Dios juez

2 julio 2012

Una de las imágenes más recurrentes en la espiritualidad cristiana es la de “Dios juez”.

Incluso, una de las pinturas más famosas de Miguel ángel durante el renacimiento lleva como temática justamente este concepto: El juicio final.

Por lo mismo, la idea de que Dios está al ojo de nuestras acciones para criticar o juzgar es muy fuerte y recurrente entre los creyentes.

Fuerte en cuanto a que pareciera que provoca un enorme peso en la consciencia de muchas personas  y recurrente por que nos viene acompañando desde el inicio de los tiempos.

Y si bien Dios efectivamente es el gran juez del universo, no creo en lo absoluto que su criterio para hacerlo sea en algo parecido a la forma de juzgar de los humanos. Esto, para mi, es fundamental y revelador, pues solemos creer que Dios nos acecha, califica y observa en la misma manera que nosotros lo hacemos con Él o con nuestro prójimo.

Está claro que el ser humano es un ser juicioso y crítico por naturaleza pues, como dice Carlos Llano, no vemos el mundo como es, sino como somos. Nuestra historia, nuestro contexto, nuestras experiencias, provocan que jamás podamos ser cien por ciento imparciales a la hora de afrontar la realidad. Por esto, nuestros juicios suelen ser muy falibles y erráticos y esto suscita que nos equivocamos más de lo que quisiéramos.

Pero en el caso de Dios esto no es ni será así…

Me gusta decir que no estamos ni cerca de verdaderamente comprender cómo es el juicio de Dios. No tenemos ni una cercana idea de cómo le hará Dios para emitir su juicio sobre nuestro actuar en el momento final de los tiempos. Si sabemos que el amor es un gran marco de referencia y Él mismo se encargó de hacérnoslo saber cuando se encarnó en la figura de Jesucristo. Sin embargo, aún sabiéndolo, no hemos logrado asumirlo del todo.

Por obvias razones pues, me resultaría imposible tratar de explicar cómo es que juzga Dios (no lo se). Pero si puedo invitarles a que no nos equivoquemos en creer que sea tal y como nosotros lo hacemos, y esto nos debe de quitar un gran peso de encima pues, como ya mencioné anteriormente, Dios no nos ve con lo mismos ojos con que nosotros le vemos a Él.

En conclusión, si bien el amor es el gran marco de referencia para entender la perspectiva de Dios, los seres humanos aún estamos muy lejos de poder entender y mucho menos sentir este amor que Dios tiene hacia sus creaturas.

Es por eso que verdaderamente podemos creer que Dios nos ama como jamás nadie podrá amar en la historia universal.

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