Los 12 pasos

21 agosto 2013

Recién he leído un poco sobre el milagro que se logra en las sesiones de Alcohólicos Anónimos (AA) para recuperar y, literalmente, salvar la vida de millones de personas en todo el mundo.

Esta situación no me es del todo desconocida pues en varias ocasiones en mi vida he estado en contacto directo e indirecto con personas que me han platicado las maravillas de permitirse ser tocados por AA.

De hecho una de las publicaciones más comentadas y visitadas de mi blog es aquella en la que publiqué la famosa Oración de la Serenidad, misma que es recitada como rito de inicio en las sesiones de prácticamente todas las agrupaciones que trabajan la dependencia y la coodependecia de personas en todos los países del orbe.

Ahora, queriendo hacer honor a esta enorme labor, quiero compartirles lo que se considera la clave medular del éxito de este programa de rehabilitación humana. Se trata de los 12 pasos, un listado de declaraciones personales que cada integrante de AA asume como parte de su proceso de recuperación.

Los 12 pasos, si bien concebidos originalmente para ser usados en las sesiones de AA, son ahora un referente para casi cualquier terapia de rehabilitación en el mundo. Ya sea que la persona que acuda a un centro de asistencia desee librarse de una adicción al alcohol, las drogas, el juego, la compulsión a la comida, las perturbaciones emocionales, el sexo, etc… la metodología utilizada en todos estos casos está ligada a los 12 pasos.

Pero mi reflexión va más allá de simplemente tratar de comentar sobre la posibilidad de ayuda ofrecida a persona son adicciones severas.

Al repasar los 12 pasos me di cuenta que son, en realidad, un recurso para casi cualquier situación humana que tenga que ver con el deseo de cambio y la mejora personal.

Si bien el listado de los 12 pasos es especialmente útil para quien quiere cambiar una compulsión nociva personal, también resulta igualmente enriquecedor tomarlos en cuenta si lo que se desea es conocer cómo Dios trabaja en la vida de cada hombre cuya naturaleza es falible y errática.

Los 12 pasos son una declaración sumamente espiritual, más no necesariamente religiosa, pues esta asume que cada persona tiene un entendimiento de Dios muy particular y eso se debe respetar. Pero sin duda, su éxito radica en que se parte de la idea de que Dios existe y de que su ayuda es la clave de todo cuanto se quiere lograr.

En lo personal, leer los 12 pasos es un ejercicio que por sí mismo me genera paz interior y me libera de tensión (Física y emocional).

Cada vez que repaso punto por punto cada una de las declaraciones de su manifiesto, mi corazón toca la tierra (humildad) pero al mismo tiempo el cielo (fe), pues te lleva a reflexionar de una manera maravillosa la relación que existe entre la pequeñez de la condición humana y la grandeza del poder de Dios para con sus seres amados.

Decidí reescribir los doce pasos adaptándolos en un lenguaje de primera persona (los originales están redactados para ser leídos en grupo y se exponen en plural y tercera persona) ya que me gusta asumirlos como un compromiso personal en mi vida.

Aquí les comparto el listado de los mismos, en la esperanza de que sean de igual utilidad para todos los que deseen profundizar su confianza en Dios como medio de transformación personal.

LOS DOCE PASOS

1. Admito que fui incapaz de afrontar solo mis problemas, y que en ocasiones mi vida se había vuelto ingobernable.

2. Llegué a creer que un poder superior a mi podría devolverme el sano juicio.

3. Resolví confiar mi voluntad y mi vida al cuidado de Dios, según mi propio entendimiento de Él.

4. Sin temor, hice un sincero y minucioso examen de conciencia.

5. Admití ante Dios, ante mi mismo y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de mis faltas.

6. Estuve enteramente dispuestos a que Dios eliminase todos mis defectos de carácter.

7. Humildemente pedí a Dios que me liberase de mis culpas.

8. Hice una lista de todas las personas a quienes perjudiqué, y estuve dispuesto a reparar el mal que les ocasioné.

9. Reparé directamente el mal causado a esas personas cuando me fue posible, excepto en los casos en que el hacerlo les hubiese infligido más daño, o perjudicado a un tercero.

10. Proseguí con mi examen de conciencia, admitiendo espontáneamente mis faltas al momento de reconocerlas .

11. Mediante la oración y la meditación, traté de mejorar mi contacto consciente con Dios, según mi propio entendimiento de Él, y le pedí tan sólo la capacidad para reconocer Su voluntad y las fuerzas para cumplirla.

12. Habiendo logrado un despertar espiritual como resultado de estos pasos, traté de llevar este mensaje a otras personas, y practicar estos principios en todas mis acciones.

 

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Estar enojados con Dios…!!!

20 enero 2012

¿Alguna vez se han sentido enojados con Dios?

Yo si… lo reconozco.

Me atrevería incluso a decir que pocas son las personas que no hayan pasado por esta situación.

Para tranquilidad de todos… ¡Es natural que pueda suceder!

Yo he incluso entrado a una Iglesia para verborrear de manera desenfrenada reclamos y enojos contra Dios quien, según yo, no actúa en mi favor.

Si, es muy penoso reconocerlo,  pero prefiero testimoniar mi fe desde una postura plenamente humana y sincera y no haciéndoles creer que por que tengo un blog sobre catolicismo y religión soy el hombre más santo del universo… (¡Soy un simple y falible ser humano!)

Pues si… ¡yo he estado enojado con Dios!

Le he cuestionado y le recriminado…

¿Por que diablos no me cumple lo que pido?

¿Por que no me aprovecha mejor?

¿Por que si procuro rezar y rezar muchas veces, el mundo sigue igual sin cambio aparente?

¿Que acaso no puede agradecerme de regreso lo que hago en su favor?

 

En conclusión: ¡Me enoja que Dios aparezca pasivo ante lo que me sucede en el mundo!

(¿Qué duro verdad?)

Recuerdo que hace tempo mi hermana me comentaba que una de las cosas que más le han llamado la atención en sus múltiples visitas misioneras a los reclusorios de mujeres en nuestro país (lo ha venido haciendo desde hace más de 5 años) es que Dios es una figura muy presente dentro de los centros penitenciarios.

Pero sucede que esta presencia de Dios en los reclusos suele venir acompañada de coraje y reclamo hacia su persona.

Me dice que es muy normal encontrarse con gente enojada con Dios dentro de las cárceles. Enojadas con Él por la situación que viven, por una posible injusticia, por el aislamiento de sus familias, en fin… por cientos de posibles razones muy válidas (créanmelas mías son verdaderas idioteces en comparación con las suyas)

Están enojadas con Él, pero al final de cuentas le tienen presente” reflexionaba yo al respecto.

Y es que me parece sorprendente lo mucho que Dios… ¡aguanta vara! (expresión que usamos los mexicanos para querer decir que alguien es capaz de resistir presión de parte de un tercero sin perder la compostura).

En esos momentos, cuando nos enojamos con Él,  Dios no se centra en nuestras palabras sino en el dolor de nuestro corazón que está detrás de ellas. Jesús, con tal de que le des entrada en tu corazón, aguanta hasta una muerte en cruz.

A veces incluso siento que dice “prefiero que me escupas a mi antes que a tu prójimo. Hazlo… yo te sigo amando”

Dios resiste, escucha y sigue abriendo los brazos. Afortunadamente jamás responde como nosotros lo haríamos. No nos insulta de regreso ni nos da la espalda.

Y es precisamente esa NO AGRESIÓN de su parte la que debilita nuestro enojo, la que nos hace darnos cuenta que estamos gritando solos y que nuestro coraje con Él es un sinsentido.

A mi me pasa…

Siempre acabo regresando a Él… arrepentido y con la cola entre las patas.

¡Perdón mi Dios! Perdón por no haber entendido que tus tiempos no son mis tiempos. Perdón por haberme desesperado y sobre todo por haber perdido por un momento la esperanza.

Y entonces… ahí está Él, listo para recibirme de regreso sin condicionarme nada… ¡dándome la lección de amor más grande de mi vida!

Para concluir deseo volver a repetir la reflexión que probablemente más he promulgado en la historia de este Blog…

“La santidad no es un asunto de perfección… sino de perseverancia

Cuando fallamos nos enfrentamos duramente con nuestra humana realidad, somos falibles. Pero cuando nos levantamos del error, nos acercamos más y más a la santidad que tanto ansía nuestro corazón.


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