Virgen Peregrina

26 agosto 2012

¡Y que nos visita la Virgen Peregrina!

Mi hija regresó de su primer día de clases con una muy grata sorpresa entre manos. Resulta que fue elegida por su maestra para resguardar en familia por una semana la imagen de la Virgen Peregrina.

Mi esposa y yo nos pusimos muy contentos pues, quienes tenemos fe, creemos que más bien fue la Virgen quien nos eligió a nosotros para venerarla y adorarla directamente en casa.

La imagen de la virgen viene acompañada con un manual que invita a quienes son veladores de la misma por un tiempo, a estar al pendientes de ella y aprovechar su presencia para conectarse especialmente con Dios a través del rezo del rosario.

Se dice que quien tiene el honor de recibir a la Virgen en su casa tiene la fortuna de recibir muchas bendiciones especiales.

Para mi familia, esto empieza a ser así, pues el simple hecho de haber recibido la noticia nos da el augurio de que el ciclo escolar que recién empiezan nuestros hijos será de gran provecho.

Si alguno de ustedes está interesado en ser parte de este movimiento mundial les sugiero que visiten este sitio de internet para que puedan vivirlo en carne propia.

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Ayudar…. si pero ¿cómo?

30 noviembre 2011

Ayudar al próximo está en la escénica del catolicismo. El prestar servicio a los demás es, podríamos decir, lo que caracteriza a un católico… (o por lo menos así debería de ser)

Pero ante esta premisa, se me viene una interrogante… ¿Cual es la mejor manera de ayudar?

De principio, me atrevería a decir que no debemos de confundir “ayudar” con “relevar“.

El primero implica participar en el problema del otro para tratar de aportar a la solución, mientras que en el segundo (relevar) lo que se hace es desplazar por completo al otro de cara a resolver el problema en cuestión.

Esta distinción de términos es importante pues muchas veces ante un problema que se presenta en la vida del prójimo y en el que tenemos la posibilidad de participar para solucionarle, lo hacemos poniendo el foco de atención en “el problema” en sí y no en el “actor que lo resuelve“. Es decir, muchas veces pensamos que ayudar significa quitarle por completo el problema al prójimo poniéndolo sobre nuestras propias espaldas.

Pero esta perspectiva omite un punto importantísimo… “Que en el proceso mismo de resolver un problema, el ser humano madura y crece“, por lo que si le quitamos por completo al prójimo la oportunidad de afrontar su propio problema (relevándolo), le estamos quitando de igual manera la oportunidad de madurar y evolucionar en la adversidad.

Por eso, me atrevo a decir que la mejor manera de brindar ayuda al prójimo no es resolviéndoles directamente sus propios problemas de tal forma que este ya no les tenga que afrontar, sino más bien aportándole solo el soporte estrictamente necesario para que la persona salga adelante aún por sí misma.

Para ejemplificar esto les comparto una breve experiencia familiar.

Hace un par de días mi hija, por estar distraída, omitió apuntar la tarea que la maestra les había dejado como asignatura para realizar en casa. Al llegar de la escuela, su madre (mi esposa) notó está omisión y se dispuso a tratar de ayudarla a resolver este asunto.

¿Qué pudo haber hecho mi mujer al respecto?

a) Regañar a mi hija por la omisión y dejar que se sacara cero en esa asignatura… (No ayudar)

b) Resolverle el problema a mi hija hablándole a la mamá de una de sus compañeras para que pasara la tarea… (Relevar)

c) Apoyar a mi hija para que fuera ella quien resolviera el problema y de paso madurara en el proceso…(Aportar)

Pues bien, si mi esposa se hubiera centrado únicamente en tratar resolver el problema sin fijarse en el efecto que esto tuviera en la persona que lo afrontaba (mi hija), seguramente la opción b) hubiera sido lo suficientemente aceptable y pronta.

Pero mi esposa sabía que “relevando” ella misma a mi hija de su responsabilidad, si bien lograría resolver el dilema, no le ayudaría en nada a mi hija en su crecimiento personal.

Así que decidió que, aunque la solución tomaría un poco más de tiempo, dicha situación era una excelente oportunidad para “aportar” a la maduración de mi hija.

Mi esposa fue a donde tenía guardados varios documentos de la escuela de mi hija, tomó la lista de teléfonos de todos los compañeritos de escuela de mi hija y le entregó el teléfono a mi hija para que fuera ella quien realizara la llamada necesaria.

Mi hija, sorprendida por la acción de su madre, se paralizó por un instante pues jamás había hecho una llamada telefónica por cuenta propia, pero ante la insistencia de mi esposa comenzó a marcar el número de una de sus amigas.

¿Mi esposa pudo haber realzado la llamada? Desde luego que si!! Pero, una vez más, no se trata de “desplazar” a los demás en la solución de sus problemas, sino de ayudarles a crecer en el proceso de solución de los mismos.

Mi hija, concluyó la llamada de manera exitosa. Al finalizar la misma, ya tenía recuperada la asignatura que había olvidad en la escuela y mi esposa estaba orgullosa de haber contribuido a que su niña diera un paso más en su crecimiento. La cara de mi hija por haberse demostrado que ella misma fue la que actuó para resolver su problema fue maravillosa… ¡Se sentía orgullosa! ( Y su mamá todavía más de haber aportado a este logro personal)

Este ejemplo es una pequeña muestra de cómo debemos de ayudar…

Cuando prestemos un servicio a alguien que necesite de nuestro apoyo, no busquemos inmediatamente desplazar a la persona en cuestión aún teniendo nosotros la posibilidad absoluta de resolver el dilema. Mejor pensemos que la adversidad es una excelente oportunidad para crecer y aprovechémosla como tal.”

Así que respondiendo a la pregunta que da título a este post…

¿Cómo ayudar?

Recomiendo lo siguiente…

“Ayuda centrando tu servicio en el crecimiento y maduración de la persona ayudada, no en su problema en particular…”

Cuando el católico ayuda al prójimo lo hace a sabiendas de que este crecerá y será mejor con la ayudad recibida, aunque esto implique no resolver ningún problema de inmediato.


Te lo juro por el dedo meñique…

22 septiembre 2011

Mi hija de seis años me acaba de pedir que le haga una promesa:

“Papá… júrame por el dedo meñique que me vas a llevar contigo a la misa de los niños a partir de ahora “

Y diciendo esto extendió su mano hacia mi con su dedo meñique erguido tratando de darme a entender que yo también debería de entrelazar mi dedo meñique con el de ella.

¡Así lo hice!

Y es que se ha hecho costumbre en la Iglesia que está en frente de mi casa que la misa dominical de las 10:00 am está dedicada a los niños.

Normalmente un servidor asiste a misa de 20:00 horas, pero por el juramento realizado a mi hija quien ante el orgullo de su padre, ya empieza a conocer más por voluntad propia de temas de religión, tendré que cambiar mi rutina habitual y comenzar a asistir a misa de 10:00.

Después de todo… ¡Un juramento hecho por el dedo meñique es… un juramento imposible de destruir!


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