Lo que verdaderamente importa… (II)

23 octubre 2010

Sigamos con la reflexión del día de ayer sobre nuestro juicio final.

Entonces, en tu juicio final, una vez que te hayas enfrentado a “la pregunta de preguntas”

“¿Cuanto has amado?”

…te verás en la necesidad de profundizar en lo siguiente

¿Cuantas veces perdonaste?

¿Cuantas veces pediste perdón?

¿Cuantas de las almas que están en el cielo lo están por causa tuya?

¿Cuanto bien hiciste?

¿Cuantas almas rieron y se alegraron por tu causa?

¿Cuantas veces me demostraste tu amor… (Dios)?

¿Cuantas lágrimas consolaste?

¿Cuantos matrimonios apoyaste?

¿Cuantas enfermedades curaste?

¿A cuantos enemigos amaste?

¿De qué tamaño terminó el músculo de tu corazón por ejercitarlo en el amor?

¿De cuantas almas se compone la escalera que te trajo hasta aquí?

¿A cuantos niños educaste en la verdad?

¿Cuantas vidas defendiste?

¿Cuantas verdades asumiste?

¿Cuantas amistades enriqueciste?

Muchas preguntas podrían seguirse haciendo… pero como ya mencionamos todas servirán para explicar una sola…

“¿Cuanto has amado?”

La razón de la importancia infinita de esta pregunta es relativamente simple…

Verás, las personas que entren en el cielo se dedicarán a hacer eternamente una sola cosa… ¡AMAR!

Así, si se aprendió a hacerlo en la tierra, la consecuencia inmediata será que se está preparado para hacerlo en el eternidad. Si, por el contrario, nunca se ejercitó esta capacidad en la tierra, en el cielo se estará imposibilitado para poderlo hacer a su máxima potencia.

El cielo es, si me permiten expresarlo así, el lugar en donde habremos de aplicar de manera definitiva el amor que pudimos practicar en la tierra.

Dios nos abrirá las puertas de su cielo para amar… no para otra cosa.

Amar es lo único que habremos de hacer el el paraíso. Amar como jamás habremos de poder hacerlo aquí en la tierra. Para lo cual hará falta llegar con el corazón más que listo para amar al ser más “amoroso de todos”: al mismo Dios.


Lo que verdaderamente importa… (I)

22 octubre 2010

Amigo lector, quiero que te imagines por un instante cómo será el momento de tu juicio final…

Imagina que estás de frente a Dios y alrededor de Él se ubica toda su corte celestial (ángeles, arcángeles, querubines, santos,etc…)

El análisis de tu vida… de toooooda tu vida está a punto de comenzar.

De la decisión que se dictamine en esta corte dependerá si tu destino eterno es disfrutar del amor pleno, total y sublime de Dios o, por el contrario, quedar marginado de esta dicha.

Muy bien… ahí estás, de frente y expectativo a tu momento de inflexión eterno.

Piensa por un instante…

¿Qué crees que se te preguntará?

¿Qué es lo que más peso tendrá a la hora de ponderar las acciones de tu vida?

Es en este momento cuando los hombres hablarán por sí. Tendrán la oportunidad de expresar y dialogar sus razones para la eternidad.

Muchos apelarán a su riqueza material.

“Señor, dime cuanto cuesta el cielo y con gusto pagaré el precio… tan solo dime la cantidad”

Otros tratarán de apelar sus talentos personales para abrirse una posibilidad.

“¡Vamos Dios!… Tú sabes lo mucho que valgo. Sería un error no tomarme en cuenta ¿estás de acuerdo?”

Habrá quienes por primera vez se encuentren en la necesidad  de pensar en Dios…

“Pero…. ¿en serio existías? Que esto de la religión… ¿no era un invento?”

Muchos se verán en la necesidad de usar argumentos tardíamente terrenales…

“Dios… déjame hacer unas llamadas, contactar a unos amigos para ver si puedo arreglar algo…”

Ante todos estos argumentos, Dios y los seres espirituales que ya le acompañan en el cielo se quedarán escuchando… Con toda la atención de su misericordia te dejarán hablar y argumentar todo lo que tu creas conveniente.

Pero al final, una vez que hayas terminado tu exposición humana, te harán una sola  pregunta…

“Ya has hablado… ahora la única cuestión que verdaderamente importa… ¿Cuanto has amado?”

No existe otro parámetro. No hay más variables en la ecuación… Todo dependerá de este único y simple elemento: el amor.

Todos pasaremos por esta pregunta. Esa es la llave del cielo.

De lo que seamos capaces de contestar en ese momento sobre esa pregunta, dependerá nuestro destino eterno.


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