Recuerdos personales sobre el Rosario y mi vida escolar

31 enero 2013

Unknown

 

Recuerdo que cuando era muy niño y me encontraba cursando la primaria siempre tenía la costumbre de rezar un rosario un día antes de que iniciaran las clases. Descolgaba uno que siempre me acompañaba en la cabecera de mi cama y me ponía a orar meditando y pidiéndole a mi madre del cielo varios asuntos, para mi de alta importancia en esos momentos.

Recuerdo haber estado recostado en mi cama mirando al techo, sujetando el rosario en la mano y siguiendo en él cada uno de los Padrenuestros y Aves Marías pidiendo cosas como:

“Por favor María, ayúdame a que tenga un buen año escolar”

“Por favor María, que el primer día de clases sea tranquilo”

“Por favor María, que a los encargados de hacer el listado escolar no se les bote la canica y crean que lo mejor para mi madurez es ponerme en un salón diferente al de mis amigos…”

“Por favor María si alguno de mis amigos es cambiado de salón y alejado de nosotros, sus compañeros, dale fuerza para hacer nuevos…”

También recuerdo que cierta vez, cuando se acercaba el día en que todo mi salón demostraría públicamente a nuestros papás lo aprendido durante el ciclo escolar, yo elaboré un dibujo de una cruz en una hoja y le puse una petición que decía más o menos así “Dios, que me vaya bien durante mi clase pública” lo doblé y acto seguido me puse a rezar un rosario para amarrar bien dicha encomienda al cielo.

Al parecer Dios siempre me escuchó en lo que le solicité a través de mis oraciones con el rosario pues, hoy que hago un recuento de mi vida escolar, siempre me consideré bendecido en la materia. No tuve grandes dificultades académicas, mantuve siempre un grupo cercano y unido de amigos y en las clases y concursos públicos siempre ocupé buenos lugares.

Desde pequeño y hasta la fecha, siempre he sido gran devoto del rosario. Su oración me ha soportado en muchos momentos de mi vida y por eso, como mencioné en la entrada anterior, siempre cargo con uno en mi mochila.

Para mi, rezar el Rosario es acercarme a Dios a través de la forma en que a Él más le gusta: vía su mamá.

¿Por que es tan efectiva la oración del Rosario?

Por que cada petición hecha a Dios por conducto de su madre lleva el doble de peso, pues se hace utilizando y aprovechando las influencias que ella tiene con Él.

Digamos que hablar con María es como hablar con Dios pero al doble de intensidad.

 

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El mejor trabajo del mundo…

23 abril 2012

Lo reconozco… ¡Las lágrimas se me brotaron cual niño chiquito!

Apenas corría la mitad de este video y mis ojos ya estaban bañados de agua salina y mi respirar asimilaba al de mi hija más pequeña cundo suspira angustiosamente por algo.

Ojalá y las mujeres del mundo en verdad entiendan que son el pilar de nuestra sociedad y como tal la vocación maternal a la que están llamadas es la más importante de todas.

Ningúna meta, ningún logro, ni nada de nada será más importante que esta labor.

Muchos podrán jactarse de construir grandes emporios económicos, otros podrán presumir de haber gobernado excelsamente una nación, habrá quienes presuman su capacidad de liderazgo en distintos equipos de trabajo, pero nadie, jamás, podrá superar el logro de una madre que construye a un gran ser humano.

¿También lloraron como yo?


“No estoy yo aquí…”

25 enero 2011

Ayer medité mucho sobre la frase que la Virgen de Guadalupe le ofreció a san Juan Diego cuando se le apareció en el cerro del Tepeyac.

Se dice que producto de dicha aparición repentina en su camino, san Juan Diego sintió miedo, ante lo que la Virgen le dijo…

“Tranquilo… no tienes nada que temer...¿que acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?”

¡¡¡Que gran mensaje de confianza y amor maternal!!!

Ante la amenaza del pecado, ante la desolación, ante la tristeza, ante el miedo… Ella, nuestra madre del cielo,  nunca no deja solos.

Por eso llevo ya varios días en que he empezado a hacer especial devoción sobre el rezo del rosario. Todas las mañanas, mientras camino a mi oficina, saco el rosario de mi mochila y me pongo a dialogar con mi madre del cielo…

“Madre, no tengo miedo pues se que ahí estás”  para sostenerme ante la adversidad.

No tengo más que decir…. Gracias por estar ahí.


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