Pedazos rotos

31 marzo 2015

Jesús tiene la capacidad de reparar todo el pecado que hemos cometido, incluso el más grave de todos, aquel pecado que hemos cometido contra nosotros mismos, sus hijos más amados.


Mi oración diaria

2 marzo 2015

Desde hace aproximadamente un año he venido usando una oración que yo mismo me he diseñado.

Muchas veces cuando rezo me sucede que me hundo en una verborrea mental que se traduce en un sin fin de palabras que terminan siendo pensamientos y peticiones desordenadas.

Así que tratando de simplificar (más no evadir) mi forma de orar, en algún momento de mi vida me dispuse a diseñar una oración que, usando apenas unas cuantas palabras, concentrara todo lo que le yo pretendía decirle a Dios en cada momento que rezaba.

¿Qué puede resumir en unas cuantas palabras todo lo que le quiero decir a Dios? me pregunté

Así, concluí que la siguiente oración podía sintetizar en tres frases lo que en realidad me bastaría pensar y decir al rezar.

“Dios existe, Dios gobierna, gracias Dios”

Esa es mi oración cotidiana. La uso en todo momento y en todo lugar.

En los momentos complicados de mi vida recito dicha oración.

En lo momento fáciles y alegres recito dicha oración.

Pero además, gracias a su brevedad, me he dispuesto no solo a recitarla verbalmente, sino también a pensar y concentrarme a profundidad en el significado de cada frase cada vez que la digo.

Dios existe: esta es la frase que le da origen a todo. Tener la firme convicción que Dios es real es el primer paso para que todo lo demás sea posible. Esta frase va en primer lugar por que es la base medular de todo. Esta frase fortalece mi fe.

Dios gobierna: Creer que todo cuanto sucede está en manos de Dios. Jesús es el gobernador del mundo y en Él debemo confiar. Esta frase en particular me provoca mucha, pero mucha paz mental.

Gracias Dios: Finalizo con esta frase en la que simplemente me limito a agradecer. No necesito nada más de lo que Dios ya ha dispuesto para mi. Me convenzo de que así, tal cual soy, es gracias a Dios y eso es perfecto. Esta frase me genera alegría.

Así, rezar diciendo “Dios existe, Dios gobierna, gracias Dios” es mi manera de resumir en una pequeña oración todo lo que deseo decirle al Ser supremo.

Con esta oración que me he diseñado todos los días me dirijo al cielo para decirle a mi Señor que creo en Él, que confío en Él y que estoy agradecido con Él.

Creo que no hace falta decir más.


Pasa la voz

27 diciembre 2012

Jesús en ti confío.001


Feliz Navidad

24 diciembre 2012

Feliz Navidad.001


Dirigir y liderar

15 diciembre 2012

A ver si logro transmitir el siguiente mensaje que me tuvo meditando varias horas el día de ayer…

¿Qué es lo que define a un gran Director de empresas?

Si, ya se que existen millones de libros y teorías al respecto de este tema, sin embargo me veo en la obligación de tratar de concentrar todas ellas en una definición por demás simple y explicativa para poder profundizar verdaderamente en la materia.

En este sentido, la gran habilidad que debe de tener todo buen director general de cualquier organización es la capacidad de mover. Efectivamente, un director lo que hace es mover a un organismo llamado empresa de un punto actual A a un punto deseado B. Así pues dirigir, en última instancia, significa mover (no se puede entender el término dirección sin el concepto de movimiento atado al mismo).

Ahora bien…

¿Qué diferencia existe entre dirigir y liderar?

Tomando la misma definición previamente expuesta, diremos que mientras dirigir implica simplemente  mover, liderar significa mover correctamente. Un director es aquel capaz de mover la voluntad de una organización de un punto A a un punto B pero un líder es quien además, se asegura que ese punto B al que nos dirige, es bueno y correcto, es decir, apegado a principios universales.

En este sentido, podríamos decir que Hitler era un gran e indiscutible director, pues logró hacer que toda una nación se moviera en la dirección que él se propuso, más nos cuesta trabajo anclar a este hombre el mote de líder, pues sabemos que algo en su actuar no concuerda con lo que otros hombres si han hecho por su gente y que es mucho más admirable y digno de replicar.

En el mundo de los negocios conocemos un sin fin de directores, es más, no puede existir organización alguna sin que esta tenga nombrado por lo menos a alguien que funja este rol. Más no podemos igualmente decir que todos estos directores son líderes por igual, pues aunque pueden ser excelentes en su labor de movernos en la dirección que se proponen (dar resultados), no todos ellos nos hacen sentir que dicha dirección es la correcta y buena.

Un líder no solo te lleva a un determinado lugar por medio de su influencia, sino que además hace que llegues a dicho destino por que te enseña que dicho lugar es bueno en sí mismo. (“Sígueme no por que yo lo digo, sino por que estar ahí es bueno”)

Incluso podrá ser que él no logre llegar a la meta prometida, pero hace tanto hincapié en la bondad misma de esta, que aún ante su ausencia sus seguidores haremos todo por llegar.

Todo líder es un buen director, más lamentablemente no todo director es un buen líder.

Jesús, el líder por excelencia, sigue moviendo a millones de personas del punto A (el pecado) hacia el punto B (el bien y la verdad) aún sin estar corporalmente presente. Y esa es la prueba más contundente de su liderazgo.


Leyendo a Juan Pablo II

15 noviembre 2012

Ayer me puse a leer un poco algunas transcripciones de los primeros discursos de Juan Pablo II.

Recordemos que él fue electo pontífice en 1978 y hoy, casi 35 años después, los católicos podemos decir que su papado fue una de las mayores bendiciones que hemos tenido en los último siglos.

Aquel 16 de octubre de 1978 yo aún no pisaba este mundo (nací un año después), más me hubiera encantado poder haber vivido en carne propia aquel momento en que Karol Wojtyla se asomó por primera vez por el balcón central de la Basílica de San Pedro en Roma y escuchar de su propia voz las siguientes palabras como nuevo obispo de Roma:

“¡Alabado sea Jesucristo!

Queridísimos hermanos y hermanas:

Todos estamos apenados todavía por la muerte de nuestro amadísimo Papa Juan Pablo I. Y he aquí que los Eminentísimos Cardenales han designado un nuevo Obispo de Roma. Lo han llamado de un país lejano…, lejano pero muy cercano siempre por la comunión en la fe y tradición cristiana.

He sentido miedo al recibir esta designación, pero lo he hecho con espíritu de obediencia a Nuestro Señor Jesucristo y con confianza plena en su Madre María Santísima.

No sé si podré explicarme bien en vuestra… nuestra lengua italiana; si me equivoco, me corregiréis.

Y así me presento a todos vosotros para confesar nuestra fe común, nuestra esperanza y nuestra confianza en la Madre de Cristo y de la Iglesia; y también para comenzar de nuevo el camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres.”

 

Me resulta especialmente humano y estremecedor leer la frase “He sentido miedo al recibir esta designación…”  

¿Se pueden imaginar?

Quien ha sido considerado como uno de los predicadores más efectivos e impactantes de la historia de la Iglesia Católica empezó su labor máxima diciendo.. “Tuve miedo”.

Leer eso definitivamente hizo que Juan Pablo II se acercara más a mi corazón, pues yo soy un miedoso de lo peor.

Dudo, cavilo y me detengo todo el tiempo pues soy un débil y simple ser humano.

Pero siguiendo analizando las primeras palabras de Juan Pablo II encontramos lo que él optó por hacer ante dicha crisis emocional.

“…obediencia a Nuestro Señor Jesucristo y con confianza plena en su Madre María Santísima.”

¡Ya está! Punto. Ese es el camino del éxito.

Las personas cercanas al difunto Papa comentan que en su cuarto, en el mueble que se encontraba junto a su cama, solo se podían ver dos objetos de manera permanente. Un crucifijo y una imagen de la Virgen María de Guadalupe. Juan Pablo II lo dijo en serio, ellos habrían de ayudarle a mitigar sus miedos y dudas durante su camino pastoral.

En Cristo y en María podemos depositar nuestros miedos, nuestras angustias, nuestros problemas, nuestras penas.

¿Se pueden imaginar al cardenal Wojtyla sintiendo pánico por su nueva designación como líder de la Iglesia? Recibir la confianza del colegio cardenalicio para asumir esta posición seguro que debe ser algo sumamente impactante, más con Jesús y María de tu lado… ¡Nada es pesado!


¿Por qué Jesús no se defendió?

9 octubre 2012
Producto de una lectura bastante interesante sobre el liderazgo de Jesús, reflexioné sobre la siguiente cuestión:
¿Por que Jesús no se defendió enérgicamente al ser acusado de traidor por el  pueblo de Israel?
Es raro que , aquel hombre que durante todo el evangelio aparece dialogando, hablando y predicando una y otra vez  sin parar, a partir del momento de su aprehensión y durante su pasión se le nota extrañamente callado y parco. Analizándolo al detalle, resulta que son pocas las frases que conocemos salieron de la boca de Jesús cuando este se encontraba hecho preso por sus acusadores.
¿Por que fue así? Si para defenderse tan solo hubiera bastado que Jesús volviera a argumentar tan magistralmente como ya lo había venido haciendo desde hacía varios años cada vez que le ponían a prueba los escribas y fariseos.
Mi conclusión es la siguiente: estaba ahorrando energía.
Es decir…
Si, efectivamente el hijo del hombre tenía toda la capacidad de oratoria argumental para defender su vida y con ello conseguir su libertad. Habiendo hecho esto Jesús hubiera ganado tiempo para seguir predicando a más hombres en el mundo de manera personal ¡Que maravilloso hubiera resultado!
Si, eso hubiera sido un plan lógico bajo la perspectiva de cualquier hombre en su posición. Más Cristo, Dios hecho hombre, va mucho más allá que una perspectiva humana.
Más Jesús necesitaba guardar sus energías para la parte más importante del su misión: morir.
Veamos…
¿Cual era la misión última de Jesús en la tierra? Es decir…¿Para que fue enviado por Dios entre los hombres?
¿Para vivir muchos años? ¿Para crear una congregación? ¿Para curar enfermos? ¿Para enseñar? Todo esto suena muy bien, más no es lo correcto.
Jesús tenía una misión última y única al venir a este mundo: Salvar a los hombres. Todo lo demás resulta añadidura.
Nada más importaba, nada más era relevante. Sanar, predicar, dialogar, reclutar apóstoles, debatir e incluso vivir era secundario.
Por eso Jesús no se entretuvo en argumentar su defensa.
Y es que… ya todo estaba dicho. Lo que restaba en pos de la misión salvadora de hombres ya no era hablar sino aguardar.
¿Qué aportaban más palabras a la misión? Nada.
¿Que hubieran agregado más años de vida al evangelio? Solo más hojas.
Más lo verdaderamente importante era morir. Ese era el requisito último para abrir las puertas del cielo. No había que distraerse en nada que no apuntara en esa dirección.
Esta es la gran cuidad de Jesús como líder, apegarse a la misión a rajatabla. No evitarla, no olvidarla, no posponerla, no nada… Tan solo cumplirla.
Si después de predicar solo restaba morir para sellar la obra, pues venga… ¡A hacerlo! Con todo lo que eso implique.
¿Cuantos de nosotros tenemos clara nuestra misión en la tierra con tal claridad? ¿Cuantos de nosotros tenemos la disciplina necesaria para apegarnos a nuestra vocación? ¿Cuantas oportunidades se nos presentan en la vida para posponer lo verdaderamente importante? ¿Cuando fue la última vez que dedicamos tiempo a hacer lo prioritario y no solo lo urgente?
Definitivamente es mucho lo que cada día aprendo de mi Señor… ¡El líder de líderes!

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