Defender a los demás…

17 octubre 2012

Es muy natural que como parte de nuestra educación como buenos católicos se nos invite a “no criticar” a las demás personas.

Me parece, en definitiva, un acto muy loable.

Sin embargo considero que, adicional a esta buena conducta, existe una aún más digna y edificante: “defender a los demás”.

Todos nos hemos visto envueltos de manera directa o indirecta en pláticas en las que se comienza a juzgar las acciones de una persona que no está presente. Mi postura personal ante estas situaciones ha sido la de no participar en dichas conversaciones. ¿Cómo lo hago? Provocando que se cambie de tema hacia un punto más productivo o simplemente guardando silencio.

Pero pienso que con un silencio o una esquiva del tema, si bien se corta de tajo la maledicencia (mal decir), no llega a ser suficiente, pues bien se podría hacer más por construir hacia la beneficencia (el bien decir).

Así que me he propuesto que,  cada vez que escuche que una persona está siendo sujeta de críticas, yo contestaré utilizando el siguiente argumento: “Detrás de cada acción siempre hay una historia que no conocemos…” y listo.

Hablar de quienes no están presentes es muy fácil, pues sabemos que las consecuencias de nuestras palabras no tendrán un impacto inmediato (aparentemente), más salir a la defensa de quienes no están no resulta igualmente sencillo. Esta acción, como todas las virtudes humanas, requiere de un esfuerzo y un don especial que solo las almas nobles pueden conseguir.

Recordemos que nuestro llamado es a construir hombres y mujeres para el Reino de Dios… jamás para destruirlos.


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