Travesuras espirituales…

16 enero 2013

Acabo de caer en cuenta que soy un travieso espiritual.

Con esto quiero decir que soy alguien que suele pasarse por encima de las normas para poder ejercer muchas de mis acciones espirituales.

Por ejemplo, hoy me tomé la libertad de llegar 30 minutos tarde a mi oficina pues opté por acudir a misa antes de venir a laborar. También acepto que en ocasiones me escapo de la misma para visitar a Jesús en alguna Iglesia cercana para luego regresar y continuar con mis actividades.

Reconozco que en múltiples ocasiones he dejado de revisar correos o preparar algún informe por leer la Biblia o algún pasaje del evangelio. Es más, también acepto que muchas de las publicaciones de Diario de un Católico han sido escritas en horarios en los que supuestamente me había propuesto trabajar en algún asunto más “profesionalmente correcto”.

Si bien estoy consciente que jamás debo de renunciar a la productividad laboral, me paree que esas pequeñas travesuras espirituales le dan mucho sentido a mis días y a lo que hago.

Se que estas travesuras podrán hacerme ver como disperso y poco profesional, pero estoy seguro que cuando llegue el día del juicio final lo que hoy parecen “travesuras espirituales” en ese momento serán vistos como momentos relevantes y tendrán más peso para mi alma que cualquier otra actividad.

Si, soy un incorregible, lo se, más lejos de tratar de cambiar esta actitud lo que pasa por mi mente en estos momentos es… ¡planear la siguiente travesura!

Anuncios

Cinco grandes arrepentimiento antes de morir…

4 julio 2012

Recién hoy en la mañana me encontré con un artículo de internet que comenta sobre la experiencia de Bronnie Ware, una enfermera australiana quien durante muchos años tuvo la oportunidad de trabajar con personas en etapa terminal y quien se dio a la tarea de meditar sobre cuales han sido los cinco grandes arrepentimientos que estas personas constantemente sienten ante su inevitable lecho de muerte.

Según palabras de la autora del libro al que puso como titulo “los cinco arrepentimientos de los moribundos”, la visión que el trabajo con estas personas le dio sobre la muerte le permitió cambiar radicalmente su propia vida.

“La gente madura muchísimo cuando debe de enfrentar su propia mortandad…” explica la misma autora “Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación. Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir”

Así, la lista de las cinco cosas que la gente que está a punto de morir hubiera querido hacer más o mejor es:

1.  Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera…

2.  Ojalá no hubiera trabajado tanto…

3.  Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía…

4.  Habría querido volver a tener contacto con mis amigos…

5.  Me hubiera gustado ser más feliz…

Definitivamente estas reflexiones me ponen  pensar mucho en lo que verdaderamente es valioso en la vida ¿Cuanto de lo que hoy hacemos tiene importancia y valor de cara a entregar las cuentas correctas al Creador?

Siempre he dicho que hay dos preguntas que debemos de resolver a la luz de poder darle un pleno sentido a nuestra existencia.

1) ¿Que es lo que debemos hacer? 

2) ¿Cómo hacerlo más y mejor?

Girando el pensamiento sobre estas reflexiones nos daremos cuenta si nuestro tiempo se pierde en cosas banales y que a la larga no tendrán impacto en lo que verdaderamente nos producirá plenitud y trascendencia.

Lectores de “Diario de un Católico”, piénsenlo profundamente…

Si en verdad estuviéramos a punto de morir… (lo cual siempre es una posibilidad latente)

¿Que nos pondríamos a hacer en este mismo instante?

Creo que la respuesta es más que obvia… ¿no lo creen?


Aprender a ser… siendo.

6 julio 2011

Existe una paradoja interesante en temas de educación. Y digo que es interesante pues es tal el impacto que ha causado en mi vida desde que la descubrí que prácticamente ha captado todo mi interés profesional como formador…

La paradoja es la siguiente:

“La mejor manera de aprender a hacer algo es, de hecho, haciendo ese algo”

Esto expresión suena obvia y reiterativa, pero en realidad se trata de el principio formativo más elemental de todos.

“Solo aprendemos de manera significativa aquellas cosas que hacemos y practicamos todos los días”

El mejor médico, lo es una vez que ha practicado por varios años la medicina. El mejor constructor de casas, lo es solo cuando ha alcanzado la práctica suficiente para completar cierto nivel de maestría.

Ahora bien, seguramente se estarán preguntando… ¿Pero como es posible que aprendamos a hacer algo haciendo algo que aún no sabemos? (este trabalenguas es justamente la paradoja)

La libertad humana lo hace posible…

Desde que Dios diseño al hombre, a su imagen y semejanza, le concedió que pudiera elegir hacer todo cuanto el quisiera intentar. Y es justamente esta posibilidad de intentar las cosas lo que nos permite internarnos en caminos aún no conocidos.

El ser humano no necesariamente debe de saber algo para poderlo intentar, pero es justamente en el intentar esa acción de manera constante que se irá perfeccionando en dicha materia.

¿A donde voy con todo esto?

Verán… en mi labor como formador en temas de desarrollo humano me he percatado que es muy desgastante e improductivo intentar formar los valores de las personas desde la típica perspectiva “academicista” en que un profesor se para en frente de un salón de clases y se pone a hablar todo lo que sabe sobre “cómo ser un buen ser humano“.

Los alumnos que son sometidos a este tipo de enseñanza en la que se cree que el aprendizaje se produce entre más filminas de Power Point se tengan o entre más saliva gaste el expositor, acaban por desencantarse de la materia y nunca llegan a la profundidad que dicho aprendizaje requiere (aprender a ser un gran ser humano es el aprendizaje más importante de todos)

Así que tomando como premisa la paradoja formativa que anteriormente expuse, creo poder estar en condiciones de expresar afirmaciones como las siguientes:

Para aprender sobre justicia… hay que ser justo.

Para aprender sobre generosidad…. hay que ser generoso.

Para aprender sobre amistad… hay que ser amigo.

Para aprender sobre amor… hay que amar primero.

Así, esperando no haberles confundido más con mis divagaciones sobre educación (el tema que más que apasiona de todos), espero poderles haber transmitido por lo menos una simple idea con todo lo anteriormente expuesto…

“La mejor manera de aprender a ser un gran ser humano es, de hecho, intentando ser un gran ser humano”


Dios prospera lo que hacemos

16 febrero 2011

Una estimada lectora de este blog me comentó en una entrada que en un curso le habían enseñado que “Dios prospera lo que hacemos“, así que si no hacemos nada para resolver nuestros problemas… Dios no podrá prosperar nada!

Es una excelente reflexión de como actúa el Creador.

Quedarse sentado esperando un milagro es la peor forma de obtenerlo. Dios necesita de nuestras manos para actuar, de nuestros pies para caminar, de nuestra boca para hablar… Si ponemos manos a la obra, entonces nosotros mismos provocaremos ese milagro.

Hacer la voluntad de Dios no se refiere a tratar de adivinar que es lo que Él quiere de nosotros para entonces hacerlo… es más bien,  tomar una decisión razonable y dejar que a través de ella Dios actúe. Es como si Dios nos dijera en cada momento: “Actúa tú primero y luego yo de secundo en tu decisión”

Dios es el gran arquitecto en la construcción de su Reino, pero sin los obreros que ponemos cada ladrillo… nada podría ser levantado.


A %d blogueros les gusta esto: