Ser más descaradamente… ¡Católico!

31 diciembre 2012

Se acerca el cambio de un nuevo año y como es costumbre ya empezamos sentirnos nostálgicos por lo que sucedió en el tiempo pasado y esperanzados de lo que sucederá en el tiempo futuro.

En lo personal hay una reflexión que me ha estado dando muchas vueltas en la cabeza de manera insistente. Tiene que ver con un análisis que he realizado sobre mis resultados pasados de cara a poder enfocarme mejor en lo que quisiera lograr en mi porvenir.

Haciendo el ejercicio de repasar diversos proyectos en los que he sido invitado a participar y otros que de manera individual he emprendido me he encontrado con cosas interesantes. Dichos proyectos han tenido que ver con distintos ámbitos como son la docencia, la dirección de equipos de trabajo, la academia y el estudio, la creación de  nuevos productos, las finanzas, en fin… me parece que Dios me ha dado la oportunidad de colaborar con Él desde distintas perspectivas profesionales.

Los resultados que he obtenido en estas actividades han sido igualmente variados.

Por ejemplo, me siento muy contento de haber recibido un premio a la excelencia en docencia  cuando tuve la oportunidad de impartir clases en la universidad. También me siento feliz de haberme iniciado como conferencista (actividad que me apasiona a más no poder) en distintos foros. Y que decir de mi vida matrimonial, en donde no puedo más que sentirme bendecido por Dios quien me ha dado las herramientas para perseverar y crear amor constantemente. Cuando evoco esas situaciones me alegro de sobremanera.

Pero también recuerdo fracasos importantes como podrían ser la gran cantidad de ideas y proyectos que inicié y jamás terminé, o la vez en que trabajando para cierta institución me asignaron una meta importante y no pude conseguirla, lo que derivó en mi remoción del puesto. Si, recuerdo que fue muy duro. Tras dicha crisis, recuerdo que caí en cierta depresión y me vi obligado a replantear muchas ideas sobre mi futuro profesional.

Pero haciendo justo este recuento de éxitos y fracasos es que se me presenta una cuestión que he tratado de resolver con terquedad desde hace mucho tiempo en mi vida: ¿Para que soy bueno? ¿Cual es ese tema en el que me debería de enfocar para dar los mejores resultados posibles en el mundo? ¿Cual debería ser el estandarte que englobará mi causa profesional? ¿A que debo de dedicarme esmeradamente?

Después de muchos años de darle vueltas y vueltas a estas preguntas, llega a mi mente una respuesta que, sin bien podría sonar simple, para mi lo resuelve todo.

Sin excepción, después de todos mis éxitos y fracasos profesionales, siempre termino haciendo lo mismo en el mismo lugar: sentado en una capilla dialogando con Dios. Esa es la actividad que me ayuda a cerrar y replantear todo lo que me sucede en la vida. Es como si después de cada intento, con independencia del resultado que obtenga, Dios me llamara a estar con Él para recordarme que solo una cosa tiene sentido: Él.

Así, hoy me queda mucho más claro que mi gran fortaleza profesional es mi fe y a lo que debo de enfocar todos mis esfuerzos es a fortalecer la fe de los demás.

Pareciera que el ser católico es lo que más disfruto de mi vida y lo que más resultados me ha dado desde siempre. Para muestra bastará ver los resultados que este blog han generado desde que lo inicié. Más de 600 publicaciones y cerca de 30,000 visitas mensuales tienen que significar algo importante para Dios.

Así que mi gran reflexión de año nuevo tiene que ver con lo que quiero hacer en mi futuro.

Ya Dios me dio el talento para enseñar, para hablar en público, para escribir y sobre todo para motivar. Pues bien, ahora emplearé todos estos recursos para hacerlo todavía más a favor de la Iglesia Católica.

Si, eso es, mi propósito es lograr ser, en lo profesional,… ¡mucho más descaradamente católico!

Hola, soy José Luis Damián y son Católico de Profesión.


La importancia del futuro

4 febrero 2012

Habiendo tenido la oportunidad de estudiar diversos temas relacionados con asuntos empresariales, he encontrado un principio que me ha llamado de sobremanera la atención.

Supongamos que el dueño de una empresa tiene la intención de retirarse de manera definitiva y para hacerlo quiere vender su negocio… ¿Cuanto deberá pedir por él?

Para saberlo, quienes hemos estudiado temas financieros, solemos acudir a lo que se suele conocer como Teoría de Valuación de Empresas, en donde lo que se aprende es precisamente a encontrar el valor actual de un negocio.

Pues bien… aquí viene lo interesante de este asunto.

Es común caer en la tentación de pensar que una empresa es tan valiosa como los logros que en el pasado ha obtenido. Es decir, que entre más éxitos pueda demostrar el dueño del negocio que su empresa ha logrado a lo largo de la historia de la misma, la empresa valdrá más.

Bajo este supuesto el empresario diría algo como …“Mi empresa vale mucho por todo lo que ha logrado”

Pues resulta que no es así.

Más que por su pasado, una empresa vale tanto como la expectativa de futuro se tenga de ella.

Esto, en el caso del empresario que estamos tratando, vendría a significar que su empresa valdrá tanto como él sea capaz de demostrarle a un posible vendedor que el futuro de la misma será promisorio, aún habiendo tenido temporadas pasadas de pérdidas o ganancias determinadas.

¿Por qué esto es así? Por que nadie puede asegurar un logro futuro simplemente por que tuvo un logro pasado. Es más, si el empresario se va a salir del negocio, es altamente probable que la empresa pierda a su principal talento, y sin él… nadie asegura que los logros pasado se podrán repetir.

Sucede lo mismo con los fracasos…

Muchas empresas que hoy son sumamente exitosas fueron compradas por sus actuales dueños en momentos de tremenda crisis (de hecho, seguramente por eso se las vendieron), pero es justamente la visión de sus nuevos dueños y la capacidad de creer que podrían revertir la situación crítica de la organización, lo que les hizo invertir en ellas.

En conclusión, une empresa vale por su futuro no por su pasado.

“José Luis… te equivocaste de blog” estarán pensando…

No…

De hecho precisamente es la relación de estos conceptos con la espiritualidad  católica lo que me trae a escribir este asunto en el  blog.

¡Déjenme explicar!

Al igual que con las empresas,  las personas son tan valiosas como su capacidad de actuar en el futuro… ¡NO EN EL PASADO!

Lo que te hace valioso hoy no es lo que hiciste ayer, sino el potencial que tienes para actuar mañana.

¡Esta idea es maravillosa! ¿No lo creen?

Nos quita la condena del pasado y nos abre la esperanza del futuro.

Jesús, leemos en el evangelio, jamás consideró el pasado de las personas para amarlas. Al contrario, las curó, les habló y las abrazó en su corazón aún con todo y su pasado. Ese es el milagro del perdón… Lo que te define no es tu pasado sino tu futuro. Esto es lo que pensaba Jesús al convivir con pecadores y no con justos.

“Yo he venido a curar a los enfermos no a los sanos” dijo en repetidas ocasiones

Por eso me enamora esta idea de que no soy más o menos valioso por que me equivoqué  o triunfé en el pasado, sino por mis ganas de amar en el futuro.

Eso nos dice Dios en el sacramento de la confesión:

“..anda, te perdono, tu pasado no me importa máste amo por que hoy, en este preciso momento, tu puedes decidir amar hasta la muerte en el futuro.”

Lo hecho… ¡hecho está! Lo importante es lo que está por venir en tu corazón.


¿Por qué Dios conoce el futuro?

7 julio 2010

Como saben, quienes creemos en Dios aseguramos que Él es capaz de saberlo todo y verlo todo (Por algo es Dios).

Pero el punto se vuelve un poco álgido cuando discutimos sobre si este poder de Dios le permite ser capaz de conocer lo que va a pasar en el futuro. De ser así, entonces podríamos suponer que nuestro destino ya está escrito, lo que nos podría llevar a otra suposición errónea de que no vale la pena esforzarse por construir creativamente algo que de principio ya está predispuesto.

Así, salen a relucir las siguientes cuestiones…

¿Dios controla nuestras acciones?

¿El futuro ya está escrito?

¿Podemos hacer algo por cambiar el futuro o simplemente debemos aceptarlo como tal?

¿Dios ya sabe si vamos a salvarnos o a condenarnos?

De ser así… ¿existe el libre albedrío?

Como en publicaciones pasadas, me atreveré a profundizar un poco en esta temática para intentar dar un punto de vista que, sin ser estrictamente teológico, puede dar claridad en el asunto.

Empecemos por decir lo siguiente…

“Si Dios conoce el futuro no es por que Él lo obligue o lo provoque, sino más bien por que Él ya lo vio”.

Recordemos que Dios se encuentra en una dimensión temporal muy diferente a la nuestra. El tiempo en la eternidad espiritual no es igual al tiempo terrenal. Dios conoce lo que depara el futuro pues tiene la oportunidad de verlo en todo momento. Es como poder tomar distancia de un punto en particular, para poder presenciar la línea recta completa que se forma de la unión de todos los puntos.

¿Difícil de entender? Veámoslo de la siguiente forma…

Cuando tu estás viendo una película en el cine, o en un DVD en la comodidad de tu casa, estás siendo testigo de la huella que dejó la actuación y el comportamiento de ciertas personas (actores) ante una cámara. Si al terminar de ver la película, alguien que no la ha visto aún te preguntara “¿En que termina?” ¿ Tendrías la capacidad de relatarle la historia? Desde luego. No por que tú la creaste o forzaste, sino más bien por que ya la viste.

Pero consideremos algo… mientras la película se estaba filmando (aún antes de que tu la pudieras ver en el cine o en el DVD), el actor pudo grabar con total libertad lo que iba a ser capturado en la película. El actor, en el momento de llevar a cabo la acción frente a las cámaras, tuvo la libertad de moverse para un lado o para otro, brincar o bailar, hablar fuerte o quedarse callado…

En pocas palabras, el video que tu ves en tu casa o en el cine, es una visión que se te permite ver de la libertad de movimientos del actor.

Que tú seas capaz de explicar en que va a acabar la historia una vez que has visto la película en el cine, no le quitó en lo absoluto la libertad al actor que posó ante las cámaras durante el rodaje.

De la misma forma, si te pidiera que me pusieras el video de la celebración de tu último cumpleaños y me expliques, antes de verlo, que va a suceder en el mismo ¿Lo podrías hacer? Desde luego, pues seguramente ya lo viste varias veces y además fuiste partícipe de la toma original. Pero mientras la cámara estaba prendida y grabando aquel día de tu cumpleaños, tú y todos los que salgan en esa grabación pudieron hacer lo que se les pegara en gana. Fueron libres.

Esto asemeja un poco la situación de Dios. Él conoce el futuro pues ya tuvo la oportunidad de ver la historia que nosotros estamos filmando en estos precisos momentos. No es que Él nos obligue a cumplir el futuro que ya pensó previamente para nosotros. Simplemente su situación temporal le permite ver nuestra historia desde un punto diferente.

Así que esta explicación nos puede dar la tranquilidad de que nuestra libertad queda completamente intacta en todo momento, no estamos obligados ni predestinados a nada.

¿La salvación sigue estando en tus manos? Desde luego que si… y Dios respeta todas y cada una de tus decisiones. Además, puesto que conoce tu corazón mejor que tú mismo, sabe perfectamente lo que piensas y sientes en cada momento.

Esa es la magia de Dios, que nos ama desde el inicio de los tiempos hasta el final de la historia, independientemente de cual hayamos decidido nosotros mismos que este deba de ser.


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