (relevándolo), le estamos quitando de igual manera la oportunidad de madurar y evolucionar en la adversidad.

Por eso, me atrevo a decir que la mejor manera de brindar ayuda al prójimo no es resolviéndoles directamente sus propios problemas de tal forma que este ya no les tenga que afrontar, sino más bien aportándole solo el soporte estrictamente necesario para que la persona salga adelante aún por sí misma.

Para ejemplificar esto les comparto una breve experiencia familiar.

Hace un par de días mi hija, por estar distraída, omitió apuntar la tarea que la maestra les había dejado como asignatura para realizar en casa. Al llegar de la escuela, su madre (mi esposa) notó está omisión y se dispuso a tratar de ayudarla a resolver este asunto.

¿Qué pudo haber hecho mi mujer al respecto?

a) Regañar a mi hija por la omisión y dejar que se sacara cero en esa asignatura… (No ayudar)

b) Resolverle el problema a mi hija hablándole a la mamá de una de sus compañeras para que pasara la tarea… (Relevar)

c) Apoyar a mi hija para que fuera ella quien resolviera el problema y de paso madurara en el proceso…(Aportar)

Pues bien, si mi esposa se hubiera centrado únicamente en tratar resolver el problema sin fijarse en el efecto que esto tuviera en la persona que lo afrontaba (mi hija), seguramente la opción b) hubiera sido lo suficientemente aceptable y pronta.

Pero mi esposa sabía que “relevando” ella misma a mi hija de su responsabilidad, si bien lograría resolver el dilema, no le ayudaría en nada a mi hija en su crecimiento personal.

Así que decidió que, aunque la solución tomaría un poco más de tiempo, dicha situación era una excelente oportunidad para “aportar” a la maduración de mi hija.

Mi esposa fue a donde tenía guardados varios documentos de la escuela de mi hija, tomó la lista de teléfonos de todos los compañeritos de escuela de mi hija y le entregó el teléfono a mi hija para que fuera ella quien realizara la llamada necesaria.

Mi hija, sorprendida por la acción de su madre, se paralizó por un instante pues jamás había hecho una llamada telefónica por cuenta propia, pero ante la insistencia de mi esposa comenzó a marcar el número de una de sus amigas.

¿Mi esposa pudo haber realzado la llamada? Desde luego que si!! Pero, una vez más, no se trata de “desplazar” a los demás en la solución de sus problemas, sino de ayudarles a crecer en el proceso de solución de los mismos.

Mi hija, concluyó la llamada de manera exitosa. Al finalizar la misma, ya tenía recuperada la asignatura que había olvidad en la escuela y mi esposa estaba orgullosa de haber contribuido a que su niña diera un paso más en su crecimiento. La cara de mi hija por haberse demostrado que ella misma fue la que actuó para resolver su problema fue maravillosa… ¡Se sentía orgullosa! ( Y su mamá todavía más de haber aportado a este logro personal)

Este ejemplo es una pequeña muestra de cómo debemos de ayudar…

Cuando prestemos un servicio a alguien que necesite de nuestro apoyo, no busquemos inmediatamente desplazar a la persona en cuestión aún teniendo nosotros la posibilidad absoluta de resolver el dilema. Mejor pensemos que la adversidad es una excelente oportunidad para crecer y aprovechémosla como tal.”

Así que respondiendo a la pregunta que da título a este post…

¿Cómo ayudar?

Recomiendo lo siguiente…

“Ayuda centrando tu servicio en el crecimiento y maduración de la persona ayudada, no en su problema en particular…”

Cuando el católico ayuda al prójimo lo hace a sabiendas de que este crecerá y será mejor con la ayudad recibida, aunque esto implique no resolver ningún problema de inmediato.


Feliz día de la madre

10 mayo 2011

Hoy, en México celebramos el día de la madre. Por varios sitios es común encotrar este relato que pretende ejemplificar lo que para Dios significa la maternidad…

“Cuenta una antigua leyenda que un niño antes de nacer le dijo a Dios:

Me dicen que me vas a enviar a la tierra, ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso que soy?

Dios le dijo:
Entre muchos Ángeles escogí uno para ti, que te está esperando, él te cuidará.

Pero dime Dios, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.

Tú ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.

Y ¿cómo entender, Dios lo que la gente me hable si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?

Dios le contestó al niño, Tú ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.

Y ¿qué haré, Dios cuando quiera hablar contigo?

Tú ángel te juntará las manitos y te enseñará a orar.

He oído que en la tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá?
Tú ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.

Pero estaré siempre triste, porque no te veré más Dios.

Tú ángel te hablará de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia aunque yo siempre estaré contigo.

En ese instante una gran paz reinaba en el cielo, ya se oían voces terrestres y el niño presuroso repetía suavemente.

Dios mío, Dios mío, si me voy dime su nombre, ¿cómo se llama mi ángel?

Dios le contestó:
Su nombre no importa….. Tú le dirás… Mamá.

Feliz día de las madres!!!


Feliz día del amor… y de las madres

10 mayo 2009

Eric From en su libro “El arte de amar” comenta que después del amor de Dios hacia los hombres, que es el amor supremo, el amor que le sigue en similitud es el amor de una madre hacia sus hijos. ¿Por qué? Por el nivel de entrega desinteresada que implica. En la tierra, nadie ama más que una madre a sus hijos. Me parece muy cierto.

Una madre siempre será capaz de interponer su propio bienestar por el de sus hijos, y lo mejor de todo, nunca espera retribución alguna a cambio de su entrega. El amor de una madre es, en todos los sentidos, el más puro y sincero de todos. Así, la maternidad es el regalo más grande que Dios le concedió a la mujer. Los hombres, nuca entenderemos a cabalidad lo que ser madre significa. 

Por lo anterior, propongo replantear nuestras fiestas ya que, aunque el 14 de febrero festejamos el día del amor, cuando realmente se debería de proclamar y conmemorar al amor es el 10 de mayo, el día de las madres. 

Hoy, 10 de mayo, día de las madres, es en realidad el día del amor. 

¡Felicidades a todas las mamás! y en especial a nuestra madre la Virgen María de Guadalupe… mamá de todos los mexicanos.


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