Cinco ideas erróneas sobre Dios y la Iglesia Católica

15 enero 2013

Bien dicen que las personas se alejan de la Iglesia no por lo que esta es, sino más bien por lo que creen que esta es.

A continuación me permito aclarar algunos paradigmas que usualmente surgen de manera equivocada cuando permitimos que fuentes débiles o poco informadas impacten en nuestra manera de pensar y relacionarnos con Dios y la Iglesia católica.

1. Me alejo de la Iglesia porque soy demasiado pecador. ¡Todo lo contrario! La Iglesia es especialista en atender pecadores como tú y como yo (por eso es universal). Sin importar el tamaño o la gravedad de nuestras faltas, es un error alejarnos de la Iglesia por creernos poco dignos para pertenecer a ella. Jesús es doctor de enfermos no de sanos.

2.- La Iglesia quiere que sea pobre. ¡Jamás! La Iglesia tiene como único objetivo guiarte por el camino de la salvación y en ningún lugar está estipulado que sólo los pobres pueden entrar al cielo. Ciertamente Jesús mencionó que la riqueza es un gran distractor que puede provocar que los hombres que la acumulan olviden a Dios, más también puede ser una gran herramienta para hablar más y mejor de Cristo. Creo fervientemente que es una obligación moral crear tanta riqueza como el propio talento y Dios lo permitan.

3.- Dios actúa y juzga como lo hacemos los hombres. Este es probablemente uno de los errores de pensamiento más comunes en quienes creen en Dios. Solemos humanizar la lógica de Dios asemejándola a la nuestra y esto, por definición, es una inconsistencia. Dios jamás juzga como nosotros juzgamos, jamás siente rencor como nosotros lo sentimos, jamás se arrepiente como nosotros lo hacemos. Dios es mucho más grande que nuestro entendimiento (por algo es Dios). De ninguna manera el Creador el universo te ve a ti como tú mismo te ves.

4.- La Iglesia es la que indica qué es pecado y qué no lo es. No, así no funciona la moral. Las cosas malas y buenas lo son por principio no por que lo diga la Iglesia. El pecado es malo en sí mismo y no porque esté escrito en la Biblia o por que lo diga un sacerdote. El ser humano tiene la capacidad intrínseca de saber lo que está bien y mal por propia naturaleza sin necesidad de que la Iglesia se lo indique. Sin embargo dado que el entendimiento humano es débil y corruptible, la Iglesia asume el papel de maestra y recordatorio del deber ser.

5.- Los santos son seres especiales y superdotados. Si creemos esto, veremos la santidad como algo muy lejano e imposible. Los santos y mártires de la Iglesia no contaron con ninguna bendición especial de Dios que no tuviéramos los demás hombres por igual. No fueron personas que merezcan ser juzgadas como diferentes y únicas. La santidad es un llamado que es perfectamente posible para cualquier hombre y mujer en la tierra.

Sin duda existen muchas otras equivocaciones que hacen que se malmentienda el papel de la Iglesia y de Dios en nuestras vidas, más me parece que estas son las más comunes que he detectado en distintos diálogos con personas cercanas.

Vale la pena revisar siempre si lo que asumimos de una persona, grupo o institución es en verdad lo que es o lo que nos dicen que es.

En el caso de la Iglesia, basta con acercarse con un sacerdote o con cualquier laico comprometido con su fe para que puedan revelarnos lo que verdaderamente es esta magnífica institución de más de dos mil años de historia llamada Iglesia Católica.

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Bueno o malo…

9 diciembre 2012

Un día, un hombre compró un caballo y todos  sus amigos dijeron: ¡Que bueno!

Al día siguiente el caballo escapó y todos sus amigos dijeron: !Que malo!

Dos semanas después, el caballo regresó acompañado de una manada de otros caballos y todos sus amigos dijeron: ¡Que bueno!

Al siguiente día, su hijo se cayó de caballo y se rompió en brazo y todos sus amigos dijeron: ¡Que malo!

Una semana después estalló la guerra en la región y dado que el hijo estaba herido, lo exentaron de asistir a ella y todos los amigos dijeron: ¡Que bueno!

Entonces, que el hombre haya comprado un caballo… ¿fue bueno o malo?

Moraleja: Nuestra percepción ante una situación determinada puede cambiar conforme en contexto en que entendemos la misma cambia también. ¿Te sientes presionado para poder juzgar si una situación es buena o mala? Te aconsejo que dejes de intentar hacerlo, es liberador.  Solo Dios conoce el final definitivo de la historia completa.


¿Lo dice la Biblia?

2 agosto 2012

Es muy común escuchar comentarios del tipo “En ninguna parte de la Biblia dice que eso está mal…” para tratar de justificar que ciertos comportamientos pueden ser aceptados como correctos.

Quisiera profundizar un poco al respecto.

Empecemos por decir que la Biblia no debe ser entendida como un “manual de comportamiento”. Los textos que ahí aparecen, y que los creyentes afirmamos que fueron escritos por  distintos hombres inspirados por Dios a través del Espíritu Santo, no tienen como objetivo declarar o estipular reglas morales, sino más bien ejemplificarlas.

Esto es, que la Biblia no es un libro de reglas buenas, sino de ejemplos buenos.

Lo que encontramos en las sagradas escrituras son cientos y cientos de ejemplos de lo que miles de hombres a lo largo de muchos años de historia de la humanidad, han realizado para amar a Dios amando al prójimo haciendo el bien y evitando el mal. Por lo mismo, los católicos leemos la Biblia para inspirarnos a través de los hechos de vida de los personajes que  ahí se describen.

Los hombres sabemos lo que es moralmente bueno, no por que lo hayamos aprendido de la Biblia, sino por que Dios nos lo ha infundido en nuestra propia naturaleza humana. Esto quiere decir, que nuestra percepción del bien y del mal viene dictada en nuestra naturaleza humana y se descubre a través de nuestra consciencia.

Así, decimos que la Biblia tan solo ejemplifica, a través  del relato de sus personajes, lo que el hombre ya percibía por sí mismo, a través de su propia consciencia humana.

Entonces, la afimación correcta debería ser así:

“Algo es moralmente bueno o malo, no por que la Biblia lo dice sino, más bien, la Biblia lo dice por que en sí mismo es moralmente bueno o malo…”

De igual forma nos podríamos preguntar:

“Si la Biblia jamás hubiera existido… ¿entonces no existirían normas de conducta éticas?”

La respuesta es bastante obvia. Desde luego que si existirían. Y la manera de saberlo radica en saber que no todos los seres humanos han leído la Biblia (es más antes de ser compilada esta no existía como tal), más todos los seres humanos tienen la noción del bien y del mal a pesar de esto.

Por esta razón, temas modernos que empiezan a requerir un análisis ético como “la genética”, “la inseminación artificial”, “el desarrollo económico”, “los medios de comunicación”,”las redes sociales” entre otros que seguramente estarán por surgir, no pueden ser juzgados bajo la óptica estricta de “lo que diga la Biblia” (Jamás encontraremos ejemplos éticos específicos en este libro sagrado sobre Twitter o sobre investigación genética). 

Más bien el criterio debe ser (y seguirá siendo por los siglos de los siglos):

“Qué es lo que nos dice nuestra Consciencia…”

El bien y el mal lo son en sí mismos, no por que lo diga alguien o un libro.

Los católicos nos acercaos a la Biblia y principalmente a los evangelios, por que estos nos inspiran a actuar como lo hicieron los grandes hombres santos de la humanidad que, por cierto, jamás tuvieron un libro o manual como punto de referencia…


Estar en el ojo de la crítica…

27 julio 2012

Cuando uno se declara “fervientemente católico” suelen suceder dos cosas en nuestro círculo social:

1) Reacciones diversas

2) Escrutinio obsesivo

La primera quiere decir que, como publiqué en mi entrada anterior, las personas suelen reaccionar extrañadas de que alguien se abra tan fácilmente hacia una creencia en particular. Sobre todo en estos tiempo supuestamente más avanzados.

La segunda responde a la actitud que muchos toman ante los católico por el simple hecho de serlo. Esta actitud es de “críticos morales”. Es decir, pareciera que cuando uno declara ser católico es como si también estuviera diciendo “y por lo mismo, soy moralmente perfecto”.

Nada más alejado de la realidad, pero lamentablemente así se percibe.

Así, al más mínimo error que uno pueda cometer, las críticas y los juicios sobre su persona se vuelven más severos.

“¿Pues no que muy creyente?”

“¿Y según tú eras muy católico, no es así?”

“Por eso yo no soy católico…. por que todos son hipócritas”

Si… los católico cargamos con esa lápida especialmente dura del sobre juicio en nuestros hombros.

Pero no por eso dejaremos de serlo. Más bien habrá que decirle a nuestro críticos que antes que ser católicos, somos seres humanos, con la misma capacidad de libertad que ellos y con la misma imposibilidad de lanzar piedras en contra de nadie por no estar libres de culpas.

Ser católico no significa ser perfecto, sino estar en estado de búsqueda permanente de un Dios que se nos revela a través de Jesucristo y su Iglesia. Si en el proceso de dicha búsqueda nos caemos, no importa, la misericordia de Dios nos permite seguirlo intentando.

Yo mismo he sido criticado por decirme católico y haber fallado en alguna cuestión personal. En lo particular puedo decir que, recibir una crítica así, es probablemente una de las más dolorosas que pueda experimentar interiormente. Duele mucho que a la crítica de una falta cometida se le adjunte el “sobre juicio” de nuestra fe.

Pero con eso tengo que vivir, entiendo que como católico he adquirido un compromiso especial y mucho más sagaz que quienes prefieren vivir en la comodidad del relativismo.

El objetivo es, pues, no desalentarse, saber que las caídas son un medio para madurar y seguir adelante y no permitir nunca que por el escrutinio de un tercero nuestra fortaleza se mengüe.

La palabra final la tendrá Dios no los hombres. Sigamos amando hasta que duela.


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