Crecer en la adversidad

30 mayo 2013

Seguir en el camino de la fe, así como en el de prácticamente cualquier ámbito de la existencia humana, implica necesariamente momentos de subidas y otros de bajadas.

Siempre he insistido en este blog sobre la idea de no sobrevaluar o devaluar de más a las personas. Nadie es santo toda su vida, ni tampoco lo es pecador por igual.

La existencia se compone de momentos, acciones y eventos que nos ponen a prueba y que nos obligan a actuar con los recursos internos y personales con los que contamos. Si nos equivocamos, no hay más, habrá que levantarse. Si nos elevamos, cuidado, pues podremos caer más estrepitosamente.

Estoy convencido que las almas fuertes se forjan a través de las distintas crisis y pruebas que Dios nos pone en nuestros caminos.

Hoy, tras haber vivido y razonablemente superado una prueba intensa en mi fe, puedo dar testimonio de que esto, la madurez espiritual, se produce una vez que se pasa la crisis.

Si, en el momento de la tormenta esta se presenta como interminable y muy estruendosa, más no existe mal que dure cien años e invariablemente toda adversidad llega a un final. Y  justo ahí, un segundo después, aparece el entendimiento de Dios. En el preciso momento de inflexión hacia la salida de la oscuridad, la fuerza de Dios empieza a resurgir y a rellenar el alma.

Y una vez que se empieza salir de la crisis, uno termina descubriendo que su alma no es la misma que antes. Se es más fuerte, se siente más preparada y acondicionada para el futuro.

Lo vivo hoy, lo siento hoy.

Resulta difícil explicarlo con palabras, pero esto es así. Dios se vale de la oscuridad para enseñarnos a valorar la luz.


¡No!

10 julio 2012

¿Cuantos “no’s” te impones a ti mismo?

Recuerda cuando eras muy pequeño y tus padres eran los encargados de imponerte los “no’s” que ellos creían más convenientes para procurar tu buena formación.

Ahora que has crecido y seguramente tus padres ya no tienen más esa tarea sobre tu persona, estos “no’s” ahora dependen de ti.

No es que porque hayas crecido los “no’s” dejen de existir. Lo único que cambió es que ahora eres tú el responsable de gestionarlos, de regularlos e, incluso, de aumentarlos cuando esto sea necesario.

La habilidad para decir “no” es, probablemente, el mayor signo de madurez, pues requiere que todo el ser humano por completo se comprometa con las implicaciones que esto conlleva.

En Jesús vemos que la tentación es inevitable en la naturaleza humana. Él mismo fue tentado en el desierto y seguramente estos coqueteos del mal hubieron de ser muy potentes y apremiantes para un hombre que llevaba 40 días de ayuno en medio de la nada.

Más la grandeza de Jesús se demuestra justo en decir “¡no!” a dicha tentación. Un “no” que jamás constriñe, que no impide ni tampoco reprime. Todo lo contrario, Jesús nos enseña que un “no” fuertemente asumido es, de hecho, la piedra sobre la que se construye el templo de la voluntad.

Como guerrero que defiende a muerte su palacio de la embestida del enemigo, el “no” de Cristo a la tentación fue la piedra angular que concluyó su preparación hacia su nueva vida… (recordemos que una vez que Jesús terminó su estancia en el desierto, comenzó su actividad pública).

Por eso hoy les invito a reflexionar en los “no’s” que te estás imponiendo a tí mismo. Esos que si se convirtieran en “si’s” seguramente traerían placer, alivio y satisfacción inmediata, pero solo eso… ¡Inmediata y no permanente!

El “no” que le sirve al alma es aquel que te será canjeado por un “si” mejor y más digno después, un “si” bueno y eternamente perdurable.


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