Conferencia…

15 noviembre 2012

Hoy tendré una nueva oportunidad para hablar ante un público de jóvenes y sus papás. Una importante universidad de mi país me ha pedido que le ayude en un foro que están organizando.

¡Dios, cómo me apasiona hacerlo!

Sin importar de que se trate el tema que se ofrezca por medio de mi oratoria, siempre sentiré que cada conferencia es una nueva posibilidad de permitir que Jesús hable a través de un servidor.

Les pido sus oraciones para que Cristo pueda tocar muchos corazones por la vía de mi voz.

¡Probando uno… dos… tres…!

 


Defender a los demás…

17 octubre 2012

Es muy natural que como parte de nuestra educación como buenos católicos se nos invite a “no criticar” a las demás personas.

Me parece, en definitiva, un acto muy loable.

Sin embargo considero que, adicional a esta buena conducta, existe una aún más digna y edificante: “defender a los demás”.

Todos nos hemos visto envueltos de manera directa o indirecta en pláticas en las que se comienza a juzgar las acciones de una persona que no está presente. Mi postura personal ante estas situaciones ha sido la de no participar en dichas conversaciones. ¿Cómo lo hago? Provocando que se cambie de tema hacia un punto más productivo o simplemente guardando silencio.

Pero pienso que con un silencio o una esquiva del tema, si bien se corta de tajo la maledicencia (mal decir), no llega a ser suficiente, pues bien se podría hacer más por construir hacia la beneficencia (el bien decir).

Así que me he propuesto que,  cada vez que escuche que una persona está siendo sujeta de críticas, yo contestaré utilizando el siguiente argumento: “Detrás de cada acción siempre hay una historia que no conocemos…” y listo.

Hablar de quienes no están presentes es muy fácil, pues sabemos que las consecuencias de nuestras palabras no tendrán un impacto inmediato (aparentemente), más salir a la defensa de quienes no están no resulta igualmente sencillo. Esta acción, como todas las virtudes humanas, requiere de un esfuerzo y un don especial que solo las almas nobles pueden conseguir.

Recordemos que nuestro llamado es a construir hombres y mujeres para el Reino de Dios… jamás para destruirlos.


D X D

26 mayo 2011

Esta sección tiene como misión poner a la creatividad al servicio del matrimonio. Pensando en la misión que los esposos tenemos de conquistar “Día a Dia” (DxD) a nuestras esposas, sirva este espacio para exponer ideas y sugerencias creativas para llevar a cabo detalles en sus matrimonios. Siéntanse con la libertad de utilizar estas propuestas para el beneficio de su vida matrimonial o de enviar sus propias ideas a diariodeuncatolico@gmail.com

Ayer platiqué sobre la importancia de “saber escuchar“. Bueno, pues no está de más decir que en el matrimonio esta habilidad es, a mi parecer, la más importante de todas.

Así que les comparto un consejo que estoy seguro les traerá grandes beneficios con sus parejas.

Se trata de un “método de dialogo” que mi esposa y yo solemos aplicar sobre todo cuando tenemos que tratar algunos temas de relativa importancia en la familia. Se llama…

“Te escucho por completo”

Si tú y tu pareja tienen un asunto importante que quieran platicar y que sepan que involucra una postura divergente entre ambas partes (lo cual suele ser muy común… no me dejarán mentir) entonces lo que sugiero es que hagan lo siguiente:

Primero, la mujer expondrá por completo su punto de vista y opinión sobre el asunto tratado. Ella tendrá toooooda la libertad de exponer su perspectiva, quejas, angustias y demás preocupaciones sobre el asunto. Ella deberá de tomarse todo el tiempo que sea necesario para tratar de expresar con toda claridad a su pareja, lo que siente y lo que opina. Mientras esto sucede, el hombre, deberá de prometer y perjurar que no emitirá palabra alguna…

Mientras ella hable, él solo podrá escuchar y poner atención… ¡No podrá hablar!

Seguramente habrá momentos en que él sentirá una fuerte necesidad de interrumpir la participación de ella, pues estará en desacuerdo con lo que está exponiendo… ¡Está prohibido que lo haga! (Esto debe de quedar más que claro en este método)

La única manera en que él puede tomar la palabra es cuando ella, habiendo creyendo que ya habló lo suficiente, dice “ahora te toca hablar”

En ese momento sucede justamente lo mismo, pero ahora es el hombre quien toma la palabra y expone toda su perspectiva, emoción y preocupación sobre el asunto en cuestión, y es ahora la mujer, quien deberá de guardar completo silencio y contener las ganas de interrumpir la conversación de su pareja. El hombre, al igual que cuando habló su mujer, se podrá tomar todo el tiempo del mundo para agotar las palabras necesarias para expresar su punto de vista. De nueva cuenta, es importantísimo recalar que ella no puede expresar sonido alguno hasta que el hombre haya dicho “ahora te toca hablar”.

Esta dinámica se repite una y otra vez hasta que los dos están seguros de haber puesto todos sus sentimientos y emociones sobre la mesa de la discusión sin haber sido juzgados. ¡Esta es la clave de este ejercicio! Tener la completa certeza de que tu contraparte te escuchará por sobre sus propias opiniones y prejuicios. (“Ya se que no estás de acuerdo con lo que digo,  pero déjame expresarlo de todas formas”)

Este método de diálogo lo que pretende es que pongan en práctica, tú y tu pareja, el principio de “escuchar antes que ser escuchado“.

Al aplicar este método de diálogo se darán cuenta que suceden grandes cosas entre ustedes, por ejemplo…

1.- Los niveles emocionales se mantienen bajos pues no se exaltan con las odiosas interrupciones de siempre. (El famoso “Déjame hablar, no me interrumpas” es una de las causas principales de pérdida de objetividad y provocación de cólera en la persona interrumpida)

2.- Las soluciones a los problemas empiezan a aparecer como por arte de magia, pues se pone énfasis en la aportación que el otro también hace desde su propia perspectiva. Esta colaboración creativa es la parte medular de toda construcción de soluciones en el mundo.

3.- Aprendemos a controlar el impulso humano de imponer nuestro punto de vista a toda costa, lo cual nos lleva al desarrollo de la virtud de la empatía.

4.- Habremos encontrado un método para verdaderamente dialogar efectivamente con nuestra pareja, poniéndola a ella en el centro de la atención….

5.- Te darás cuenta que los impulsos de interrumpir la participación del otro por estar en desacuerdo con él, empiezan a perder tanta relevancia conforme la plática de la otra persona prosigue… (Muchas veces el punto que yo quiero aclarar interrumpiendo a la otra persona, esta misma lo acaba aclarando tiempo después… ¡si tan solo le dejamos continuar!)

Pero….¿y qué significa todo esto de dejar hablar al otro?

Esto señores, en resumen,  es amar al prójimo.


Saber escuchar

25 mayo 2011

Generalmente se le ha concedido al “saber hablar” un lugar privilegiado dentro de las habilidades directivas y profesionales por excelencia. Saber transmitir mensajes hacia nuestros colaboradores de manera eficaz ha sido una característica reconocida entre los líderes que estudiamos.

Sin embargo, precediendo a dicha habilidad, podemos encontrar una de mucho mayor relevancia: “El saber escuchar”.

Saber hablar tiene la importancia de poder introducir en la mente de los demás lo que está en la nuestra. Saber escuchar, por el otro lado, implica saber introducir en nuestra propia mente lo que proviene de la de los demás.

A mi me gusta decir lo siguiente… “Un gran orador, para serlo, requiere ser primero un gran escucha, pues solo así, sus palabras tendrán la carga justa de  valor hacia lo que los demás quieren escuchar”.

Es decir, si bien la palabra es el medio más simple y eficaz de ofrecer aliento y apoyo al prójimo, es nuestra habilidad de saber “escuchar” la que hará que las palabras que ofrezcamos tengan el poder necesario para ayudar.

De entender lo que el otro realmente necesita, parte el poder ayudarlo con efectividad.

Si solo nos limitamos a expresar nuestro punto de vista sin entender cual es la verdadera postura del otro, corremos el riesgo de que nuestras palabras se las lleve el viento y no sirvan de nada.


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