La cruz

29 junio 2010

Si hay algo que me encanta son las cruces.

No puedo encontrar en el mundo un símbolo más perfecto, profundo y elemental que una cruz.

¡Vaya que si Cristo nos dejó un gran legado a los hombres al morir en una cruz!

Para mi, el cruce de una línea vertical con una horizontal lo representa todo. Dos rectas que al interceptarse una con la otra engloban dos mil años de historia moderna. Al ver la cruz, veo fe, veo amor y veo esperanza.

Me la paso dibujando cruces, decorándolas, garabateándolas, imaginándolas, coleccionándolas, comprándolas… todo esto mientras pienso en lo que todas ellas representan en mi vida.

Para mi la cruz es la imagen simbólica más potente. Ningún logotipo, foto o slogan me pueden expresar tanto como lo hace una sencilla cruz. Saber que cientos de miles de personas en la historia han muerto por ella, me hace sentir vibraciones en el corazón cada vez que veo una.

Con la imagen de nuestro señor Jesucristo clavado en ella o no, una cruz me puede hacer llorar. El mensaje del amor, no tiene mejor vehículo para llegar al pecho de los hombres que en la figura de una cruz colgante.

Una cruz es la síntesis del cristianismo.

Una cruz te recibe en el bautismo y una cruz te acompaña en la muerte.

Puedes no entender mucha de la iconografía del arte cristiano, puedes no comprender el significado de los ornamentos que componen una liturgia, incluso puedes no saber leer la palabra del evangelio, puedes no entender ni saber muchas cosas, pero cuando una cruz entra en escena, inmediatamente sabes lo que es, y lo que representa.

La cruz no es otra cosa que el símbolo del amor más puro y verdadero que el universo jamás haya conocido jamás.

¡La cruz es Jesús y Jesús es la cruz!


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